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Diego Schalper

Política

16 de Mayo de 2024

Diego Schalper (RN): “Me gustaría ver al Gobierno más perseverante en la agenda de seguridad, pero cada cierto tiempo le da el gusto al PC”

De vuelta de un viaje por Europa, el diputado Diego Schalper destaca la forma en que algunos países de esa región abordan los extremismos. En ello asegura que cuando los escenarios se dirigen hacia la polarización, es la izquierda la que gana elecciones, mientras que cuando los sectores se aúnan al centro, es la centroderecha la que termina privilegiada.

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El diputado Diego Schalper fue uno de los protagonistas de la discusión de seguridad derivada del asesinato de tres carabineros en la comuna de Cañete a finales de abril. De hecho, el parlamentario impulsó una medida que remaba en contra hacia lo que buscaba el Ejecutivo: la justicia militar.

La posibilidad de que los tribunales militares recibieran los casos de uniformados de las Fuerzas Armadas y Carabineros que se viesen implicados en casos de orden público generó el rechazo inmediato del Gobierno. Inclusive, el propio Presidente Gabriel Boric abordó el tema. “Durante mi gobierno no se van a restablecer tribunales militares”, dijo.

Pese a la caída de la iniciativa en la Cámara —aunque se busca su reposición en el Senado— Schalper se muestra conforme con cómo se posó la idea sobre el espectro. “Al menos avanzamos en lo que había que hacer, que era darle seguridad jurídica (a los uniformados), frente a una izquierda que hoy clama que los militares estén en la calle, pero tengo serias dudas de si el día de mañana los van a respaldar”, señala a The Clinic, en donde conversa sobre seguridad, la ley corta de isapres, la relación de su sector con el Partido Republicano, entre otros.

—Usted viene volviendo de Alemania, donde se reunió con la Unión Demócrata Cristiana, la Democracia Cristiana (DC) de allá. ¿Qué conversó con ellos?

—Fuimos invitados al encuentro anual que hace el Partido Demócrata Cristiano, la CDU, que tenía tres particularidades. Primero, se votaba la reelección de su presidente, que además va a ser su probable candidato a canciller, Friedrich Merz , con quien tuve la oportunidad de interactuar. Es bien interesante su mirada en temas internacionales y sociales. Lo segundo interesante fue sobre su programa de gobierno, que pone un énfasis muy importante en que la libertad sólo es posible en la medida que uno asegura condiciones sociales que la hagan viable.

Eso es interesante, el término de libertad lo usan desde izquierdas hasta derechas, pero no cualquier tipo de libertad. La libertad que defiende un Javier Milei es distinta a la que defiende un Lula, pero los dos se hacen parte de esa libertad como parte de sus desafíos. Es interesante mirar lo que plantean los alemanes es un poco distinto a las dos miradas. Luego, la campaña de las elecciones del Parlamento Europeo, que son importantes porque Chile tiene en vista un tratado con la Unión Europea. O sea, en el fondo, la interacción es interesante, incluso, por temas comerciales del país. Fue una visita muy fructífera.

—Europa ha tenido un auge en los extremismos de derecha…

—Sí, pero tanto en los casos de España como en Alemania, la centroderecha o la derecha moderada, representada por el Partido Popular y la CDU, son hoy día las expresiones más fuerte de oposición, y en el caso de Alemania con posibilidades de volver al Gobierno. ¿Por qué esto es importante? Porque esto está inspirado en tres cosas clave. La primera: tener vocación de mayoría. O sea, a diferencia de lo que hacen otras expresiones, en España y en Alemania, que buscan un discurso súper reducido y súper de nicho, la apuesta de la CDU y del PP ha sido construir discursos con vocación de mayoría. Lo segundo: no permitir que conceptos como los derechos sociales, como el Estado social, como la red de protección de la clase media, sean conceptos monopolizados por la izquierda, sino que, más bien, ofrecer perspectivas desde la mirada de la libertad, incorporando esos mensajes.

La tercera clave ha sido construir alianzas que puedan incorporar al centro. Para eso los tonos, las formas de hacer política, las capacidades de diálogo son claves. Cuando uno hace de la confrontación, la agresividad, una forma de hacer política, los votantes moderados se van. Creo que eso son lecciones que tenemos que mirar con atención para el escenario político que se está armando en Chile.

—¿Ese escenario lo ve en Chile? ¿Cómo contrarrestaría los extremismos de lado y lado?

—La gran diferencia entre cuando ganamos con el 62% del “Rechazo” y cuando la oposición ha perdido, tanto en la segunda vuelta, como también en el segundo proceso constitucional, es que en el caso del “Rechazo” tuvimos vocación de mayoría, de transversalidad, y tuvimos capacidad de interpretar principios que son de carácter transversal, como la democracia, la libertad, pero también con una mirada de respeto por lo que han construido las clases medias en los últimos 30 años. Hay que tener claro que para ser mayoría en Chile no hay que asumir ni tonos ni estilos confrontaciones.

Por lo tanto, de cara a lo que viene el próximo año y también en las municipales se tiene que construir un proyecto político que se aleje de los tonos agresivos y que construya mayorías sobre la base del diálogo, de la búsqueda de acuerdo. Esa tiene que ser la manera de proceder, porque de otra manera uno encanta a un público muy reducido, que posiblemente le permita obtener concejales, parlamentarios, pero no le permite obtener la mayoría. Lo que Chile necesita es que la mayoría de los chilenos comulguen con un proyecto de centro derecha.

—¿El Partido Republicano comulga con ello?

—Comulgar en el sentido en que la apuesta en la política no es solamente hablarle a los públicos de uno, sino que es cómo se construye gobernabilidad, estabilidad, mayorías, de manera que sus ideas permitan ser comulgadas, interpretadas, adherir a públicos mayoritarios. A lo que voy, es que me da la impresión de lo que nos muestra el escenario en Europa es que cuando se asumen tonos extremos, es la izquierda la que gana. Cuando se asumen tonos moderados, son las centroderechas las que ganan.

—Se levantó un debate fuerte respecto de la justicia militar en la semana posterior al asesinato de los 3 carabineros. ¿Sigue de acuerdo con esa medida? Teniendo en cuenta de que la discusión escaló al Senado y que el Gobierno ha sido claro en no respaldarlo.

—Estoy muy conforme con que el foco de la conversación durante la tramitación en la Cámara de Diputados estuvo puesta en cómo le damos garantía a que las fuerzas militares y policiales puedan usar la fuerza con seguridad, con certeza jurídica.

Cuando usted escucha a alcaldes del Frente Amplio, como el alcalde Tomás Vodanovic, pidiendo que los militares salgan a la calle, pero usted no confía en que ese mismo alcalde el día de mañana, cuando se susciten situaciones complejas los vaya a defender, lo que se tiene que hacer es darles certezas por la vía de la ley.

Hoy hay una presunción en función del cumplimiento del deber, que hay eximentes de responsabilidad bien construidas. El ideal habría sido que estas causas las conocieran tribunales especializados, pero me declaro conforme, porque al menos avanzamos en lo que había que hacer, que era darle seguridad jurídica frente a una izquierda que hoy clama porque los militares estén en la calle, pero yo tengo serias dudas de si el día de mañana los van a respaldar cuando eso genere situaciones difíciles.

—¿La medida guardaba alguna justificación en el actuar de la Fiscalía en causas contra Carabineros?

—No. En mi caso responde a que estudié cómo se hace en otros países, por lo pronto el caso alemán o el caso español, donde existen tribunales especializados en materia militar y por ello no me parecía una cosa tan extraordinaria el pretender que tratándose de asuntos que tienen que ver con el cumplimiento militar, obviamente lo vean tribunales especializados. Mi motivación es lo que podríamos llamar la especialización en el conocimiento de los casos. No tengo otra.

—Pese a que en su sector haya algún reparo con el actuar de los fiscales.

—En mi sector no he visto ese reparo. Lo he visto en otros sectores. Mi reparo tiene más bien que ver con que si queremos que los militares actúen tienen que tener certeza jurídica. Eso lo da tener presunciones favorables, eximentes de responsabilidad, y tener tribunales especializados. Es un juicio más bien jurídico que una cuestión de disputa política.

—En el caso del atentado a Carabineros en Cañete generó un cortocircuito con respecto al “criterio Tohá” con el general Ricardo Yáñez, a quien se le postergó su formalización para octubre, un mes antes del cese de su mandato. ¿Le genera ruido?

—Soy partidario de que nunca se cambia el general en la mitad del combate. Por lo tanto, lo que aconteció en Los Álamos presentó un escenario nuevo, donde me da la impresión que una agresión de esa naturaleza, en la víspera de la celebración del Día del Carabinero, tiene una connotación simbólica contra Carabineros. Por lo tanto, me parecía absolutamente impertinente, en esa coyuntura, que el capitán a cargo no perseverara en la dirección de Carabineros. 

—La formalización quedó para octubre. En ese sentido, bajo el criterio que ha establecido el Gobierno, Yáñez eventualmente saldría de la dirección un mes antes de que termine su mandato.

—Si hay algo que caracteriza a este Gobierno son sus cambios de criterio. No conozco Gobierno con mayor gimnasia para sus cambios de criterio.

—Entonces ¿usted plantea que el general no saldría necesariamente en octubre, pese a ser formalizado?

—Esa será una decisión que deberá tomar el Presidente de la República, pero es cierto que el Presidente, a veces, sus cambios de opinión han sido producto de autocríticas. En otras oportunidades me da la impresión que ha sido por presiones internas, pero lo que tengo claro es que la perseverancia en los criterios es algo que no caracteriza a este Gobierno.

—¿Eso le molesta o lo valora?

—Depende del tema. Me alegro mucho de que se hayan arrepentido de la pésima oposición que fueron en el Gobierno pasado. Me gustaría verlos más perseverantes en defender una agenda de delincuencia más clara, pero me da la impresión que cada cierto tiempo le dan en el gusto al Partido Comunista, como por ejemplo se la están dando perseverando en ciertas pensiones de gracia que no han querido revocar, o no revocando los indultos que debiesen revocar. Depende del tema. En algunos temas valoro mucho las autocríticas. En otros, lo interpreto como frutos de las presiones internos.

Se mencionó que el impacto de esta ley corta de isapres caería en los jóvenes, generando su salida del sistema privado. ¿Ve en la discusión actual una solución real al problema de las aseguradoras?

—El que cree que Chile es capaz de sostenerse sin la prestación privada de salud, desconoce el sistema de salud. Aquí había que salir de una urgencia. Ahora, en la tarea larga, evidentemente hay que hacer una revisión muy profunda, respecto de cómo hacer funcionar correctamente el sistema de isapres, porque a mí no hace mucho sentido que las personas con mayor riesgo terminen siendo las más caras. Se comprenderá que ese modelo tiene una explicación económica, pero en materia de salud, no sólo la variable económica es la relevante. También hay que considerar otros elementos. Pero, que se diga que las personas en posibilidad de tener hijos o las personas adultos mayores o enfermos crónicos terminen siendo los que pagan más, evidentemente que falta el componente de humanidad en esa ecuación.

—¿Hacia dónde debiese apuntar la discusión sobre el sistema de salud?

—En el segundo proceso constitucional, que se decía insistentemente que se manejo por la derecha, se contenía la garantía de un plan único de salud garantizada, que por lo demás no hace más que reiterar lo que ya había presentado el gobierno del expresidente Piñera en la reforma a Fonasa. Nosotros progresivamente tenemos que caminar a un plan de salud garantizado, financiado por parte importante del aporte y la cotización que todos los trabajadores pagan y pagamos. En ese marco, si nosotros tenemos un plan de salud garantizado, con mínimos, quizás todo el parque de la prestación privada va ir caminando hacia ciertos planes focalizados o, incluso, el negocio de los seguros complementarios. Tiendo a pensar que esas son las discusiones que hay que dar en el debate largo de salud.

Esto tenía dimensiones bien imposibles de prever si es que no se hacían las cosas. Me alegro que ciertos sectores moderados se hayan impuesto a aquellos sectores de izquierda radical que querían con esto echarse el sistema privado de salud.

¿El Gobierno resolvió de buena forma la situación?

—La realidad se le impuso. Tengo la impresión de que en ciertos sectores del Gobierno había un anhelo muy profundo de aprovechar esta coyuntura para terminar  con el sistema privado de salud. Y se dieron cuenta de que eso no era sólo imposible, sino que además absolutamente perjudicial. Me alegro que se haya impuesto el criterio de la ministra de Salud, que creo que en esto ha tenido un sentido de realismo bien significativo.

La propia ministra dijo que el Presidente no estaba por dejar caer a las isapres.

—Yo creo que el Presidente se fue convenciendo con el tiempo. Los que los conocimos como diputado, no tenía especial afecto por el sistema privado de salud. Y también su jefe de asesores, Miguel Crispi, que como diputado no era para nadie una novedad que él nunca fue muy adherente del sistema integrado. Lo que pasa es que quizás la pandemia les hizo darse cuenta que el covid-19 hubiese sido imposible enfrentarlo sin la cooperación activa de la previsión de la prestación pública y la privada. 

Hace una semana atrás, José Antonio Kast dijo que no compartiría una primaria presidencial con Chile Vamos, cerrando cualquier tipo de negociación electoral, al menos para las presidenciales del próximo año. ¿Ve probable aunar fuerzas con ellos en el corto mediano plazo?

—Lo que tengo claro es que ya conocimos el resultado de la segunda vuelta pasada, donde una elección polarizada la gana la izquierda. Si queremos la alternancia en el poder y terminar con este mal gobierno, necesitamos una opción con vocación de mayoría. Espero que todos los actores pongan de su parte, porque la alternancia en el poder requiere compromiso, sentido de mayoría, entender que hay que arle gobernabilidad al país, y ahí cada uno de los actores será responsable de tomar sus decisiones. Aquí hay dos fotos: la foto del 62% que se logra por la vía de las posiciones moderadas, y la foto del 44%, que se obtiene cuando se plantea visiones maximalistas. Los números hablan por sí solos.

Con lo que dice, ¿qué le falta al Partido Republicano para relacionarse con ellos?

—No sé lo que le falta al Partido Republicano. Lo que sí sé es que todos los que estamos hoy puestos en la oposición, que tenemos la convicción de que un segundo Gobierno del Presidente Boric y su equipo sería una pésima noticia para Chile, tenemos que tener claro que eso sólo se logra buscando posiciones con vocación de mayoría. Ese es mi mensaje y es lo que observé con mucha nitidez tanto en España como en Alemania.

La centroderecha tiene que tener la capacidad de poner un proyecto político con identidad. En eso, tenemos que demostrar que no por gritar más fuerte se es más eficaz. Hay que ser capaz de dar soluciones, dar con los problemas sociales, hablar con los temas de preocupación de la clase media, y en eso la centroderecha tiene su trabajo que hacer.

—¿Habla de Amarillos y Demócratas?

—Hablamos de la centroderecha, que la componen todos los sectores que se sienten de centro y de derecha.

El alcalde Vodanovic mencionó que en la derecha cada vez cuesta más encontrar contrapartes razonables en ese sector. ¿Comparte la apreciación?

—Yo escuché que el alcalde estaba arrepentido por haber sido una oposición obstruccionista. Yo le sugeriría a ese alcalde que mantenga ese tono constructivo. Y le agrego una frase a la reflexión de él. Es muy difícil ser oposición razonable con un Gobierno tan incompetente como el que lidera el Presidente Boric.

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