La imagen muestra a la columnista Lucía Miranda frente a una fotografía de José Antonio Kast y una urna

Agencia Uno

Columna de Lucía Miranda: Un chaleco antibalas para la democracia

Lo cierto es que la debilidad de los valores democráticos entre la sociedad chilena venía evidenciándose hace rato, bajo una complicidad institucional que, si no quiere ser derrocada de golpe, necesitará tomar medidas al respecto.

La democracia es frágil y requiere de un compromiso transversal por parte de todos los estamentos de la sociedad para poder sobrevivir y prosperar. Lo hemos visto el último tiempo en el país insignia de la libertad y los valores democráticos como Estados Unidos bajo el liderazgo de Trump y el ataque al Capitolio en enero de este año.

Desde hace unos años, el trabajo de campo nos ha permitido observar que la fractura social en torno a la democracia y el autoritarismo (que se traduce un posicionamiento valórico y, por tanto, en la manifestación de un apoyo electoral a unas u otras opciones) sigue vigente.

Específicamente dentro de la derecha se observó una creciente división entre el ala que se posiciona desde una defensa y reivindicación irrestricta de los valores democráticos y el sector que, amarándose en la “mano dura” y varias manipuladas amenazas externas, justifica la puesta en práctica de medidas de autoritarias en pos de la defensa de una supuesta paz.

Lo cierto es que la debilidad de los valores democráticos entre la sociedad chilena venía evidenciándose hace rato, bajo una complicidad institucional que, si no quiere ser derrocada de golpe, necesitará tomar medidas al respecto. La famosa pregunta sobre el apoyo a la democracia como forma de gobierno ha estado en declive en Chile por mucho tiempo. En la página de Latinobarómetro se pueden consultar los resultados en torno a dicha pregunta de manera comparada entre países a lo largo del tiempo (desde 1990).

La democracia es frágil y requiere de un compromiso transversal por parte de todos los estamentos de la sociedad para poder sobrevivir y prosperar.

En Chile los resultados son alarmantes no solo porque en torno a un 20% de las personas encuestadas consideren que “En algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible” (22,5% en 2018; 16% en 2017 y 18% en 2016); si no porque además una proporción igual de alta es indiferente al tipo de régimen (15% en 2018; 21,1% en 2017 y 25% en 2016). No es casual que Kast quiera eliminar esos “reductos ideológicos” como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo pues este tipo de instituciones periódicamente elaboran informes como la Auditoria a la Democracia, donde dejan en evidencia el peligro que el avance de discursos autoritarios significa para la estabilidad democrática, así como otros aspectos del sistema político que potencian el aumento de posturas extremas anti democráticas (como lo es el voto voluntario y la ausencia de una educación cívico democrática).

¿A que se imaginan que país ha mostrado índices igual o incluso más bajo de apoyo a la democracia? Sí, nuestro querido Brasil, que los últimos años ha demostrado en la región como el peligro de un gobierno de corte autoritario puede significar la muerte de activistas sociales bajo el amparo de una institucionalidad que mira para el lado.

Existe algo espeluznante y es que un programa electoral que expresamente enuncia que perseguirá opositores políticos, que limitará la libertad de cátedra y eliminará derechos adquiridos por una parte de la población (que tanto ha costado conquistar) debería haber implicado un llamado a la corrección desde el primer momento por parte de las instituciones encargadas de velar por que la competencia electoral se desarrolle de manera respetuosa a los valores democráticos.

La famosa pregunta sobre el apoyo a la democracia como forma de gobierno ha estado en declive en Chile por mucho tiempo.

Es importante hacer énfasis en un aspecto, tanto la reivindicación de valores de derecha como de los valores de izquierda son imprescindibles y necesarios para que la competencia electoral sea justa y se refleje en la alternancia política; lo que es innegociable es que dicha competencia electoral se de poniendo en duda los valores democráticos y el irrestricto respecto a los derechos humanos, donde la libertad de expresión y de conciencia son un pilar fundamental que de ninguna manera amparan la reproducción de discursos de odio.

La democracia está en jaque en Chile y esto es fruto de la complicidad de una parte de la élite política que amparándose en una supuesta libertad, ha boicoteado el cuidado y reivindicación de los valores democráticos. Como sociedad tenemos una responsabilidad conjunta para que luego de las elecciones del 19 de diciembre, elaboremos y apliquemos una estrategia transversal para el cuidado y protección de la democracia de cara al futuro.

*Lucía Miranda Leibe es Post doctorado Fondecyt ANID y académica de la Universidad Católica Silva Henríquez.

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