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Opinión

15 de Junio de 2024

Columna de Álvaro Ramis: Un balance de la gira presidencial a Europa

Foto: AgenciaUno.

"Ha buscado promover las relaciones diplomáticas, fortalecer la cooperación en diversas áreas y mejorar la comunicación entre los líderes y sus equipos técnicos", dice el académico Álvaro Ramis sobre la gira del Presidente Gabriel Boric. Tras las críticas a la ausencia de Boric en la contingencia por el sistema frontal, el columnista de The Clinic afirma que "la novedad de esta gira es que ha logrado comunicar internacionalmente la política de autonomía estratégica de nuestro país, entendida como la capacidad para tomar decisiones y establecer prioridades de manera independiente, sin injerencias externas".

Por Álvaro Ramis

La visita del Presidente Gabriel Boric a Europa está marcando un hito en la consolidación de una política exterior que afiance el posicionamiento internacional del país. Por eso es tan desconcertante que actores políticos de larga trayectoria generen campañas de desvalorización casi infantil de estos esfuerzos, que para alcanzar sus objetivos demandan un sentido de Estado de parte de todos los partidos políticos. 

Como toda visita presidencial, la gira a Alemania, Suecia y Francia ha buscado promover las relaciones diplomáticas, fortalecer la cooperación en diversas áreas y mejorar la comunicación entre los líderes y sus equipos técnicos. Ha servido para discutir el avance del acuerdo de asociación Chile-UE y otros acuerdos bilaterales que se traducen en políticas públicas, protocolos de seguridad y programas científicos de interés mutuo.

Pero la novedad de esta gira es que ha logrado comunicar internacionalmente la política de autonomía estratégica de nuestro país, entendida como la capacidad para tomar decisiones y establecer prioridades de manera independiente, sin injerencias externas. Ese objetivo no se reduce solo a aspirar a esa autonomía, sino a tener la capacidad efectiva y la habilidad concreta para perseguir nuestros propios intereses y objetivos estratégicos en el escenario global.

¿Por qué es importante que Chile desarrolle esta forma de autonomía? Porque en un mundo cada vez más multipolar, esta capacidad permite al país defender sus valores e intereses nacionales frente a influencias externas, tener margen de maniobra en la toma de decisiones multilaterales y en la formulación de la política exterior, reducir la dependencia de potencias externas en áreas claves como la seguridad, defensa, economía y tecnología. 

Chile asume esta línea cuando expresa su rechazo a la Rusia de Putin por la invasión a Ucrania y a la vez es inflexible con el Israel de Netanyahu ante el genocidio de Gaza. En la gira a Europa el Presidente ha mostrado que se puede tener firmeza en la defensa de la soberanía de los Estados, los DDHH y la democracia, sin que eso implique un alineamiento mecánico y obsecuente ante la alianza transatlántica de Estados Unidos y la OTAN. 

Autonomía estratégica es adecuar de manera inteligente nuestra política externa al escenario de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, sin cerrar la puerta a ninguno de estos dos socios y a la vez utilizar esa disputa a nuestro favor, para tratar de lograr los mayores beneficios de ambos contendientes. Es lo que ha estado aplicado en la Política Nacional del Litio, en el desarrollo del Hidrógeno Verde, en la promoción de las energías renovables y electromovilidad, o en muchas otras áreas de interés estratégico.  

El mismo principio opera en las relaciones particulares con otros países. Por ejemplo, con Venezuela, que siendo vínculos complejos y tensos, exigen preservar los esfuerzos por mantener el diálogo a pesar de las acusaciones y la falta de cooperación de ese gobierno en ciertas áreas. Sin un mínimo lazo institucional sería imposible avanzar en la cooperación en materia de seguridad, especialmente en materia de regularización migratoria o en procesos de extradición de delincuentes venezolanos.

Ello no impide que el gobierno confronte honestamente a Venezuela en todos los campos de discrepancia, como el crimen del exmilitar venezolano Ronald Ojeda o sobre las responsabilidades en la persecución del Tren de Aragua.

El Presidente, Gabriel Boric, junto al Presidente de Francia, Emmanuel Macron, en anterior gira presidencial. Foto: AgenciaUno.

La autonomía estratégica no es un concepto idéntico al tradicional No Alineamiento Activo. La principal diferencia radica en que el no alineamiento solo implica una postura neutral y de no adherencia a bloques como principio inamovible, mientras que la autonomía estratégica es un principio flexible, al enfocarse en generar la capacidad de un país para actuar de manera independiente, teniendo en cuenta sus propios intereses y prioridades en el panorama internacional.

Para eso es necesario adecuar las capacidades militares y de defensa para respaldar ese tipo de política.

Se genera así una forma de geometría variable en las relaciones internacionales, lo que puede llevar a un acercamiento muy estrecho a algún global player en algunas materias de nuestro interés y alejarse de ese mismo actor en otras áreas por el mismo motivo. Esa flexibilidad también responde a que los intereses nacionales cambian según el problema específico y con el tiempo, debido a factores internos y externos, por lo que deben ser revisados y ajustados periódicamente.

En la gira a Europa el Presidente demostró que Chile prioriza claramente sus intereses y fortalece su capacidad de acción al perseguir sus objetivos nacionales sin alinearse completamente con ninguna potencia, pero aceptando acuerdos de mutuo interés cuando corresponde y conviene. Ello evita el aislamiento y afianza nuestro rol como actor regional en el ámbito global, especialmente en áreas como el comercio exterior, la seguridad y la defensa, la economía y la tecnología, buscando que esas relaciones incrementen nuestra independencia. Porque hay que asumir que no es posible una verdadera autonomía estratégica sin ellas.

¿Cuál es la mayor dificultad para sostener esta política? Sin duda, las divisiones internas al interior del país. Actores de la derecha política han actuado dañinamente al afirmar que preferirían mantener una mayor dependencia de ciertos actores globales.

La tentación de las “relaciones carnales” con Estados Unidos y la subordinación mecánica a una OTAN idealizada, no contribuye a priorizar los objetivos nacionales. De igual forma operan ciertos discursos anquilosados de cierta izquierda, que como ha señalado el Presidente Boric, construyen una romantización de Rusia como un contrapoder a Occidente, sin reconocer el carácter imperialista, iliberal y reaccionario del régimen de Vladimir Putin.  

De cara al futuro, es necesario que nuestra cancillería avance en mayor claridad conceptual en esta política. Se requiere un enfoque de política exterior inobjetable, que cohesione a las distintas fuerzas políticas del país, de modo que todas ellas asuman la necesidad de un equilibrio cuidadoso con las alianzas geoestratégicas y los socios internacionales.

Ello puede crear descontento entre los interesados en que Chile se posicione unilateralmente en el actual escenario de polarización mundial. Pero la autonomía estratégica es la única forma de fortalecernos en un mundo competitivo y sujeto a los vaivenes de múltiples potencias, en creciente tensión interna y en disputa acelerada por la hegemonía global. 

Es satisfactorio constatar que Chile es un socio estratégico altamente valorado en Europa, y sin embargo este posicionamiento no ha implicado un desmedro de sus intereses nacionales, adecuadamente equilibrarlos con la cooperación multilateral y el respeto al derecho internacional. Todo indica que el país deberá perseverar en la búsqueda de la mayor capacidad de acción autónoma posible dentro de este sistema internacional cada vez más interdependiente.  

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