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15 de Octubre de 2024

El legado de Antonio Skármeta: el boom de “Ardiente paciencia”, su exilio junto a Raúl Ruiz y la inspiración para una generación de escritores

“Yo siempre he sido un pop”, decía el escritor y guionista, parte de la generación del 60, quien se ganó los elogios con sus cuentos de juventud y la fama internacional con sus novelas adaptadas al cine como Ardiente paciencia. Traducido a más de 30 idiomas, impulsó las carreras de jóvenes autores y llevó la poesía a la televisión en su programa “El show de los libros”. El narrador, quien en 2014 fue operado de un cáncer estomacal, falleció este martes, a los 83 años.

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Tenía 29 años y había publicado los cuentos reunidos en El entusiasmo y recién había obtenido el Premio Casa de las Américas, de Cuba, por el libro Desnudo en el tejado. La prensa lo elogiaba. “Antonio Skármeta es, sin duda, el mejor escritor joven de este país. Ha sacado a nuestra narrativa del tedio en que se encontraba”, apuntaba la nota de prensa de 1969. En ambos títulos están sus narraciones más memorables, donde con maestría habla de las experiencias cotidianas incluyendo relatos como El ciclista del San Cristóbal.

“Quienes comenzábamos a escribir a principios de los años setenta del siglo pasado encontramos en él a un joven gurú”, anota el escritor mexicano Juan Villoro, quien realizó el prólogo y una selección de los cuentos de Skármeta en el volumen Los nombres de las cosas que allí habían (2019).   

Nacido en Antofagasta, en 1940, Esteban Antonio Skármeta Vraničić, formado en el Instituto Nacional, en Santiago, siendo un veinteañero, y tras estudiar Filosofía en el Pedagógico en la Universidad de Chile, se instaló durante dos años con una beca a estudiar Literatura en la U. de Columbia, en Nueva York. De sus experiencias y lecturas viviendo en Estados Unidos, no dejaría de leer y recomendar a autores como Hemingway, Jack Kerouac, Raymond Carver, Salinger y Thomas Wolfe. Sin dejar pasar a dos cuentistas inigualables: Chéjov y Borges. “Había que escribir lo vivido. Si en esos años no se vivía con bastante intensidad todo, no había que escribir”, comentó el narrador de su escritura juvenil.  

“Mi obra está nutrida de la música pop y del jazz. Al modo latinoamericano y subdesarrollado, yo siempre he sido un pop”, señaló el autor quien, en 2014, mismo año que recibió el Premio Nacional de Literatura, fue operado tras detectarle un cáncer estomacal. “Efectivamente mi padre falleció esta mañana. Fue un largo proceso que empezó hace años con Alzheimer y terminó en una muerte natural”, confirmó su hijo Fabián Skármeta, ante el fallecimiento del escritor este martes, a los 83 años. Por la tarde, el autor fue velado en el Teatro Nacional Chileno.  

Además de autor de guiones para el teatro y el cine, Antonio Skármeta era un fervoroso promotor cultural. Integrante de la generación del 60 (“Uno de los más brillantes de su generación”, apuntó Ignacio Valente), junto a Ariel Dorfman, Poli Délano, Mauricio Wacquez y Antonio Avaria, a su regreso de EE.UU., fue parte del programa de televisión “Libro abierto” del canal de la U. de Chile. En 1971, y en Canal Trece, estuvo en la conducción de otro programa literario, “En cuento con Skármeta”. 

El narrador alcanzó reconocimiento entre los telespectadores con el programa “El show de los libros”, el cual se extendió, desde 1992, y por casi una década. Allí aparecieron en televisión narradores y poetas como Volodia Teitelboim, Pedro Lemebel, Armando Uribe, Claudio Bertoni y Nicanor Parra. Era un creador incansable. A fines de los 90, Skármeta estuvo en la conducción de otro programa cultural, “La torre de papel”, una cita semanal en el canal People+Arts. En sus últimos años, el narrador y exconductor señaló sobre la decadencia de la televisión chilena: “Siendo un medio tan vital, tan penetrante, se extraña la falta de sorpresa. No hay una exploración”.  

El reconocimiento internacional de Skármeta llegó tras convertir en novela el guion de Ardiente paciencia que, en su primera versión cinematográfica, en 1983, tuvo de protagonistas a Roberto Parada, Marcela Osorio y Óscar Castro, ganando importantes reconocimientos como en Huelva y Biarritz. 

La historia, que narra el vínculo entre el poeta Pablo Neruda y el cartero que le deja su correspondencia en Isla Negra, tuvo dos versiones en la dirección de Michael Radford, en 1994, y Rodrigo Sepúlveda, en 2022, con guion de Guillermo Calderón y emitida en Netflix. Además, el libro fue adaptado al teatro y a la ópera. Titulada también como El cartero de Neruda, la novela traducida a más de 30 idiomas, lleva 18 ediciones en Chile, en los registros que conserva la editorial Penguin Random House. “Cariñoso, sonriente me llevaste por primera vez al cine”, señaló la actriz Marcela Osorio tras enterarse de la muerte de Skármeta. “Gracias por tanta risa y por el gozo de hacer lo que más nos gusta”, agregó. 

El fraseo y la musicalidad de Antonio Skármeta

Durante la Unidad Popular integró el MAPU. Tras el golpe de Estado de 1973, Skármeta salió al exilió junto al cineasta Raúl Ruiz. Gracias a las gestiones del director alemán Peter Lilienthal, quien había filmado en Chile en marzo del 73, La Victoria, película con guion de Skármeta. El camarógrafo de la cinta fue Silvio Caiozzi. Antes de instalarse en Alemania Occidental, el autor pasó por Argentina donde publicó su tercer libro de cuentos, Tiro libre.   

“Él fue el que me envió los pasajes para salir de Chile. Mi vinculación con Alemania, indudablemente, pasa por Lilienthal”, comentó Skármeta quien trabajo en guiones de varias películas ya instalado en Alemania, donde regresó a comienzos del año 2000 como embajador del gobierno de Ricardo Lagos. En 2022 recibió la Medalla Goethe por su aporte al intercambio cultural y a la amistad entre ambas naciones.  

En sus primeros años en Alemania también escribió la novela sobre la Unidad Popular y el gobierno de Salvador Allende, Soñé que la nieve ardía (1975). Con los años, Skármeta se concentró en la escritura de algunos guiones y novelas con títulos como La chica del trombón (2001), El baile de la Victoria (2003) con el que obtuvo el Premio Planeta y que luego fue adaptada al cine por Fernando Trueba, y Los días del arco iris (2011). Como dramaturgo escribió la obra teatral El plebiscito, que Pedro Peirano adaptó para la película No, dirigida por Pablo Larraín, y que fue nominada al Oscar en 2012. “Me gustaban mucho las películas norteamericanas. Mi ídolo de la niñez era Danny Kaye y me gustaban todos los musicales”, dijo el autor, quien también tradujo al castellano obras de Scott Fitzgerald, Norman Mailer y Kerouac.   

A fines de los 80, Skármeta regresó desde el exilio en Alemania, a Chile. La prensa entonces informó que el autor realizaría “Un seminario de creación narrativa”, de siete meses de duración en el Instituto Goethe. El seminario taller llevaba el nombre del escritor alemán y Premio Nobel de Literatura, Heinrich Böll. Fue tan exitosa la iniciativa que se repetiría a comienzo de los primeros años de la década del 90. Por sus sesiones de taller pasaron entre otros, Marcelo Leonart, Nona Fernández, Rafael Gumucio, María José Viera-Gallo, Alejandro Cabrera, Luis López-Aliaga, Andrea Jeftanovic, Alejandra Costamagna, Alberto Fuguet, Hernán Rodríguez Matte y Francisco Ortega. 

Nos enseñó a presentar nuestros textos, a comentar los ajenos de modo profesional”, afirma la autora Andrea Jeftanovic. “Él nos trataba como colegas. Era muy generoso y entusiasta”, recuerda Francisco Ortega.

“Fue una experiencia intensa y provechosa; una experiencia de formación”, comenta la escritora Alejandra Costamagna, quien se refiere al legado de Skármeta: “Me quedo especialmente con la vitalidad y la frescura que marcan sus cuentos de los 60 y comienzos de los 70. El deseo, la cotidianeidad encarnada en la letra, la incorporación de la cultura popular, el fraseo, la musicalidad. El entusiasmo como marca de época y propuesta de escritura”.

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