Clavito Godoy está tranquilo: “Hoy no le quiero pegar una patada a nadie”

El legendario entrenador acaba de publicar un libro en que revela su forma de ver el fútbol, sus experiencias, sus enseñanzas. En este entrevista habla de su curiosa vida, de sus viajes, de sus rabias, de sus sueños, de la ira y de la paz.

El Clavo informa que aún tiene un sueño. “¿Cuál?”, pregunta el reportero. Y el Clavo, Hernán Godoy, 79 años, el ex entrenador de fútbol de veintidós clubes, ese gigante sintetizado en 160 centímetros, el rabioso de pelo pintado de naranjo, dice: “Uta…”. “Qué”, lo apura el reportero con frialdad impostada. Y el Clavo, tildado como un explosivo de camarín, un cultor de la chuchada, dice con un hilo de voz:

-Yo quiero viajar a la luna, amigo.

Y pone la voz de un soñador.  

-Sí, quiero ir a la luna- enfatiza luego, vibrante, infantil, ante el llamativo silencio del reportero.

-…

El Clavo quiere tomar un cohete y abrirse paso en la galaxia. El Clavo al mando de una nave, imaginamos con asombro, enrabiado con los asteroides, sacando la madre a los meteoritos. El Clavito Godoy, el intergaláctico. 

-¿Por qué quiere ir a la luna?- susurramos.

-Para conocer allá, ver el ambiente.

-Yo quiero viajar a la luna, amigo.

-¿Le cautiva la Vía Láctea, Clavo?

-O sea… parece… 

-¿Pero cómo…?- titubea el reportero.

-Mire, sí, debe ser bien interesante la luna. 

-¿Tiene inclinaciones por la astronomía?

-Es que también esto yo lo digo por el dicho, ¿no?

Y recita en trance:

-“Una persona ha vivido de verdad cuando plantó un árbol, tuvo un hijo, escribió un libro y viajó a la luna”…

Se produce un incómodo silencio.

-Clavito…

-¿Sí?

-Me parece que el dicho no incluye la luna…

-¿Ah no?

EL MUNDO 

De todos modos esta figura del fútbol pintoresco, quien fuera centro delantero y luego técnico, cumple con los requisitos que implican haber existido de verdad. Admite que plantó miles de árboles. Es un nativo de Vallenar con apego al ecosistema. Además, ama tercamente, desde hace cincuenta y cinco años, a la señora Juana Paredes, su esposa, la que le dijo “Sí,acepto” una noche de 1966, cuando ese goleador con cara de angustia le encajó un anillo. Y ella, Juana, engendró a cuatro chilenos de apellido Godoy: tres mujeres y un hombre. Y, para completar el refrán, ahora, recientemente, acaba de publicar un libro titulado “La pizarra de Clavito Godoy”. El Clavo, en fin, ha vivido. Y vive.

-Igual, es mi segundo libro- corrige, inflado. 

-¿Cómo?

-En mi primer libro llamado “Un Clavo saca otro clavo” compilé anécdotas simpáticas.

Fue, en los sesenta y los setenta, un goleador que viajó por el mundo metiendo goles con la mirada enojada. Fue, por ejemplo, un Messi en Guatemala, un superhombre, un 9 con trofeos. Goleador en centroamérica, portada de revistas, las modelos le guiñaban el ojo. Y en los ochenta se anudó una corbata: fue el entrenador emblemático de los clubes con garra: Audax Italiano, Wanderers, Santiago Morning, entre otros. En el estadio usó mocasines, gomina, terno y puteadas: varios garabatos se le colaban por televisión. 

-Hay que ser firmes.

En los ochenta se anudó una corbata: fue el entrenador emblemático de los clubes con garra: Audax Italiano, Wanderers, Santiago Morning, entre otros. En el estadio usó mocasines, gomina, terno y puteadas: varios garabatos se le colaban por televisión.

-¿El alarido modifica conductas?

-Sí, el alarido es eso…

-¿Qué cosa, Clavo?

-Conductual… Los pone derechitos…

-¿El chileno estima la voz autoritaria?

-Hay que inculcarles el trabajo a los jugadores, el profesionalismo. Los que me conocen saben que yo soy ético. Correcto. Pero me gustan las cosas bien hechas.

Era el símbolo de la pierna fuerte. El genio de la viveza. Un teórico y un practicante de la puteada. 

Sus alaridos eran lecciones comprimidas:

-¡¡¡Qué estai haciendo, pavo!!! ¡¡¡Qué cresta te dije en la semana!!!

Y el jugador enderezaba el rumbo.

Clavito salpicó saliva en aras de un fútbol estratégico. Y entonces se le adhirió una pizarra al brazo. La Pizarra del Clavo, la gloria trazada a tiza. Y ahora sus planteamientos de pizarra se inmortalizan en el libro. 

-Lo cuento todo- lanza y luego toma aire por la nariz. Es un acto de desprendimiento: la receta del empeño entregada a un precio módico.

-¿Cómo se tiene que jugar al fútbol, Clavito?

-Con estrategia. Hay que analizar al rival. Observarlo. Seguirlo.

Agrega:

-No se pueden dar ventajas. Hay que saber todo del rival. Y así puedo saber si marco en tres cuarto de cancha o le cierro la salida. Incluso hay que saber de la vida personal de los rivales.

-No se pueden dar ventajas. Hay que saber todo del rival. Y así puedo saber si marco en tres cuarto de cancha o le cierro la salida. Incluso hay que saber de la vida personal de los rivales.

-¿Es verdad que esas peleas en los tiros de esquina es porque los jugadores atacan a las respectivas mujeres?

-Así es no más. Mire, mijo, el fútbol es de los vivos.

-Y los vivos viven…

-Los vivos viven, amigo. 

-¿Dónde aprendió la receta?

-¿Qué receta?- pregunta alarmado.

-Tengo entendido que usted tiene una receta…- responde también alarmado el reportero.

-Yo aprendí en Francia.

-Eee… “Yo piache futboloni”… creo que es así.Y, bueno, también fui entrenador en Vietnam y en Indonesia…

-Lo imaginaba…- abrimos los ojos con admiración.

-En Vichy, Francia. Allí hice un curso para entrenador con el Tito Foullioux e Ignacio Prieto.

-¿Qué aprendió?

-Aprendí francés, en primer lugar, dado que el curso se daba en francés.

-¿Lo habla correctamente?

-Sí, claro. 

-Perdone la siutiquería… ¿pero me podría decir algo en francés?

-Claro, por qué no.

-¿Puede decir “Me gusta el fútbol” en francés?

-Cómo no…

Toma aire.

Y lanza:

-“Je treimé… futbolé…”

En Vietnam, Clavito Godoy se encerraba y cocinaba porotos, aprendió meditación, vio a sus jugadores practicar arte marcial, apostar a los gallos, a los caballos. Y al ser consultado si habla el idioma vietnamita, Clavito, con sencillez, admite que logró entenderlo.

-El idioma francés es muy seductor, sin duda…

-¡Uf, muchísimo!

-¿Cuánto duró ese curso, Clavito?

-Veinte días.

Otro leve silencio

-Ajá- asiente perplejo el reportero-…pensé que había vivido en Francia.

-Claro, durante el curso.

-¿Qué concepto futbolístico se le impregnó en ese curso?

-El trabajo. La disciplina. El hacer las cosas con profesionalismo. La táctica. 

-¿Y su experiencia en Italia?

-Magnífica. El italiano es extraordinario, se quiere a sí mismo.  Es generoso, te da lo que tiene.

-¿Y habla italiano, no?

-Sí, claro.

-No lo quiero incomodar…

-Dígame…- insta con afecto. 

-¿Cómo se dice “me gusta el fútbol en italiano”?- consultamos con interés.

-Eee… “Yo piache futboloni”… creo que es así.Y, bueno, también fui entrenador en Vietnam y en Indonesia…

Y tose con modestia.

-“Una persona ha vivido de verdad cuando plantó un árbol, tuvo un hijo, escribió un libro y viajó a la luna”…

-¿Cómo era Vietnam?

-Bueno, muy lindo. No se ven perros eso sí, se los comen. Tampoco vi gatos. Y también se comen las culebras. 

-…

-Comen de todo allá. Y oran mucho. Van por ahí, se hincan y se ponen a orar.

-¿Qué hacía usted en esas circunstancias?

-Me ponía de rodillas y oraba con ellos, por una cosa de respeto. Le inculco a mis jugadores: por donde vayas, respeta. 

En Vietnam, Clavito Godoy se encerraba y cocinaba porotos, aprendió meditación, vio a sus jugadores practicar arte marcial, apostar a los gallos, a los caballos. Y al ser consultado si habla el idioma vietnamita, Clavito, con sencillez, admite que logró entenderlo. 

-Mire, la rabia sirve. Si los jugadores te ven siempre plano después no te respetan, no te creen. Hay que explotar de vez en cuando.

Y, por ejemplo, así se dice “me gusta el fútbol” en vietnamita:

-“Salama soré…salama solli”- aclara Clavito con personalidad.

-¿Y cómo se dice “buenas tardes”?

-“Mon yo seré”.

Por eso, en su libro, Clavito aconseja que los futbolistas deben abrir sus mentes. Aprendan, sean cultos, les exige en el texto. Miren las noticias. Fíjense lo que pasa en el primer mundo. Vistan bien. Telas de buen corte. Y, bueno, metan la pierna. La pierna fuerte es hombría, no deslealtad. Su mensaje es: tú debes tener carácter e instrucción. Tú tienes huevos. Tus huevos son del tamaño del estadio. Eres un luchador, no esnifes cocaína. Ama a tu familia. Ama tu anatomía personal. Mete el codo en un pique largo. El fútbol es un deporte maravilloso que incluye la patada y el pensamiento lateral. Ve por el triunfo.

-¿Quién ha sido el mejor entrenador de Chile?

-Riera. Salió tercero en un Mundial.

-¿Bielsa es un genio?

-Es bueno. 

-¿Bielsa está loco?

-No. Le apodan el loco. Pero sólo vive con intensidad el fútbol.

-¿A Sampaoli le gusta la plata?

-Parece que sí. Pero es un buen entrenador. ¿Pero le digo algo?… acá todo es para el extranjero… los chilenos no nos respetamos a nosotros mismos…

-¿El chileno es penca, Clavo?

-El chileno es súper penca, amigo. Le falta carácter. 

-¿Le gustaría ser extranjero?

-Me gusta ser chileno.

-¿Le gustaría un chileno en la Roja?

-Claaro.

-El chileno es súper penca, amigo. Le falta carácter.

-¿Le gusta Pellegrini?

-Es un tipo educado, alto. Cuando jugador era realmente un tronco… si llovía le salían ramas… pero ha hecho una gran carrera…

Una vez, Clavito, con franqueza, le preguntó a Pellegrini: “¿Y usted nunca ha actuado en una telenovela?”. “No”, dijo, atónito, Pellegrini. Es un entrenador para Hollywood, suspira Clavito ante tamaña elegancia. Y opina que Alexis, el Niño Maravilla, es un niño. Pero que Arturo Vidal no es un rey, sino un bravo. Y a su vez, piensa, Bravo no es bravo, sino tranquilo. Y confirma que Medel en efecto es un pitbull, te salta al cuello, dice, fue un rabioso chileno que mordió en Argentina. Isla sí es un Huaso. Y el Príncipe Aránguiz es un príncipe educado en una esquina de Puente Alto, un finísimo con el puntete en su lugar. 

-No sería malo incorporar el yoga a los entrenamientos de los futbolistas.

-¿Los millonarios pueden tener hambre deportiva?

-Un jugador que es millonario, apenas entra a la cancha se llena de hambre. El jugador siempre tiene orgullo.

TEORÍA DE LA PUTEADA

Le pegó una patada en el coxis a un árbitro. Algunos de sus jugadores entraron a la cancha con alfileres para intimidar rivales. Se agarró a puñetazos con el loro del goleador Pititore Cabrera porque el pájaro le decía permanentemente:

-Clavo culiao. Clavo culiao. Clavo culiao.

Y Clavito un día trató de ahogarlo en el wáter, pero el ave escapó con agilidad.

Este hombre encarnó la ira. 

-¿Sirve la rabia?

-Mire, la rabia sirve. Si los jugadores te ven siempre plano después no te respetan, no te creen. Hay que explotar de vez en cuando. 

-Como cultor de la rabia, Clavo, ¿qué opina de los jóvenes que tienen rabia y reclaman enfurecidamente por cambios?

-¡¡Tienen razón los cabros!!- se exalta-… éste es un pueblo azotado, con hambre, abandonado. ¡Los cabros se tienen que rebelar porque nadie hace nada por el pueblo!

Y dice que su mamá fue amiga de Allende. Y su mamá era de izquierda conmovida. Y su mamá era feminista y él, apenas tuvo su primer sueldo como futbolista, le regaló lo siguiente:

-Un pasaje a Rusia.

-¿Por qué Rusia?

-Porque ella quería ir al Congreso Mundial de Mujeres que se haría allí.

Y fue.

Y fue, dice, porque él era ese jugador rabioso que metía goles en el norte. La rabia es vida, la rabia es vitalidad. Por esa rabia futbolística él recorrió el mundo. Y logró vivir en ocho países. Hablar francés, italiano, masticar el inglés, y, además, según especifica, comprender dos dialectos asiáticos. Tuvo cuatro hijos felizmente rabioso, autos y una casa.

-Pero, bueno… no todo es rabia…- sonríe en este 2021 que lo tiene cobijado en Rancagua, vacunado, aguerrido.

Según parece, hasta la rabia tiene fecha de vencimiento.

-Tras su paso por Asia…¿le interesa, no sé, la meditación?

-Totalmente, totalmente…

El reportero nota que el Clavo de la rabia ha dado paso al Clavo de la mística. Al Clavo que dice:

-Hoy no le quiero pegar una patada a nadie…

O al Clavo que dice:

-No sería malo incorporar el yoga a los entrenamientos de los futbolistas.

Y el reportero, contagiado de esta mística peculiar, de este Clavo oriental, lanza una pregunta con rastros de pensamiento mágico:

-¿La vida es como un río, Hernán?

Y él piensa. Largo rato. Y dice sin dudar.

-La vida es como un río… tal cual… sip…

Y comienza a hablar consigo mismo en voz alta:

-Mi vida ha sido un río, claro que sí, un río que arrastró de todo, un río que arrastró injusticias, momentos malos, feos… como cuando vivía en mi pueblo sin luz… mis pelotas de trapo… pero también se arrastran los momentos grandes, los momentos tan felices…

-¿Y qué pasa al final con el río?

-Al final este río llega al mar…

-Qué vida se mandó, Clavito…

-Puedo morir tranquilo… puta, no sé, le quiero dar la paz a todos- y respira fuerte.

Entonces, en los descuentos, le aparece otra vez ese sueño.

-Pero igual…

-Qué…

-Yo todavía quiero ser astronauta.

-Y subirse a un cohete…

-Y viajar al espacio…

Sonríe.

Y este sabio del fútbol, este pensador sin ínfulas, este singular terrícola que es el Clavito Godoy, se da ánimos a sí mismo y murmura:

-…quién sabe…- y se queda ahí, tranquilamente soñando. Con la cabeza en la luna. 

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