Noam Titelman, economista y militante RD: “El Frente Amplio va a tener que hacer una profunda autocrítica sobre su rol en estos dos años”

Agudo crítico de su propio sector, este ex dirigente universitario y uno de los fundadores del Frente Amplio advierte de la paradoja de una coalición que tiene más parlamentarios que concejales y que ha dado más que hablar por sus quiebres internos que por sus propuestas. “Hay una importante inmadurez política en mi generación”, concluye.

Noam Titelman fue presidente de la FEUC en el 2012. Eran los tiempos en que una generación de jóvenes universitarios se tomó la calle y el debate público. Algunos llegarían al Congreso y otros transitarían por el camino de las ideas y los estudios. Pero todos se abocaron a levantar una nueva fuerza política llamada Frente Amplio.

Llegaron con la promesa de romper los moldes y las formas tradicionales de la política. Impugnaron los años de la Concertación y miraron con un cierto desprecio lo que se había hecho. En la izquierda más dura, muchos pusieron esperanzas en esta nueva camada. Otros esperaban el tropezón, la caída.

La reciente renuncia de los diputados Pablo Vidal y Natalia Castillo a Revolución Democrática (RD) evidenció la crisis que se venía larvando hace meses. ¿La razón? En lo grueso, la pugna era hacia dónde moverse: si hacia la centro izquierda o pactar con el PC. Todo quedó bastante más claro con la entrevista que dio el diputado Giorgio Jackson en el diario La Tercera: “Para nosotros es más natural una alianza con el PC que irnos con la ex Concertación”. 

Noam Titelman es militante de RD, además de economista y  magíster en Métodos de la Investigación Social por la London School of Economics and Political Science, donde hoy cursa un doctorado. Además de sus estudios, es investigador asociado al Centro de Sistemas Públicos de la Universidad de Chile y colaborador de la Red de Estudios para la Profundización Democratica (RED)

De ahí que para muchos, Titelman es uno de los principales intelectuales de ese sector. Desde la distancia –vive en Londres- observa y analiza el quiebre de su mundo político.

-El Frente Amplio prometía oxigenar la política, redibujar la cancha de juego. Hoy es una coalición trizada. La renuncia de dos diputados lo dejó evidenció. ¿Cómo lo estás viendo?

Lo que acaba de ocurrir es el fin de la apuesta original del Frente Amplio y, posiblemente, de la tesis fundacional de Revolución Democrática. Pensábamos que era posible cambiar el tablero y montarse sobre una fractura histórica del sistema político chileno. Hablo de la grieta entre el mundo de la continuidad y de la renovación. La idea era no tener que optar entre una de esas alternativas.

¿Y qué pasó? ¿Imperaron otros intereses? ¿O el Frente Amplio quedó prisionero de aquello que impugnaba?

-No quiero dar cátedras a nadie, pero en mi opinión cambiar la topografía del sistema político requería de una cultura, de un sentido de militancia que nunca cuajó. En vez de eso, y desde el momento en que se conformó el Frente Amplio, ha vivido aterrado.

-¿De qué? 

-Un sector del FA veía con terror la posibilidad de convertirse en la nueva Concertación, y otro sector tenía el terror de terminar convertido en el Juntos Podemos. Al final, las energías, en vez de estar depositadas en cambiar la topografía de la política, estuvieron básicamente enfocadas en evitar quiebres, que más encima se dieron igual. 

“Lo que acaba de ocurrir es el fin de la apuesta original del Frente Amplio y, posiblemente, de la tesis fundacional de Revolución Democrática”. 

-Giorgio Jackson decía que la gracia del Frente Amplio era que podía administrar sus diversidades. ¿Habrá sido eso lo que les jugó  en contra? 

Es que esa diversidad buscaba modificar la manera en que se agrupaban las fuerza políticas en el país. Pero eso requería un proyecto colectivo; capacidad para construir una cultura política conjunta. Cuando eso no sucede, termina ganando la grieta. Pero, además, creo que jugó en contra una tentación que siempre existe en la izquierda: el buenismo. 

-¿Cómo?

-Me refiero a esa idea de que lo más importante es cambiar el elenco. La verdad es que los proyectos que sólo se sostienen sobre un cambio del elenco, por una supuesta superioridad moral de sus liderazgos, están condenados a chocarse contra un muro. 

-¿Por qué?

-Porque los proyectos sin densidad ideológica se vuelven caminos individuales. El Frente Amplio no puede ser solamente un puñado de parlamentarios con buenas intenciones. Tiene que ser una fuerza social. Y ese lento trabajo de construcción identitaria, del espacio colectivo, es lo que le falta todavía.

LA INMADUREZ

-¿Fue un error sentirse campeones? 

-Siempre es un error sentirse campeones. Siempre es un error creer que uno se las sabe todas, porque casi nunca es verdad. 

-¿Dirías que se ha develado la inmadurez política de tu generación?

Hay una importante inmadurez política de mi generación. Y eso se ha demostrado en la incapacidad de generar cultura militante. La gente no entiende ni le interesa la infinidad de colectivos y siglas del FA. Lo que espera es una apuesta de largo plazo. Creo que este será el primer golpe de varios que va a recibir mi generación antes de madurar suficientemente para poder ofrecer una alternativa a la sociedad que emergió con fuerza el 18 de octubre.

La inclinación de Giorgio Jackson hacia el PC, ¿es un buen mensaje para aquellos que pensaban que el FA venía a sacudir el arbolito? 

-Es como la última nota de una larga canción. Son decisiones que se fueron tomando durante los últimos dos años y que, al menos a mí, me parecieron erradas. Al final, el error original partió cuando no se pudo generar una dinámica que realmente permitiera cambiar las cosas.

El Frente Amplio pudo ser la fuerza política que mejor recogía el malestar de la gente. ¿Por qué crees que no capitalizó el estallido social? 

-Soy bien escéptico de que cualquier proyecto político hoy día, ya sea de izquierda, de centro o de derecha, puedan generar mayorías consistentes o darle estructura a ese malestar. El gran signo de nuestros tiempos es la fragmentación y, en segundo lugar, la farandulización de la política. Su contracara es el debilitamiento, el colapso del sistema de partidos. Si miras el Congreso, cada diputado pareciera ser dueño de su propio proyecto político. Las probabilidades de que en un escenario así el Frente Amplio hubiera tenido éxito, era muy escasas. 

Parte de lo que se le ha criticado a sus dirigentes es una cierta superioridad moral…

-Efectivamente, en algunos momentos el Frente Amplio cayó en ese error. Pero no quiero personalizarlo ni dar cátedra sobre cómo debieron haberse hecho las cosas porque creo que siempre fue una apuesta arriesgada querer cambiar el tablero. Era difícil que resultara. 

Específicamente, ¿qué significaba cambiar el tablero?

-Tener que optar entre dos caminos: el camino de los proyectos testimoniales, pero radicales, o elegir el camino de los proyectos convocantes, pero renunciando al ideario más importante. También estaba el riesgo del personalismo. Porque, al final, lo que la gente le pide a sus políticos no es que sean ángeles ni santos de devoción. Básicamente quieren que sean consecuentes y competentes. 

-¿Y qué es ser competente en el escenario político actual?

-Fundamentalmente, capacidad para aterrizar los proyectos y no que estén embarcados en aventuras sin un relato real. La gente espera que le puedan pintar un horizonte claro, con convicción, no dejándose aminorar ni siquiera por la capotera de su propia tribu. Es estar abierto a convencer y ser convencido. En ese sentido, Gabriel Boric ha sido, hasta ahora, el mejor político de mi generación. 

“El Frente Amplio no puede ser solamente un puñado de parlamentarios con buenas intenciones. Tiene que ser una fuerza social. Y ese lento trabajo de construcción identitaria, del espacio colectivo, es lo que le falta todavía”.

-¿Por qué? ¿En qué se diferencia Boric de Giorgio Jackson? ¿Qué lo hace distinto? 

-Yo creo que Boric ha demostrado que es capaz de conjugar una fuerte convicción con un horizonte muy claro, y lo ha hecho con una importante dosis de humildad. También su valentía para estar dispuesto a jugársela por una apuesta aunque le cueste la capotera de su propia tribu. Eso es muy duro, difícil y escaso en nuestra política, sobre todo en mi generación. 

-¿El tema es si Boric va solo o va con la manada? 

-Exactamente. Ese es el desafío. No basta con que un solo liderazgo tenga esos atributos. Necesitamos construir y adquirir la maduración para que nuestro proyecto político tenga una base identitaria. Que cuando alguien del Frente Amplio hable de “nosotros”, haya un segmento de la sociedad que pueda visualizarse en ese nosotros y sentirse parte de esa identidad. Pero para eso falta mucho.

Pactar con los comunistas, ¿es un error para tu generación o  es la construcción de algo nuevo? 

-Lo veo como un retorno a la antigua grieta de la política desde la izquierda. En política no hay punto final, faltan muchas vueltas todavía, pero sí, efectivamente, es el fin de la apuesta original del Frente Amplio de pararse por sobre esa fractura de la izquierda y desde ahí cambiar el escenario. 

-¿Y por qué no ha podido?

-Porque hubo incapacidad de generar una cultura política. Eso nunca terminó de cuajar. 

¿El Frente Amplio se quedó en la elite y le faltó calle? 

-Todavía no se ha generado esa cultura de calle. Falta.

¿La tuvo alguna vez? Una cosa es salir a marchar a la calle y otra cosa es tener calle. 

-Yo creo que el proyecto del Frente Amplio nace de las dirigencias estudiantiles. Conectar desde ahí con el movimiento social no es algo que se dé inmediatamente. Desde el MIR hasta la UDI, pasando por el MAPU y la Falange, son movimientos que nacieron desde una dirigencia estudiantil e hicieron un largo trabajo. El Frente Amplio todavía no lo ha hecho. Por ahora, es como una pirámide invertida en que tiene más parlamentarios que concejales. En este momento de efervescencia social, al Frente Amplio le falta esa conexión, le falta ese territorio para poder generar un movimiento más potente en la política.

LA IMPUGNACIÓN

-Llama la atención que ni la izquierda tradicional ni el Frente Amplio hayan podido capitalizar el descontento de la gente con un gobierno de derecha…

-El punto clave es que la movilización despertó demandas que pueden sonar de izquierda, pero en realidad son una crítica transversal a todo el espectro político. Quien crea que el movimiento social se va a poder encuadrar, enmarcar, dentro de las lógicas del eje histórico entre izquierda y derecha, está equivocado. Es un movimiento que impugna a la política en su conjunto, incluido al Frente Amplio.

-Esa es la verdadera grieta quizá: la distancia entre la gente y la élite política.

-Hay  un movimiento social que funciona desde una lógica, con una gramática ajena a los partidos políticos. Pero también es un lenguaje ambivalente. Por un lado, tiene un componente de comunidad, de dignidad, de la conformación de un pueblo que reniega y que es muy crítico del neoliberalismo de los últimos 30 años. Pero que también reivindica su autonomía, su libertad desde el campo del deseo. Ese millón y medio de gente que salió a la calle tenía petitorios distintos y se siente completamente ajena al mundo político. Probablemente, estamos en un momento en que Pamela Jiles pueda generar una lectura que engancha mucho más con la gente que las visiones tradicionales del centro, la derecha, la izquierda  o incluso del Frente Amplio. 

¿Por qué Pamela JIles podría recoger mejor ese sentir y no Giorgio Jackson, Boric, Beatriz Sánchez?

-Por lo que te decía antes: el sello de este momento es la fragmentación y la farandulización de la política. No hablo de farandulización en términos despectivos, sino como un fenómeno que se ha dado en todo el mundo. Las elecciones dejan de ser sobre proyectos políticos colectivos y convocantes y terminan siendo disputas entre individuos que se conectan a través de un lenguaje de farándula. Eso se ha ido replicando de manera acelerada en Chile. Si Pamela Jiles no estuviera hoy, no tengo dudas de que habría alguien ocupando ese mismo rol. 

-En ese sentido, ¿Pamela Jiles podría ser algo fugaz o podría ser un factor que termine arrodillando a la izquierda chilena para apoyarla? 

-Pueden ser ambos. El ejemplo de Donald Trump muestra que las relaciones directas con la gente, bypaseando a la institucionalidad política y a la política aburrida pueden enganchar. Hoy estamos en esa bifurcación. 

El quiebre del Frente Amplio, ¿le deja el campo abierto a Pamela Jiles? 

-No lo sé. Dependerá mucho de lo que vaya pasando durante el proceso constituyente. Yo le pongo muchas fichas a ese proceso. Es la posibilidad de recuperar el valor de la política aburrida.

LA PRESIDENCIAL

-Normalmente, la política funciona con estrategias. El director de Criteria, Cristián Valdivieso decía: “¿Y qué pasa si al Frente Amplio en realidad no le interesa ganar el próximo gobierno y lo que está haciendo es dando por hecho que el próximo gobierno será de derecha y prepararse para el subsiguiente?”. ¿Es un camino posible?

-Sería un mal camino. Las culturas políticas de las coaliciones se van construyendo en el tiempo y por las definiciones que van tomando. Sería un mal precedente renunciar a disputar la Presidencia en un momento histórico como éste. Pero es una discusión no resuelta todavía. 

-Si el Frente Amplio de verdad quisiera disputar ese espacio de poder, ¿podría asegurar gobernabilidad? Da la impresión que les ha costado gobernarse a sí mismos.

-Efectivamente, el Frente Amplio va a tener que hacer una profunda autocrítica sobre su rol en estos dos años. Reflexionar sobre qué faltó para generar un mensaje claro y una percepción de gobernabilidad en la gente. Por ejemplo, a Daniel Jadue mucha gente lo admira y respeta porque más allá de sus posiciones políticas logró la farmacia popular. A Joaquín Lavín también se le respeta porque luchó desde su municipio por defender la integración social dentro de su comuna. Hoy día, básicamente, al Frente Amplio se le conoce por sus múltiples quiebres, disputas, peleas internas, choques y un largo etcétera. Eso habla de una importante inmadurez. Superar esa inmadurez requiere también de una buena dosis de autocrítica. Esa es una tarea pendiente.

En el camino de una alianza con el PC, ¿te sentirías convocado para votar por Daniel Jadue?

-Siento que mi proyecto es bien distinto al que representa Jadue, pero al mismo tiempo sé que la política es el arte de lo posible. Para mí la gran pregunta es cómo se tomará el PC y Jadue el proceso constituyente. Más allá de las listas electorales, hay que ver qué fuerzas políticas están dispuestas a renunciar a aspectos de su identidad para generar acuerdos y respetar las normas del proceso constituyente. 

“Siento que mi proyecto es bien distinto al que representa Jadue, pero al mismo tiempo sé que la política es el arte de lo posible. Para mí la gran pregunta es cómo se tomará el PC y Jadue el proceso constituyente”.

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