Opinión
12 de Julio de 2024
Columna de música de Felipe Rodríguez | Desde Ana Tijoux hasta Beth Gibbons y Charli XCX: El poder musical de las mujeres
Felipe Rodríguez, columnista de música en The Clinic, escribe sobre cómo los mejores álbumes del primer semestre del año estuvieron firmados por mujeres. En Chile, Ana Tijoux lanzó su primer disco en diez años ("el mejor y más maduro trabajo de su carrera"), mientras desde el mercado anglo destaca a Charli XCX ("pop de vanguardia"), The Last Dinner Party ("un trabajo lleno de ideas frescas, desde música clásica a glam setentero pasando por ABBA") hasta Beth Gibbons, líder de Portishead, que debutó en solitario con “Lives Outgrown” y que para el columnista se trata de lo mejor de la mitad del año.
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Poco antes de lanzar en 1939 el single “Strange Fruit”, la primera canción protesta de la historia, que describe el linchamiento y posterior ahorcamiento de dos negros en el sur estadounidense, la cantante Billie Holiday era reconocida en los círculos de jazz y alabada por su interpretación sensual y profunda. No así para la revista Time, que en un artículo de esa época sobre ella reparaba en aspectos más pedestres: “No le preocupa su forma física, visto que no hace dieta. Pero le entusiasma cantar”.
Treinta y cinco años más tarde, Joni Mitchell, la figura femenina más importante de la música estadounidense de los 70, tenía su propio gallito con la revista Rolling Stone. Aunque sus compañeros de generación la elogiaban, el medio minimizaba sus logros artísticos porque no le interesaba aparecer en sus páginas.
Libre y desprejuiciada, Mitchell acumuló conquistas (conocidas) en pocos años: Graham Nash, Warren Beatty, Jackson Browne, David Crosby y James Taylor. Rolling Stone, por aquella época todavía vocero de la contracultura, actuaba en sus artículos sobre la solista con reproche conservador. Disfrutaba exhibiendo sus relaciones amorosas y la llamaba “la devoradora de hombres”.
Pese a artistas notables como Nina Simone, Joan Baez, Janis Joplin, Violeta Parra, Madonna y Amy Winehouse, entre otras, que marcaron a generaciones por talento, carácter –aunque inestable en varios casos- y perseverancia, el protagonismo femenino en la música siempre ha sido un camino salpicado de interrupciones, doblemente exigente a la hora de demostrar su valía y menoscabado debido a que, hasta hace pocos años, su relevancia debía pasar necesariamente por la bendición de un ejecutivo discográfico.
Esa diferencia es, también, palpable bajo varios parámetros. El año pasado, solo el 35% de las mujeres ocupaba los primeros lugares en las plataformas de streaming. Y, a nivel de industria, los números son aún más desiguales. Se estima que en habla hispana apenas un 3% de mujeres asumen tareas de producción musical y un pobre 17% aparecen como compositoras.
Las cifras pueden esconder una velada misoginia. Pero los tiempos van cambiando y el empoderamiento femenino está empujando el cerco y otorgando un mayor mérito a la creación musical de las mujeres con Taylor Swift como estandarte. Este año, por ejemplo, los premios Pulsar fueron un reflejo de esta progresiva metamorfosis. El mejor álbum del año fue para Mon Laferte por “Autopoiética”, mientras que el mejor disco de rock premió a Chini.png y su obra, “El día libre de Polux”. Personalmente, el trabajo musical chileno más destacado de 2023 también fue para una mujer: Niña Tormenta y su álbum “Las Cosas Lento”.
La primera mitad de este año también arroja un saldo inédito y, curiosamente, poco valorado. La mayoría de los mejores trabajos expuestos tienen firma femenina. En Chile, después de diez años de silencio discográfico, Ana Tijoux publicó “Vida”, el mejor y más maduro trabajo de su carrera. No sucede muy a menudo que aparezca un disco con canciones tan bien escritas, de espíritu profundamente latinoamericano y de descripciones certeras de su tiempo, en que las transiciones rítmicas y estilísticas se manejan con tanta claridad que en ningún momento se desvirtúan en la intrascendencia. Es, por lejos, el álbum local más sobresaliente en lo que va de la temporada.
Fuera de nuestras fronteras, el liderazgo musical también es profundamente femenino. Beth Gibbons, líder de Portishead, debutó en solitario con “Lives Outgrown”, lo mejor de la mitad del año. Acostumbrada al ostracismo –apenas ha dado dos entrevistas en más de treinta años de carrera y no se conocen mayores detalles de su vida-, sus diez canciones son piezas de folk delicado, de reflexiones sobre las pérdidas humanas cuando se sobrepasa el medio siglo de vida y en que su gran virtud es atrapar al oyente a partir de melodías sensibles y tan fluidas como complejas.
La gran sorpresa es un quinteto femenino llamado The Last Dinner Party. En 2022 y, con unos pocos singles en la calle, fueron elegidas por The Rolling Stones para ser sus teloneras. La desconfianza surgió de inmediato -¿por ser mujeres?- entre el público y los críticos. Cómo era posible que un grupo desconocido y con apenas unos cuantos temas tuviera ese privilegio. Su disco debut, “Prelude to Ecstasy”, producido por James Ford –Depeche Mode, Arctic Monkeys-, es un trabajo lleno de ideas frescas, desde música clásica a glam setentero pasando por ABBA, y en que las aflicciones románticas son el material central de sus letras.
Charli XCX es el destape. Su nuevo disco, “Brat”, funciona como un pop de vanguardia, de aquellos que parecían olvidados. Hecho para bailar y con una fanaticada cada vez mayor –en Chile se celebran fiestas en su nombre-, sus letras hablan de su status de celebridad y suena como una Dua Lipa recargada con vodka.
En Estados Unidos, dos álbumes de mujeres sobresalen. Alimentado por su fascinación por personalidades como Charles Manson y por películas como “No es País Para Viejos” de los hermanos Coen, Jessica Pratt y su disco “Here in the Pitch” es un manifiesto de amor por la música atmosférica de los 60 de Beach Boys y, especialmente Scott Walker, junto a toques de bossa nova. De aspecto más vanguardista, St Vincent –en su primer trabajo autoproducido- y su disco, “All Born Screaming”, une rock, electrónica, reggae y pop bajo letras de angustia existencial en un formato novedoso.
Con una respetable producción de un trabajo por año desde 2019 a la fecha, la guatemalteca –afincada en México- Mabe Fratti es una de las voces más novedosas y experimentales de Latinoamérica. En su nuevo disco, “Sentir que No Sabes”, exhibe una visión musical personalísima, amparada en su voz cándida y efectos instrumentales originales. La argentina Nathy Peluso, por su parte, en “Grasa” luce un trabajo demoledor, que mezcla sonidos latinos con pop moderno, refrescante, siempre apto para el gran público y con líricas que hablan de sus experiencias personales.
La aguja está cambiando y, según coinciden la mayoría de las solistas, la transformación central se debe a que las mujeres están dejando atrás el miedo escénico y obviando las comparaciones entre ellas para expresar todo su potencial artístico con autonomía. Al menos, en esta primera mitad del año, lo están logrando con tanta distinción como calidad.



