Opinión
28 de Julio de 2024
Perfil del expresidente de la UDI: La travesía por el infierno de Javier Macaya. Por Kike Mujica
En los últimos días, dos eventos marcaron la salida de Javier Macaya de la presidencia de la UDI. Primero, una entrevista en televisión donde mencionó que una grabación familiar "editada" sustentó la denuncia judicial por abusos sexuales contra menores en contra de su padre, Eduardo Macaya. Segundo, un reportaje reveló que él y algunos de sus hermanos desacreditaron los testimonios de la menor abusada. El columnista de The Clinic, Kike Mujica, escribe sobre ambos episodios y analiza la trayectoria del senador, su relación con José Antonio Kast y Gabriel Boric. También su futuro político, citando a Churchill: "Los políticos nunca mueren y si mueren, mueren varias veces. Habrá que ver cuánto dura la catalepsia del senador", escribe.
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¿Por qué habló Javier Macaya?
Dos semanas antes de la entrevista del domingo pasado con Iván Valenzuela, la producción de Mesa central se contactó con el senador para pedirle que hablara de la situación judicial de su padre, Eduardo Macaya. “No dijo sí, pero tampoco cerró la puerta”, cuentan en Canal 13.
Macaya les explicó que no hablaría antes de conocer la condena contra su padre y que, además, lo complicaba estar ad portas del Consejo General de la UDI, que el viernes 19 ratificaría las candidaturas para las elecciones de octubre. En la UDI sabían que en los puntos de prensa donde estuviera Macaya los reporteros le preguntaría por su padre. Es de esas noticias que nunca acaban.
Fue ese mismo viernes 19 cuando se conoció la condena: seis años de cárcel por abuso sexual contra menores. Ese día, en el canal, decidieron insistir. La respuesta fue incierta, pero con cara de negativa. “En la noche les respondemos”, dijeron. Cerca de las 22.00, Macaya finalmente aceptó: consideró que no podía seguir escabullendo el tema. No hubo petición de condiciones: en 30 minutos hablaría de la situación de su padre y luego de política.
En la UDI dicen que Macaya habló con pocas personas. Ese es su modo desde que se conoció la denuncia, cuenta un dirigente de la UDI: hermético con el tema. Por lo espinoso del episodio, tampoco muchos quisieron preguntar.
Lo poco que se le escuchó es que se circunscribiría a manifestar su respeto por las decisiones judiciales y -como senador y abogado- por el Estado de derecho; también precisaría que aún no existe una sentencia definitiva y reiteraría que había que proteger a los menores de edad.
El domingo pasado Macaya entró al estudio 6 del canal, donde se emite el programa. Iba saliendo de su entrevista con el fiscal Ángel Valencia. Se situó en el mesón a la derecha de Iván Valenzuela. Partió con el plan que tenía en mente -con previsibles balbuceos-, pero en el minuto ocho de la conversación dijo, en apenas 10 segundos, las palabras que lo condenaron:
“Acá es una situación que parte por una situación familiar de una persona que es grabado en un entorno familiar. Y bueno, a partir de eso se genera… grabado sin su consentimiento, grabado con un video que es bastante editado…”.
El precipicio se asomó. Era cosa de horas la caída. En picada.
El testigo del padre
La travesía por el infierno de Macaya -infierno creado por su progenitor- está lejos de terminar. Después de reconocer errores y su renuncia a la presidencia de la UDI, parecía que la atención se centraría desde ahora en el padre y menos en el hijo.
“Fue un error mencionar un detalle procesal del caso, en una frase que es desafortunada porque muestra poca empatía respecto de un tema que es fundamental: que es la defensa de la niñez… Respecto de tres de las menores involucradas en este caso, he estado siempre súper cercano, las conozco, conozco sus situaciones…”, dijo el martes.
Pero un reportaje de Meganoticias emitido el jueves lo volvió a la hoguera. El canal tuvo acceso al fallo judicial de 149 páginas. Según el informe periodístico, Macaya -el único hijo que fue testigo por parte de la defensa- junto a sus hermanos Constanza y Eduardo -testigos presentados por la fiscalía- desacreditaron los testimonios de una de las menores.
El tenor de los argumentos que se filtraron es lo que seguramente traerá coletazos.
“Cabe hacer presente que, tanto el acusado -el padre- como los hijos de éste, Constanza, Eduardo y Javier (…) efectuaron cuestionamientos respecto de la conducta de NN. Fue así como señalaron que es una niña ‘agrandada’, pues desde pequeña usaba teléfono celular, tenía Instagram, hacía TikTok bailando y publicó en una red social una fotografía en la que aparecía con un pañuelo verde apoyando la causa proaborto. Agregó el acusado que en una ocasión la vio haciendo un gesto (obsceno)”, describe el fallo dado a conocer por Meganoticias.
El texto agrega que “se confirma lo que el Ministerio Público había advertido a través de la Unidad de Víctimas y Testigos (Uravit): la postura del entorno familiar del imputado es negar la ocurrencia de los hechos o que estos hechos no son delitos” y concluye que la defensa exhibió argumentos a fin de “desprestigiar no solo el contenido de la información, sino la persona de la cual emanaba”.
Estas palabras serán un verdadero karma político para el senador. Nadie sabe por cuánto tiempo.

Cepa UDI
Javier Macaya proviene de una conocida familia de viñateros -venden un cabernet que se llama Eduardo Macaya- de Placilla, en la VII región. Su bisabuelo Eduardo fue el creador del vino Macaya en 1914.
El senador vivió hasta los 18 años en la amplia casona del fundo Santa Elena en Placilla. “Son, como aquí en el campo dicen, ‘gente de plata’”, dice un vecino de San Vicente de Tagua Tagua.
Nació en 1979, hijo de Eduardo Macaya y María Teresa Danús Larroulet. Son cinco hermanos. Estudió en el Instituto San Fernando, conocido como “los maristas”, el mejor colegio de la zona. Ingresó a Derecho en la Universidad Católica y recorrió todo el “pregrado y posgrado de la UDI”: movimiento gremialista, fundación Jaime Guzmán, diputado (2010-2022), tesorero, secretario general, senador (2022-2030) y presidente del partido (2020-2024).
La primera vez que me reuní con Macaya fue en 2015. Era secretario general de la UDI. Por esos días el partido vivía la crisis más grande después del caso Spiniak: Penta. Sus directivos trataban de explicar que el financiamiento irregular de la política era una práctica extendida. La tormenta fue tal que se llevó consigo al presidente de ese entonces, Ernesto Silva Méndez. Macaya asumió un mes como interino.
Soquimich y el caso Caval le dieron oxígeno al gremialismo.
Esa fue la primera crisis de varias que le ha tocado vivir.
Recuerdo haber conversado con Macaya en marzo de 2022. Llevaba dos años como presidente del partido y asumía como senador. El país estaba con el péndulo muy cargado hacia la izquierda. Gabriel Boric era el nuevo Presidente de la República y la Convención Constitucional vivía una borrachera maximalista puertas adentro, porque la clase política, irresponsablemente, se había desentendido del experimento, para concentrarse en las elecciones parlamentarias y presidenciales.
Terminadas éstas, vino el golpe de realidad. Quedaba la recta final de la Convención y lo escrito hasta ahí despertaba los mayores temores de la derecha chilena desde la reforma agraria y la UP. Y también -más en privado que en público- del mundo exconcertacionista.
Por esos días había que elegir presidente del Senado y José Manuel Ossandón quería el cargo. Sin embargo, la UDI, contra todo pronóstico, apoyó a Álvaro Elizalde.
La movida política de Macaya tenía que ver con la necesidad de que el socialismo democrático intentara, en la recta final, contrapesar a los ultrones de la Convención. Elizalde debía entonces alinear a sus huestes para que, en algunos casos, perdieran el miedo y recuperaran, en otros, la sensatez.
“Su lógica fue que era mejor para ese momento un presidente de Senado de la izquierda moderada que uno de derecha, el que acentuaría la polarización con la convención”, me dice un miembro de la UDI, quien, asimila -“guardando las proporciones”- esa gestión con la que realizó Jaime Guzmán cuando en 1990 apoyó, contra todo pronóstico también, a Gabriel Valdes para que fuera presidente del Senado.
“Esa decisión revela que es hábil políticamente. Es muy lúcido”, dice un cercano en la UDI. “Se puede confiar en su palabra. Cumple lo prometido y no filtra conversaciones”, me dice un exmilitante de la UDI, hoy en el partido Republicano.
Su ánimo de diálogo también se vio reflejado en su relación con el Presidente Boric. “Desde que eran diputados que se llevaban bien. Cuando el Presidente llegó a La Moneda fue su interlocutor. Era una relación fluida y bien directa. A veces se daban por la prensa, pero en privado había respeto y valoración mutua”, cuenta un cercano a La Moneda, quien pone como ejemplo la negociación entre los dos para dar curso a un segundo proceso constituyente.
Pesadilla JAK
Macaya no le gusta a cierta derecha, que lo considera blando. Demasiado. Ni hablar de los ultrones, como la banda de Francisco Muñoz, chapa “Pancho Malo”, que lo han perseguido para funas varias por “entreguista y antipatriota”.
De hecho, fui protagonista de una. Cuando llegaba a canal 13 para participar en el programa Mesa central, un grupo de fanáticos azuzados por Muñoz me impidió pasar hacia el estacionamiento. Sospechaban que transportaba a Macaya -invitado ese día al programa- en la maleta del auto.
“El Macaya va atrás”, gritaba una anciana enfurecida mientras trataba de abrir a la fuerza mi maletero.
Volvamos a lo serio.
José Antonio Kast es la mayor pesadilla de la UDI. Desde que renunció en mayo de 2016, el partido lo mira de frente, de reojo, de espalda; siempre lo está mirando para controlarlo y evitar una estampida masiva a Republicanos, que sepultaría al gremialismo.
Sobre todo después de las elecciones de 2021, cuando Kast dio el zarpazo y se instaló en la segunda vuelta. Y también con la paliza que les infringió Republicanos en la elección de los consejeros constitucionales.
“A Javier le ha costado mucho encontrarle la mano a la relación que debemos tener con republicanos. Quedó al debe, porque no podemos hacer vista gorda con su éxito: hay que entender el fenómeno republicano y Javier no lo logró”, opina un cercano al senador.
Esa crítica es la suave. Un histórico militante de la UDI me dice que “Javier es muy querido en el partido. Su conducción, pese a las discrepancias normales, ha sido de unidad más que de división. Dicho esto, si uno mira los resultados electorales y las acciones en que se ha embarcado, yo diría que no ha sido para nada una gestión exitosa”.
Esta voz representa a quienes critican el gobierno de Macaya. “En las últimas elecciones nos ha ido mal. A Lavín en las primarias le fue pésimo. El resultado electoral en la votación del Consejo Constituyente fue desastroso”, me dice un militante. Otro agrega: “Todo indica que en la próxima municipal tampoco nos irá bien. Perdimos Las Condes, Lo Barnechea y no vamos en Santiago”.
La disidencia acusa que bajo la gestión de Macaya la UDI ha actuado no con camino propio sino más bien siguiendo las lógicas de Chile Vamos. “El elector de la UDI es bien de derecha, claramente opositor, y Javier ha sido demasiado dialogante con la izquierda. Él se corrió al centro y con ello se nos metió Republicanos. Será muy difícil recuperar ese espacio”, argumenta otro militante de viejo cuno.
¿Cuánto afectará el episodio de su padre a él y a la UDI?
Nadie puede aventurar respuestas definitivas. La primera reacción del sector fue aislarlo para evitar el temido contagio político. Una visión distinta tiene un ex dirigente del gremialismo: “Si nos va mal no será por el caso judicial de los Macaya. Será por la gestión política de Javier y, ahora, la de Guillermo Ramírez, para recuperar nuestro electorado natural que lo hemos ido perdiendo con el tiempo”.
Sobre el futuro de Macaya, el corto plazo se ve complicado, sobre todo por la filtración de sus dichos en el proceso judicial. Se le atribuye a Churchill la frase de que los políticos nunca mueren y si mueren, mueren varias veces. Habrá que ver cuánto dura la catalepsia del senador.



