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Por qué con el paso de los años nos vamos quedando con menos amigos: viviendo en una era moderna competitiva, individualista y de consumo

Un mundo moderno de amistades menos profundas y mensajes por whatsApp que nunca se responden. "Cerca de los 50 vamos perdiendo amigos y la sensación de soledad e individualismo crece”, dice Ana María Fernández, directora del Laboratorio de Evolución y Relaciones Interpersonales. Hace cinco años, hacer nuevos amigos estaba dentro de las cosas menos importantes para el 63% de los chilenos. En 2023, solo el 5% tenía más de 10 amistades. La vida de hoy propicia más posibilidades de tener trayectorias de vida distintas a las de quienes, en algún punto, compartieron gustos, actividades y responsabilidades.

Por 13 de Julio de 2024
Ilustración: Camila Cruz
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Una serie de mensajes en whatsApp en el grupo de amigos y sin respuesta. Llamadas prometidas pero incumplidas. Cancelación de planes a último minuto. Problemas para ponerse de acuerdo en una fecha en la que todos puedan juntarse. Palabras de cariño que, por alguna razón, nunca se transforman en algo concreto: “Amigo, te extraño, veámonos pronto”. “Qué es de tu vida, juntémonos la próxima semana”. Y nada pasa. Transcurre el tiempo y, casi sin advertencia ni intención, esas personas van desapareciendo de la vida. 

En 2009 un científico holandés estudió los vínculos de amistad de más de mil personas durante siete años exactos. El resultado arrojó que solo el 30% de los amigos de esa gente mantuvieron una determinada relevancia en sus círculos. Y por razones “prácticas”. Quince años más tarde, la caducidad de la amistad se ha vuelto parte de un mundo de matices. Los especialistas ya no apuestan por una fecha exacta de término.

Pero lo cierto es que más de alguien puede comprobar por experiencia propia, que mientras más años van pasando, más amigos van desapareciendo. “No diría que la estrechez de amistad es un fenómeno propio de lo humano, sino más bien de la dinámica cultural”, comienza a explicar María Pía Santelices, académica especialista en apego de la Escuela de Psicología UC e investigadora de MIDAP. “Pero sí es cerca de los 50 años donde, efectivamente, el fenómeno de ir perdiendo amigos sucede y la sensación de soledad e individualismo crece”.

Foto AgenciaUno

A los 63 años, Sergio Villela recuerda que su soledad empezó a los 40, después de separarse. Por circunstancias tan específicas como el hecho de dejar de ver amistades que tenía con su pareja o tener que cambiarse de barrio. Unas cuadras más allá de su casa nueva, encontró un bar al que empezó a ir a la hora de almuerzo para no cocinar. Se empezó a topar con la misma gente todos los días. “Hombres solos, con hijos grandes y sin amigos. El boliche se convirtió en un salvavidas, una ocupación, una distracción para mi”, cuenta Villela. 

Las amistades se empezaron a estrechar. Además, se sumaron un par de mujeres que también Iban seguido al bar para cantar karaoke y a pasarlo bien. Terminaron siendo 12. Pronto empezaron a viajar juntos. Salían fuera de Santiago los fines de semana. Luego volvían, salían al bar, salían a bailar y así. No duró mucho más. “El grupo se desgranó hace años. Aunque sigo yendo solo al bar, es difícil ser hombre solo y no pertenecer a ningún grupo. A ningún club. A ningún hobbie colectivo…”, continúa Villela con melancolía.

La amistad significa apego personal, puro y desinteresado que se nace y se fortalece según el trato, según la RAE, pero el trato no es suficiente ni es el único componente que asegura su permanencia. Una persona puede ser cariñosa y atenta en la palabra, más no crear un vínculo profundo y duradero. “Uno de los componentes más importantes es el tiempo. Compartir menos puede debilitar la relación. Además, las amistades combinan reciprocidad e individualidad. Es necesario dar y recibir, pero también desarrollarse autónomamente —con desiciones propias— a través de ella”, explica Raimundo Frei, Doctor en sociología de la Universidad Humboldt de Berlín.

Los quiebres más dolorosos entre amigos

Como el desenamoramiento, existe la des-amistad. El dolor de ese quiebre no depende de la cotidianeidad —como sí podría haber dependido el mantener la relación en buen estado—. “Nadie se muere porque un amigo está haciendo otra cosa o en otra parte y la vida está siguiendo su curso”, dice Ana María Fernández, directora del Laboratorio de Evolución y Relaciones Interpersonales y docente de Psicología en la USACH. “El tema es volver al punto donde se dejó una amistad a la que no se le prestó importancia en el momento adecuado”.

Los chilenos, según estudios realizados entre 2019 y 2023, no son precisamente amistosos. Hace cinco años, hacer nuevos amigos estaba dentro de las cosas menos importantes para el 63% de los encuestados por Lipton y La Vulca. El 99% prefería su bienestar personal. El año pasado, la Encuesta Bicentenario publicó que el 35% tuvo entre 3 y 5 amigos. Solo el 5% tuvo más de 10. Sergio Villela, tenía 12 a los que invitaba a asados en su parcela los fines de semana. Hoy, le quedan 3 a los que ve solo si van al bar. 

“Esta vida competitiva, individualista y de consumo también penetra la amistad. Si no me sirve, para que voy a gastar tiempo en juntarme o hablar con una persona. La amistad pasa a ser un bien de consumo”, opina la psicóloga María Pía Santelices. He ahí el dolor más grande del desvanecimiento de una amistad. El darse cuenta de que solo funcionaba porque el otro obtenía un rédito. 

Pasa cuando se busca a un amigo para contarle un problema y recibir apoyo, pero éste escucha brevemente y comienza a hablar de sí mismo. O el que nunca se puede comprometer a juntarse porque siempre puede surgirle un panorama mejor. O el superador de anécdotas, que siempre tiene un ejemplo de una experiencia propia superior a la que se le cuenta. “Lamentablemente vamos para allá”, reitera Santelices, a lo que Ana María Fernández agrega que en la amistad “se aguanta mucho”. 

“Si uno tiene una pareja que es alcohólica, puede hasta arruinar la relación. Pero si es un amigo, uno lo tolera más en todos los sentidos. Ese aguante, como en todas las relaciones tóxicas y abusivas, puede perpetuarse en el tiempo. Hay un límite. La ciencia, dice que uno se apega a las personas que realmente te demuestran que te valoran”, explica Fernández. 

¿Caminos de vida diferentes? Sí y mucho más que antes

Las trayectorias de vida diferentes son las principales responsables de que el círculo de amigos se vayan estrechando a medida que pasan los años, según los especialistas. Suena lógico, se comparte más con quien se comparten más cosas. Para eso, hay que tener vidas que no sean tan desiguales. 

Pero las trayectorias de vida se han vuelto más relevantes en los vínculos sociales producto de la globalización. No es un cliché de que las pantallas no contribuyen a los vínculos reales. Se trata de las cosas que se comparten y crean la intimidad.Si uno mira hacia atrás, cuando el mundo era más estable y menos globalizado, uno compartía las mismas etapas vitales con los amigos. En cambio ahora, las trayectorias son distintas”, explica Ana María Fernández. 

Foto: AgenciaUno

Se refiere a que si hoy no se comparte una etapa vital con otro, rápidamente se puede cambiar de experiencia y conocer nuevas personas que sí la compartan. “Uno se asocia durante toda la vida con personas que son parecidas a uno. De vez en cuándo te atrae algo distinto, pero no suelen ser dos experiencias completamente distintas. Como por ejemplo que uno tenga hijos y el otro no, y se vaya a explorar al Himalaya en las vacaciones”, dice.

Hay una oferta interminable de actividades de vida para todos los gustos. Incluso el trabajo, donde se puede pasar la mayor parte del día, se puede reemplazar más rápido que antes y con eso, encontrar nuevos círculos con intereses parecidos. De hecho, para el 53% de los chilenos los compañeros de trabajo están dentro de las personas menos importantes en su vida y el 50% comparte menos de una hora con ellos, según el estudio publicado por Lipton. No son relaciones tan profundas. 

Luego, está la idea de que a través de las redes sociales se puede estar al día de la vida de los amigos con trayectorias distintas. Incluso, si no se les habla. “Se piensa que se puede mantener la misma calidad en las relaciones gracias a las redes sociales y no es tan así. Hay una parte esencial que es el tacto, compartir cariños, abrazos, lo que sea para que por último una mirada cómplice nos provoque afecto”, cuenta Ana María Fernández. 

Peor es el estar pendiente de alguien cuyo afecto se fue desvaneciendo en el tiempo. “Si uno está viendo a un amigo en las redes, se entera de lo que está haciendo y sabe dónde está, es una conexión distorsionada, porque uno observa que ese amigo lo está pasando bien, con otra gente, y no tiene tiempo para juntarse con uno. Es más nefasto verlo”, agrega. Una experiencia así, tarde o temprano puede terminar en la pérdida de esa conexión presente. 

El chileno, amigo de apego evitativo

Estar presente se trata también de sentirse seguro. La psicóloga María Pía Santelices relata que en 20 años de estudios sobre el apego, descubrieron que “el chileno en realidad es propenso al apego evitativo”, según dice. 

Sergio Villela admite que cree que lo padece. “A los amigos antiguos les he hecho el quite porque siguen casados… a esta alturas de la vida, son más pasivos. Están más metidos en sus familias, algunos van al gimnasio, tienen hobbies, qué se yo. Yo no tengo esas cosas, no tengo ‘un grupo’, y eso para una persona es súper difícil”. 

Lo mismo cree Hernán Asalgado (43), kinesiólogo de profesión y actualmente operador en un dique flotante en Puerto Montt. “Yo tengo un tipo de apego inseguro, evasivo. Le hago el quite a las discusiones, para poder abrirme a las personas necesito estar súper en confianza para profundizar en un vínculo emocional. Por lo demás, me gusta resolver mis cosas solo. Es en parte cómo influyó mi crianza en mi subconsciente”, cuenta.

Hay una explicación para que en Chile se estén viendo cada vez más vínculos evitativos. Según Santelices, está directamente relacionado con los tipos de amistad que se desarrollan a lo largo de la vida: “Ahora la amistad es más superficial y con menos compromiso. Justamente la persona con apego evitativo evita el compromiso y la intimidad emocional, no porque quiera, sino por temor al rechazo, porque su historia le ha dicho que es mejor no involucrarse para no sufrir”. 

Pero en la historia de Asalgado hay una diferencia. No cree en que la amistad tenga un tiempo de caducidad. Tampoco en que los afectos no se desarman si pasa mucho tiempo sin verse. Ha vivido en seis países distintos en distintas etapas de la vida. Su primer amigo del colegio, Víctor, sigue siendo la persona con la que más intercambio ideas y emociones en el día a día. Lo conoció a los 4 años y hoy, él vive en Estados Unidos. Lo ve cada dos años pero asegura que gracias a las redes, conversan todos los días. “Tenemos genios e intereses afines. Nos preocupamos cuando el otro está mal, nos mandamos buena onda, nos damos ideas para progresar. Hay mucho afecto”, cuenta. 

La razón, según el sociólogo Raimundo Frei, también radica en la cultura. “La persona que vive en el encierro y con temor al espacio exterior, tiene dificultades para desarrollar vínculos de amistad”, explica. No fue el caso de Hernán Asalgado, que ha recorrido el mundo y cambiado de hogar varias veces.

El hecho de que 27% de los chilenos declaró en 2023 “no tener ningún amigo”, se cruza también con que el 65% dijo que “no pertenecía a ninguna asociación”. El aislamiento y el encierro, según Frei, “es causa de un estado de depresión que provoca propensión a la soledad”. Los números son relevantes también para el futuro, pues el 77% de los encuestados entre 18 y 24 años también declaró no pertenecer a un grupo. 

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