Deportistas por un Sueño

Sandra Corrales, la mujer que realiza los sueños de niños con enfermedades crónicas y terminales

A través de la Fundación Deportistas por un Sueño, Sandra ayuda a los niños y a sus familias a obtener pensiones de gracia, alimentos, ayudas técnicas y servicios fúnebres. Además, cumple con el último deseo de menores que están a punto de morir, una misión que ha sido reconocida a nivel nacional por Mujer Impacta e internacional por la ONU.

Sandra Corrales nunca fue de esas personas que sueñan a menudo. Para ella, irse a dormir un día era sinónimo de descansar y despertarse al siguiente. Pero todo cambió en 2008 con un sueño que se repitió. Una. Otra. Y otra vez.

En él, Sandra, entonces parte de la Selección Chilena de Tiro con Arco, veía a un niño en una camilla llena de tubos, con un parche desde la garganta hasta el ombligo. Se llamaba Albán.

“Le comenté a algunos amigos que no sabía por qué me estaba pasando esto. Muchas personas me dijeron que podría ser que yo iba a tener un hijo enfermo o que tenía mala suerte. Me dijeron muchas tonteras en el momento, pero yo igual me asusté porque era muy repetitivo el sueño”, recuerda.

Intrigada -y preocupada- por la situación, el 8 de mayo de aquel año la deportista de alto rendimiento decidió llamar al Hospital Clínico de la Universidad Católica y preguntar a los encargados si podía ir a entregar medallas junto a otros deportistas. Le dijeron que sí.

Al día siguiente, acompañada de reconocidos deportistas como Valeria Riffo, Arturo Vidal, Gary Medel y Enrique Laurel, Sandra hizo un espectáculo para los niños pacientes y preparó un pequeño escenario para entregarles las medallas al ritmo de “We are the champions” de Queen.

Sandra Corrales nunca fue de esas personas que sueñan a menudo. Para ella, irse a dormir un día era sinónimo de descansar y despertarse al siguiente. Pero todo cambió en 2008 con un sueño que se repitió. Una. Otra. Y otra vez.

“Hicimos una gran ceremonia, los papás lloraban, estaban todos emocionados, pero había algunos pacientes que no podían participar. Uno de ellos era un niño de seis años que estaba en la Unidad de Cuidados Intensivos con cardiopatía múltiple y riesgo vital. 

Un doctor le explicó a Sandra que a ese niño le habían hecho una operación, pero que solo le quedaban 24 horas de vida. Y le preguntó si ella y algún otro deportista podían subir a verlo.

Solo permitían el acceso a dos personas. Sandra le pidió a Arturo Vidal que la acompañara. “A penas entré a la sala, le agarré el brazo a Arturo y le dije: ‘este es mi sueño’”, cuenta. Todo era igual: las murallas, las puertas, el niño con un gran parche en el pecho. Más sorprendente aún: al ingresar a la pieza, el doctor les comentó: “les presento a Albán Guerrero”.

Era el chico de sus sueños.

“Entré con mucho cuidado, le dejé mi medalla a su lado y, cuando íbamos saliendo con Arturo, teníamos los ojos llenos de lágrimas”, comenta. Y esos ojos se llenaron con aún más lágrimas cuando Albán se puso la medalla que había acabado de recibir, alzó los brazos y le dijo: ‘tía Sandra, soy un campeón’”.

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Sandra reconoce que ese suceso marcó un antes y un después en su trayectoria. “Mi vida era fría. Mi vida era competir y competir es frío, porque tienes que dejar de lado muchas cosas, especialmente los sentimientos, porque tienes que ser fuerte, determinado, tienes que ganar”, afirma.

La deportista no conocía realidades como la de Albán. “Solo conocía lo lindo de Chile: ganar, representar una bandera… No veía la pobreza y mucho menos la muerte. No sabía lo que eran las enfermedades catastróficas en los niños, ni cómo cuidar a una madre que perdió a su hijo”, comenta.

Esos ojos se llenaron con aún más lágrimas cuando Albán se puso la medalla que había acabado de recibir, alzó los brazos y le dijo: ‘tía Sandra, soy un campeón’”.

Tras la historia de Albán, Sandra empezó a entregar medallas a niños que no tendrían la oportunidad de ganar nunca en alguna cancha, pero que tendrían su condecoración por su lucha, perseverancia y constancia en la vida y de cara a la muerte. Visitó, junto a otros deportistas y artistas, hospitales, fundaciones, colegios especiales y reconoció a cada uno de los pequeños cuya valentía le recordaban al niño de sus sueños.

En una de esas ocasiones, al igual que con Albán, Sandra volvió a encantarse con un menor: “Isabelita”. Después de un entrenamiento, pasó a visitar a la guagua en el hospital, como ya era costumbre. Y cuando la tenía en sus brazos, Isabelita falleció.

“En vez de la mamá llorar y, disculpa la palabra, putear al Estado, al sistema, a todo, porque su hija no estaba viva, ella se puso a llorar y me dio las gracias por darle dignidad a su hija en sus últimos días de vida. Ahí recién yo pude entender lo que estábamos haciendo como equipo: estábamos dignificando a una persona solamente por estar presente, por hacerlos parte de nuestras vidas”, recuerda Sandra.

Tras ese episodio, a fines del primer período de Michelle Bachelet, en 2009, Sandra Corrales creó Deportistas por un Sueño, una fundación que es apoyada por el Estado y se encuentra en la constante misión de brindar apoyo a cientos de menores afectados con enfermedades complejas y terminales, a través de la campaña: “los niños crónicos y terminales también tiene derecho al amor, al respeto y dignidad”.

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Deportistas por un Sueño busca brindar apoyo a menores con hidrocefalia, tumores, piel de cristal, entre otros diagnósticos. Entre otras cosas, Sandra y su equipo ayudan a los niños y a sus familias a obtener pensiones de gracia, alimentos, ayudas técnicas y servicios fúnebres, además de talleres de magia, risoterapia, cuenta cuentos y cine-teatro. Hace algunos años, por ejemplo, la fundación hizo una gran campaña de donación de órganos tras la cual logró salvar la vida de un niño.

“Nosotros luchamos por los niños como si fueran nuestros hijos. Somos una familia”, comenta Sandra. “No sabes cuál es el dolor inmenso que sentimos, pero nos preocupamos de que el niño tenga todo lo que merezca y, antes de que fallezca, que sus padres tengan todo lo que necesiten”, relata, añadiendo que le ha tocado ver a padres y madres “tirados en el suelo, levantarlos y decirles que no están solos”.

“En vez de la mamá llorar y, disculpa la palabra, putear al Estado, al sistema, a todo, porque su hija no estaba viva, ella se puso a llorar y me dio las gracias por darle dignidad a su hija en sus últimos días de vida. Ahí recién yo pude entender lo que estábamos haciendo como equipo”, recuerda Sandra.

Antes de que los niños partan, Deportistas por un Sueño busca cumplir algún deseo de los menores. Los llevan al estadio, los presentan a alguno de sus cantantes favoritos, celebran una Navidad fuera de época, los llevan a la piscina, lo que sea.

Recuerda, particularmente, un simple sueño de un niño de 12 años que tenía un tumor ramificado por todo su cuerpo: un Bon o Bon. Pero en su fundación quisieron cumplirlo con una ceremonia especial.

Sandra y su equipo hicieron un evento con futbolistas de la Universidad de Chile y del Colo-Colo. La regla era que lo que el niño pidiera, ellos lo tendrían que hacer. El pequeño los hizo cantar reggaetón, recitar poemas y bailar. Y les dijo que quería que todos sacaran sus Bon o Bon del cielo.

“Yo creo que por sus dolores él alucinaba, pero fue el sueño más extraño y a la vez el más lindo que he vivido: porque ahí nos dimos cuenta de que la simpleza de la vida no es una casa, no es un futbolista, no es una artista, sino que el niño quería un bon o bon para poder volver a jugar y nos hizo jugar a todos. Estábamos todos sacando chocolates de un árbol imaginario, de las nubes, nos sentamos con él, nos sacamos selfies…”, explica Sandra, riéndose al recordarse de personas tan famosas “andando en cuatro patas, cantando ‘Arriba la vida’ de Croni-K, haciendo de todo para alegrar a un niño”.

Como esa, hay otras historias. La de un niño que quiso ir a gendarmería por un día. La de otro que buscó ser ministro y el entonces encargado de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, le entregó un certificado que lo acreditó formalmente como titular de la cartera por un día, una credencial para circular en La Moneda y el pin de la bandera que usan todos los secretarios de Estado. La de alguien que quería ir a Lollapalooza

“Queremos entregar esperanza a los niños, aunque no la haya y ser representantes de los verdaderos campeones de Chile, que son ellos”, afirma. “Yo siempre los he visto como verdaderos campeones: yo no me saco fotos con nadie, ni con presidentes, ni con senadores, ni con artistas famosos, con nadie, pero siempre me voy a sacar una foto con un niño, siempre”, añade.

Además, Sandra explica que las únicas medallas que ha entregado en su vida son a niños que se están muriendo. “Yo despido a los héroes chilenos como corresponde”, cuenta. En total, Sandra Corrales ha sido testigo del fallecimiento de 128 menores.

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Hoy, la fundación de Sandra (41) tiene a más de 500 niños apadrinados, con los cuales hacen un trabajo de diseño de soluciones para mejorar su calidad de vida. Además, realizan visitas hospitalarias, entregas de medallas y otras actividades que han beneficiado a más de 1.500 menores al año.

Deportistas por un Sueño también ha obtenido diferentes reconocimientos, el principal de ellos en 2016, de las Naciones Unidas, por ser “una de las pocas entidades del mundo que vela por los derechos de los niños con patologías de carácter crónicas terminales, promoviendo, respetando y exigiendo sus derechos”. “Cumplen con una labor única y ejemplar en la protección de la dignidad de los niños y niñas desahuciados. En busca de transversalizar el movimiento se han sumado a la causa deportistas de diversas ramas deportivas, futbolistas, cantantes nacionales e internacionales, artistas, humoristas, rostros televisivos y personas de buena voluntad que aportan acciones de buena fe”, sostiene la ONU.

Sandra explica que las únicas medallas que ha entregado en su vida son a niños que se están muriendo. “Yo despido a los héroes chilenos como corresponde”, cuenta. En total, Sandra Corrales ha sido testigo del fallecimiento de 128 menores.

Al año siguiente, Sandra -quien ahora también participa de competencias de canotaje- fue reconocida a nivel nacional por la Fundación Mujer Impacta, que descubre y apoya a mujeres que impulsan el desarrollo social y cultural de otras personas y se hacen cargo de temas país.

Ahora, el objetivo de Sandra es terminar la construcción del primer centro de Latinoamérica para niños con cuidados paliativos en el que haya espacio para educación; gestiones de pensiones, viviendas y ayudas técnicas; áreas de recreación; piscina terapéutica y servicios funerarios. 

“De ahí tendré que esperar mi siguiente sueño, porque desde Albán, cada sueño que he tenido lo he ido conquistando”, reflexiona.  “Yo me di cuenta de que lo inalcanzable no existe”, concluye.

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