Norma Mor, drag queen: “En la medida que jugamos con el género, podemos romper la brecha y la violencia que existe con él”

Crédito: José Pouchucq

Norma Mor, drag queen: “En la medida que jugamos con el género, podemos romper la brecha y la violencia que existe con él”

Lleva poco más de un año viviendo en Barcelona, periodo de tiempo en el que ha aprendido a trabajar en colectivos artisticos, participado de una película de la reconocida cineasta de porno feminista, Erika Lust y ha mostrado su performance como Norma Mor en el renombrado museo Reina Sofía. En conversación con The Clinic defiende la potencia de su trabajo y reflexiona acerca de la precariedad del arte en Chile.

Feña Celedón tiene 30 y en julio cumplirá dos años en España. Antes de la llegada del covid-19, trabajaba en el bar queer Candy Darling que hoy está cerrado. Durante la pandemia, realizó entrevistas a personalidades del mundo drag en Barcelona, a través de redes sociales, lo que le sirvió como vitrina para lucir el desplante de Norma Mor, el personaje que construyó como una forma de ir trazando su propia identidad, la que hoy define como transgénero no binario. 

Norma Mor – Crédito José Pouchucq

Migró a España desde Santiago por varias razones, una de ella la imposibilidad de crecer haciendo una carrera en el mundo del drag. “Sentía que estaba trabajando, pulsando y haciendo cosas interesantes, pero no pasaba nada. En Santiago, jamás me llamaron para hacer casting como drag o como una identidad queer no binaria. En ese sentido, estar me sirvió para ver cómo el trabajo toma valor en otro contexto”.

A partir de esa experiencia, se ha sorprendido de la receptividad hacia su trabajo y cómo se mueve Barcelona en cuanto a la performance y al arte con temáticas de género y perspectiva queer. Desde que llegó a la capital catalana ha participado en una película porno a cargo de la destacada cineasta feminista Erika Lust. “Había trabajado antes en la industria del soft porno, pero ella tiene una industria donde trabaja con puras mujeres, todas feministas, eso es increíble. Además incluyendo identidades como la mía y el trabajo que hago con la Norma”, comenta.

También ha trabajado con bandas under de la escena catalana como rostro de sus videoclips. No sólo eso, se presentó en el Teatro del Mercat de las Flores, la Sala Apolo, y el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, entre otros espacios. 

Su último gran hito fue la presentación que hizo en el Museo Reina Sofía de Madrid, donde participó de una mesa redonda en el programa Sexiliades, organizado por Mama Lynch, performer brasileña. Allí presentó la performance “Tiempos Mejores”, donde denunció los abusos de poder perpetrados por militares y carabineros en Chile, el abuso de poder y la mercantilización de los derechos básicos, entre otros temas. También mostró dos canciones de su autoría. “La idea era invitar a identidades diversas, que tuvieran relación con el exilio, con la migración, que entregaran un mensaje político mezclado con trabajo performático. Entonces, entre ellos estaban las Tupamara, que es un colectivo de house voguer de Colombia; un chico trans que hace twerk; y yo. Me presenté con el colectivo que armé aquí, que se llama la Precariehouse”. 

¿Te interesaba trabajar con el concepto de precariedad?

-Lo que buscamos es apropiarnos desde una perspectiva reivindicativa, no menospreciarlo, sino que entender que en la precariedad también hay mucha riqueza que tiene que ver con reconocer un origen, con entender un contexto. Me parece que el mundo del drag o en el mundo de las estéticas mainstream, que yo trabajo bastante, hay una idea aspiracional, de pretender ser. Me pareció súper importante fundar un colectivo que se replanteara eso: desde dónde construimos las estéticas y cuáles son los puntos de vista desde dónde construimos nuestro arte. Aunque creo que vengo desde un lugar absolutamente privilegiado, sí creo que como artistas vivimos en una precariedad permanente. Sobre todo los artistas chilenos, que llegamos a otros contextos y nos cuenta que la performance y el arte que hacemos está mucho mejor valorado y que incluso, podemos vivir de él.

“Me parece que el mundo del drag o en el mundo de las estéticas mainstream, que yo trabajo bastante, hay una idea aspiracional, de pretender ser. Me pareció súper importante fundar un colectivo que se replanteara eso: desde dónde construimos las estéticas y cuáles son los puntos de vista desde dónde construimos nuestro arte”.

Claro, hay una precariedad intrínseca al rol artístico.

-O sea en Chile cualquier persona que decide ser artista sabe que se va a morir de hambre, y eso es altamente violento. Entonces para mí es importante demostrar, a través de mi trabajo, que es posible vivir como artista, vivir del arte que hago y aparte, poder militar, generar activismo y un contenido que genere aporte y reflexión hacia una comunidad.

¿Cómo fuiste articulando redes para llegar a espacios como el MACBA o el Museo Reina Sofía?

-En Chile, por más que generara contenido político, me faltaba eso que tenía que ver con la colectividad. En Santiago, por lo menos desde mi contexto, carecía de ese aprendizaje organizacional, que tiene que ver mucho para mí con los antecedentes de esta misma ciudad. En Barcelona, por su historia política, hay una alta conciencia de todo lo que son asambleas, organizaciones y colectivos, fue eso por lo cual migré: encontrar nuevas identidades queer, nuevas organizaciones maricas. ¿Cómo viven? ¿Cómo se organizan? Y así llegué a la asamblea de las maricas libertarias de Barcelona, que es una organización de maricas anarquistas. Obviamente, me empecé a relacionar con el movimiento okupa, antifascista. Elementos que siento que le fueron dando mucho más valor al trabajo que venía haciendo y le aportaban más fuerza a la frase “Muerte a la Norma”. 

DRAG POLÍTICO

En Chile, Feña estudió teatro en la Universidad Finis Terrae y realizó posgrado en Pedagogía Teatral y Arte en la Universidad de las Américas, periodo en que a partir de su propia búsqueda, empezó a jugar con su propia identidad y vestirse con atuendos considerados femeninos. “Comencé a hacer drag, porque empecé a cuestionar mi identidad de género, no porque quisiera hacer drag. Entonces, en un momento empecé a llevar la performance a tal punto, en que me dijeron: ‘oye, perrita, lo que estás haciendo se llama drag’. Después pensé ‘yo soy actor, éste es mi teatro’. Ahí fue cuando adquirí más conciencia y le puse nombre a mi personaje: Normamor”. 

Da la impresión de que tu trabajo tiene una vocación política, más allá de la estética drag. 

-Mi carrera siempre ha crecido un poco utilizando la plataforma del drag y utilizando las estéticas y las convenciones del drag, tanto allá como acá, me he dado a conocer como una drag queen y obviamente, utilizando todos los recursos estéticos, escénicos, performativos que conlleva eso. Pero, desde mi vida en Santiago había tenido las ganas y la necesidad de politizar la práctica: ¿qué es lo que significa representar una feminidad? Como que me parecía que había mucha misoginia detrás del colectivo drag. Había muy poca reflexión respecto a cuál es el rol que cumple la mujer dentro de esto.

¿Cómo se fue configurando ese discurso para ti?

-A mis performances trataba de darles un poco de contenido, para de cierta forma, concientizar al público, que generalmente está súper despolitizado. Me refiero a este público gay, normativo, cis, que simplemente consume el cuerpo de una travesti o una drag queen como entretención. Lo que caracteriza mi trabajo es entender que las prácticas también van cambiando según su contexto. Creo que hoy día el drag tiene que estar al servicio de una comunidad y es necesario que haya una mayor conciencia con respecto a la práctica, con respecto al género, con respecto a cómo se perpetúa la violencia detrás de éste.

Norma Mor – Crédito José Pouchucq

¿A qué te refieres?

-Creo que en la medida que jugamos con el género, podemos romper la brecha y la violencia que existe con él. Se trata de ir liberando constructos del tipo: ‘por ser mujer me tengo que vestir así’, ‘por ser hombre tengo que ser así’, que tiene que ver con el binarismo, finalmente. Entonces, pienso que puede ser un aporte súper importante para el colectivo drag, para la misma práctica, que un trabajo como el mío se pueda exponer en distintas plataformas políticas, artísticas e incluso mainstream.

“Desde mi vida en Santiago había tenido las ganas y la necesidad de politizar la práctica: ¿qué es lo que significa representar una feminidad? Como que me parecía que había mucha misoginia detrás del colectivo drag”.

Hace poco tiempo, el medio 20 Minutos te nominó en una de sus listas como una de las posibles participantes de la versión española de RuPaul. ¿Te gustaría sumarte a una instancia como esa?

-RuPaul abrió al mundo la práctica del drag queen y todo lo que tiene que ver con la cultura LGBTIQ+. Entonces, hacerlo implicó que esa cultura e información se haya masificado. Me parece importante que esas masas que corresponden a grupos heterosexuales tengan esa apertura. En la medida en que todo ese público no consciente pueda consumir este producto que es súper capitalista, que es súper televisivo, que es súper mainstream, pero al que puedo entregarle mi mensaje, creo que mi aporte se completa. Por otro lado, para mí es importante poder posicionarme como artista y poder vivir de lo que hago. 

Claro, de alguna manera adquirir un estatus dentro del círculo drag que te entregue cierta estabilidad. 

-RuPaul es como un trampolín para posicionarnos dentro de un mercado como artistas, y eso claro que me interesa. Abandonar la precariedad, abandonar el underground, porque no quiero estar siempre en ese lugar. Valoro lo que he aprendido y rescatado de los márgenes, por supuesto que en ese lugar veo una riqueza, pero me encantaría poder seguir trabajando con mi arte para entregar mi mensaje. Aunque me considero tremendamente afortunada,  igual es súper difícil hacer la pega solamente desde la autogestión y las redes sociales. Otro de mis intereses es representar al movimiento en Chile y qué es lo que está pasando allá. Me parece que el movimiento queer, LGBTIQ+ en Chile, a partir de la revuelta y las manifestaciones, ha tomado mucha fuerza.

Norma Mor – Crédito José Pouchucq

¿Este discurso político también está configurado de manera estética? Da la impresión de que te importa resaltar tus rasgos latinoamericanos y no “blanquearte”.

Siempre tenemos esta idea de que para poder aprobar una imagen drag, tengo que hacer el ejercicio de blanquearme: usar lentes de contacto de colores, pelo rubio. Entonces, mi primer aporte a través de lo que hago es cuestionar la representatividad en cuanto a la construcción de feminidad. Es decir, preguntarme qué feminidad quiero representar como performer. Mi punto de vista está en volver al origen, reivindicar belleza y estética latinoamericana. Entonces tomo a Lemebel, que a su vez cita a Frida Khalo. Para mí es Frida Khalo el referente hito que marca esta nueva construcción de feminidad. Como ella también vive su sensibilidad respecto al género, respecto al amor. 

“Hay un manifiesto de Susan Sontag, que habla sobre la estética camp y la exageración,  y el drag entra en ese tipo de estética. Es un tipo de estética de cierta forma se exporta, colonizando al resto del mundo. No hago juicio por eso, mi trabajo es simplemente ponerlo en cuestión. Por eso, en mi caso, no hay tanta exacerbación de estos rasgos femeninos, si no que trato de buscar algo más parecido a lo natural. Y de esta forma también, hago que dentro de mi representación de feminidad, entre también identidades trans, identidades no binarias. Es decir, yo dejo permear también mi identidad como travesti a través de mi drag. Es decir, lo que puede hacer yo como Feña en el cotidiano, no es tan distinto a lo que puedo hacer en drag. O sea, ¿soy un personaje construido o es realmente mi identidad con maquillaje?”, se pregunta.

¿Tienes la respuesta?

Sí, he construido mi identidad como travesti a partir del drag. Entonces, cómo no dejar permear mi identidad de hombre, de cis. A partir de la práctica del drag, fui encontrando mi propia identidad como travesti. O sea, yo hoy día me digo travesti, pero tengo una identidad trans no binaria. Que va mucho más allá de si consumo o no hormonas para llegar a un lugar del abanico. En ese abanico empiezo como hombre y termino como mujer, pero dentro de ese espectro hay miles de posibilidades. 

¿Se trata de ir manejando las energías “masculinas” y “femeninas” a tu antojo?

-Exacto, tiene que ver con el manejo de las energías, que es como un equilibrio entre lo masculino y lo femenino. Masculinizar ciertos rasgos de la cara, como el vello facial o trabajar en mi tonicidad muscular  y al mismo tiempo, jugar con mis movimientos que por un lado son duros, pero también existe lo suave, el movimiento delicado. Poder identificar todos esos tipos de energía que corresponden a lo femenino y a lo masculino, para construir algo que para mí tenga sentido y baile entre ambos. 

Hablas de manejar las estéticas mainstream. ¿Cuál es tu apuesta?

-Referentes como Hija de Perra o Divine, que trabajaron estéticas que corresponden más al punk o al trash, que son estéticas con las cuales me identifico y discursivamente avalo, creo que para poder llegar a un nuevo mercado, que es mi súper objetivo, tengo que jugar con ellas. Quiero decir que si nos quedamos haciendo micropolítica en mi grupo, es como hacerse una paja entre amigos. Mi apuesta es ir a otros públicos, utilizar otros espacios, otros escenarios, usar la calle, descontextualizar el drag. Por eso creo que mi personaje también tiene que ser inteligente, en el sentido de que funcione como el caballito de troya. Es decir, que tu veas una imagen bella, con toda la estética del mainstream, no sé, yo me hago la cara de las Kardashian, utilizo vestuarios trendy, por ejemplo. Entonces, eso que puede ser súper marquetero, le agrego el contenido político y ahí es donde sale mi caballo de troya, es decir, ahora que tengo tu atención, te entrego el mensaje y es la Norma la que te pega el combo; porque al decir “muerte a la Norma”, es la muerte a tu propia norma. Para mí es fundamental que el público al que quiero llegar, se sienta atraído por esta imagen. 

“Hoy día me digo travesti, pero tengo una identidad trans no binaria que va mucho más allá de si consumo o no hormonas para llegar a un lugar del abanico. En ese abanico empiezo como hombre y termino como mujer, pero dentro de ese espectro hay miles de posibilidades”.

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