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Rumpy y tres décadas de radio conduciendo “El chacotero sentimental”: “Hoy el sexo no tiene la dificultad, ni el premio de la entrega, que tenía hace 30 años”

Fue el 1 de junio de 1996 cuando Roberto Artiagoitia, el Rumpy, se sentó frente a los micrófonos radiales para escuchar a chilenos hablar de sus pasiones, deseos, secretos y prácticas sexuales. Treinta años después sigue ahí, apasionado, deslenguado, interesado en conocer y entender, testigo privilegiado de transformaciones de la era Tinder y de la liberalización moral. La invitación a hablar con The Clinic fue para repasar qué es lo que ha aprendido hablando de Grado 1, Grado 2 y Grado 3, y de sus eternas batallas y rebeldía. "Yo he tenido una vida que he vivido coherentemente y eso ha tenido costalazos y golazos. Pero esa es la vida que escogí", dice.

Por 6 de Diciembre de 2025
Carlos Rodríguez - The Clinic
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Convencer al Rumpy -Roberto Artiagoitia, 56 años, por estos días conductor de radio y pintor– que se siente a dar una entrevista extensa, requirió algo de convencimiento.

Hubo una llamada dubitativa, promesa de pensarlo, luego una luz verde, coordinaciones para encontrarse presencial, ya que semana por medio vive en la playa. Finalmente, ajustes de horario ya que en las tardes capitalinas está con su hija.

“Es que no me sirve de nada hacer una entrevista”, dice, finalmente sentado en la terraza de su casa en Providencia durante una mañana calurosa, al explicar por qué su reticencia a ser entrevistado. “Son puros problemas, generalmente”.

¿Porque eres una persona deslenguada?

—No, porque yo tengo toda la tribuna que necesito. Yo prendo un micrófono y hay un millón de personas escuchándome.

Fue el niño terrible de los medios locales en los 90, cuando apareció con pelo teñido y una lengua rápida, ícono del nuevo huele-a-espíritu-adolescente de la época. El que inventó el concepto hoy universalmente chileno de Grado 1, Grado 2, Grado 3, es hoy un hombre de pelo blanco, con más tatuajes y arrugas, con un hijo de 23 y una de 13, cuyas fotos y recuerdos adornan paredes y refrigerador. Conserva exacto el sentido del humor y manera de hablar, la cabeza veloz, el aire de rebeldía contra todo lo que se asemeje a una imposición.

El Rumpy es de esas personas que se sale del molde tradicional, porque al conversar no busca ni agradar ni rellenar. Tampoco shockear por shockear: quiere exigirle al otro decir la verdad. El Rumpy sigue siendo el Rumpy, tres décadas después.

Y el motivo de la persecución para entrevistarlo, es justamente porque desde que se sentó frente a un micrófono el 1 de junio 1996 para hablar sobre la vida, deseos, hambres, amores, desdichas y fantasías de los chilenos y chilenas en su programa “El chacotero sentimental”, ha sido un testigo privilegiado de la cabeza y calores de los compatriotas. Como dice él, hoy en Radio Corazón, con un micrófono que llega a un millar de gente.

¿Y ese poder cómo lo usas? ¿Cómo sientes la responsabilidad de tenerlo tantos años después y a esta edad?

—No tomárselo en serio. Yo me enfrento a mi trabajo con la misma responsabilidad y soltura con que paseo a mis perros. Yo hago una radio antigua, actual, pero a la manera fundacional. Estoy yo solo. Hay un micrófono y hay un locutor, y hay audífonos. Eso es todo lo que yo necesito para hacer mi programa. Y así creo que estoy haciendo la mejor versión de mi programa en los 30 años que lleva.

Un programa muy chileno

El Rumpy, desde la pandemia, hace el programa desde su casa. Al aire se escucha en la presentación: “El confidente, chamán, sexólogo y terapeuta. El sicólogo del pueblo”. El día antes de esta entrevista, en esa hora, pasaron varios testimonios: un joven que recuerda el romance que tuvo con la sobrina de un colega, una mujer lesbiana que se enamoró y no sabe qué hacer con su pareja estable, y luego un hombre de 40 años, que se define como “buen marido y se me apareció el diablo”.

Este último se explaya: está “empotado” con otra mujer, que es simpática y empática, buena moza, que no le pide nada y que lo quiere y escucha y apoya. ¿Y su esposa, cómo es, pregunta el Rumpy? “Enojada”, responde el otro rápidamente. La conversación avanza y el locutor terminará dando una lección de lo que es la ética del Chacotero, enfrentar al llamado con sus propias trampas emocionales, no juzgar pero sí poner en cuestionamiento sus decisiones, abogando siempre por la libertad y decir las cosas como son.

“Lo que yo te diría, es que esa mujer maravillosa que estás viendo no es tal, no puede ser”, dice el Rumpy, al aire. Y luego añade. “Es tu amante y ella lo entiende así. Yo creo que estás empotado a mango, se te fue el péndulo y la que es perfecta después va a ser la mala. No tomes decisiones en caliente. O de caliente. Tranquilo. Tienes familia y tienes amante, como todo Chile. Y el mundo completo. No vengas con que ‘siento cosas’. Ella este mes que llevas, aguanta estar a la sombra, pero qué pasa cuando sea su cumpleaños y no puedas ir (…). No po loco, amante: amante. No te confudai”.

En su terraza, con un té, el Rumpy explica: “Yo trato de que mi programa tenga un ‘cada día’, y dentro de ese ‘cada día’, tenga cada llamado. Y que en cada llamado haya un súper buen tema y que el radiocontrol tenga su espacio y desarrolle todo su potencial y musicalice”. Hablando sobre llamados recientes, dice entusiasmado: “El desarrollo, la risa, la profundidad, todo. Como si yo lo hubiera soñado en un momento. De hacer algo tan choro, tan entretenido”.

—Cuando partió el programa, lo que tenía era destapar ciertas cosas de la sexualidad nacional. Y tu aporte era saber llevar esa conversación. Cuando mencionas la profundidad, creo que es súper importante también que el llamado es chistoso, pero no es sonrojar por sonrojar, sino que habla de las mismas personas.

—Sí, pero igual le sigo preguntando a todo el mundo si se lo meten por el culo. Entonces esa idea original de sonrojar… lo que pasa es que hoy el sexo anal ya no sonroja a nadie, ese es el problema. Pero yo sí me sorprendo de estarle preguntando a las 2 de la tarde a una persona si se lo meten por el culo en vivo y en directo. Me sigue sorprendiendo y digo, esto es una maravilla. Que no se sonrojen o se sonrojen antes o después, nunca me ha importado. Yo encuentro que es una maravilla y una suerte para mí, para mi personalidad, como yo soy. Es increíble la pega que tengo.

—Cuando te llamé por esta entrevista, pregunté si los chilenos seguimos cometiendo las mismas metidas de pata. Y tú me dijiste, son otras.

—¿Sabes lo que pasa? Creo que somos una sociedad más libre. Es súper distinto Chile. Este programa partía en los 90. En el año 96. Habían unos tipos de El Porvenir de Chile, con unos banderines, unos estandartes medievales, afuera de la radio. Era súper divertido. Imagínate qué fascinación.

—Yo me acuerdo ser escolar y verte con la polera de “Sin condón, nica”. Era muy impactante para la época.

—Eso fue en la película (“El chacotero sentimental (1999). Tienes que pensar cómo un programa de estas características funciona y se va desarrollando en 30 años. Se va sorteando, cambiando, adaptando, adquiriendo, botando, dejando, tomando. Es un agua que tiene que estar viva para que funcione. Me dicen: sigues haciendo lo mismo. Y yo les digo, sí. Sí, hago lo mismo. Te encargo, po, hueón, anda vos a escuchar y que sea entretenido, profundo, divertido, chistoso. Y eso tiene que ver con, por supuesto, que esto solo funciona en Chile.

Cuando viajé por el mundo por la película, y tenía que explicar el programa, no podían creer que existía, y que lo hacía yo. Y que no era de noche, que era un programa de radio de día. Solo Chile. Yo pregunto y digo grado 4. Hay una manera chilena de enfrentarse a la realidad.

El Rumpy. Retrato de Carlos Rodríguez – The Clinic.

—De decir las cosas sin decirlas.

—Exactamente. De decirlas de otra manera, en metáforas, en parábolas. En una imaginería que ya está adentro de cada persona: si le pregunto a una mujer si se traga el semen y lo escuchaban dos personas que no se conocen en un taxi y nadie dice nada, todos entendieron. Hay un componente mágico en este programa que hace que funcione así como funciona.

—Mencionabas que todo partió de los 90, donde todavía había un cartuchismo mucho más instalado. Pero quizás los chilenos no hemos sido tan pudorosos como pensamos que éramos.

—Yo creo que antes había fuerzas operando que ya no operan.

—¿Como la Iglesia Católica?

—Como la Iglesia Católica en los 90. Hoy las iglesias, los canutos.

—Les vamos a decir evangélicos en esta entrevista.

—Canutos yo les digo, porque ofendieron a mi presidenta Bachelet (risas). Así que son canutos. Y hoy hay más canutos que católicos practicantes. Y los canutos son tan cerrados, tan absolutamente encriptado que existen para ellos, no les interesa existir para todos. Como la religión católica que se mete en mi culo, que se mete si estoy casado o no, para ver con quién me meto.

Entonces por eso perdió absoluto protagonismo y sentido, porque más encima le gustan los niños chicos al sacerdocio. En general a los sacerdotes uno puede decir les gustan los niños.

—Eso es una generalización un poco extrema.

—Yo la creo, la viví y la creo. Creo que a los sacerdotes católicos les gustan los niños. Puedes ponerlo o no ponerlo en tu entrevista. Son la gente que más está pendiente del sexo sin tenerlo. Es como que el que más hable de fútbol sea un agricultor de arroz. Amigos, si usted no juega fútbol. ¿Por qué habla tanto de fútbol? Amigo, preocúpese del arroz.

—Ahora, la obsesión con la cama y las vidas sexuales de las personas, que finalmente es el motor de tu programa…

—Pero tampoco es la cama. Es la cama, pero también mi programa se trata del living. No es tan sexual.

—Yo creo que hay un tema de fisgonear relaciones humanas.

—Eso. Que incluye lo sexual, pero incluye la traición, la desilusión. Todo.

Sexo en la era tinder

“Yo creo que lo que cambió radicalmente, es que hoy el sexo no tiene la dificultad, ni el premio de la entrega que tenía hace 30 años”, dice el Rumpy, pensando en las transformaciones del mundo amoroso en estas tres décadas. De un Chile tímido, que recién se abría a hablar de bajos vientres, a la generación que ha crecido con la infinitud de opciones que Tinder y otras aplicaciones pone en sus manos.

El conductor sigue: “Hoy los jóvenes, todos mis amigos, mis amigas, tienen sexo. Punto. Fácil. Y si te pones hueón, te cortan con una velocidad abismal. Yo tuve Tinder, tuve todo eso y era como ‘Hola, ¿cómo estás? ¿Bien? ¿Podríamos vernos?’. ‘Sí. ¿Pero tienes a tus hijos los miércoles o los jueves? Yo necesito los miércoles, porque estoy sin hijo. ¿Y tú tienes los jueves? Cagaste’.

—La pulsión por conseguir sexo era una fuerza muy movilizadora, de salir el viernes, la noche, un premio o una medalla a conseguir. Y hoy ya es tan fácil, tan de lista de supermercado, que pierde algo. Los más jóvenes hoy tienen menos sexo.

—No. ¿Cuáles?

—Los de 20 años, tienen menos sexo que la generación X y la generación Millenial.

—No sé. ¿Es tu experiencia?

—Es data mundial.

—Me importa una raja.

—¿Qué te dice entonces la data Radio Corazón?

—No, no, no. Mi percepción como individuo es que hoy, por supuesto que la gente de 20 años tiene más sexo que nosotros a los 20. Si quieren tener sexo, lo tienen. No tienen que salir a bailar y después estar planeando a las 5 de la mañana qué hacer. Yo tengo un amigo homosexual de 24 años: abre el teléfono a las 5 y media de la tarde, porque sale a las 6 de la pega. Escribe: ‘6 y cuarto, pasivo, Lastarria’. Le saltan seis personas, se mandan fotos, elige, se junta, tun, tun, culea y a las 7 está listo.

Es como: ¿me voy a pasar a tomar un schop o me pego “una cacha”? Eso de dejar de pensar que el sexo es una mega cosa, lo encuentro fascinante.

—¿Y cómo ha cambiado eso a la sociedad chilena?

—Yo creo que el máximo cambio que yo he visto, es en el rol de la mujer. No sólo en el sexo, sino que en el placer. ¿Qué rol tiene la mujer en las relaciones sexuales? ¿Y qué busca una mujer en las relaciones sexuales hoy?

No puedo hablar de las relaciones homosexuales más que por oídas, porque nunca he tenido relaciones homosexuales, pero por oídas también las mujeres están mucho más centradas en su placer. He escuchado testimonios de mujeres que llegan a relaciones con otras mujeres buscando el placer. Y en las relaciones heterosexuales, el rol de la mujer disparó todo a hacerlo mucho más complejo que un ‘mete y saca’.

—Cambió el rol de la mujer porque dejaron de juzgarte, ya no es mal mirado buscar no solamente sexo, sino placer. Ahora, eso también causa una incomodidad e inseguridad de los hombres que sienten que ahora les piden demasiado.

—Yo no puedo hablar generalidades, yo puedo hablar de mí y de mi experiencia. Yo no puedo decir ‘los hombres’. Por lo que he escuchado; aquí o entiendes que hay una otra, de una manera no sólo amorosa sino placentera… está todo más rápido con Internet, todo más rápido. Aquí un hombre que no culea bien, next. Eyaculador precoz, fuera, fuera.

No hay dos chances. Ya nadie se come una “cacha mala”. A menos que sea gente amoldada a un esquema antiguo y que venga formateada y que no se pueda ver. Que no se revisó la pensadora, yo supongo que a esta altura ya todos pasamos por alguna terapia. También veo el derecho, no sólo a vivir el placer, sino también hablar de placer.

—Sin ser juzgada.

—Y esa es como la gran gracia de mi programa, no juzgar, escuchar.

—Ahora está tan de moda esa frase: escuchamos, no juzgamos.

—Yo, desde el año 1996, lo primero que entendí era que esto no se trata de mí, ni de ti, se trata de la persona que llama. No se trata de que todos sean como yo, ni como tú, se trata de cómo es esa persona, la que dejó su mundo y está llamando para contar qué le gusta: no tener sexo, o mentir, o le gustan las putas o minas que les gusta un hueón por la noche.

Eso es lo choro, eso de que somos individuos. Es muy individual, es muy difícil encontrar a dos personas que tengan más de dos cosas en común.

—A eso me refería con meterse a las camas ajenas: no es solo por el sonroje, sino porque es fascinante las multiplicidades de hambres, de pasiones, de motivaciones, de pulsiones, de perversiones. Es infinito.

—Yo he aprendido a no opinar. No se opina de los cuerpos ajenos, ni de las vidas ajenas.
Entonces yo estoy en un rol que es súper divertido, porque a mí me llaman para pedirme un consejo y después me llaman dos años después para decirme y no hice lo que me dijiste (risas). Y yo le digo, ‘¡Si yo estoy aquí dibujado!’.

Yo para los mismos casos, para la secretaria que se está comiendo al jefe, para la jefa que se está comiendo al Uber, digo consejos contrapuestos. Me fascina eso.

—Siempre sorprender.

—Sí, si ya me hubieran sacado la ecuación, no van a quedarse escuchando qué va a pasar.

—¿Con la llegada de las aplicaciones, entonces, es cuando finalmente cambia todo? La posibilidad de acceder al sexo de manera más fácil.

—Lo de las aplicaciones es impactante. Es impactante. Y nosotros que somos unos viejos creemos que es para tener sexo. No, es una red social, donde hay gente que aceptó una derrota. La derrota de que no tienes tiempo. La derrota del tiempo cuando eres hombre o mujer, separado, tienes hijos, trabajo. Si no tengo tiempo, tengo el martes: ojalá tirar el martes. ¿Puedes? Sí, pum.

—Y pasados los 30, llegaba un minuto en que todos se emparejaban y no podías ampliar tu mundo; esto, la aplicación, te permite ampliar tu rango de sociabilización.

—Todos nos culiamos entre todos. En mi generación todos ya nos culiamos entre todos.

La ética chacotera del Rumpy

Reglas que tiene el Rumpy para su programa de radio: mientras que las posiciones sexuales, incursiones físicas y demases tienen infinitas metáforas y apodos, hay un elemento que se dice sin eufemismos al aire. “El condón es el condón”, dice. “Todo lo demás se dice de otra manera. Condón no es calcetín, gorrito para el cumpleaños. Es condón. Porque si está a esa velocidad, y somos una cagada de país en el culo del mundo, todos tiramos, se mete un hueón con un bicho, sonamos todos en 20 años”.

El Rumpy. Retrato de Carlos Rodríguez – The Clinic.

—A eso voy con la responsabilidad mencionada al inicio de la conversación: tienes tu código de ética. Y de normas.

—Como no decir garabatos. ¿Sabes lo que pasa? Que si yo voy a estar hablando de Grado 1 y que me curé y que entre vómito y vómito me pegan una ‘conferencia’, con garabatos más encima es muy fuerte.

—Pasa a ser demasiado vulgar.

—Y pongo amarilla por garabato y después roja y corto.

—Eso representa que eres un viejo caballero de radio.

—No. La naturaleza de mi programa exige no decir garabatos. No puedo. Es comunicación. Esta fantasía que se construye, esta burbuja que es mi programa, tengo la suerte de yo poner las reglas. Y esa es súper importante. ¿Por qué? Porque hace que sea masivo. Porque este es un programa masivo como pocos hay. Que una persona de 20 años y una de 80 escuchen lo mismo hoy no pasa.

Ni siquiera nos juntamos en una película. En familia, cada uno está en sus piezas, viendo su tablet o tele o lo que sea. Ya no hay cosas colectivas. Mi programa es de las pocas cosas colectivas que hay. ¿Puede un nieto hablar con su abuelo? Sí. Te aseguro que esa conversación familiar se puede producir porque escuchan tres generaciones. Hoy me llaman gente mayor y gente de 20. Y para eso, los garabatos achican, se va a ir gente. Yo quiero que mi programa lo escuche más gente, en mi programa no suena nada de mala música, y tiene que ver con el llamado masivo.

—Eres muy apasionado por hacer del programa algo muy cuidado, que no es tan habitual para algo que uno hace hace durante 30 años. ¿Es un privilegio poder seguir viviendo de esto?

—Sí, una dicha, una suerte, una maravilla. Yo tengo una pega increíble, entonces la hago de verdad de la mejor manera, con el mejor equipo que he tenido en 30 años. Esto no es la radio Rock and Pop taquillera. Este es el pueblo. Radio Corazón, la radio más escuchada hace no sé cuántos años, la número uno. Mucha gente.

—¿La generación con la que partiste trabajando despreció en algún momento el valor de lo colectivo? Ahora todos tienen un podcast, cada uno es su propia red social. Tú todavía valoras el hablar con mucha gente al mismo tiempo.

—Si hay una desilusión, es que arrugaron muchos hueones por distintos factores.

—¿En qué sentido?

—Porque yo quería cambiar el mundo. Yo me crié desde siempre con la noción de que yo quiero cambiar el mundo. Con los Beatles, con la música que escuché, con las obras de teatro que vi, con las películas que me gustan, yo me identificaba con los que iban a cambiar el mundo.

Y yo sigo ahí, yo sí sigo queriendo cambiar el mundo, te lo digo, pero profundamente. Un mundo injusto, un mundo perverso, un mundo egoísta, individualista. Yo sigo pensando en las cosas colectivas. Por ejemplo, mis películas están gratis en Onda Media. Yo no quiero todo monetizado mezquinamente. Sigo pensando así. Entonces si hay algo que decirle a toda esa gente, ya ¿y lo colectivo, dónde estamos? Pero cada uno sabe cómo vive.

—Estás en un buen momento: armaste una vida.

—Siempre la he tenido.

—Pero en algunos momento has tenido otros fracasos, cosas de vida personal…

—Yo no he tenido fracasos. ¿Sabes lo que pasa? Que lo del fracaso y lo del éxito es muy relativo. Yo no considero así la vida, de grandes éxitos, grandes fracasos. Yo he tenido una vida que he vivido coherentemente y eso ha tenido costalazos y golazos. Pero esa es la vida que escogí. Yo cuando entendí la vida que podía tener, fue muy chico. Yo a los 21 años hacía un programa de radio, en una radio muy escuchada. Dije en esto voy a ir solo, aquí no puedo preguntarle ni a mis amigos, ni a mi familia. ¿Quieres cambiar el mundo? Rajaste solo. Porque nadie si no yo podía hacerlo.

—Ya, ¿pero tú crees que tu programa cambia el mundo?

—(sonríe) Por supuesto, por supuesto, por supuesto.

—Justifícame.

—En mi programa podemos darle cabida a ‘todes’. Todes caben, todos, todas. Ven, siéntate, habla. Gracias. Te voy a poner un tema. Eso es un cambio gigante, gigante. En tu casa no caben todas ni todos. En la mía tampoco. En mi programa sí. Y eso es una revolución a alto nivel.

Hoy llaman extranjeras, llaman de fuera de Chile, llaman en movimiento, llaman gente muy deprimida. Eso es una revolución.

—¿Sabes lo que yo creo que también le atrae a la gente 30 años después? La posibilidad de ser escuchados.

—Y es súper difícil, escuchar. Si yo no tengo que hablar tanto.

—Y esa posibilidad de sentirse visto y oído, también es difícil.

—Y valorado también, porque también yo puedo subir algo a redes y me van a ver y oír. Pero valorado, escuchado. Es el momento que tienes para reflexionar en torno a lo que está pasando. Más que la anécdota divertida. Yo soy un muy buen entrevistador. A mí me encanta preguntar, pregunto cosas súper extrañas. Pregunto más para el lado que para adelante.

Las canas del guerrillero Rumpy

“Yo no ambiciono nada, yo solo quiero estar tranquilo. No quiero ruido, quiero música”, dice Rumpy, cuando habla sobre su vida, mitad en la playa, mitad en la ciudad, con familia y amigos, pero también en tranquila soledad, con tiempo y sin apuros, pintando los cuadros enormes que adornan su casa y que reviven en azules y verdes Isla de Pascua, Tunquén, playas y mares y vegetación. A sus perros.

Y luego añade con una sonrisa: “Pero me gusta tener enemigos. Me encanta”.

—Eres bueno para pelear. Cuando uno te googlea ahora, los titulares de los últimos años son todo de peleas.

—Me encanta, me fascina. Me gusta tener enemigos. No tengo temor al conflicto. De hecho me gusta. Pero en mi vida yo no quiero relaciones ruidosas, ni familiares ruidosas, ni amistades ruidosas, ni parejas ruidosas, ni tríos ruidosos.

El Rumpy dice que su soledad es activa. Paseando perros. Viendo a sus hijos. Que es un papá normal, o tan raro como todos. Un Rumpy en total agrado con la vida armada.

—¿Tuviste en algún momento un problema con el alcohol? ¿Lo dejaste ahora o no lo dejaste y lo dominaste?

—Es que los excesos en mi vida hay veces que pasan por sustancias, por alcohol. O por colores, o por música o por rock o con punk.

—Cuando te da con algo, te da con algo.

—Sí. También tiene que ver con los cambios de los tiempos. Antes estaba súper mal visto sapear. Ahora te prenden cámaras. En todos lados hay cámaras. Entonces hay más espectáculo de lo que sea que estés haciendo en ese momento.

Si yo me curo para mi cumpleaños, los pacos suben un vídeo a las redes sociales. ¿Entiendes? La policía sube un vídeo mío para mi cumpleaños, dos meses después. Entonces ese es el mundo. Un mundo actual de traiciones. Un mundo cruel, súper cruel. Entonces, ¿cómo la gente no va a tener excesos?

Creo que la principal droga que se está consumiendo hoy por todo el mundo, ni siquiera lo digo por mí o por ti que también la consumes, es las pantallas.

—Soy totalmente adicta. Admiro mucho a la gente que lo sabe dominar.

—¿Sabes lo que estoy haciendo yo para dominar esa droga? Voy a buscar y a dejar a mi hija al colegio sin consumir. Entonces, ¿qué pasa? Uno se conversa, mira qué loco. Hay vida. Paseo los perros sin la droga.
Partir por un minutito, armarse esos espacios. Nosotros vamos a ver en el 2040 lo que le pasó a esta generación. Es muy fuerte verlo en el transporte público, todos con la pantallita. Es que yo no puedo decir esta generación. ¿Cuál generación? Yo lo que digo es el peligro de las pantallas. Hay una droga que es mucho más peligrosa que el copete, mucho más peligrosa que todas las drogas juntas. Las pantallas. Entonces, si yo he tenido o no excesos, y me encanta: beatos de mierda, me los paso por el forro.

—No me juzguen, dices.

—No es que no me juzguen, hago lo que se me canta el culo desde que soy niño y lo voy a seguir haciendo. Eso es lo que te digo. ¿Vamos a hablar de tu botiquín o del mío? ¿Estamos hablando de copete, el alcohol? ¿Todo porque subieron un video mío? Es delicado hablar de los otros y sus excesos. ¿Cuál es el exceso? ¿Qué es lo que hay que hacer? ¿Qué es lo correcto que hay que hacer?

—Lo más probable hoy es que salga José Antonio Kast en las próximas elecciones presidenciales, y hay una tendencia mundial de la ultraderecha. ¿Crees que en Chile está la posibilidad de volver a algo cultural más moralista? ¿O es terreno ganado?

—A mí lo que me pasa de lo que veo con la segura llegada de Kast, es que se va a poner todo violento. Está empoderando al Estado a que sea violento. Sus propuestas son militarizar, darle carta blanca a las policías para reprimir, no van a ser juzgados, vamos a indultar.

Eso es violencia. Digan lo que quieran, puerta una raja de hecho. Pero yo creo que más que el retroceso antiguo, moral, la cosa se va a poner violenta desde el Estado.

—Lo pregunto porque es una persona que viene desde un mundo más tradicional, y que ha votado sistemáticamente en el Congreso de cierta manera, en contra del mundo más liberal.

—No, es que a mí me parece que todo ese mensaje, toda esa persona, es anacrónico. Ya no es que vamos a retroceder. Yo no lo puedo creer. Tu ves a la señora de Kast diciendo que el único sexo seguro es el que no se ejerce. ¿En serio? ¿De verdad, en serio, vamos a hablar así? Es lo que han logrado a través de las drogas como la pantallita, tener a la gente que creyendo que eso es así.

—El chacotero, entonces, se transforma en un nuevo bastión de resistencia.

—No nuevo, siempre lo ha sido. Ha sido un bastión de resistencia a la Concertación. Ha sido un bastión de resistencia a la post Concertación. Ha sido un bastión, porque es un lugar independiente, habitado por mucha gente muy diversa. Entonces no pertenece. Esa es la gracia.

—La República Independiente del Rumpy. ¿No es cansador no pertenecer, toda la vida?

—No pues, esa es la libertad. Es que esa es la libertad.










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