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28 de marzo de 2022

Catalina Droppelmann y las detenciones ciudadanas: “Cuentan con un nivel de aprobación bastante alto en la población, pero esto no implica en lo absoluto que sea bueno”

Foto: Sociología UC

Catalina Droppelmann, directora ejecutiva y de investigación del Centro de Estudios Justicia y Sociedad de la Universidad Católica, reflexiona en conversación con The Clinic sobre las detenciones ciudadanas, tras el asesinato de un joven en un linchamiento en La Florida por ser confundido con un ladrón. “A pesar de que hoy en día no existe el castigo físico, que es un elemento de la edad media que se abolió, igual los seres humanos siguen asociando castigo a dolor, incluso a dolor físico”, dice Droppelmann.

Por Joaquín Zúñiga

El pasado jueves 24 de marzo, el Decimocuarto Juzgado de Garantía de Santiago dictó prisión preventiva para Geraldo Salas Rubio, Mauricio Meza Arredondo, Jorge Torres Abayai y Manuel Quezada Salazar, los imputados por el delito de homicidio calificado de un joven de 21 años en La Florida.

La muerte del joven se ocasionó tras los golpes recibidos por el linchamiento de parte de vecinos del sector, quienes pensaron que se trataba de un ladrón. Según información preliminar de la Policía de Investigaciones, el joven se encontraba en una plaza junto a un amigo cuando sufrió un intento de asalto por parte de los ocupantes de un vehículo.

Tras intentar huir, habría entrado al antejardín de una casa del pasaje Tizano, donde la dueña de casa, una mujer de la tercera edad, activó la alarma vecinal.

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Catalina Droppelmann, directora ejecutiva y de investigación del Centro de Estudios Justicia y Sociedad de la Universidad Católica, quien posee entre sus principales líneas de investigación la Sociología de la delincuencia y las Trayectorias delictuales, explica que el fenómeno de las detenciones ciudadanas o linchamientos ocurre cuando se dan ciertos fenómenos en conjunto, destacando tres.

“El primero tiene que ver con una sensación importante de temor en la población, temor de ser víctima de un delito. Lo segundo tiene que ver también con ciertas percepciones de impunidad respecto del sistema de justicia, y obviamente, quizás la razón más compleja, tiene que ver con la ausencia de legitimidad en los mecanismos formales que operan en el sistema de justicia criminal. Una falta de legitimidad en las policías, y también en la labor que realiza el sistema de justicia, los tribunales, el Ministerio Público, etcétera. La combinación en general de esos tres factores es lo que se asocia a cuando la sociedad comienza a tomar la justicia por sus propias manos”, dice la doctora en Criminología.

https://www.theclinic.cl/2022/03/23/madre-matias-vallarino-joven-linchado-la-florida/

Hay ciertos elementos –explica Droppelmann– que pueden ser útiles para la prevención de delitos en los barrios, como las alarmas comunitarias o cierta coordinación vecinal, “pero otra cosa es que los vecinos y los ciudadanos crean que pueden hacer justicia por sus propias manos, que pueden apresar a personas y además tratarlas de manera violenta. Eso obviamente no solo es totalmente erróneo, sino que extremadamente peligroso”.

-¿Cómo se pueden entender las diferencias entre catalogar esto como bueno y como malo? Hay un historial extenso de detenciones ciudadanas que han sido celebradas en redes sociales, por ejemplo. 

-Es verdad. Encuestas que hemos realizado nosotros en la Universidad Católica han dado cuenta que aproximadamente la mitad de la población está a favor del linchamiento, o lo que se ha denominado como detenciones ciudadanas. Es un fenómeno que cuenta con un nivel de aprobación bastante alto en la población, pero esto no implica en lo absoluto que sea bueno. A mi juicio, lo más relevante es confiar en las instituciones del sistema de justicia criminal, y entregar obviamente el uso de la fuerza y el control a las instituciones que correspondan, para eso están las instituciones. No puede ser que los ciudadanos crean que tienen el derecho de tomarse la justicia por sus propias manos y hacer estas detenciones. El legítimo orden de las cosas debiese ser denunciar, llamar a Carabineros y esperar a que lleguen. Esta cosa de ajusticiar o de apresar, y además vanagloriarse de eso, no tiene ningún sentido. 

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-Y además no es algo nuevo, se arrastra hace años…

-Sí, y hay otros países latinoamericanos donde este fenómeno es aún más prevalente, como el caso de Guatemala, donde el linchamiento es una práctica bastante común. Ahora, en Chile sí es un fenómeno que se viene observando, y que también se asocia un poco a la difusión que se le da a estos eventos a través de las redes sociales, de la manera que tienen ahora las personas de comunicarse, asociados a problemas de legitimidad que existen en diferentes ámbitos con ciertas instituciones. Desde la sociedad, obviamente hay también un descontento social importante, entonces todas esas situaciones se van sumando y van dando pie a situaciones como esta. Y obviamente toda la crisis de desconfianza de Carabineros también es algo que afecta negativamente este proceso. Porque los mandatados a apresar a personas que sean descubiertas in fraganti en el caso de un delito obviamente son las policías, no los ciudadanos comunes y corrientes. Y termina pasando lo que pasó en este caso.

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-¿Qué rol debería jugar el Estado frente a estas nociones que se han instalado en la sociedad? En cuanto a la impunidad se le reclama a veces a la justicia un aspecto de «puerta giratoria»…

-En realidad esta percepción de puerta giratoria tampoco tiene un asidero en la evidencia. Nosotros en Chile tenemos altas tasas de encarcelamiento, somos un país que encarcela y castiga a las personas por los delitos que cometen. Si bien puede que la población tenga ciertas percepciones de impunidad, nosotros tenemos un sistema de justicia que opera bastante bien, además comparándolo a otros sistemas de la región. No obstante, debido a estos niveles de temor que tienen por la victimización en delitos contra la propiedad, y por el cambio también que han venido teniendo las manifestaciones de los delitos y la manera en cómo se cometen, el aumento del uso de armas, por ejemplo, se van generando en la población ciertas percepciones de que la situación está fuera de control, pero en general el sistema chileno es un sistema que funciona. Es además punitivo, encarcela. No es que en Chile existan altos niveles de impunidad, ni mucho menos que Chile no castigue a las personas que comenten delitos. Eso tiene que ver más que nada con las percepciones de la ciudadanía.

«Hay otros países latinoamericanos donde este fenómeno es aún más prevalente, como el caso de Guatemala, donde el linchamiento es una práctica bastante común. Ahora, en Chile sí es un fenómeno que se viene observando, y que también se asocia un poco a la difusión que se le da a estos eventos a través de las redes sociales».

Y agrega: “Obviamente existen ciertos sectores, barrios y poblaciones donde las personas tienen muchos niveles de temor y apreciaciones de impunidad, también por una ausencia de Estado. Hay lugares donde las policías no están accediendo, lugares que están manejados por ciertos grupos criminales, y eso también va generando esa percepción de desprotección en la población, que hace que las personas terminen tomándose la justicia por sus propias manos. Pero independiente de cuáles sean las causas, estos hechos no deben ocurrir. Obviamente las personas que cometen estos hechos deben ser sancionadas a su vez por el sistema de justicia criminal como corresponde, porque lo que ellos hicieron es un delito”.

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-Más allá de los robos que se han denunciado, también se han visto otros casos de violencia ciudadana. En Talcahuano apuñalaron a un profesor, este viernes en Estación Central unos vendedores ambulantes golpearon a manifestantes, y se vio también en Barrio República. ¿Van en aumento los casos de violencia? ¿Debemos preocuparnos de esta situación? 

-No conocemos estudios o estadísticas que den cuenta de manera fidedigna que está aumentando la violencia en todos los ámbitos. Uno puede hablar en el ámbito de los delitos, pero no podemos decir con toda legitimidad que Chile se ha vuelto un país más violento. Yo no me atrevería a decir eso con los datos que hoy están disponibles. Sin embargo, y eso sí está medido, hay altísimos niveles de descontento social, y que hace que las personas manifiesten su descontento de distintas formas, y una de esas formas tiene que ver con expresarlo a través de la violencia, pero yo no me atrevería a decir que Chile se está transformando en un país más violento en todos los ámbitos, en todas las expresiones que la violencia pudiese tener.

«Se pone sobre esta víctima una serie de otras frustraciones que no tienen nada que ver con el caso»

-¿Cree que hay una contribución de parte de los medios de comunicación en generar un clima de alta percepción de delincuencia? A veces se les critica una cobertura excesiva en casos de delitos y violencia.

-Sí, claramente hay algunos estudios que demuestran que ciertos niveles de temor también se asocian a la exposición a medios de comunicación. En ese sentido hay probablemente en algunos medios de comunicación una sobreexposición de temas delictuales o de violencia que alteran un poco las percepciones. Pero de todas maneras cuando ya los seres humanos comienzan a experimentar la violencia en diferentes ámbitos o de diferentes formas, obviamente empieza a aumentar la percepción de que la violencia está dando vueltas o está más prevalente. Y claro, probablemente tiene que ver con cierto aumento en niveles de descontento social y que en ciertas personas o ciertos sectores se manifiesta de manera más violenta, mientras que en otros no. No podemos decir que nos hemos transformado en una sociedad más violenta, para hacer eso habría que hacer un estudio exhaustivo y habría que medir la violencia en todas sus diversas manifestaciones.

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-¿Cómo se puede entender la brutalidad dentro de todo este descontento e inseguridad? ¿Por qué en algunas personas deriva en esos niveles de violencia, como en el caso de La Florida? 

-Esa excesiva brutalidad es difícil de explicar. Una de las posibles explicaciones tiene que ver con que el hecho de que no haya ningún mecanismo de control, de que sean las propias personas que están ejerciendo la violencia a través de este linchamiento o detención ciudadana, y que no haya ninguna otra instancia que controle o esté por sobre eso, también hace que la violencia se desate mucho más. No hay ninguna instancia o persona que te pueda decir ‘para’ o ‘detente’. Son los límites que cada persona se va a poner a sí misma en esa situación en particular. También se da una asimetría de poder importante. La persona que está detenida es en general una persona que está amordazada, que está amarrada, y las otras personas están en una situación donde tienen obviamente muchísimo más poder, y esa discrepancia de poder también hace que la violencia se ejerza con mucha más facilidad que si tú tienes a una persona que se está logrando defender.

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Además, explica Droppelmann, al momento de una detención ciudadana se le carga a la persona apresada una serie de frustraciones: “El que la está violentando ejerce sobre esta víctima una serie de frustraciones, de rabias, de elementos que no tienen que ver necesariamente con ese elemento en particular. Acá la gente ni siquiera sabía qué delito se pudiese haber cometido. Pero sobre esa persona recaen todas las frustraciones de esos vecinos, relacionados con todo los otros delitos de los cuales fueron víctimas, o todas las otras situaciones de descontento social que están padeciendo. Se pone sobre esta víctima una serie de otras frustraciones que no tienen nada que ver con el caso. Eso está también relacionado con la simetría de poder que se da entre la víctima y el victimario”.

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-Casi un chivo expiatorio…

-Claro, de alguna forma, a pesar de que hoy en día no existe el castigo físico, que es un elemento de la edad media que se abolió, igual los seres humanos siguen asociando castigo a dolor, incluso a dolor físico. Y eso lo vemos en la cárcel, las personas en general tienen demandas altamente punitivas. Los ciudadanos creen que la única manera de castigar los delitos es a través del uso de la cárcel. Y en general, cuando se promueven instancias para mejorar la cárcel o para mejor las condiciones de la cárcel que son deplorables en nuestro país, ¿qué ocurre?, la gente está absolutamente en contra. Porque la gente asocia que el castigo debe ir aparejado al dolor. Eso es algo totalmente erróneo, y bastante barbárico. Si uno piensa en el debido proceso y en la proporcionalidad que las penas debieran tener, las personas debiesen pagar obviamente por los delitos que cometen.

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“Pero ese castigo no tiene en lo absoluto que ser un castigo que esté asociado a un dolor o a un sufrimiento, y menos a un sufrimiento físico. Desafortunadamente los seres humanos tienden a asociar castigo con dolor y con sufrimiento. Por eso una de las maneras más brutales y más explícitas de poder ejercer ese dolor y castigo, es a través del dolor corporal”, agrega la experta.

-Eso va de la mano con una noción de deshumanización de los reos, ¿no?

-Exactamente. La deshumanización es un elemento muy relevante. En general también a los seres humanos les acomoda poder distinguir entre los buenos y los malos. Entre nosotros y ellos. Con eso se produce una especie de despersonalización o deshumanización. Ese otro que está allá afuera y que yo veo como un delincuente, es una persona que para ojos de muchos ciudadanos es una persona desviada, maligna, con atributos absolutamente negativos que pierde de cierta forma su humanidad. Y eso lo hace merecedor aún más de castigo severo. Y al mismo tiempo le da al sujeto que se ve así mismo como un sujeto normal, normativo, no delictual, una seguridad ontológica de alguna forma al diferenciarse de ese otro que está afuera, que es diferente, absolutamente desviado, y que se distingue en todos los ámbitos de mí. Eso que se llama como «la otredad», que es poder distinguir a otro absolutamente de mí, y dividir entre los buenos y los malos, normales y anormales, es algo que le quita toda humanidad a quien yo estoy etiquetando de delincuente. Y eso hace que para muchas personas se justifique este castigo barbárico. Obviamente que al ser el otro desviado, tan diferente, tan alejado de la norma o de cómo el ser humano debiese comportarse, lo hace merecedor de un castigo severo y brutal. 

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-¿Y esa visión también complica los intentos de reinserción social? 

-Absolutamente. El bajo apoyo que existe hoy en día en los procesos de reinserción social tienen que ver con eso mismo. Con esta etiqueta que cargan las personas que han cometido delito, y que además han pagado por el delito, porque eso a la gente se les olvida. Quienes han estado presos han cumplido su condena, por lo tanto han pagado el daño causado. Entonces no tienen porqué seguir sufriendo esa condena y seguir sufriendo el estigma de no poder insertarse y no poder ser aceptado en la sociedad. En general en Chile existe muy bajo apoyo a la reinserción social. Reinsertarse o dejar de cometer delitos no solo pasa por no volver a delinquir, sino que también pasa por dejar de verse a sí mismo como una persona que delinque, y dejar de ser visto por los demás como una persona que delinque. Si ese proceso no se da, no se logra una real reinserción social.

Y agrega: «Y fenómenos como este linchamiento en La Florida son ejemplos más extremos de esta diferenciación, que separa radicalmente a las personas que han delinquido de las que no, y te hacen expandir ese estigma en personas que son inocentes, como este joven, pero que terminan pagando, como si hubiesen cometido el delito, de una manera violenta, injusta e inapropiada».

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