Iván Fuentes, baja de las montañas: "Todavía estoy sanándome de varias heridas"

Emilia Rothen

Iván Fuentes, baja de las montañas: “Todavía estoy sanándome de varias heridas”

Iván Fuentes (52) fue dirigente político desde los años noventa y su figura alcanzó relevancia pública tras ser vocero del Movimiento Social de Aysén en 2012, que puso contra las cuerdas al primer gobierno de Sebastián Piñera. En 2014 pegó el salto al parlamento, cuando fue elegido diputado por la Democracia Cristiana. Pasaron casi dos años de ese hito en su carrera política, cuando fue acusado de haber financiado su campaña con platas que venían de las empresas pesqueras, las mismas que eran rivales de la pesca artesanal que él representaba. Se retiró de la política y se refugió en su tierra. “Pequé de ingenuo en muchas cosas”, afirma a The Clinic a la vez que no descarta la posibilidad de volver: “El tiempo dirá lo que pase conmigo… soy un luchador, le pongo el pecho a las balas”.

Iván Fuentes ya no usa la parka azul que usaba a sus 45 años, con la que a punta de megáfonos interpeló al presidente Sebastián Piñera y lideró un movimiento social desde el fin del mundo, en Aysén. Tampoco usa su terno y corbata, tenida con la que intentó defender a Bárbara Figueroa, presidenta de la CUT, de ser detenida por Carabineros en pleno Congreso, y con la que propuso y votó proyectos de ley durante tres años. Ahora su uniforme es una camisa casual con la que se mueve por Santiago. Pero más que un uniforme, la camisa parece una armadura para enfrentar la vida después de la política.

A 1.443 kilómetros de Santiago, en el Cerro Catedral, Fuentes se aisló del mundo y se refugió en el campo. Ahí vive con su esposa y su hijo mayor. Trabaja la tierra, su huerta y su invernadero, y dice que lo máximo que ha estado allá arriba sin salir han sido casi tres meses. Además de eso, tiene un bote de ocho metros y medio. “Pero no de esas súper embarcaciones que todo el mundo piensa”, aclara. Con este bote pretende volver a su vida de pescador artesanal y ayudar a su hijo Brandon, que sufre de distrofia muscular de Duchenne.

El 12 de julio de 2016, Fuentes aguantó las lágrimas y enfrentó a los medios en los pasillos del Congreso tras un reportaje televisivo que lo acusaba de haber recibido platas de empresas pesqueras para financiar su campaña, en el llamado Caso Fipes. Fue investigado y tiempo después exculpado. Ese fue el comienzo del fin del Iván Fuentes dirigente y diputado con oficina en Valparaíso, para pasar al Iván Fuentes a secas, cotidiano, con vida en la montaña.

Fuentes hoy cumple cerca de dos meses en Santiago, tiempo que ha dedicado a realizarse exámenes médicos, alojando en la casa de su amiga, Mica, en la comuna de Conchalí. En este retorno a la capital, se ha tomado fotos con la gente en la calle y se ha reunido con la Juventud Demócrata Cristiana para intercambiar puntos de vista. Pese a que niega una candidatura a alcalde, no descarta del todo retomar una carrera política: “El tiempo dirá lo que pase conmigo después, porque uno nunca puede decir nunca, bajé para colaborar”. 

“Yo no vengo de ser capitalista ni de tener parientes millonarios. Mis hermanas trabajan en la temporada de la fruta y mis viejitos viven en San Fernando. Ese soy yo”.

¿Estás muy desconectado?

-Arriba no tenemos señal telefónica. Por medios radiales, de repente, llega una noticia, no entera como uno quisiera, solo fragmentos, pero en algunos momentos llegan más informaciones. Después que salí de mi ruta política, me sumergí en mi vida familiar para cobijar a mis hijos, sentir su cariño. Estar con mi bebé, que para el movimiento social tenía 20 días de haber nacido y ahora ya tiene siete años. Me perdí ese pasaje con ellos, entonces cuando regresé a casa me envolví en eso que es la vida de campo, lejos del mundanal ruido.

Cuando volviste a Aysén, ¿lo sentiste como refugio?

-Sí. Llegué a mi casa y sentí que me saqué la presión de encima. Ahí estaban mis hijas, mi señora y muchas cosas lindas. Pude estar en el cumpleaños de mi hija más chica, de mis hijas más grandes, de mi sobrina. Mis nietos van para la casa y hacemos una cama en el suelo porque no cabemos todos, y se amontonan ahí. Se quedan el fin de semana.

¿Cómo fue el apoyo de tu familia?

-Fundamental. Sin la ayuda de mi esposa y de mis hijos yo creo que en este momento no sería yo. La gente puede cometer errores y es criticable, pero cuando hay alguien que está en el Facebook deseándole la muerte a otro y cuando la gente habla encarnizadamente de alguien, yo digo: “¿qué tal si ese otro se mata?”. Tú fuiste el detonante. Por más que al que critican sea un desgraciado, pero detrás de eso están los hijos. Entonces mi hijo Brandon lee todo. Me dice: “papá, échale pa’ delante no más”. El Brandon es el que más buena tela me tira. Él está en las redes y se comió todos los mensajes. Cuando eso pasó se fue conmigo al campo y me da gusto llevarlo arriba de la montaña con la silla de ruedas. Lo ponemos al lado de una cascada para que sienta el aire fresco.

¿Cómo has sobrellevado la situación de tu hijo Brandon?

-Con mucha dificultad. Él tuvo un terrible accidente en enero de este año. Fue una situación muy dura. Los que crean que en cuatro años me hice millonario, no fue así. He pasado momentos difíciles. Hubo voluntades y se ha hecho un trabajo en donde le hemos podido comprar sus herramientas a mi hijo. El bipedestador costaba cuatro palos. Gracias a Dios aparecieron unos emprendedores que hicieron unos más baratos. Mi hijo padece uno de los tipos de Duchenne más severos, que tiene una esperanza de vida de 30 años. Presenté el proyecto en la Cámara de Diputados para que esta enfermedad sea acogida por la Ley Ricarte Soto o por el Plan Auge. Fue aprobado por el cien por ciento de los parlamentarios, pero descansa ahí en el Parlamento. El Ejecutivo tiene que ponerle urgencia y no ha pasado.

PARLAMENTO FUGAZ

¿Qué reflexiones tienes de tu paso como parlamentario?

-Mi paso tuvo de dulce, de cuando me embarqué en esto y le ponía ganas. Pero también tuvo de agraz, porque me pasaron cosas difíciles. Se hizo un trabajo en mi contra, un escarnio público. Ahí vino toda la reacción de la gente que quería cambios profundos y que vieron que los dirigentes sociales eran una oportunidad nueva. Eso le afectó a mi familia también, no solo a mí. Me rompió la alegría de hacer política comunitaria. Eso fue lo que más me afectó, ya no seguí siendo yo. Me disminuí en ímpetu y ganas. Fue un pencazo lo que me pasó, mi señora en aquel tiempo estuvo 20 días en el hospital con una depresión terrible. Eso obviamente no se iba a ver en prensa. Después cuando salió el juicio final no se difundió tanto. No se encontró nada para culparme, la justicia determinó de qué se trataba. Fue una cosa orquestada. Ese pendrive ¿quién lo llevó? Nunca se supo. Se hizo un trabajo de joyería para esto.

“Estuve un año y medio donde no hablé con nadie, porque necesitaba sanarme. Tenía rabia con muchas cosas y ganas de pegarle un zurdazo a alguien”.

¿Sentiste que decepcionaste a la gente?

-Si po’. Cuando hay un efecto comunicacional tan grande como ese, por supuesto que la gente siente tristeza, dolor y que algo importante se perdió. Pero dado el tiempo las cosas se han ido sabiendo. El tiempo ha ido reflexionando en mi favor, eso me da la fortaleza para seguir caminando. Estoy recuperándome psicológicamente día a día y encontrándome con mi yo interior. Pero fue un efecto del momento, porque mi trabajo está en mis discursos y en mis votaciones. Proyectos que estaban estancados los pude sacar adelante. Siento que mi trabajo fue en positivo, que voté de corazón y con gusto. Tengo esa satisfacción personal.

¿Crees que fuiste perjudicado por la política?

-Buscaron perjudicarme todo el rato. Yo siempre me quedaba después de las siete de la tarde atendiendo a muchos jóvenes, hablábamos de distintas cosas. Ahí apareció una cosita maliciosa de que “parece que el diputado Fuentes se está quedando tarde porque se copetea”. Nunca he sido bueno para el copete. Cuando aparecieron esas cosas pensé: “todo tiene una razón de ser”, me había metido donde estaban los grandes y tú te topas con los grandes que tienen egos. Esto es de máscaras. Yo no fui a atropellar egos y tampoco fui con máscara. Y me perjudicó, porque entre tanta máscara tú muestras tus cartas y saben cómo juegas. Di la cara como tenía que ser. Era una persona común y corriente que era más fácil de sacar.

¿Era muy hostil la vida dentro del Congreso?

-Llegué al Congreso tal como soy. Con la Nueva Mayoría hicimos campaña y nos juntamos con todos los partidos, pero después adentro te vas dando cuenta que no son equipo porque las diferencias son más grandes que las que se ven afuera. Yo decía: “no vine a eso, vine a construir”. Eso para mí era un tropezón. Yo iba a transformar en leyes mis sensaciones, que son las que había recogido de haber vivido en la periferia. No es una hostilidad demostrada abiertamente, pero está ahí. Cuando fui al incendio de Valparaíso no fui para ganarme un aplauso, solo vi la urgencia. Es como cuando ves un accidente y te paras a ayudar, es una sensación humana. Después de eso pasé tres meses bien difíciles adentro.

¿Te dijeron algo?

-No, pero vi caras firmes en los pasillos. Pasé tres meses en que nadie me dijo nada, pero fueron momentos en que sentí el hielo, de haberme metido en un lugar que quizás no era mi distrito, pero se estaba incendiando un pedazo de nuestro Chile.

¿Qué sentiste cuando apareció el reportaje de Informe Especial?

-Fue un garrotazo. Pasaron todas las barreras que habían ahí. A ningún otro parlamentario le han hecho eso. No me estoy quejando ni victimizando, lo estoy enfrentando. Ya estoy mejor, psicológicamente estoy de pie. Pequé de ingenuo en muchas cosas, porque yo decía: “venga no más todo el mundo”. Jamás pensé que se iba a hacer una cosa tan orquestada como entregar un pendrive. Y nadie se va a dar ese tiempo de revisar las leyes que yo aprobé, las votaciones hablan de mí. Pudo ser que mis votaciones ofendieron a otros y esos “otros” dijeron: “sabes qué, vamos a joder a este compadre”, ¿te das cuenta? Si alguien se enoja por eso, bueno, es porque yo estaba haciendo un trabajo para Chile, no para personas particulares.

En ese momento decías que por sí solo no se podía tener la cantidad de plata como para poder viajar constantemente a Santiago, cuando eras vocero. ¿Tú crees que estaban condicionados por eso?

-Tú para sacar una reunión con un subsecretario tenías que hacer una lotería. O venías a Santiago o venías a Santiago. Del movimiento social para adelante cambió la cosa. Hoy día los ministros van para las regiones, y eso quedó instalado porque si no van dejan a la gente aislada. Si no tienes medios para venir para acá y la autoridad no va para allá, tu demanda queda ahí. Y pasan las cosas que pasan, si las autoridades no van para allá nos quedamos con la misma inhabilidad que había en los noventa. Tenías que venir a dedo o haciendo una cucha…

Entonces, lo que dices es que era la única forma o si no no habían otras posibilidades…

-Sí había otras posibilidades, pero en ese momento se cerró el mercado a España. Eran los únicos que nos compraban la pesca a los pescadores artesanales. Era el único recurso que estábamos trabajando. Eso se cayó de pronto, ahí no hallábamos como venir. Ahí existió ese acuerdo de poder venir, pero no era una cosa como para que alguien se hiciera millonario, porque de ser así, yo estaría en Cancún ahora y no en la montaña (risas).

Pero, en ese momento ustedes sabían de ese financiamiento…

-O sea, eso se acordó para poder viajar y pernoctar, nunca se acordó para otro efecto. Y eso era todo. Lo que hace eso es que te revisan el pasado, porque en mi presente saqué la Ley de Algas, la Ley de Indespa y la Ley de Caletas. Lamentablemente las votaciones de eso no se difunden. Tampoco se va a hablar en ninguna parte, de “¿qué va a hacer Iván Fuentes con un cuarto medio en el Parlamento? ¿Qué va a hacer este compadre acá?”. Cuando hubo mucha crítica ¿qué hice yo? Bueno, hice más de 100 proyectos de acuerdo, 90 y tantos proyectos de ley. Son cosas lindas que te pasan adentro que no se saben afuera.

¿Cómo fue tu sensación al enfrentar a la prensa?

-Ahí todos los consejos fueron: “no vayai, una noticia tapa a la otra, mañana nadie se va a acordar, te vas a exponer”. Entiendo que eso fue con una muy buena intención, ayudándome en un tiempo difícil de mi corta vida política, porque había entrado recién y ya me estaban dando. Me dijeron: “te acompañamos”, yo les dije: “quiero ir solo. Tengo que hablarle, no solo a Aysén sino que a Chile. Sería una tremenda irresponsabilidad no armarme de coraje y enfrentar”. Sentía que eso era un golpe para muchos de los que creían en mí. Se puede escuchar cuando alguien me dice: “ya Iván, vámonos”, y yo digo: “no, me quiero quedar”, porque sentía que tenía que hablar. Ahí estuve sujetando mis más intrínsecas emociones de dolor. Me armé de valor para poder hablarle a toda la gente que estaba tan dolida como yo.

¿Cómo te sentiste cuando acabó tu carrera de diputado?

-Se intervino mi oficina, mi casa y mi vida entera. Abrí mi vida para que la investigación fuera lo más adecuada posible. Quería que hubiese habido tanta comunicación como la que hubo cuando fue el momento difícil en mi vida. Pero es así no más, el daño ya estaba hecho. Había que asumirlo. Hablar más del tema era dañarme, porque al final del día vende más el morbo que cualquier otra cosa. Me hubiese gustado que fuera distinto pero siento un alivio. Yo digo: “mi vida entera me saqué la cresta y trabajé por la comunidad”. Hasta la Iglesia opinó sin consultarme. Hubo un comunicado del obispo de allá que decía “no hay que adorar a dos dioses”, eso me dolió mucho, porque yo soy un joven de los ochenta que fui a pintar y a sacarles el pasto a las iglesias. Me marcó con dolor, porque a esa hora tú necesitas cobijo. Jamás recibí una llamada telefónica para conversar.

¿Crees que te “comió” el sistema político?

-No. Bajo ningún punto. Estuve un año y medio donde no hablé con nadie, porque necesitaba sanarme. Tenía rabia con muchas cosas y ganas de pegarle un zurdazo a alguien (risas). Pero el sistema político no se come a Iván Fuentes ¿Por qué? Porque queda la semilla allí. Muchos jóvenes van a decir “que sirva como experiencia, esto le hicieron a Iván”, porque a mí me confabularon un daño. Pero la fuerza del movimiento social está allí. Así lo hizo Freirina, muy parecido a lo de Aysén. No es que se hayan comido a Iván Fuentes, la semilla quedó sembrada para bien. No era Iván Fuentes el que le ponía condiciones al presidente Piñera, era la vocería de la Patagonia.

¿Tuviste un mal recibimiento de la gente de Aysén después de todo lo que pasó?

-Cuando te pasa una cosa como esta, te subes al avión, tienes que llegar a tu casa, pasar por en medio del público… Las miradas no eran cuchilladas, eran con cariño. Me dolía mucho que alguien me abrazara y me dijera “pucha Iván, lo siento”. Era un dejo de lástima tal vez. Yo no vine a dar lástima. Soy un luchador, le pongo el pecho a las balas. Eso es lo que he hecho toda mi vida. En Facebook, lo que alcancé a leer era de agachar la cabeza. Hoy día puedo caminar, voy a comprar y hay cariño en la calle. Paso piola, la gente me cacha y me saluda. Ahí digo: “no está todo perdido”, puedo trabajar el campo y estar ausente en lo político, pero cuando veo el cariño digo: “la gente no es tonta, cacha que aquí hubo una maniobra”.

¿Sientes que cambió algo en ti después de eso?

Me quitaron la alegría de vivir la reivindicación social. Pero la sensación de fortaleza interior todavía la tengo en mi corazón. Por ejemplo, me molesta que les peguen a los chicos del Instituto Nacional. En las protestas de Aysén también tenía encapuchados, yo me encontraba con ellos y les decía: “regálame la capucha, hermano, porque no andamos haciendo algo malo, no tienes porqué esconderte, si andamos haciendo una reivindicación, no un asalto”, y esto es un llamado a la gente que usa capuchas. Le perjudica al movimiento de los chicos. Hay una demanda potente de los estudiantes, y si hay 20 o 30 encapuchados perjudican el movimiento. ¡Sácate la capucha, hermano querido, y anda así no más! Tú eres libre de reclamar lo que necesitas como estudiante. Entonces, sin capuchas, vamos a poder decir: “le pegaron a José, le pegaron a Manuel, no a un encapuchado”.

SACARSE LA CAPUCHA

¿Y qué piensas del conflicto en el Instituto Nacional?

-No podemos permitir que le sigan pegando a los chicos, que se metan hasta adentro y los maltraten así. La autoridad de turno tiene que buscar la forma, los apoderados tienen que ir en masa a colaborar. Sentémonos a conversar qué vamos a hacer. Hagamos una delegación. Si hacemos una delegación para ir a Venezuela, hacemos una delegación para ir a Haití… ¡estamos aquí al lado de La Moneda, hombre! ¿cuántos metros hay? Yo creo que es harto más cerca que ir a Haití. Hagamos una reunión y veamos qué vamos a hacer, con apoderados y estudiantes. Y no que haya alguien pensando en cerrar un colegio de tantos años. ¿Cuántos presidentes han pasado por ahí? ¿Cómo es que vamos a borrar eso de nuestra historia? Tenemos que ser acogedores con las cosas que son historia nuestra y más aún si están nuestros chicos adentro.

¿Qué opinas cuando ahora ves cosas que siguen pasando dentro de la política como el proyecto de las 40 horas o el paro docente? Porque en algún momento estuviste dentro de eso como parlamentario, y ahora lo ves desde fuera…

-Lo bueno tiene un solo nombre: es bueno no más. Se le tiran no sé cuántos petardos a Camila Vallejo, a Karol Cariola, que las 40 horas son una “desgracia para Chile”. Entonces pienso: “¡Reconozcan! El proyecto es bueno”. Si tú eres gobierno de turno tienes que decir con grandeza de alma: “reconozco que el proyecto es bueno, saquémoslo adelante”. Me pasa con el movimiento social de Aysén. Después le ponían “Plan Aysén”, “Plan no sé cuánto”, para desperfilar. Lo bueno tiene un solo nombre. Felicito a Camila Vallejos y a Karol Cariola. El gobierno va a perder dos años de los escasos cuatro que tiene para gobernar, peleando con la ciudadanía. ¿El proyecto tiene conciencia social? Sí. ¿La ciudadanía lo quiere? Sí. ¿Estrangula a los empresarios? No. Bueno, entonces ¿qué estamos esperando?

PATRICIO WALKER

Otro de los involucrados en el Caso Fipes fue Patricio Walker, que en ese momento era senador por la DC. Walker fue acusado por haber gestionado recursos para la campaña de Iván Fuentes y en su momento lo reconoció. “Ayudé y no me arrepiento”, decía en su declaración. El exsenador finalmente fue sobreseído.   

¿Sigues teniendo algún tipo de relación con Patricio Walker?

-Dentro de la estructura de mi trabajo allá yo he conversado con muy poca gente. En más de una ocasión me llamó cuando se accidentó mi hijo. Pero él está en lo suyo y yo en lo mío. Cada quien tiene su propio andar. Él en su vida de ciudadano acá en Santiago y yo en mi vida de ciudadano allá en la Patagonia.

Y luego del episodio ¿ustedes conversaron?

Sí, claro po’. Esos días el tema era conversarlo, ver cómo pasó eso. Todo quedó en incógnita, nunca supimos quién entregó ese “pinche” pendrive, como dicen los mexicanos (risas).

“En el parlamento no había una persona común y corriente cómo yo, mi discurso afectaba al poder. No soy una persona revolucionaria, porque siento que si fuera revolucionaria sería más fácil de atajar, yo soy un reivindicador social”.

¿Qué te decía él?

-Que era totalmente injusto lo que me había pasado, porque todos sabían de mi esfuerzo y de mi lucha entre artesanales. Sacamos la ley a punta de protestas, peleamos contra la industria para ganar el 50 y 50 por ciento. Peleamos con la salmonicultura. Toda la gente sabía lo que había hecho yo. A todos ellos les dolió.

¿Crees que lo que pasó fue por un error tuyo o es el contexto político que puede condicionar que los movimientos sociales se contaminen por el funcionamiento del sistema?

Los movimientos sociales siempre van a estorbar. A lo mejor no a los políticos que están en el parlamento, pero sí a los poderes que están detrás del humo que pone Carlos Pinto, más allá están los compadres camuflados (risas). Ellos manejan la cosa. Molestó cuando el horario era de sol a sol y molestó ahora en la reivindicación femenina.. Yo creo que no acomoda que venga alguien de afuera. Yo estoy afuera, soy un común y corriente que tiene la misma sensación en su corazón y que no va a cambiar su vida porque no es diputado. Voy a estar más complicado por lo que pasa con mi hijo y porque pasó un año en que me calificaban como “el hombre que era diputado y que tenía un pasar tremendo”, pero resulta que seis meses más tarde yo empecé a vivir la vida que viví siempre. Mi situación económica cambió de un día para otro. Yo no vengo de ser capitalista ni de tener parientes millonarios. Mis hermanas trabajan en la temporada de la fruta y mis viejitos viven en San Fernando. Ese soy yo. En el parlamento no había una persona común y corriente cómo yo, mi discurso afectaba al poder. No soy una persona revolucionaria, porque siento que si fuera revolucionaria sería más fácil de atajar, yo soy un reivindicador social. Es más, en mis discursos jamás hablé de los pinochetistas, vine a hablar de las cosas que le hacen bien a Chile. Por supuesto que tengo quejas con respecto a lo que pasó en la dictadura, pero no le quiero echar más heridas a las heridas. Vine a hablar lo que había que hablar, de la reforma laboral, defendimos a los dirigentes cuando se los querían llevar presos en el parlamento… Todos esos gestos los hice con el mejor de los cariños.

EL TIEMPO DIRÁ…

¿Qué piensas de tu vida de aquí en adelante?

-Me dedico a mi trabajo pero quiero dejar el mensaje con toda la fuerza de mi corazón. No quiero que sea la lamentación de alguien que le pasó algo, sino que sea el mensaje de alguien que quiere ayudar a aquellos que vienen. La vida tiene dificultad, en la política o en lo que sea. Bajé de las montañas hace dos meses y echo de menos a mis hijas, pero tengo la disposición de colaborar. Inherentemente tengo diferencias personales con varios, no soy santo y también me guardo mis malestares. Tan pronto cuando tú tienes un cargo estás lleno de llamadas, pierdes el cargo y las llamadas desaparecen. Siempre lo tuve claro, pero mis amigos siguen siendo los mismos, son como tres o cuatro. No tengo más amigos.

¿Cuál sería el mensaje que les darías a las personas que no vienen de élite política y se meten a este mundo?

-Primero que no se dejen decepcionar. Este mundo es de máscaras. La política es linda cuando te toca hacer la gestión, pero es insufrible cuando te toca vivirla. Todo es estratégico, todo es sacar cuentas. Eso es tortuoso para alguien que no viene de la política. No me cabe en la cabeza que no nos pongamos de acuerdo entre la centroizquierda para hacer una coalición potente. Porque soy de centroizquierda, de la comunidad. Quiero que la gente que trabaja de temporera le vaya mejor y no les va a ir mejor cuando les damos la posibilidad a los empresarios de pagar menos impuestos. Los liberas de que paguen menos impuestos y apelas a su conciencia, de que van a tratar bien a las temporeras. Eso no es así, ni aquí, ni en la quebrá del ají. Ningún empresario va a dar mejor trato a sus trabajadores porque le fue mejor a él. Cuando le va mejor piensa en invertir más. Por eso, cuando se aprobó la Reforma Tributaria, yo sentí que tijereteamos la reforma que hicimos en el gobierno pasado. 

¿Tienes pensado volver a ser dirigente?

-En este momento estoy en mi vida familiar. En el ámbito de la ruta política el tiempo dirá lo que pase conmigo después, porque uno nunca puede decir nunca, bajé para colaborar. Si alguien pensó: “Iván Fuentes anda aquí porque se quiere postular a alcalde, anda aquí porque quiere ser no sé qué”, eso no. Todavía estoy sanándome de varias heridas.

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