Beto Cuevas: “Después de una cierta edad, el exceso fuerte es arriesgar tu vida y qué fome morirse simplemente por la indulgencia de una noche”
Beto Cuevas acaba de lanzar “¡Respira!”, el primer single de su nuevo disco, que lanzará en 2026. En esta entrevista cuenta que no pudo venir a Chile cantar “El Duelo” con Dua Lipa, aunque ella lo había invitado. El cantante y compositor cierra este fin de semana la gira de grandes éxitos “Acústico”. Dice que está en uno de sus mejores momentos profesionales y personales, que sabe lo que quiere y lo que no y que empezar a asomarse a los 60 años lo llevado a reflexionar sobre la vida y la muerte. Además cuenta una curiosa anécdota con Daddy Yankee: "Me contó que, antes de que él empezara con el género del reggaetón y de la música urbana, tenía una banda de rock que hacía covers y hacía covers de La Ley".
Por Jimena Villegas 22 de Noviembre de 2025
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Son días de elecciones presidenciales en Chile. Al otro lado, en un Zoom, el cantante y compositor Alberto “Beto” Cuevas Olmedo (58), que está sentado con su botella agua en una pieza blanca frente al teléfono, se oye un poquito ronco. Es, de hecho, lo primero que comenta. Dice que no está muy bien de la voz y que evidentemente lo lamenta. Es tan educado que hasta pide disculpas.
Es mediodía para él y se ha instalado en Las Vegas. Llegó hace unos días a ese epicentro de la entretención en el desierto de Mojave (Estados Unidos), para cumplir con una apretada agenda profesional. Hizo contactos con prensa destinados a presentar su nuevo sencillo, “¡Respira!”. Participó en la alfombra roja de los Premio Grammy Latino, que iba a ser esa misma tarde.
Formaba parte, además, del festejo por el premio Persona del Año, que entrega la Academia Latina de la Grabación, la misma de los Grammy, y que este año recayó en Raphael. Al día siguiente de esta entrevista debía viajar temprano a México.
En ese país, Beto Cuevas iba a empezar a quemar las últimas cuatro estaciones de “Acústico”, una gira desenchufada que lo tuvo viajando por Latinoamérica con algunos de sus grandes éxitos. La tournée termina justo este fin de semana en Ciudad de Panamá. Dice que, en lo que queda de noviembre y todo diciembre, va a tomarse un descanso que lo bajará por un rato del avión: “Eso al final es lo que te enferma un poquito”, reflexiona.
Igual podría decirse que, si algo le duele esta mañana a Beto Cuevas, y tal vez bastante más que la garganta, es el legendario Raphael. Junto a él subió por última vez a la Quinta Vergara, en Viña deI Mar 2010, para interpretar juntos “Me calaste hondo”, de Bunbury. En 2021, Cuevas lanzó una versión bien rockera de “Digan lo que digan”, la extraordinaria canción de 1968 escrita por Manuel Alejandro. Ahora iba a cantar en el homenaje al ídolo español: “Lamentablemente no pude hacerlo. Fui al doctor, me dieron unos remedios, pero no hicieron efecto”, explica. Luego añade: “Bueno, todo esto será por algo”.
Quizá, sin embargo, lo peor del traspié médico de ese día no haya sido no poder presentarse en Las Vegas. La misma noche del premio a Raphael, la cantante, compositora y modelo Dua Lipa, en la segunda fecha del tour que la trajo a Santiago de Chile, interpretó como sorpresa para el público local “El Duelo”. Ese clásico pertenece al disco “Invisible” (1995) de La Ley, la banda con la que Cuevas hizo la primera parte de su carrera, al lado de Andrés Bobe, Luciano Rojas, Mauricio Clavería y Pedro Frugone.
Cuevas revela que Dua Lipa lo había invitado a subirse al escenario en Chile, para interpretar juntos “El Duelo”. Pero como estaba lo del Persona del Año le fue imposible aceptar. Al final, se quedó -como en el dicho- sin pan ni pedazo: “Estoy un poquito acongojado por no haber podido cantar aquí. Pero también estoy contento del honor por parte de Dua Lipa”.
—Claro, ella es una artista de alto calibre.
—Dua Lipa es una artista mundialmente conocida, que se da la molestia de cantar canciones de artistas locales importantes de los países que visita. Fue muy lindo recibir su invitación y quedamos en que quizás en otra oportunidad podría suceder. Me gustó el hecho de que ella cantara, como mujer en la canción, en un tono profundo, como la canto yo normalmente. No había escuchado a una chica cantarla así. Me gustó mucho lo que hizo.
—Y también habrá sido emocionante, ¿verdad?
—Lo que es muy lindo, aparte de su envergadura, es su humildad. Porque muchos artistas internacionales de nivel mundial han ido a Chile y se limitan simplemente a abrirle la posibilidad a un chileno de que abra su show. Me parece que en nuestro país hay una ley…
—Sí, la ley del telonero…
—Pero el haber recibido, a través de su mánager, que es su padre, una invitación formal es distinto. Y también me lleva a la reflexión. Si bien esta es una canción que compusimos con Andrés y con Luciano, es una letra que yo escribí en un momento. Ver cómo puede una letra, que nació de mi inocencia y en los primeros años de mi carrera, terminar convirtiéndose en una canción muy trascendente es una gran honra. Y es una gran enseñanza también, para cualquier artista que está empezando, para tener esa humildad y los pies sobre la tierra.
—“Acústico” es un disco desenchufado y enlazado al “Unpplugged” de La Ley. Pero MTV ya no va más, se acaba como lo conocemos el 31 de diciembre. ¿Le pasa algo con eso?
—Han pasado más de 20 años de ese disco, que fue muy trascendente en nuestra carrera. Sentía que por qué no, desde mi plataforma como solista, hacerle un homenaje. Lo de MTV me recuerda un disco de George Harrison que me gusta: “All Things Must Pass”. Todo pasa, nada es eterno, tampoco nosotros, ni el sol. En algún momento, dado el sol se va a apagar, se va a acabar la vida en este planeta privilegiado donde vivimos. Entonces, eso es lo que me provoca. Para mí, MTV dejó de existir en su concepto original desde que empezaron a hacer realitys. En mi opinión, no hay nada más irreal que los reality, porque está todo pauteado.

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A Beto Cuevas le quedan pocos años para cumplir cuatro décadas de carrera artística. Él mismo recuerda, además, que en 2028 se cumplirán dos décadas desde que emprendió vuelo solista. De fichar en 1990, siendo un auténtico desconocido, como cantante para La Ley, pasó a ser -con diferencia- el intérprete y compositor de rock más importante que ha tenido este país. Es el frontman de Chile.
Junto a La Ley es aún dueño del único Grammy anglo que se cuenta en las listas de músicos locales. Hoy vive junto a su esposa y mánager, Estela Mora, en Los Angeles (California), y tiene dos hijos. Ha actuado en series y en películas, ha sido jurado en programas televisivos de talentos, ha dedicado parte de sus esfuerzos a desarrollar su veta pictórica e ilustradora, ha sido Jesús en una versión modernizada de “Jesucristo Superestrella” en México. A juzgar, además, por lives y streamings que se encuentran fácilmente en internet, las nuevas generaciones de músicos latinos lo aman. Por eso, tal vez, la siguiente pregunta cae de cajón:
—¿En qué etapa artística está?
—Estoy terminando esta gira, que han sido más de 30 shows. No sabes lo feliz que soy con mi banda, lo feliz que soy con el público que canta todas las canciones. Creo que estoy en uno de mis mejores momentos artísticos de la vida y me encanta. Aunque suene cliché. Aunque una persona joven, un artista joven, quizá no compraría mucho. Pero te lo estoy diciendo genuinamente. Si tuviera que elegir entre premios y reconocimientos mundiales o el cariño de la gente, me quedo mil veces con el cariño de la gente.
—Suena un poco cliché, efectivamente.
—Pero créeme que no lo es. Te lo digo sinceramente. Si no, no te lo diría y trataría de embellecer las respuestas de otra manera. Pero yo soy así.
—¿Qué le gusta de su historia solista?
—Me gusta la idea de ser capitán absoluto de mi barco. Me encanta colaborar con gente y me encanta la gente colaboradora, que trabaja conmigo, que me trae ideas. Soy un tipo súper abierto a eso. Pero, al final de cuentas, el que toma las decisiones soy yo, sin que nadie se queje, sin que haya ningún ego afectado…
—Más allá del suyo.
—Pero lo tengo bien controlado. Tengo ego, como lo tienes tú y como lo tenemos todos, porque somos individuos. Pero no soy particularmente lo que la gente piensa.
—¿Qué piensa la gente?
—La gente que no me conoce piensa que soy una persona distante o creída, porque juzgan solamente por lo que ven afuera. Me gusta el estilo, me gusta vestirme y todo eso. Entonces, ves un tipo como con personalidad para vestirse e inmediatamente asocias: “Debe ser un creído”. Pero yo no considero que sea así. Quizás le podrías preguntar a la gente que me conoce.
—Al menos digamos que para ser el frontman de una banda y luego desarrollar una carrera solista hay que tener su personalidad, ¿no?
—Sí, hay que tener personalidad. Y pienso que en la vida hay que tener personalidad sobre todo para decir que no cuando hay algo que no te gusta. Creo que es muy importante. Muchas veces a la gente, para no tener enfrentamientos o discusiones, le es más fácil aceptar. Me parece que eso funciona hasta cierto punto, pero eventualmente te cobra la cuenta. Entonces, pienso que uno tiene que ser honesto en la vida con todo y con todos. Y puedes decir las cosas de una muy buena forma, muy educado, pero poniendo tus planteamientos claros. Y creo que la gente te termina respetando más así.
—¿Le puedo preguntar qué es lo que no le gusta?
—Honestamente, no me gustan mucho las entregas de premios ni las alfombras rojas. Pero sí me gusta ponerme en el papel en que tengo que ponerme. Y hago mi rol cuando lo tengo que hacer. Salto y soy como medio extrovertido y soy generoso con mis declaraciones y todo eso, pero no es algo que me guste mucho. En realidad, soy más tranquilo.

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El nuevo disco de Beto Cuevas, igual que el single que presentó el lunes 10 en Las Vegas, se llamará “¡Respira!”, con signos de exclamación. Está, por así decirlo, en línea con ciertas inquietudes existenciales que se han ido trasluciendo en su trabajo, a través de videos o letras, a lo largo de los años. Si por ejemplo en el clip de “Aquí” (2000), grabado en el desierto, se divisa a quien parece ser un monje lama en estado de meditación, en este primer single de su quinto trabajo como solista emerge la clave del proceso vital: el aire. Desde la perspectiva de la espiritualidad, la respiración no solo es la herramienta para la conexión con lo divino. También ancla al aquí y al ahora, a la tierra. Es una llave maestra para calmar la mente y el cuerpo.
—¿Por qué le puso así a su disco nuevo?
—Bueno, porque es un disco muy reflexivo y existencialista. Yo existo igual que tú y que todos. A veces, hay ciertas circunstancias de la vida que te llevan a tomarte el tiempo de pensar todo lo que has recorrido, el camino que has recorrido y hacia dónde vas. Entonces, a veces, sí hay que parar, mirar un poquito para atrás, respirar propiamente. Respiramos todos, pero lo que pasa es que no lo hacemos con conciencia, y cuando uno comienza a respirar con conciencia toma mejores decisiones.
—¿Desde cuándo medita?
—Es una práctica que aplico en mi vida todos los días, y me ha funcionado muy bien. En realidad, medito de diferentes formas. En los 80, cuando viví en Canadá, hice unos cursos de meditación trascendental que por cierto me ayudaron mucho en mi carrera como artista. Empecé a hacerlo porque, como muchas personas, estamos expuestos a tentaciones y sobre todo a excesos. También está la enseñanza que me dio un profesor de biología. Una vez, en su clase, me dijo que mi peor enemigo era mi propio cuerpo y que todo lo que yo le hiciera mi cuerpo me lo cobraría hasta el último centavo. Es algo que me quedó clavado en la mente. Entonces, trasladado nueve años después, en los primeros años de La Ley, con todo el carrete, tuve la oportunidad de experimentar y de darme cuenta de que no me interesaba hacerle ese daño a mi cuerpo.
Beto Cuevas está convencido de que meditar permite, a lo menos, llevar una buena calidad de vida, para “llegar lo más lejos posible y dignamente”. También declara admirar a artistas longevos, como Mick Jagger o Paul McCartney: “Tienen más de 80 años y siguen con voz, con físico para poder subirse a un escenario”.
—Mick Jagger puede ser un gran ejemplo de vigencia al que aspirar.
—Sí. ¡Y corre en las pasarelas! Está claro que las personas, cuando pasa el tiempo y envejecemos, lo que sí requerimos en un escenario son zapatillas. O sea, golpear el zapatito de suela dura no es muy cómodo. Pero, fuera de ese comentario de calzado, yo creo que si hay algo que define a Mick Jagger es su autenticidad. Además, es un tipo que tiene un físico magro muy propio de él y, contrariamente a lo que la cultura popular nos ha enseñado sobre los Rolling Stones, a lo mejor él se fumará un pito de tanto en tanto o se tomará su vinito de repente, no lo sé, pero pienso que corre, que hace ejercicio. No me lo imagino como un tipo que se haga daño. Aparte, después de una cierta edad, el exceso fuerte es arriesgar tu vida y qué fome morirse simplemente por la indulgencia de una noche.
—¿Y nunca fue carretero, Beto? En La Ley, ustedes eran jóvenes y guapos. Tenían el mundo por delante y todo a disposición.
—Yo pienso que eso de “todo el mundo a disposición” es un mito. En realidad, no es tanto. En realidad, las personas también eligen. Uno dice “pude haber estado con quien quisiera”, porque eres famoso o porque tienes una buena pinta, pero igual hay gente que de repente no quiere. Pienso que, en parte, eso también me llevó a una carrera en solitario. Muchas veces se hacían grupos aparte, porque yo no participaba de esas reuniones y entonces comencé a desarrollar mi lado más solista, tratando de estar bien conmigo mismo, pensando mucho. Y, cuando uno piensa, uno comienza a elaborar planes de vida.

—¿Y qué dice su vida?
—Bueno, no me quiero adelantar, pero imagínate que en septiembre del año que viene voy a cumplir 59 años. O sea, que me estoy acercando al sexto piso. Tuve la gran fortuna de que mi hija fue madre y ahora soy abuelo. Tú te pones a pensar y todos los días son días nuevos y uno puede empezar algo nuevo todos los días. Pero creo que el paso del tiempo, de alguna manera, te permite reflexionar. Ya no estoy en la primera curva ascendente de mi carrera. No estoy viviendo ese éxito meteórico que vivimos con “Doble opuesto” de La Ley. Fue realmente súper fuerte, nos llevó a viajar por todos lados.
—Esta es otra etapa, ¿no?
—Si bien no me siento una persona vieja, en la práctica soy un tata. No me siento una persona antigua, me gusta escuchar cosas nuevas. No soy un tipo que está desconectado, pero sí pienso en que mucha gente de mi edad se va de este mundo, ya sea por enfermedades, por accidentes o por lo que sea. Y cuando uno se va acercando una cierta edad entra en una zona donde todo podría suceder. Por eso, estar en paz es fundamental. Tener paz con tu entorno, tener paz contigo mismo, saber quién eres, saber quién no eres, saber lo que te gusta y saber lo que no te gusta.
—La Ley debe ser una de las primeras bandas auspiciadas de Chile. Cuando ustedes partieron tenían contrato con Soviet, que los vestía. ¿Qué recuerda de eso?
—Bueno, Pepsi también, con “It’s the same”. Nosotros nunca nos negamos a eso. Porque, por un lado, era un dinero muy decente y todos teníamos familia. O sea, cuando empecé con La Ley me convertí en papá prontamente. Fui papá a los 25 años de la hija que tiene mi esposa y que es mi hija, porque la Martina no es mi hija biológica, pero siempre fue mi hija. Entonces, para mí, el trabajo fue siempre muy serio.
—Ser papá joven y a la vez rockero en gira permanente es bien divergente. No debe haber sido fácil compatibilizar esos dos trabajos.
—O sea, fui joven también. También la pasé bien. Pero siempre echaba de menos mucho a mi familia. Una vez mi hijo, cuando tenía como siete años, me preguntó: “¿Por qué tú siempre te tienes que ir?”. Entonces yo le contesté: “Hijo, me tengo que ir porque tengo que trabajar”. Y él: “Pero si tú no trabajas, tú cantas”. Él veía que me gustaba. Entonces yo le dije: “Pero es que es que cantar también puede ser tu trabajo”. Al final, mi hijo ahora es multi instrumentista y productor musical, imagínate.
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Una de las cosas que pasa en la música es que existe la clasificación por géneros. Es un ejercicio que siempre se ha hecho y que no siempre ha sido fácil de encajar. Por ejemplo, La Ley en Chile fue considerada una banda pop, quizá por su apelación sonora a la new wave británica de los años 80. En esa tendencia, los sintetizadores y los teclados eran clave para generar una música más bien fría, contenida y estilizada. Pero pasa que Beto Cuevas siempre se ha considerado un rockero. Ama el rock and roll, cita a Elvis Presley y afirma: “Ojo, no digo que el pop sea malo”.
Cuenta que Edu Giardina, el baterista del dúo argentino Ca7riel & Paco Amoroso, se ríe de él. Siempre le dice: “Tú te has salvado de la pena de muerte en el rock”. Es -agrega- porque ha hecho tantas canciones exitosas que tienen (y lo canta) sha-la-lá o sha-da-da-di-du-dá: “Es un recurso que, por lo general, las personas que lo usan son crucificadas. Y yo digo: Bueno, quizá los rockeros que ya me crucificaron me crucificaran más si hago otro sha-la-lá”.
—Oyéndolo, se diría que usted es el rey del sha-la-lá.
—El rey de los emo, el rey del sha-la-lá. Pero, mira, la voz es un instrumento musical. Y, así como tú puedes hacer un sha-la-lá con una guitarra, lo puedes hacer también con la voz.
Cuando salió su nuevo single en Spotify, en Apple Music y en otras plataformas, la descripción de género para ese tema fue pop latino. Cuevas dice: “Entonces yo llamé a la gente de mi distribuidora, que se encarga de los agregadores que suben todas estas cosas, y les dije: está están equivocados en la clasificación. Y más aún con este disco, que es un disco de rock, que la presencia de las guitarras las tienes aquí, en la cara”.
¿Tan importante era? Beto Cuevas cree que sí, y lo explica: “Yo no hago música para nominaciones ni para premios. Si llegan, maravilloso. Los acepto y me siento honrado. Pero si tengo que, por ejemplo, recibir una nominación en la categoría de pop latino, voy a competir con Bad Bunny. ¿Para qué? Para qué voy a ir a la entrega de premios, si sé que es muy poco probable que me lo vayan a dar a mí. Se lo van a dar a una persona que tiene mucha trascendencia mundial. Bueno, creo que quedó claro y lo pusieron en rock o rock pop”.
—Es decir, su canción quedó en el lugar correcto.
—Exacto.
—Hablando de Bad Bunny, ¿alguna cercanía con la música urbana?
—Conozco a mucha gente de la música urbana, los respeto como respeto a todo el mundo. Creo que es un género diferente. A mí no me llega mucho particularmente, pero tampoco he escuchado todo. A un artista como Bad Bunny le reconozco esa conexión que tiene con la gente, tiene una magia y un talento para conectar. Conocí a Daddy Yankee, porque nos juntamos en Los Angeles hace un tiempo. Me contó que, antes de que él empezara con el género del reggaetón y de la música urbana, tenía una banda de rock que hacía covers y hacía covers de La Ley. Entonces, te das cuenta de que muchas de estas personas tienen bagaje musical. No es que sean simplemente dos notas. Pero sí es un género que, por lo que se escucha popularmente, es un poquito repetitivo y muy limitado en términos de temáticas, que son muy sexuales.
—Miriam Hernández afirma que de la música urbana le disgustan las letras, que cosifican un poco a la mujer.
—Es curioso y es una dicotomía muy grande. Tú ves a las chicas de hoy, que son extremadamente feministas y con justa razón, pero al mismo tiempo de repente suena una canción de esas y la bailan con mucho gusto. Entonces, uno no entiende mucho, porque deberían decir: “No, esto no. Esto no debería sonar así”. Pero, bueno, es la música. Cuando empezó el rock and roll y apareció Elvis moviendo la pelvis era considerado obsceno.
—Cita a Elvis. Dice Wikipedia que usted partió haciendo covers de Elvis.
—Mira, honestamente, a veces se cuentan cosas como esta. A mí me gustaba Elvis porque mi papá tenía toda la colección de discos y me gustaba cantar en la ducha. Cuando llegué a Chile en el año 1988, no existía el karaoke como tal, pero sí un lugar en Santiago que se llamaba Playback, donde tú ibas y había un escenario chiquitito. Fue la primera vez que pude entrar a un estudio, con un micrófono. Pedían un catálogo de las canciones que querías cantar. Te dejaban practicar un par de veces y después grababan y te daban el casete. Entonces grabé “Suspicious Minds” y “Hound Dog”.
—En su cuenta de Instagram hay ilustraciones suyas de Elvis. Se nota que le gusta.
—Para mí es como una matriz. Cuando me paro en un escenario, ahí hay algo de Elvis que yo pienso que cualquier rockero lleva dentro. O sea, Freddy Mercury también lo tenía. Todos lo citamos, porque me parece que Elvis tenía un ímpetu y por eso le dieron el título del rey del rock, aunque en realidad se lo tendrían que haber dado a Little Richard, que partió antes y que se desvivía en el escenario. Pero bueno, es otro tema. Con la segregación que había en Estados Unidos no se lo iban a dar una persona de color.

—Usted es una persona con voz y visión de mundo. La ha usado para campañas específicas y ecologistas. ¿Alguna autocrítica a ese respecto?
—Siempre he levantado la voz. Lo que pasa es que no me he teñido de colores políticos. Una vez me preguntó Santiago Pavlovich en una entrevista que me hizo en México por qué yo no participaba abiertamente en la política. Le dije: “Porque yo no creo en los políticos, porque soy un librepensador”. Por supuesto que tengo mis ideas políticas, algunas cosas me gustan más que otras, pero no me gusta teñirme de colores políticos. A los políticos los músicos y los artistas les servimos mucho cuando están en campaña, sobre todo en las últimas instancias, cuando están necesitando esos votos extra. Ahí es cuando te llaman y te venden todo. Pero una vez que eso ya pasó, cualquier acuerdo que tú hayas hecho con ellos para para ayudar a alguna fundación o alguna causa se borra y no te atienden más el teléfono. Y eso es con cualquier político, de centro, derecha, izquierda, lo que sea. Entonces, yo conozco ese juego.
—¿Le ha pasado?
—A mí me han invitado dignatarios en sus campañas: “Oye, te invito a mi cumpleaños”. Pero ni siquiera lo conozco ni somos amigos. Entonces te das cuenta del jueguito ese y a mí no me gusta que me usen políticamente. Sí he hecho campañas de concientización para proteger la naturaleza o los animales. Absolutamente, y en la medida de mis posibilidades y de mis tiempos, soy un trooper como le dicen acá: listo para ayudar cualquier causa que me parezca justa.
—Usted, además de chileno, es canadiense, ¿verdad?
—Sí, soy. Solo que mi ciudadanía canadiense no la he renovado, porque también soy ciudadano americano y puedo votar en Estados Unidos y lo que sí te puedo decir es que no voté por Trump.
—¿Qué le provoca, como inmigrante y como ciudadano americano, Trump?
—Lo que pasa es que estamos hablando de un fenómeno muy extraño, que tiene que ver con el mundo del entretenimiento. Un tipo que era famoso antes de ser presidente y que apela de alguna manera a un sector de la población de este país. Pero, para mí, Trump es un delincuente, un tipo que tiene 34 cargos dictaminados. Dentro de esos hay una violación. Ese es el presidente que eligió la mayoría de este país. Yo, por lo menos, me siento contento de no haber votado por él. Así es la democracia y hay que respetarla. Pero está detrás de la gente que lo ayudó a ganar. Están los latinos, los venezolanos que tenían el TPS (Estatus de Protección Temporal), que es una condición de legalidad, y los está echando a todos. Entonces como que no hay una humanidad. Y, además, este tipo les pone aranceles a todos los países, le hace la guerra a Canadá, que es un país amigo de toda la vida, y no le dice nada a Rusia que tiene una dictadura. Ha aprovechado su presidencia para enriquecerse. No puedo apoyarlo. No le creo nada, todo lo que sale de su boca es una mentira.
—¿Y Chile? Estamos en medio de un proceso eleccionario.
—Siempre trato de votar, por supuesto. Pero no me gusta meterme. En Chile está todo tan polarizado.
—¿Así lo ve usted desde lejos?
—Sí. Veo un país que está que está dividido. He visto los debates que ha habido, a todos los candidatos. Por un lado, algunos son demasiado radicales y otros entiendes que prometen el oro y el moro. Para mí es como la lluvia, la misma lluvia de siempre. Pero espero lo mejor, porque hay problemas graves en Chile con la inmigración ilegal. Porque un país no da abasto para todo el mundo, pero al mismo tiempo tenemos que ser humanos y pensar que hay que ayudar a la persona que está escapando, por ejemplo, de un país que la está persiguiendo. Eso es lo que está haciendo Estados Unidos ahora y es una locura.



