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Johnny Pacheco: desde la dictadura de Rafael Trujillo hasta convertirse en el “Padre de la Salsa”

Esta semana falleció producto de una neumonía el músico que fundara el sello Fania Records, plataforma y semillero de los emblemas del género salsa. Una historia que comenzó con el exilio de su familia desde República Dominicana, arrancando del delirio personalista de uno de los tiranos más sui géneris del continente, para derivar en una figura emblemática de la música latina.

Año 1946. En República Dominicana llevaba 16 años gobierno Rafael Leonidas Trujillo, fiero dictador y emblema del caudillismo latinoamericano dado, entre cosas, por su enfermizo culto a la personalidad. No contento con haberle cambiado el nombre de la capital de Santo Domingo a “Ciudad Trujillo”, crear y financiar un equipo de beisbol rotulado como “Equipo Ciudad Trujillo”, inscribir en las patentes de los autos la consigna “¡Viva Trujillo!”, y el lema en luces de neón “Dios y Trujillo”, decidió que su legado -que se extendió por 31 años en la también llamada, por supuesto, “Era Trujillo”- se ramificara también a la música popular de la época. 

Por eso fue que el autodenominado “Generalísimo” y “Benefactor de la Patria” habló con el músico Rafael Azarías Pacheco, clarinetista y director de la popular orquesta “Ritmo del Yaque”, para que también cambiara el nombre de la banda por “Orquesta Presidente Trujillo”. El artista, sin embargo, se negó. Por cierto que el disenso no tenía espacio en la mentalidad del gobernante, algo sabido por todos en aquella isla, por lo que Azarías rápidamente abandonó el país junto a su familia, buscando refugio en Nueva York. 

Este hecho permitió que uno de sus hijos, Juan Azarías, pudiera desarrollar el talento musical heredado de su padre en mejores condiciones, llegando a matricularse como uno de los personajes más transcendentales de la música latina en la historia del continente bajo su nombre artístico, Johnny Pacheco, creador y líder musical del sello Fania Records, plataforma comercial que creó y popularizó el género salsa con sus mayores exponentes hasta el día de hoy, y que este lunes falleciera en Nueva Jersey (EE.UU.) a la edad de 85 años producto de una neumonía.

“Mi padre era director de orquesta en la república, la Ritmo del Yaqui. Esto es una cosita muy privada, delicada: era la orquesta favorita del presidente Trujillo. Y Trujillo quiso cambiarle el nombre de la orquesta a Orquesta Presidente Trujillo y le dijo que no, que se fuera pal infierno donde pertenecía, porque era un dictador. Entonces se pusieron medio furiosos y se vio obligado a salir del país”, recordaría, años después el músico en entrevista con el sitio peruano “Salserísimo”. 

“La suerte es que nos vinimos a Nueva York y nos fue muy bien a toda la familia”, agregó con un dejo de modestia quien fuera inmortalizado como “El padre de la salsa”.

Un divorcio y la gloria musical

Con la herencia e inquietud musical, Pacheco cayó en el lugar  y en la época indicada para sintetizar toda las corrientes culturales de la inmigración latina que desde la Post Guerra comenzó a dirigirse a Nueva York, la “ciudad que nunca duerme”, buscando mejor destino. Fue ahí, en la ebullición musical que albergaba la Gran Manzana, con los latinos, sus ritmos sincopados y tambores de todo tipo, junto a la experimentación de los jazzistas norteamericanos, que Pacheco comienza hacerse un espacio en las orquestas de la época. 

Su primer puntapié fue al integrarse a la orquesta del pianista Charlie Palmieri, un gigante del jazz latino, en la década del 50. Su inquietud musical, sumado al talento en la flauta, hizo que luego se atreviera a formar su propia banda, Pacheco y su Charanga, explotando el género tradicional cubano, en base a violines y flauta travesa. En 1960 firmó contrato con el sello Alegre Records donde graba su primera producción,  Pacheco y su Charanga Vol. 1. Fue primer acierto musical, 100 mil copias vendidas, giras por el exterior y el alegre antecedente de haber sido el primer latino en presentarse en el emblemático Teatro Apollo de Nueva York en 1962. 

A pesar del éxito, Pacheco iniciaría en la época los trámites para divorciarse de su primera esposa. Allí acudió al abogado italo-estadounidense Jerry Masucci, quien hacía poco había retornado de un viaje a Cuba, donde quedó obnubilado con la música de la isla. De ese contacto se potenció el instinto comercial: crear un sello discográfico que recogiera todas las variantes de la música latina de la época. El primer álbum fue del propio Pacheco junto a la voz de otra voz latina Pete “El Conde” Rodríguez. El nombre del álbum era un homenaje a una institución de la música cubana, “Cañonazo”, homónimo de una canción inmortalizada por la legendaria Sonora Matancera, semillero de Celia Cruz, Celio González, Bienvenido Granda, entre otros.

“Pacheco tuvo el afinado ojo para, por ejemplo, descubrir a un adolescente Willie Colón y su cantante, el incombustible Héctor Lavoe -de quien Pacheco declaró años más tarde que lo quería “como a un hijo”-, al pianista judío-americano Larry Harlow, la institución que ya entonces era en esta lides como fue Celia Cruz, la orquesta del bajista Bobby Valentín, y ya más tarde -segunda mitad de los 70- al joven panameño Rubén Blades, acaso el mejor cronista de la inmigración latina, al resumir en canciones los conflictos sociales y políticos de aquella época. Así, Fania Records era el símil del sello Motown de la música negra americana o el Blue Note del jazz del siglo XX”. 

Yankee Stadium y El Combate del Siglo

De ahí en más, la creatividad de Pacheco y el buen ojo para los negocios de Masucci fueron el binomio de un imperio. Recogiendo los ritmos de Puerto Rico -La Bomba y la Plena-, el boogaloo que los puertorriqueños tocaban y gozaban en barrios como Harlem y el Bronx, los jazzistas norteamericanos impactados por la cadencia latina, y siempre sobre los cimientos del son cubano, Fania Records comenzó a contratar a los mejores músicos de la década del 60, algunas jóvenes promesas y otros rumberos consagrados.

Pacheco tuvo el afinado ojo para, por ejemplo, descubrir a un adolescente Willie Colón y su cantante, el incombustible Héctor Lavoe -de quien Pacheco declaró años más tarde que lo quería “como a un hijo”-, al pianista judío-americano Larry Harlow, la institución que ya entonces era en esta lides como fue Celia Cruz, la orquesta del bajista Bobby Valentín, y ya más tarde -segunda mitad de los 70- al joven panameño Rubén Blades, acaso el mejor cronista de la inmigración latina, al resumir en canciones los conflictos sociales y políticos de aquella época. Así, Fania Records era el spimil del sello Motown de la música negra americana o el Blue Note del jazz del siglo XX.

El éxito comercial fue tan apabullante que Fania Records comenzó a monopolizar el mercado de la música latina, adquiriendo los sellos Alegre, Cesta y Tico. En paralelo, además, La Fania comenzó a grabar discos y a hacer giras con todas sus estrellas. Su primera presentación como “Estrellas de Fania” fue en el Club Red Garter de Nueva York en 1968, a lo que siguió otra presentación de mayor alcance en el Club Cheetah de Manhatan en 1971. 

“El fundador y productor musical de la orquesta Santiago All Stars, Jorge Hasbún, añade: “Fue un gallo visionario que realmente supo tocar el alma de los latinos en los años 70. Supo llegar al latino que quería expresar su rabia y sentir que querían ser escuchados. Le entregó al melómano y al bailador este estilo de salsa más violenta, porque también era una época de violencia: inmigrantes de Puerto Rico, Cuba, República Dominicana que se sentían menospreciados. Era una crónica de la contingencia diaria”, dice quien junto al fenecido Héctor “Parquímetro” Briceño,  fundara la orquesta institución de la salsa local, próximo a los 20 años de historia, tributaria del legado de Fania All Stars. (O Estrellas de Fania, versión españolizada)”

De ahí en más fueron celebridades con giras en el continente, Asia y África. Dos hitos de las Estrellas de Fania. El concierto en el Yankee Stadium en 1973: 45.000 personas en el frenesí de la llamada “Salsa Dura”, de ritmo acelerado y las reminiscencias del jazz, con invitados de la talla como Mongo Santa María, el guitarrista Jorge Santana, y el baterista de jazz fusión Billy Cobham. Para dejar registro del movimiento cultural asociado a la salsa en Nueva York,  Fania graba el documental “Nuestra Cosa Latina” 

Y al año siguiente, la presentación en Kinshasa, Zaire –actual República Democrática del Congo- como teloneros musicales del llamado “Combate del Siglo” entre Mohamed Ali y George Foreman en 1974, presentación donde destacaron una incandescente interpretación de “Quimbara” de Celia Cruz, dirigido por un histriónico Pacheco dirigiendo la orquesta. En ese evento deportivo, además, participaron también B.B. King, James Browne, entre otros.

Del también apodado “El Zorro de Plata” por su cabellera prematuramente encanecida, autor de obras maestras del género como “Acuyeye”, “Mi Gente” (Héctor Lavoe), “La Dicha Mía” (Celia Cruz) “Quítate Tú” (Estrellas de Fania), algunos salseros locales comentan su influencia en este ritmo bailable que en esta tierra austral se esmera en aprender y bailar. 

“El legado de Johnny Pacheco para la salsa es haber sido parte de la producción creativa del sello Fania Records, que a partir de la década del 60, comienza a reunir a las mejores orquestas de New York, en un contexto de bloqueo, donde la música cubana tenía restricción en varias partes del mundo. Esto permitió reunir los diversos ritmos, tanto de Cuba, como la rumba, guaguancó, mambo, Cha Cha Cha, en una sola etiqueta: salsa.  Eso permitió masificar el estilo y también reunir a grandes figuras y grandes orquestas que marcaron la historia”, señala el periodista Pablo Dintrans, histórico divulgador de la música afroantillana a través de su programa “Estación Aeropuerto” (disponible en los sitios www.salsanama.cl, y www.descargalatina.cl).

El fundador y productor musical de la orquesta Santiago All Stars, Jorge Hasbún, añade: “Fue un gallo visionario que realmente supo tocar el alma de los latinos en los años 70. Supo llegar al latino que quería expresar su rabia y sentir que querían ser escuchados. Le entregó al melómano y al bailador este estilo de salsa más violenta, porque también era una época de violencia: inmigrantes de Puerto Rico, Cuba, República Dominicana que se sentían menospreciados. Era una crónica de la contingencia diaria”, dice quien junto al fenecido Héctor “Parquímetro” Briceño,  fundara la orquesta institución de la salsa local, próximo a los 20 años de historia, tributaria del legado de Fania All Stars. (O Estrellas de Fania, versión españolizada)

Hasbún complementa con otro aporte de Pacheco: la fantasía en escena. “Pacheco era un tremendo showman. Yo le digo a la orquesta que no debemos sorprender a los colegas músicos, tocando a la perfección. Nosotros tenemos que entretener a la audiencia. Las ganas de bailar y disfrutar tienen que partir por el músico y ese es el ejemplo que dio él. Todo era hacer reír”, finaliza.

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