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Columna de Álvaro Peralta: ¿De qué hablamos cuando hablamos de Ñuñoa?

Se dijo que Gabriel Boric debía “desñuñoizar” su campaña para así llegar a otros mundos más populares y de regiones. Y si bien está claro que, para ganar, el candidato debe salir a buscar votantes diferentes a él y sus seguidores, ¿qué tiene que ver Ñuñoa en todo esto?

Creo que al primero que se lo escuché fue al analista político Ernesto Águila, que en una entrevista tras el triunfo de José Antonio Kast en primera vuelta aseguraba que Gabriel Boric debía “desñuñoizar” su campaña para así llegar a otros mundos más populares y de regiones. Pero más allá de quién haya sido el primero en acuñar este término -y que en el caso de Águila se entiende como un recurso retórico-, lo cierto es que esto de la desñuñoización prendió fuerte en redes sociales. Y si bien está claro que para ganar Boric debe salir a buscar votantes diferentes a él y sus seguidores, porque con los jóvenes y no tan jóvenes ilustrados y urbanos no le alcanza para ser presidente… ¿qué tiene que ver Ñuñoa en todo esto?

Al parecer, para algunos, esta comuna de Santiago encarna el perfil del votante de Gabriel Boric y al mismo tiempo es algo así como el corazón hípster de la ciudad, lo que la pondría en conexión directa con el candidato oriundo de Punta Arenas. ¿Por qué Ñuñoa sería hípster? Tal vez la base para una generalización como ésta tiene que ver con la creciente oferta inmobiliaria en ciertas zonas de la comuna -sobre todos en las cercanas a la línea seis de el Metro-, donde los edificios con departamentos de uno y dos dormitorios han ido dejando atrás a los del tipo familiar que por años se construyeron en la comuna. Esta situación ha atraído a muchos profesionales jóvenes a instalarse en Ñuñoa y darle, entre comillas, su nuevo carácter hípster. Sin embargo es cosa de recorrer zonas tan ñuñoínas como Villa Olímpica, la Población Rosita Renard o la Villa Frei para preguntarse dónde está lo hípster, porque uno lo que en realidad encuentra son barrios de clase media y clase media baja y en algunos casos bastante venidos a menos en relación a décadas pasadas.

Ahora bien, la verdad es que las construcciones sobre lo que es o no es Ñuñoa no son nuevas. En los años noventa, cuando la picota de las inmobiliarias aún era una actividad incipiente en la comuna y por lo mismo las grandes casas de estilo modernista aún relucían en sus avenidas, comenzó a hablarse -con un orgullo muy en la onda jaguar de esos años- de “Ñuñork”, tratando de retratar con un solo concepto el carácter habitacional pero también comercial de Ñuñoa. Estamos hablando de años en que numerosas productoras audiovisuales y agencias de publicidad se instalaron en antiguas casas ñuñoinas mientras que en paralelo Plaza Ñuñoa, La Batuta y la Avenida Irarrázaval en general comenzaban a hacerse una buena fama de noche y bohemia, mucho más ilustrada y menos salvaje que el decano Bellavista y el siempre inclasificable Barrio Suecia en Providencia.

En los años noventa, cuando la picota de las inmobiliarias aún era una actividad incipiente en la comuna y por lo mismo las grandes casas de estilo modernista aún relucían en sus avenidas, comenzó a hablarse -con un orgullo muy en la onda jaguar de esos años- de “Ñuñork”, tratando de retratar con un solo concepto el carácter habitacional pero también comercial de Ñuñoa.

Pero ojo, Ñuñork era sólo una zona de Ñuñoa, porque por esos años el resto de la comuna era una buena cantidad de casas de uno o dos pisos y calles arboladas. Claro está, siempre considerando -u olvidando conscientemente- que lo que está al sur de la Avenida Grecia también pertenece a Ñuñoa, porque ahí sí que se nos estropea cualquier generalización. De más está decir que por esos locos años noventa jamás se vio una productora instalada en una casa de la calle Guillermo Mann -atrás del Estadio Nacional-, como tampoco se transformó en un referente de la bohemia santiaguina la fuente de soda que -aún- está al final de la Avenida Salvador, bajo uno de esos edificios rojos de cuatro pisos.

Y aunque el concepto de Ñuñork se fue desvaneciendo al igual que las casas que alojaban a las productoras y algunos inefables restobares, Ñuñoa siguió conservando para muchos esa imagen de un Chile del pasado, republicano y educado. Casi como un trozo de la mejor versión de nuestra provincia a sólo media hora de Plaza Italia (o como prefieran llamarla). En su hermoso -y hoy prácticamente imposible de encontrar- libro Santiago de memoria, Roberto Merino describe esa Ñuñoa idílica que aún se podía encontrar, obviamente en ciertos sectores de la comuna, cuando se publicó este libro en 1997.

Desde hace mucho Ñuñoa ha sido un barrio a escala humana; burgués, despreocupado y ecuménico. Tiene la cuota justa de ruralidad que uno necesita para vivir sin entrar en conflictos con el medio. Si las raíces de los árboles levantan las veredas, o si las rejas de madera se desploman bajo el peso de las glicinas, son problemas no demasiado urgentes.

Y aunque el concepto de Ñuñork se fue desvaneciendo al igual que las casas que alojaban a las productoras y algunos inefables restobares, Ñuñoa siguió conservando para muchos esa imagen de un Chile del pasado, republicano y educado.

Así las cosas, podemos deducir que generalizaciones e idealizaciones de lo que es Ñuñoa vienen habiendo hace rato. De alguna manera persiste una idea superior de Ñuñoa, o de una parte de ella, que la hace más grande y valiosa para muchos. Muchas veces, más allá de la realidad o simple lógica. Pero la verdad es que esta comuna, con más de 16 kilómetros cuadrados de extensión y casi 260.000 habitantes es amplia y diversa. Por eso en este territorio hoy conviven los recién llegados hípsters con familias que han criado hijos en los edificios de departamentos que cuando se edificaron hicieron llorar a arquitectos y urbanistas por las casas que se botaron para construirlos. También están las zonas más populares -y algunas hasta conflictivas- al sur de Avenida Grecia y también quedan pequeños manchones de manzanas con casas Ley Pereira que así como han resistido al hambre de las inmobiliarias también han subido su valor. Tanto así, que sus actuales moradores bien poco tienen de esa clase media ilustrada y republicana que tantos aseguran vive aún en Ñuñoa.

Es que nuestras comunas son así, amplias y diversas. Y así como Santiago no es ni las peatonales del centro ni el ahora llamado Barrio Matta Sur, Providencia no es el Portal Lyon, Pedro de Valdivia Norte y Pocuro. Se trata de territorios mucho más complejos y heterogéneos. Sobre todo en lo humano. Por todo esto, las autoridades políticas deben tener la capacidad de entender estas complejidades y tratar de gobernar -y trabajar- para sus diversos grupos de ciudadanos. Porque las generalizaciones y estigmatizaciones -como ñuñoizar algo- siempre han sido malas. Pero en política resultan aún peores.

*Álvaro Peralta es cronista gastronómico.

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