Columna: Las insuficiencias del anuncio de Piñera para garantizar el acceso razonable a fármacos en Chile

“El proyecto de ley “fármacos 2” tiene la posibilidad de cambiar la realidad de miles de personas que en Chile gastan más de un tercio de sus ingresos en medicamentos, y con ello seguir el camino que ya han recorrido por largo tiempo países como los de la Unión Europea”.

La cuenta pública dejó más preguntas que respuestas en lo que respecta al acceso razonable a fármacos, lo cual nunca es bueno si de rendir cuenta se trata. Los tres hitos que marcaron los ejes de esta materia fueron el anuncio de la licitación que deberá realizar Fonasa para la compra de medicamentos prioritarios, el envío de una propuesta de Ley del Cáncer, y el fortalecimiento de la Ley Ricarte Soto (sistema de protección financiera para enfermedades de alto costo).

Sin duda de los tres anuncios el que más asombro despertó fue la licitación de Fonasa para la compra de 2.000 medicamentos. Si bien es cierto no es una mala propuesta, no resuelve el problema de fondo, y si alguien piensa lo contrario, diría que la solución es sólo tangencial.

La primera pregunta que surge ante esta medida es porqué Fonasa y no la Central Nacional de Abastecimiento (CENABAST). Es una figura a lo menos extraña ya que la Cenabast es la institución mandata para proveer y garantizar el suministro de medicamentos a toda la red de salud ambulatoria (hospitales y consultorios). Y así lo ha sido desde el año 1932 a la fecha. Y no sólo eso, pues el rol de la Cenabast no sólo es abastecer a la red de salud con medicamentos, sino también asegurar que la provisión y los contratos con los proveedores se cumpla en los plazos y en los términos establecidos. Pues ella es el actor intermediario para estos efectos.

Por otra parte, la medida aún sigue sin afrontar el problema de fondo que es el acceso razonable a medicamentos. Si estamos de acuerdo en que la problemática que compromete las acciones del Estado son los abusivos precios de los medicamentos en Chile, esta medida que crea una cobertura parcial de 2.000 medicamentos es insuficiente e incluso innecesaria.

Es insuficiente porque se desconoce el porcentaje de cobertura estatal que tendrán estos medicamentos, por lo que puede llegar a ser insignificante en términos de impacto en los bolsillos de las personas. Es decir que si el día de mañana la cobertura implica una rebaja de un 5 por ciento en medicamentos cuyos costos alcanzan en muchos casos entre los $30.000 y $50.000 pesos mensuales, sumado a esto los costos de otro conjunto de medicamentos complementarios, la diferencia no logra ser significativa.

Y, puede llegar a ser una medida innecesaria si entendemos que el problema de fondo no se resuelve con una medida que actúa sobre un conjunto limitado de productos (medicamentos enfermedades crónicas) y actores (farmacias), sino con medidas orientadas a establecer regulaciones sobre la totalidad del mercado de medicamentos en Chile (laboratorios, farmacias, médicos, visitadores médicos, impuestos, etc.). En otras palabras, el problema no está en que los medicamentos de enfermedades crónicas tienen precios muy elevados, el problema está en que hay un mercado de medicamentos desregulado que causa precios abusivos. ¿Qué pasaría si en lugar de licitar 2.000 medicamentos para enfermedades crónicas se fija una medida de control directo de precios de medicamentos, con bandas de precios que establezca diferencias entre enfermedades prioritarias y otras, y que además diferencie por nivel de vulnerabilidad social?

Por último, cabe señalar que los y las parlamentarias tienen hoy la oportunidad de avanzar en un acceso razonable a fármacos estableciendo medidas que no son ninguna osadía desde el punto de vista comparado. El mercado farmacéutico es uno de los mercados más regulados a nivel global. Y no existe prácticamente en el mundo mercado farmacéutico que no haya sido regulado. De hecho, en la literatura es ampliamente reconocido lo indispensable de la regulación del mercado de medicamentos.

Lo imprescindible de la regulación de este sector se debe a la particular naturaleza del mercado. Elementos como las patentes, la asimetría de información entre médicos y pacientes, la diversidad de actores y de intereses contrapuestos que participan en la producción y dispensación de medicamentos (distribuidores, Estado, farmacéuticas, laboratorios, por nombrar sólo algunos), la inelástica demanda por medicamentos de marca, la alta inversión en I+D, son parte de los factores que dificultan el equilibrio entre la oferta y la demanda.

Y aun cuando la mayoría de los países de Europa cuenta con medidas de control directo de precios, así como también con un amplio conjunto de otras medidas que buscan hacer razonable el acceso económico a los medicamentos, en Chile se sigue debatiendo si es justificable la regulación del mercado de los medicamentos. Y más aún, pues fueron retiradas todas las indicaciones que buscaban establecer medidas de control directo de precios durante su paso por la Comisión de Salud de la cámara baja.

El proyecto de ley “fármacos 2” tiene la posibilidad de cambiar la realidad de miles de personas que en Chile gastan más de un tercio de sus ingresos en medicamentos, y con ello seguir el camino que ya han recorrido por largo tiempo países como los de la Unión Europea.

Si bien es cierto que la literatura relacionada con los impactos de estas medidas no es concluyente, no existe país de ingreso alto que no cuente con medidas de regulación del mercado farmacéutico. Ello, porque es ampliamente reconocido que las complejidades del mercado farmacéutico ameritan su regulación y lo justifican.

Chile debe avanzar hacia un acceso económico razonable de medicamentos por el bien de su población. Pues una salud mal administrada por unos pocos implica el empobrecimiento catastrófico de muchos.

Por Camila Erazo
Cientista política, Universidad Diego Portales.

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