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Opinión

6 de Julio de 2024

Columna de Roberto Merino | Sonrisa de gato

Foto: AgenciaUno

Roberto Merino escribe sobre la enigmática sonrisa de la Mona Lisa, que le recuerda a su gato. "La primera vez que escuché la palabra 'enigmática' fue una mañana de invierno de fines de los sesenta, una mañana de lámparas prendidas. Mi papá fue quien la pronunció, echado de costado en mi cama, mostrándome las diminutas ilustraciones de un diccionario. Se refería precisamente a la Mona Lisa", escribe.

Por Roberto Merino

Hace poco escribí sobre un poema infantil recordado al hojeo del viejo silabario Lea: un poema, o una poesía, como decíamos cuando niños, sobre la Mona Lisa. Se podría pensar que ese asombroso silabario, que según sus autores tenía en cuenta a Joyce, también consideraba las coordenadas de Freud. En el poema se insiste en el gesto más conocido del retrato: la sonrisa de la mujer, tildada de “enigmática”.

La primera vez que escuché la palabra “enigmática” fue una mañana de invierno de fines de los sesenta, una mañana de lámparas prendidas. Mi papá fue quien la pronunció, echado de costado en mi cama, mostrándome las diminutas ilustraciones de un diccionario. Se refería precisamente a la Mona Lisa. También me dijo cosas que nunca olvidé sobre Picasso y sobre Gainsborough.

Lo enigmático en la Gioconda no ha sido exclusivamente la sonrisa sino también la identidad del personaje y el paisaje del fondo, cuya referencia real se redescubre en Italia cada cierto tiempo. 

Cuando tuve veinte años mi primo Carlos, psiquiatra, que pasaba todas las tardes por mi casa, me instó a leer el análisis que hace Freud de la obra de Leonardo en atención a sus atavismos sexuales. Un par de días más tarde estimé pertinente comentar con voz altisonante que la utilización del arte para probar modelos psicológicos o claves biográficas me parecía un modo de no entender nada, algo intelectualmente despreciable. Mi primo se llevó el libro de vuelta con un gesto de indiferencia y nunca más hablamos del tema.

Mona Lisa. Foto: AgenciaUno.

Vuelvo a leer cuarenta años después el mismo libro: Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci como si prosiguiera en el trazo de un círculo. Esta vez la decodificación psicoanalítica me parece fascinante Nuevamente aparece la condición enigmática de la sonrisa de la Gioconda, en la que se insinuaría una segunda sonrisa, la de la madre del pintor, como una amable presencia fantasmal. 

En un brevísimo texto de El idioma de los gatos y otras comunicaciones, Spencer Holst imagina un encuentro entre la Mona Lisa y Buda: se miran y se sonríen. 

Desde que llevé a vivir a mi casa a un gato romano me llueven los consejos sobre su alimentación y crianza. No sé muy bien cómo administrar tanta información, nunca hubiera pensado que existía tanto experto en gatos. En las redes hay personas que incluso saben lo que los gatos piensan, pero no cuentan cómo se logra ese conocimiento.

El asunto es que con el gato pasamos mucho tiempo juntos, ajustando cada día los detalles de la convivencia. Lo que más me gusta es mirarlo dormir estirado sobre una especie de echarpe en estado cataléptico, como si su alma se hubiese ausentado temporalmente. Lo que permanece invariable en ese caso es la sonrisa, la sonrisa aparente de todo gato. Ese rasgo anatómicamente determinado acentúa el misterio que se suele asociar a la presencia-ausencia de los gatos. Tiene que ver con la máscara que nos ponemos para mirar y ser vistos. 

Es lo que sucede, por cierto, con el Gato de Cheschire, el personaje de Alicia en el país de las maravillas, que en lo alto de un árbol desaparece quedando de él solamente su sonrisa suspendida en el aire. 

Aprovechando el impulso revisé poemas sobre los gatos de Eliot, de Neruda, de Borges, de Juan Luis Martínez, de Enrique Lihn. Coincidentemente son poemas muy inspirados y hay en ellos un motivo en común: la condición enigmática del gato, el modo cómo se circunscribe en el espacio, el sigilo de sus desplazamientos, su disposición metafísica. Se podría decir, como afirmó Leonardo del arte, que un gato es en cierto modo “cosa mental”.

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