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Opinión

31 de Mayo de 2024
Ilustración: Camila Cruz

Columna de libros de Silvana Angelini | Alice Munro: el enorme legado como cuentista de la fallecida Premio Nobel de Literatura

Por Silvana Angelini

Hace unas semanas Alice Munro falleció a los 92 años de edad. La columnista Silvana Angelini escribe sobre la trayectoria de la autora y su libro "Mi vida querida". Para ella, la naturaleza y la descripción de lugares es fundamental a la hora de narrar. "Sus cuentos nos dan, de alguna manera, una esperanza para seguir avanzando en la larga y querida vida que nos queda por delante", sintetiza Angelini.  

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El reciente fallecimiento de la canadiense Alice Munro, ganadora del Nobel de Literatura 2013, nos obliga a revisitar su enorme legado como cuentista. Munro empezó a publicar sus relatos en la década de los sesenta, su colección “Danza de las sombras” ganó el Governor General’s Award, considerado el premio literario más prestigioso de Canadá. Con este impulso y con sucesivas publicaciones de cuentos visitó varios países, fue escritora residente en universidades y se hizo habitual en prestigiosas revistas como The New Yorker y Harper’s Magazine. 

Munro nació en Ontario, que tomó su nombre del lago local, que significa “lago hermoso” o “aguas brillantes”. Los cuentos de Munro están, en la mayoría de las veces, rodeados de naturaleza. Su escritura tiene una velocidad y ritmo donde es necesaria la concentración para estar atentos a cada detalle, desde la trama que se va desenredando, la detallada descripción de los personajes (el dibujo de una cara y las emociones que contiene), las tragedias que se van desencadenando y la paulatina aparición del agua, los animales, los árboles y los pájaros. 

Ejemplo de todo lo anterior es el hermoso cuento “Vida querida” publicado en el libro “Mi vida querida”, de editorial Lumen. El escenario de fondo es una granja, donde los padres de una familia viven de los animales.

También se menciona la presencia de la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo, donde la protagonista (una niña) narra las tediosas tareas del colegio, los juegos con sus hermanos, y el trabajo incansable en la granja, donde tiene que llevar agua “a los animales sentenciados” que su padre matará luego.

Al mismo tiempo relata la violencia de su padre con ella y sus hermanos, la vida en el pueblo, y la conciencia de la protagonista respecto a la naturaleza. Este cuento resume la manera de ver el mundo de Munro, donde la emotividad y la tragedia se mezclan con el poder y presencia de lo natural. 

En el relato de “Vida querida” la niña recuerda un episodio en particular, donde su madre sale corriendo a rescatarla cuando ella duerme en el coche en el patio. En ese momento llega su vecina de apellido Netterfield con claros síntomas de Parkinson, y trata de sacarla del coche.

En ese momento su madre la rescata de los brazos de la invasora y se esconde en su casa asustada mientras la vecina la persigue, sin poder entrar a la casa, pero desde fuera recorre cada una de las ventanas buscando desesperadamente a la niña.

Los hogares tienen un lugar particular en los cuentos de Munro, se convierten en personajes en sí mismos, son una entidad que alberga tanto lo luminoso como lo siniestro. Describe las casas con una lupa particular, una fijación extrema que acoge la soledad y el amor en el mismo espacio. 

El relato sigue, la misma niña del coche crece y se va de la granja, pero aunque envejezca sigue suscrita al diario local. Ya adulta un día lee en ese mismo periódico un relato de su pueblo escrito por una mujer. La protagonista se da cuenta que todo el paisaje que describe ese texto es el mismo que ella recuerda: 

“Mientras leía empecé a entender que la mujer hablaba de las mismas riberas que yo creía que me pertenecían solo a mí (…) Ésa era nuestra orilla. Mi orilla (…) Esa mujer decía que había nacido en 1876. Había pasado su juventud, hasta que se casó, en la casa de su padre. La casa estaba donde acababa el pueblo y empezaba el campo abierto, y daba a poniente. Nuestra casa“.

“¿Es posible que mi madre no lo supiera, que nunca supiera que nuestra casa era la misma en la que había vivido la familia Netterfield, y que la anciana estaba mirando por las ventanas de la que en otros tiempos había sido su casa? (…) Quizá su hija, la misma mujer que escribía poemas y vivía en Oregón. Quizá esa hija, adulta y distante, era la que la anciana buscaba aquel día en el cochecito. Justo después de que mi madre me sacara desesperadamente y entrara corriendo a casa, según decía, para salvar una vida querida”. 

La autora en el cuento narra a través del recuerdo de la naturaleza y el hogar todas las casas y ríos donde hemos vivido. Los personajes comunes y corrientes somos todos nosotros, su orilla es nuestra orilla, las riberas son las mismas en las que nos hemos bañado y las ventanas por las cuales hemos mirado nos remiten a la infancia. Sus cuentos nos dan, de alguna manera, una esperanza para seguir avanzando en la larga y querida vida que nos queda por delante.  

Alice Munro

Mi vida querida

Editorial Lumen

$18.000

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