El poeta Redolés, censurado en radio y hasta vetado para concejal: “¡Me censura hasta el Servil!”

A comienzos de año, acusó que censuraron su música en una emisora. Más encima, ahora el Servel ha puesto inconvenientes para su candidatura a concejal por Santiago. Aquí habla de los obstáculos en su carrera, de que merece mayor reconocimiento, de los políticos y de Chile.

“Yo no quería que lo echaran”, confiesa humanamente el poeta y músico, Mauricio Redolés, 67 años, mito de bigotes, legendario chascón y sobreviviente a un desmoronamiento cerebral. “Yo”, rezonga, “no quería que echaran a Barahona, no, pero…”. 

A Barahona, un periodista radial, lo echaron el 13 de enero. 

Diez días antes, Esteban Barahona había matado a Gaete.

El 3 de enero, a las 3 de la mañana, la radio Bío Bío detuvo una canción de Mauricio Redolés. La canción Quién Mató a Gaete, en cuyo interior se hallan únicamente metáforas obtenidas en la calle o bien coloquialismos envueltos en poesía, fue degollada. La sacaron con brusquedad del aire. Gaete fue ultrajado. A Gaete le pegaron en el suelo.  La canción, un hito tan querido en la clase media afligida, se apagó en la mitad. El periodista Esteban Barahona dio la orden. Ante la audiencia, un enigmático grupo de insomnes, Barahona, despierto, en sus cabales, señaló: 

-Creo que no va en la línea editorial del programa, menos para la gente que está escuchando.

Un dedo pulsó el STOP.

Un dedo apretó el gatillo.

Y luego, para todos los noctámbulos auditores de Bío Bío, La Radio, con alcance en casi todo el país, el brazo oralmente armado de los hermanos Mosciatti, en fin, ante el país nocturno Barahona acotó…

…“vamos a hacer que este tipo de canciones no suenen más…” 

Y ahí ocurrió.

Finalmente, alguien mató a Gaete.

Gaete murió.

Y Barahona quedó cesante.

¡Viva Gaete!

-Lo echaron, poeta- le informamos.

-Puta…

El poeta se estruja los ojos. 

-Yo no quería eso.

Apenas ocurrió el corte frío de la canción, un oyente exótico, un radioescucha incapaz de dormir, informó a Redolés. El poeta se puso al tanto de la situación y de inmediato, tras evaluar el ultraje a Gaete, desempolvó una expresión que le ha obstaculizado su trayectoria:

-Me censuraron.

Redolés habló con uno de los dueños. Habló educadamente con Tomás Mosciatti, ese Larry King engendrado en Concepción. El poeta postuló que hubo censura. Al final, según parece, gestionaron un tirón de orejas para Barahona. Tal vez una palmada en su Twitter, la exigencia de un perdón en horario prime. Y el poeta se devolvió serenamente al Barrio Yungay.

-Pero lo echaron, poeta- insistimos.

-Por la cresta- masculla Redolés-, tampoco se trata de eso. Cometió un error, pero no era para perder la pega.

Añade:

-Igual, aquí el tema es otro.

Y toma vuelo.

El padre de Gaete se afirma en la silla.

Existo o no existo

-Yo siempre he sido una figura cultural excluida. Siempre me han excluido.

-No diga eso- lo apoya la prensa.

-¡Siempre!- se agita el maestro.

-¡No es así!

-¡Excluyen mi música, mi poesía! Muy rara vez he sido invitado a los grandes espectáculos, a los grandes festivales. ¿Te digo algo?

-Qué…

-Yo existo.

-Y vaya que existe, Redolés.

Mauricio Redolés existe porque es un ser humano criado en Quinta Normal. Es el hijo de Flor y de Luis. Fue un comunista con sentido del humor. Lo capturaron en 1973. Lo golpearon. Lo vejaron. De todos modos, según ha señalado, jamás guardó rencor. Vivió en Inglaterra, fue un Lennon en los huesos, un sudaca de ojos azules, un compositor con ingenio, un poeta nuevo. Volvió en 1985 y acumuló elogios. Gritó por las universidades un poema de fútbol con el léxico de la cancha. Otro en torno a lo que llamó “un viejo culiao”. Hizo el disco Bello Barrio. Hizo el disco Quién Mató a Gaete, producido por Álvaro Henríquez. Hizo siete discos, publicó diez libros de poesía. Tiene un hijo grande, una niña chica, una mujer organizada a la que ama. No vive en el Barrio Yungay. Es el Barrio Yungay. Y a tal punto existe que hace cuatro años, por un accidente cardiovascular, se murió por un rato. Vio una luz que lo cegó, se encontró con un chamán en la punta de un cerro, un chamán de origen inca que le enseñó los pilares de su vida. Y luego volvió a vivir.

-Existo, eso está claro.

-Cada vez más…

Abandonó una muleta que lo mantenía derecho. Se mejoró. Le volvió el filo a sus poemas. Publicó una antología, un libro de memorias, y, en la actualidad, dice, tiene un taller en que repara canciones con muchos lugares comunes y, a la vez, tiene otro taller en que endereza gentilmente a jóvenes poetas que se han desorientado.

-Pero yo también pienso que éxisto por otra cosa…

-¿Por qué existe, señor?  

-Yo también existo porque tengo seguidores. 

-Los tiene…

-Yo no soy un héroe, amigo. Pero fui preso político, me apuntaron con un fusil.

Redolés se apasiona. 

-Y existo, huevón. Aunque para muchos no sea fácil de digerir. Pero también no existo.

-¿Dónde no existe?

-En la academia. Muy rara vez ha habido estudiantes que han estudiado mi poesía.

-¿Su poesía debe ser estudiada?

-No sé, pero ha ocurrido muy pocas veces.

Explota:

-¡Y en la tele no existo! ¡Y en la radio no existo!

Y Mauricio Redolés se enoja un poco y recuerda, con naturalidad y sin asomo de soberbia, que el 2014 ganó tres premios Altazor en la misma edición. Recuerda que un reputado crítico de nacionalidad española dijo, a gritos, Pero Quién es Redolés, Coño, Pensé Que Era Una Banda. No, le dijeron, es un poeta de bigotes que vive en el centro. Es un solo músico. Un solo poeta. Los músicos más grandes le rinden homenajes. Y el crítico español, un famoso señor cuerdo llamado Lokko, preguntó: ¿Esa máquina de ingenio está compuesta por un solo hombre, un hombre más encima chileno? Sí, le dijeron. Es el papá de Gaete. Y es un artista que existe y no existe. Es un artista muy alegre que vive asediado por episodios de censura.

-Mira, yo tengo 67 años. No soy un niño. He hecho un trabajo que creo ha sido importante. Creo que he hecho algunas cosas que se podrían valorar aquí y en la quebrada del ají.

-¿Está satisfecho de su obra?

-Estoy contento de mi poesía. Como dice Nicanor: Yo hago poemas, no empanadas.

-¿Qué elogio le gustaría recibir?

-Me gusta cuando me dicen Poeta.

-Pero, poeta, ¿desde cuándo lo censuran? 

Y Redolés suelta aire, se le frunce el ceño. Su mente se traslada al 14 de mayo de 1992. Esa noche, en el programa El Desjueves de La Red, Mauricio Redolés, citando a Parra, dijo que “hay viejos culeados que no creen en el amor”. Y también dijo que Nicanor se culeó a la muerte. 

Y entonces, ahora que recuerda, Redolés grita con libertad:

-¡Y quedó la zorra!

-¿Cómo?

-¡La zorra!

Y ríe.

-Jajaja, la media zorra quedó…

-¿Y entonces qué consecuencias tuvo eso?

-Amigo, yo me volví deleznable.

-¿Por cuánto tiempo?

-Al menos diez años.

-¿Lo hostigaron?

-Me mandaban fecas y vómitos envueltos a mi casa. Tenían amenazado de muerte a mi hijo de 2 años… ¡2 años, huevón, 2 años! ¡él estaba en el jardín infantil!

Silencio triste.

-Ese es nuestro país.

Y lo repite, ido.

-Ese es nuestro país…

Lo persiguieron por política. Y, más tarde, dice, lo persiguieron por la moral. Lo tenían estigmatizado como un insolente, un Felipe Avello con dominio de la métrica, un díscolo aún más inspirado, con versos y guitarra. Pese a que el cultísimo Premio Nacional de Literatura del 2005, José Miguel Varas, dijo que sólo Redolés puede tomar una ordinariez y transformarla en poesía. Culiar, en un teclado de Redolés, es encumbrar el amor. Pero este poeta piensa que el maltrato jamás se ha detenido. 

El 21 de junio del 2014, Antonio Duarte, un profesor de octavo básico del Liceo Arturo Echazarreta de Casablanca, fue despedido por leer a los alumnos un poema de Mauricio Redolés. 

Doce versos de Redolés se convirtieron en causal de despido.

La palabra vetada parece ser la misma. El verso fundamental decía:

“Hay viejos culiados que no creen que en un poema/ se pueda decir Viejo Culiado”

Redolés sonríe.

-Merecemos un mejor destino- murmura, sin más comentarios.

El 2018, en una radio, Hermógenes Pérez de Arce cortó el teléfono al saber que en el estudio se encontraba, casi mudo, el poeta Mauricio Redolés. 

-No voy a seguir hablando- se quejó Pérez de Arce- si esa persona se encuentra en el estudio.

-Jajaja- es una carcajada actual del poeta.

Comprime sus pensamientos con un nuevo verbo:

-Nos estamos conchadesumadreando.

Y, para redondear toda una era de obstáculos, hace unos días el Servel vetó la candidatura a Concejal de Mauricio Redolés.

-¡Me censura hasta el Servil!- grita él.

Sin censura

Eso sí, ya hizo los trámites correspondientes para poder participar en el proceso. 

-Con abogados y etcétera- admite aburrido.

Acota:

-Los chilenos tenemos que pedir permiso para todo. Este país fue vendido por la dictadura. Y por Aylwin. Por Frei. Por Lagos. Lagos asesinó a los mapuches. El neoliberalismo ha afectado hasta a los delincuentes.

-¿En qué sentido?

-Ya no quedan choros buenos. El choro que no robaba a los abuelitos o a los niños. Ya ni siquiera los delincuentes son como antes.

-¿Y qué opina de los políticos?

Pone una cara agria, como si chupara un limón.

Y, dado que dice que jamás marginaría a alguien por sus opiniones, que jamás estará a favor de funar, el poeta no frena ningún pensamiento. Y opina.

-¿Qué opina de Paula Narváez?

-Es Michelle Bachelet.

-¿Y Michelle Bachelet?

-Es Paula Narváez.

-¿Qué opina del Frente Amplio?

-El tiempo demostró que no habían inventado el pan de molde.

-¿Pamela Jiles?

-Chile para Jiles.

-¿Florcita Motuda?

-Un hippie viejo.

-¿El ex ministro Briones?

-Di Mondo en motoneta.

-¿Joaquín Lavín?

-La revolución silenciosa.

-¿Desbordes?

-Pacos al poder.

-¿Piñera?

-Le quedó grande el poncho.

-¿Estados Unidos?

-Estados Desunidos.

-¿Putin?

-Caza de Putin.

-¿Cachagua?

-Olvidaron hasta a la guagua.

Se detiene un segundo.

-¿Qué quiere, poeta?

-Quiero otro Chile.

-¿Qué Chile quiere?

-Un Chile que crea en la igualdad. No sólo de géneros. También en la igualdad de clases.

A Chile, dice, le hace bien la poesía y le hace mal perder la memoria. Dice que la palabra más penca de todas es la penca. Y que la mejor palabra de todas es llovizna. Afirma que jamás negará una entrevista por la ideología del periodista. Algún día, dice, le gustaría ser entrevistado por Mónica González, por Alejandra Matus. Admite que ve Última Mirada con Fernando Paulsen. “Él se parece a Condorito y Condorito me encanta. Lo único que le diría a Paulsen es que no diga cada dos minutos que vivió en Texas”.  Está feliz con su obra e infeliz por su difusión. Y un día, por supuesto, le gustaría conversar con Dios.

-Entonces…

-Qué- interroga.

-Se ve que usted existe, poeta.

Redolés se aclara la garganta.

-Yo siempre he existido- finaliza y hace un gesto de victoria. Mataron a Gaete, pero al menos su padre, Redolés, goza de una gran vida.  

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