“De acá no se mueve nadie hasta que lleguemos a acuerdo”: 14 protagonistas del 15N revelan episodios de ese día histórico

Largas jornadas de conversaciones en el Congreso, encuentros inesperados en el pasillo al baño, una esperanza que nace en un almuerzo con un sándwich, un pendrive guardado bajo siete llaves… Estos son algunos de los momentos que recuerdan 14 personas que fueron claves para la firma de uno de los pactos políticos más importantes desde el retorno de la democracia: el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, que se anunció el 15 de noviembre de 2019.

Lo recuerdan como uno de los momentos más dramáticos para la democracia chilena. Una instancia en la cual, si no se llegaba a acuerdo, el gobierno enviaría nuevamente las Fuerzas Armadas a las calles. Ya habían pasado 27 días desde el estallido social y las últimas semanas habían sido de las más violentas por parte de los manifestantes y de los carabineros. Para ese entonces, ya se sabía de al menos 20 muertos, y el INDH denunciaba 2.209 heridos, entre ellos 209 personas con traumas oculares. Habían miles de detenidos. No había tiempo: la clase política tenía que dar una respuesta a la crisis del país.

Durante esa semana, el oficialismo y la oposición tuvieron conversaciones que se alargaron hasta la madrugada del viernes 15 de noviembre. Ambas partes se abrieron a la posibilidad de cumplir uno de los mayores pedidos de las calles: una nueva Constitución.

Las negociaciones no eran fáciles. Muchos llamados telefónicos, varios encontrones. Hasta que las 2 y las 3 de la tarde del jueves 14 de noviembre, tanto Gabriel Boric como Jaime Bellolio -ambos entonces diputados- publicaron en las redes sociales que estaban de acuerdo con realizar un plebiscito. “Que nadie imponga su postura: plebiscitémoslas”, dijo el primero. “Si hacer un plebiscito es lo que nos separa de salvar a nuestro país, tenemos que estar dispuestos a hacerlo”, afirmó el segundo.

Pasaron casi 12 horas hasta consensuar un acuerdo político transversal, considerado de los más importantes desde el retorno a la democracia. A las 2:24 de la mañana del viernes 15 de noviembre, con un salón repleto, el entonces presidente del Senado, Jaime Quintana, leyó en voz alta y emocionado el texto de sólo dos páginas. “Hoy es un día histórico para Chile. Desde hace tres décadas se ha intentado muchas veces cambiar la Constitución. Hoy la ciudadanía lo ha hecho posible”, dijo.

El llamado Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución fue firmado por Fuad Chahin, presidente de la DC; Álvaro Elizalde, presidente del PS; Heraldo Muñoz, presidente del PPD; Luis Felipe Ramos, presidente del Partido Liberal; Catalina Pérez, presidenta de RD; Jacqueline van Rysselberghe, presidenta de la UDI; Mario Desbordes, presidente de RN; Hernán Larraín, presidente de Evopoli; Javiera Toro, presidenta de Comunes; Carlos Maldonado, presidente del PR; y Gabriel Boric, a título personal.

¿Qué recuerdan los protagonistas sobre ese momento histórico? Aquí, hablan 14 de ellos.

“Tuve que salir un segundo al patio de Los Canelos de La Moneda” / Gonzalo Blumel, entonces ministro del Interior

“Pasada la medianoche del 15N me llamó el Presidente del Senado (Jaime Quintana) para contarme que había salido humo blanco, luego de un intenso día de negociaciones con los distintos parlamentarios que habían participado de las conversaciones. Se había llegado a un acuerdo, el que se había comenzado a cranear el 12 de noviembre luego del llamado del Presidente de la República a alcanzar un Acuerdo por la Paz y la Constitución. Tuve que salir un segundo al patio de Los Canelos de La Moneda, que lucía totalmente vacío a esa hora, a tomar un poco de aire y pensar. Pensar en lo mucho que había pasado, en las dramáticas últimas 48 horas de violencia, en las tensas negociaciones que hubo que sostener con Chile Vamos y con la oposición, en la extrema fragilidad en que se encontraba nuestra convivencia democrática y en la posibilidad que se estaba abriendo de encauzar institucionalmente la más profunda crisis de las últimas décadas”. 

“Sabía que no era un acuerdo perfecto, pero era la mejor alternativa disponible para las difíciles circunstancias en que estábamos. ¿Acaso existía un contrafactual mejor? ¿Había otra alternativa razonable realmente? El pacto de noviembre, con todas sus dificultades, permitió darle un cauce al estallido de octubre, posibilitando la continuidad en vez de la ruptura, la institucionalidad en vez del caos, la reforma en vez de la revolución. Hoy el panorama constituyente es poco auspicioso, ha predominando el exceso por sobre la mesura, y la actitud performática por sobre el republicanismo. Es de esperar que el debate de los contenidos permita poner la pelota contra el piso y construir un acuerdo constitucional amplio, respetando las reglas del juego, la sana deliberación y los principios democráticos”.

Tuve que salir un segundo al patio de Los Canelos de La Moneda, que lucía totalmente vacío a esa hora, a tomar un poco de aire y pensar. Pensar en lo mucho que había pasado, en las dramáticas últimas 48 horas de violencia, en las tensas negociaciones que hubo que sostener con Chile Vamos y con la oposición, en la extrema fragilidad en que se encontraba nuestra convivencia democrática.

“Que se escribiera desde una hoja en blanco” / Gabriel Boric, diputado y firmante del acuerdo

“El día anterior al acuerdo, o sea, el 14 de noviembre en Valparaíso, cuando desde el Frente Amplio nos integramos a la reunión donde se estaban conversando los primeros términos, lo que estaban acordando hasta ese momento la ex Concertación con la derecha era una Convención Mixta, sin plebiscito de entrada, y sin hoja en blanco”.

“Nosotros llegamos a oponernos y a poner sobre la mesa de que era imprescindible de que esto fuera con plebiscito de entrada, en donde se pudiera elegir entre Convención Mixta, o sea con una parte designada por el Congreso y otra electa, y otra 100% electa y que, como condición necesaria tenía que ser que se escribiera desde una hoja en blanco”.

Lo que estaban acordando hasta ese momento la ex Concertación con la derecha era una Convención Mixta, sin plebiscito de entrada, y sin hoja en blanco.

“Pensé que ese ambiente duraría meses, pero duró días” / Jaime Bellolio, entonces diputado de la UDI

“Esos días había mucha discusión entre los distintos partidos sobre la composición de la Convención y si debía haber un plebiscito dirimente o no. Estuvimos en algún minuto muy cerca de que fuera 70% elegida por las personas y 30% del Congreso, pero eso fracasó. Y llegó el día 14 de noviembre, donde se juntaron en el ex Congreso los presidentes de partidos, jefes de bancada y otros, para llegar a un acuerdo definitivo. Yo había hablado harto con Giorgio Jackson, Pablo Vidal, Miguel Crispi y Gabriel Boric sobre cómo salir de la situación y la importancia que tenía que la salida de esta crisis social, política y económica fuera con más democracia. Decidí estar disponible a respaldar un plebiscito de entrada si eso permitía bajar la tensión y llegar a un acuerdo, y estuvimos varias horas en esa discusión. Finalmente se llegó a la idea de un plebiscito de entrada y luego comenzamos a redactar los puntos del acuerdo que finalmente permitió una salida democrática a la crisis. Lamentablemente, el PC siempre estuvo en contra de todo y trataba de boicotear el proceso, porque ellos ya habían tomado su decisión de que irían por la vía no institucional”.

“Creo que ese fue el día en que más me tocó ser parlamentario, es decir, que más me tocó argumentar, estar abierto a ser persuadido por otras posiciones y dialogar permanentemente. Fue verdaderamente un momento en el cual conversamos y estábamos dispuestos a solucionar el problema en conjunto para no repetir los errores del pasado. A pesar de estar en desacuerdo en muchas cosas, nunca fue una interpelación como la que se daba dentro del Congreso donde se prenden las cámaras y el micrófono y las personas se transforman. Aquí había un interés real de conversar con el otro. Pensé que ese ambiente duraría meses, pero duró días, duró hasta que se votó en el Congreso y que algunos quisieron cambiar algunas de las cosas que se habían acordado. Pero me quedo con la lección de que a través del diálogo y la transparencia se pueden lograr cosas grandes, siempre priorizando la democracia y la institucionalidad”.

Creo que ese fue el día en que más me tocó ser parlamentario, es decir, que más me tocó argumentar, estar abierto a ser persuadido por otras posiciones y dialogar permanentemente. Fue verdaderamente un momento en el cual conversamos y estábamos dispuestos a solucionar el problema en conjunto para no repetir los errores del pasado.

“Éste fue el momento de la política” / Jaime Quintana, PPD, entonces presidente del Senado

“Una de las cosas que más recuerdo es un diálogo en el que habíamos varios, pero fundamentalmente Boric y Coloma. Boric cerró la puerta de la sala donde estábamos en la Vicepresidencia del Senado, pidió un par de minutos y dijo: ‘Siento vergüenza, pero bueno, el partido no quiere firmar’”.

“También recuerdo que había mucha tensión en el ambiente, pero yo tenía mucha esperanza porque al mediodía del 14 estábamos comiendo un sandwichito rápido y yo me di cuenta de que todo esto iba a buen término. En ese momento yo hablé harto también con Blumel, me junté con él y con varios personajes de la derecha; y me di cuenta que esto iba en serio. Durante la tarde, claro, la DC metió este tema del voto obligatorio y eso nos tuvo varias horas discutiendo, pero lo sustantivo del acuerdo ya lo teníamos resuelto hacía largo rato. Entonces pese a lo intenso de esa noche, que fue larga, yo igual sentí tranquilidad y le dije a los colegas: ‘para qué estamos tan mudos, toda la gente quiere saber esto, la gente quiere irse a dormir, para qué alargamos tanto’”…

“Otra cosa que poco se ha dicho: ahí mismo en los salones del Congreso estábamos conversando con todos los que quisieran oír e informarse. Estaban los principales actores sociales del momento, léase Bárbara Figueroa de la CUT, el Presidente del Colegio de Profesores, el de No más AFP, varios otros dirigentes. Había mucha gente, estaban llenos los salones”.

“Así como se había producido el momento de la sociedad el 25 de octubre, con la marcha más grande que nadie podía sacar de su retina y su mente, éste fue el momento de la política. Algunos críticos dicen: ‘esto debió haber sido en la calle, en una asamblea’… ¡Por favor! La política fue un instrumento que, en ese momento, funcionó bien”.

Entonces pese a lo intenso de esa noche, que fue larga, yo igual sentí tranquilidad y le dije a los colegas: ‘para qué estamos tan mudos, toda la gente quiere saber esto, la gente quiere irse a dormir, para qué alargamos tanto’

“Había festejos afuera del Congreso” / Catalina Pérez, entonces presidenta de RD y firmante del acuerdo

“El primer encuentro oficial fue el 14 de noviembre en el Senado y las condiciones de los partidos estaban lejos de ser el punto al que llegamos la madrugada siguiente. A la salida de ese encuentro, nos impusimos la misión de jugárnosla por la hoja en blanco,  la alternativa de 100% electo por la ciudadanía y el plebiscito. A la mañana siguiente, la hoja en blanco no tuvo resistencia que debía tener inicialmente en la derecha, fue después que entendieron la magnitud de lo que habían cedido y en una negociación tan apretada no dejamos que dieran pie atrás. El plebiscito era resistido por la derrota que sabían les iba a significar. Logramos que lo aceptaran con la condición de que el nombre de la alternativa 100% electa no tuviese la palabra ‘Asamblea’ ni Constituyente’. Nos la jugamos por ‘Convención Constitucional’”.

“Después vino el momento de la firma del acuerdo, los frenteamplistas que ya no estaban, el PC que hasta último minuto no decidía si sumarse o no, la sensación del peso histórico de lo que estaba por pasar, el abrazo con Gabriel y Javiera Toro en una mezcla de dolor y esperanza, dolor por lo que le había costado a Chile llegar aquí, esperanza por empezar a vislumbrar lo que se venía. Cuando salimos por la noche había festejos afuera del Congreso Nacional, se estaba terminando con la Constitución de Pinochet. La cara de los representantes del oficialismo en el punto de prensa a las 3 de la mañana lo había dicho todo”.

Después vino el momento de la firma del acuerdo, los frenteamplistas que ya no estaban, el PC que hasta último minuto no decidía si sumarse o no, la sensación del peso histórico de lo que estaba por pasar, el abrazo con Gabriel y Javiera Toro en una mezcla de dolor y esperanza.

“De acá no se mueve nadie hasta que lleguemos a acuerdo” / Mario Desbordes, entonces presidente de RN y firmante del acuerdo

“El país estaba paralizado completamente, todo cerrado a las 3, 4 de la tarde, había manifestaciones de violencia muy importantes… Pero más allá de eso, estaba lo que a mí me motivó a avanzar en el acuerdo: había cientos de miles de chilenos en las calles exigiendo cambio. Ese ambiente lo tengo muy presente hasta el día de hoy”.

“La negociación fue muy tensa. Yo llevaba varios días hablando con la oposición para buscar puntos de encuentro, nos habíamos reunido en el Congreso, primero en Valparaíso, luego acá… Fue bastante complejo encausar la coalición. Surgieron propuestas bastante descabelladas como para tratar de ponérselas a la oposición y empañar la negociación”.

“Hubo varias anécdotas. Había que ir controlando a los más duros de lado a lado, llevamos varias conversaciones bilaterales a puerta cerrada y en oficinas chiquititas en donde íbamos viendo los avances con distintos dirigentes y donde decíamos ‘oye, cuidado con éste que está está demasiado agresivo’, cosas así. Hubo un minuto en que algunos dirigentes de mi sector quisieron irse a la casa a las ocho de la noche porque ya se les hacía tarde, y la prensa incluso lo planteó: ‘esto sigue mañana’. Y de la oposición me pidieron que explicara qué estaba pasando y yo dije: ‘espérenme un poco, voy a pedir una conferencia de prensa inmediatamente’. Eso era tarde; y le dije a la prensa: ‘de acá no se mueve nadie hasta que no lleguemos a acuerdo’”.

“De ahí, por supuesto, que quedó la escoba porque algunos querían irse a la casa a descansar; en el fondo lo que querían era dilatar la negociación. Y se enojaron un poco, por eso los presioné para que no se movieran de ahí. Finalmente a las dos, tres de la mañana empezamos a lograr el acuerdo que creo fue clave. Dos años después yo estoy tranquilo de consciencia con lo que hicimos. Fue un día bisagra para el chileno, donde pudieron haber caído todas las instituciones y haber tenido una anarquía o una guerra civil, y lo que se logró fue encausar esto por una vía democrática”.

Había que ir controlando a los más duros de lado a lado, llevamos varias conversaciones bilaterales a puerta cerrada y en oficinas chiquititas en donde íbamos viendo los avances con distintos dirigentes y donde decíamos ‘oye, cuidado con éste que está está demasiado agresivo’, cosas así.

“Había mucha conversación en los pasillos” / Fuad Chahin, entonces presidente de la DC y firmante del acuerdo

“Fue un momento sumamente tenso e histórico. Hubo varias cosas previas. Por ejemplo, el sábado nosotros tuvimos reuniones para tratar de convencer a RN que se abriera al tema de la nueva Constitución. Y ellos tuvieron reunión el domingo, en la casa el Presidente, y lograron abrirse a esa posibilidad, aunque hablaron de un Congreso Constituyente. Luego nosotros, el lunes, en el Consejo Nacional del partido, planteamos una Asamblea Constituyente; y el martes firmamos una carta con todos los partidos de la oposición planteando una Nueva Constitución, Asamblea Constituyente y plebiscito… Eso presionó al gobierno, que estuvo en la disyuntiva si sacaba nuevamente a los militares, con más fuerza, a las calles, o se abría al proceso. Se abrió y dijo que llamaba a un gran acuerdo. Nosotros ese miércoles a las nueve de la mañana nos dimos un plazo de 24 horas para hacerlo. Y lo logramos”.

“Había mucha conversación en los pasillos. Recuerdo que almorzamos con Pancho Huenchumilla y con Andrés Allamand, comiéndonos un sándwich en su oficina, tratando de persuadirlo de esta idea. Pancho tenía, eso sí, dudas con los dos tercios; él quería mantener los tres quintos… A mí también me pasó una anécdota, porque yo tenía ese día un programa en la Divina Comida y me estaba esperando el minibus para llevarme a la casa de Andrés de León, y yo le decía: ‘me voy a demorar un poco más, un poco más’. Porque se suponía que íbamos a terminar como al mediodía (del 14). Se fue retrasando, retrasando, y al final no pude participar en el programa”.

“Uno también recuerda la tensión de la violencia, de que estábamos a punto de perder la democracia, pero también en el sentido histórico de que por primera vez estaban también las condiciones políticas como para poder terminar con la Constitución de Pinochet y hacerlo de manera participativa, democrática e institucional. A dos años, siento un profundo orgullo de haberlo firmado, de haber formado parte de ese proceso con algún rol importante”.

Había mucha conversación en los pasillos. Recuerdo que almorzamos con Pancho Huenchumilla y con Andrés Allamand, comiéndonos un sándwich en su oficina, tratando de persuadirlo de esta idea. Pancho tenía, eso sí, dudas con los dos tercios; él quería mantener los tres quintos…

“Mientras terminábamos de comer nuestros sándwiches…” / Heraldo Muñoz, entonces presidente del PPD y firmante del acuerdo

“Recuerdo que el día previo a la firma del acuerdo, después de una mañana intensa de negociaciones entre presidentes de partidos y parlamentarios de prácticamente todo el arco político, nos fuimos a almorzar unos sándwiches a la oficina del presidente del Senado, Jaime Quintana. Eramos un grupo pequeño: Jaime Quintana, Guido Girardi, Felipe Harboe, Ricardo Lagos Weber y yo. En eso entró a la oficina, algo agitado, el diputado Gabriel Boric. Y nos pregunta qué opinábamos de la realización de un plebiscito de entrada y otro de salida para un órgano constituyente encargado de redactar una nueva Constitución, lo cual le daría a la derecha la posibilidad de votar en contra. Hasta ese momento, la discusión se centraba en un acuerdo entre partidos para definir un rumbo constitucional. A mí, al menos, me incomodaba un acuerdo cupular y la modalidad de consultar a la ciudadanía en un plebiscito -si la derecha lo apoyaba- era lejos la mejor opción. Boric aseguró que senadores y diputados claves de la UDI estarían a favor. Nuestra pregunta fue: ¿y el Gobierno?”

“Al rato llegó Mario Desbordes y expresó que estaba de acuerdo con la fórmula, aunque pidió que al órgano no se le llamara Asamblea Constituyente para facilitar las cosas en la derecha. Quintana y yo hicimos llamados a La Moneda para saber si estarían por una fórmula como la que recién habíamos escuchado. La respuesta fue que el gobierno quería un acuerdo político y respaldaría la opción propuesta. En ese momento, mientras terminábamos de comer nuestros sándwiches, nos dimos cuenta de que la larga búsqueda de una nueva Constitución se veía, finalmente, como una meta posible”.

En eso entró a la oficina, algo agitado, el diputado Gabriel Boric. Y nos pregunta qué opinábamos de la realización de un plebiscito de entrada y otro de salida para un órgano constituyente encargado de redactar una nueva Constitución, lo cual le daría a la derecha la posibilidad de votar en contra.

“Fue un encuentro casual” / Juan Antonio Coloma, senador UDI

“Era una sensación como de calvario. Era una sensación de que de todas maneras iba a haber un antes y un después, y que ese después tenía grados de dramatismo máximos. Me acuerdo de que fue uno de los días más duros que hemos vivido nunca, y creo que eso era bien transversal. En lo personal yo tenía la convicción de que había un intento bien importante por simplemente derrocar el gobierno. Creo que había un escenario donde algunos estaban especialmente interesados en eso, cosa que se relacionaba con un ambiente de violencia e inestabilidad, que a mi juicio hacía indispensable el llegar a un acuerdo”.

“Me acuerdo que tipo 2, 3 de la tarde, había mucha tensión por todos lados. Me acuerdo de estar caminando por el pasillo yendo al baño y me encontré con Boric. No teníamos especial amistad, pero habíamos coincidido en algunas cosas. Conversando ahí, lamentábamos lo complicado que iba a ser no generar un acuerdo relevante en esta materia. Hicimos un repaso de los temas pendientes en voz alta, siendo una forma de destrabar lo más enredado: el quórum de aprobación de la reforma, que era un punto central. También parte de la composición del proceso plebiscitario, que era el otro problema”.

“La verdad es que nunca nadie pensó que ahí estaba negociando. Fue un encuentro casual, no fue una instancia negociadora. Cada uno fue a su sector, transmitió un poco lo que habíamos conversado, y por ahí se fue fraguando, generando un espacio que hasta ese minuto no se veía y que permitió llegar al acuerdo. Acuerdo que, mirando para atrás, fue muy importante para la estabilidad de Chile. Aunque también uno tiene cierta frustración, porque el componente de paz que traía implícito fue poco honrado por algunos de los firmantes de la oposición”.

“Sentí que era un paso para avanzar en las lógicas de entendimiento, pero también con un grado de harta angustia por cómo iban a ser los pasos futuros. Para ser franco, parte de esa angustia me sigue hasta el día de hoy”.

Me acuerdo que tipo 2, 3 de la tarde, había mucha tensión por todos lados. Me acuerdo de estar caminando por el pasillo yendo al baño y me encontré con Boric. No teníamos especial amistad, pero habíamos coincidido en algunas cosas. Conversando ahí, lamentábamos lo complicado que iba a ser no generar un acuerdo relevante en esta materia.

“Había posturas muy extremas” / Álvaro Elizalde, entonces presidente del PS y firmante del acuerdo

“Hubo tres momentos en que se generó cierto temor de que finalmente no pudiéramos arribar a un acuerdo para iniciar el proceso constituyente. El primero fue en la mañana del 14 de noviembre, cuando Evópoli propuso una fórmula mixta para el cuerpo colegiado que debía elaborar la nueva Constitución. Posteriormente, en la noche, la UDI planteó la propuesta de exigir los 2/3 de acuerdo para fijar el texto de la nueva Constitución, que sería sometido a plebiscito, pero sin hoja en blanco. Y esto también estaba muy lejos de los mínimos aceptables para generar un acuerdo. Y finalmente, cuando ya se arribó a la forma que está plasmada en el acuerdo del 15-N -un plebiscito para decidir si Chile quería o no una nueva Constitución, y en ese mismo plebiscito consultar por el mecanismo- se nos informó que un partido del Frente Amplio, el partido de Gabriel Boric, pese que había participado activamente en las conversaciones, había decidido no firmar el acuerdo”.

“Éste fue un acuerdo muy importante, que efectivamente le dio un canal institucional a la demanda ciudadana de cambios profundos a través de una nueva Constitución, pero no fue un acuerdo fácil, debido a que había posturas muy extremas, particularmente de los representantes de la derecha, que hasta el último minuto tuvieron serias dudas de firmar un entendimiento de esta naturaleza”.

No fue un acuerdo fácil, debido a que había posturas muy extremas, particularmente de los representantes de la derecha, que hasta el último minuto tuvieron serias dudas de firmar un entendimiento de esta naturaleza

“No fue un triunfo de los partidos” / Javiera Toro, entonces presidenta del Partido Comunes y firmante del acuerdo

“El acuerdo constituyente sólo fue posible gracias a las masivas movilizaciones de los pueblos de Chile que obligaron a la política a ceder lo que nunca se pudo durante la transición. No fue un triunfo de los partidos”.

“Cuando nos incorporamos como Frente Amplio a la mesa de negociación, los partidos de la Concertación y la derecha ya estaban negociando bajo sus propios términos: discutiendo sobre el quórum y el porcentaje de parlamentarios. De hecho, durante la noche del miércoles 13, cuando habíamos hecho un receso, el PPD, el PS y la DC intentaron cerrar un acuerdo sin plebiscito y con una Convención Mixta 80-20. Frente a eso, fue fundamental el rol que jugamos nosotros poniendo como condiciones mínimas de cualquier acuerdo la convención 100% electa, los plebiscitos de entrada y de salida y la hoja en blanco”.

“A dos años del acuerdo es muy esperanzador ver el trabajo que se está haciendo en la Convención Constitucional y las posibilidades democráticas que se han abierto y me alegro de que lo que hicimos esos días haya contribuido a viabilizar el proceso, pero siempre teniendo claro que sin movilización popular esta apertura inédita no estaría sucediendo”.

Durante la noche del miércoles 13, cuando habíamos hecho un receso, el PPD, el PS y la DC intentaron cerrar un acuerdo sin plebiscito y con una Convención Mixta 80-20.

“Ya había quedado claro que el FA se iba a quebrar” / Luis Felipe Ramos, entonces presidente del Partido Liberal y firmante del acuerdo

“Recuerdo la tensión. Era un momento muy difícil. El país necesitaba con urgencia una salida pacífica, democrática e institucional, pero la mayoría de la derecha bloqueaba cualquier avance serio y en algunos de la izquierda tampoco se veía real intención o decisión de avanzar. Tal es así, que sabíamos que algunos en el Frente Amplio estaban en la negociación esperando la oportunidad para abandonar el diálogo, y que había otros que estaban esperando al PC para saber qué decisión tomar (este último partido ni siquiera se hizo presente ese día)”.

“Los liberales teníamos que hacer lo que estuviese en nuestras manos por inclinar la balanza en el Frente Amplio a favor de una salida pacífica, democrática e institucional. En la mañana del 15 de noviembre, antes de entrar, le reafirmamos nuestra posición definitiva a nuestros entonces compañeros de coalición en el sentido de avanzar en un acuerdo que nos permitiera darle un cauce pacífico, democrático e institucional al estallido social, materializado en una nueva Constitución. En ese momento ya había quedado claro que el FA se iba a quebrar, y así ocurrió·.

“A dos años, pienso que fue un primer paso indispensable. Digo primer paso porque sentó las bases de un proceso constituyente que se ha ido enriqueciendo en el camino, pero que mantiene su esencia: terminar ofreciendo una Constitución en la cual todos podamos sentirnos respetados y también parte integrante”.

Recuerdo la tensión. Era un momento muy difícil. El país necesitaba con urgencia una salida pacífica, democrática e institucional, pero la mayoría de la derecha bloqueaba cualquier avance serio y en algunos de la izquierda tampoco se veía real intención o decisión de avanzar.

“Querían salvar el nombre” / Alfonso de Urresti, senador del PS, entonces vicepresidente de la Cámara Alta

“Hubo cosas anecdóticas, como la solicitud de cambio de nombre, de Asamblea Constituyente a Convención Constitucional, que planteaba la derecha porque claramente era una derrota completa para ellos y al menos querían salvar el nombre”.

“Recuerdo también que hicimos ahí el trabajo con un pendrive, precisamente para que no se filtrara. Porque había mucha gente que no participaba para nada en el acuerdo, pero quería filtrar o tener la información. Trabajamos todos los textos a través de un pendrive que se imprimía en una sola impresora. Yo sólo pasaba el pendrive a Miguel Crispi. Era muy cómico porque escribíamos en un notebook y para ir imprimiendo los textos en papel sobre los que trabajábamos, grabábamos ahí y mandábamos a imprimir y ese pendrive lo llevaba Crispi. Yo tengo el original de lo que firmamos esa noche. Después de toda la tole tole, quedó ahí”.

“También escuché frases de varios de la UDI… Ellos señalaron que estaban entregando la Constitución de Guzmán. Como una profunda derrota política y simbólica de lo que estaba ocurriendo ahí”.

“Quiero destacar la figura de Gabriel Boric, que en el momento de la firma ratifica que su partido no lo había respaldado, pero que él lo iba a ser a título personal, como diputado. Me parece tremendamente valiente su convicción. Creo que eso lo tiene hoy día en la papeleta presidencial”.

Recuerdo también que hicimos ahí el trabajo con un pendrive, precisamente para que no se filtrara. Porque había mucha gente que no participaba para nada en el acuerdo, pero quería filtrar o tener la información. Trabajamos todos los textos a través de un pendrive que se imprimía en una sola impresora.

“No era perfecto, pero era lo que Chile necesitaba” / Felipe Harboe, entonces senador PPD

Ya antes del 15 habíamos pedido al gobierno darnos un plazo para no enviar a los militares a las calles, porque sabíamos que eso podría terminar en algo muy conflictivo y peligroso. Y nos concedieron. Entonces recuerdo que esa semana agarré dos hojitas tamaño carta e hice una matriz -la tengo hasta hoy- donde puse en la columna vertical, en la parte izquierda de la hoja, todos los partidos políticos con representación en el Congreso y, de manera horizontal, arriba, puse temas. Por ejemplo: Asamblea, plebiscito de entrada, voto obligatorio, dos tercios, etc. Iba pidiendo a todo el mundo, incluido el ministro Blumel, que opinaran de cada uno de esos puntos. Y cuando hablé con todos, ya teníamos un 30% del acuerdo listo, habíamos despejado muchas dudas”.

“Pero para el 14 y el 15 hubo una serie de torbellinos y enojos, gente queriendo ser el protagonista, siendo que el proceso en sí era el protagónico. Pero creo que un momento inolvidable fue cuando se bajó Convergencia Social, después de que Gabriel Boric estuvo todo el día negociando. Entonces él dijo ‘estoy en dudas de qué hacer’ y yo tuve una conversación larga y franca con él. Y él tomó la decisión valiente y responsable de perseverar en el acuerdo a pesar de que su partido se había bajado y eso era muy importante para que el acuerdo no se viera como de la Concertación. Eso me emocionó mucho”.

“Todos quienes firmaron el acuerdo me emocionaron, porque entendieron que el acuerdo no era perfecto, pero era lo que Chile necesitaba para seguir adelante. Hubo muchos momentos de grandezas de muchos que estuvieron ahí. Y creo que la gente lo valora. Al día siguiente recuerdo que fui al colegio y se escuchaban bocinazos, como alabando lo que habíamos hecho. También pensar en gente como Desbordes diciendo ‘ya, vamos con el acuerdo, salgamos adelante’ fue muy emocionante”.

Para el 14 y el 15 hubo una serie de torbellinos y enojos, gente queriendo ser el protagonista, siendo que el proceso en sí era el protagónico. Pero creo que un momento inolvidable fue cuando se bajó Convergencia Social, después de que Gabriel Boric estuvo todo el día negociando. Entonces él dijo ‘estoy en dudas de qué hacer’ y yo tuve una conversación larga y franca con él.

*The Clinic también intentó contactarse con Jacqueline van Rysselberghe, Hernán Larraín Matte, Carlos Maldonado y Ena von Baer para este reportaje, pero no respondieron o decidieron no participar.

También puedes ver: 25-O: La crónica sonora de la marcha que dio a luz al nuevo Chile


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