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Opinión

25 de junio de 2022

No estamos en guerra

La imagen muestra a cristian valenzuela frente a ruiz

En esta columna, su autor responde a las declaraciones dadas por Carlos Ruiz en entrevista a Claudia Álamo. "Ruiz alude al supuesto objetivo de desestabilización que promueve la derecha conservadora. ¿A qué se referirá con desestabilización? ¿A la utilización de las herramientas legales y constitucionales para cuestionar el pobre desempeño de un gobierno?", sostiene.

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Es curioso que el principal ideólogo del Frente Amplio – y mentor del Presidente Gabriel Boric – haya terminado recurriendo a la misma retórica belicista que tanto criticaron le Presidente Piñera, cuando la ocupó para justificar las medidas que se adoptaron para enfrentar el estallido de violencia el 2019.

“Esto puede costar una guerra civil” advierte Ruiz, respecto del devenir del proceso constituyente, agregando que el “supuesto” fracaso del gobierno no sería más que el resultado de una operación de desestabilización liderada por la derecha antidemocrática y los sectores más conservadores del país.

¿Qué es lo que pretende Ruiz al sostener tan afiebrada tesis? ¿No existe acaso un sentido mínimo de responsabilidad – y de amor propio – para reconocer los graves y reiterados errores y chambonadas del gobierno de su pupilo o del fallido proceso constituyente?

Una explicación más razonable, y propia de un intelectual, sería aproximarse a los datos y a la dura realidad. En poco más de 100 días, el gobierno ha sido incapaz de cumplir con sus promesas de campaña; ha sido ineficiente a la hora de proponer propuestas legislativas; y ha sido incompetente para enfrentar la crisis económica y de inseguridad, los dos grandes problemas que aquejan hoy a la sociedad chilena. Adicionalmente, ha tenido una sobresaliente capacidad para cometer errores comunicacionales y, salvo casos muy excepcionales, han demostrado una falta de experiencia y habilidad política descomunal.

En repetidas ocasiones, Ruiz alude al supuesto objetivo de desestabilización que promueve la derecha conservadora. ¿A qué se referirá con desestabilización? ¿A la utilización de las herramientas legales y constitucionales para cuestionar el pobre desempeño de un gobierno? ¿A las críticas que se hacen por sus continuas chambonadas y volteretas? Pareciera más fácil inventarse un enemigo imaginario – como los alienígenas de Cecilia Morel – antes que reconocer los errores propios.

¿Qué es lo que pretende Ruiz al sostener tan afiebrada tesis? ¿No existe acaso un sentido mínimo de responsabilidad – y de amor propio – para reconocer los graves y reiterados errores y chambonadas del gobierno de su pupilo o del fallido proceso constituyente?

Si de desestabilización se trata, tendríamos que recordar que, a esta fecha en el gobierno anterior, el Frente Amplio ya había impulsado una interpelación y una acusación constitucional a un gobierno que, a diferencia del actual, contaba con el doble del apoyo ciudadano y la mitad de la desaprobación en las encuestas de opinión. Si de verdad queremos hablar de desestabilización, sería oportuno recordar las 10 acusaciones constitucionales presentadas contra autoridades del gobierno anterior, incluyendo dos contra el propio Presidente de la República; la solicitud de renuncia al Presidente Piñera que el Partido Comunista, y su actual vocera, exigieron en reiteradas oportunidades; o la postura ambigua o derechamente favorable a la violencia en las calles, que varios dirigentes de izquierda tuvieron, incluyendo al propio Boric.

“Está jugando a una guerra que ni los mismos militares creen” afirmó Carlos Ruiz a pocas horas de la frase de Piñera en 2019 y su reflexión cobra plena vigencia en la actualidad. Que la gente tenga miedo a la delincuencia o que sufra por el alza del costo de la vida, no es por culpa de una guerra imaginaria, sino que responden a la manifestación de una cruda realidad que, si bien no comenzó hace 3 meses, este gobierno ha sido incapaz de manejar. A diferencia de lo que cree Ruiz, no estamos en guerra y no es responsable que el principal ideólogo de quienes hoy gobiernan, lo plantee siquiera como una posibilidad.

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