Política
3 de Diciembre de 2024José Miguel Capdevila, exembajador en Francia: “Los embajadores de carrera son más vulnerables que los políticos, como los que son amigos del Presidente”
"La barra para medir al embajador de España es completamente distinta a cómo se mide a un embajador de carrera", dice el ahora exdiplomático, quien acusa una diferencia en el trato de los embajadores de este Gobierno según la cercanía que tengan con el Mandatario. Además, señala que la perspectiva de género le afectó en su caso: "La igualdad ante la ley se ve en serios aprietos. Hay preocupación en muchos colegas embajadores en su relacionamiento con funcionarias mujeres en la embajada". También señala que una "ministra influyente" estuvo involucrada en su salida.
Compartir
Suscríbete al newsletter
Hace tres semanas, José Miguel Capdevila, exembajador de Chile en Francia, demandó en los tribunales laborales a la Cancillería, por lucro cesante, daño emergente, y daño moral. Ello luego de que en 2023, a semanas de la gira del Presidente Gabriel Boric por Europa, que tendría pasos por Francia, le fuese solicitada la renuncia a la embajada por un sumario administrativo en su contra.
Tras ello, cuenta en esta entrevista —y en una carta al director en El Mercurio—, estuvo un año sin realizar funciones diplomáticas en Santiago hasta hace unos días, cuando la Cancillería, por pedido del Presidente Gabriel Boric, le solicitó la renuncia por pérdida de confianza.
“¿Cómo una semana antes conversando con la subsecretaria en su despacho, ofreciéndome la posibilidad de las embajadas, se determina mi salida?”, se pregunta el exembajador de 43 años de carrera diplomática, quien señala que los diplomáticos de su especie corren en desventaja con los que son nombrados por afinidad política.
En abril de 2023, revela, que vino al país para ver el tema de su sumario. En territorio nacional le pidió una audiencia al canciller Alberto Van Klaveren mediante su jefa de gabinete. “Esto fue vía WhatsApp. Le escribí y le dije que tenía intención de hablar con el canciller, fundamentalmente para contarle por el estado de la visita del Presidente Boric a Francia”, relata, recibiendo como respuesta un eventual confirmación.
“Nunca más me respondieron. O sea, el canciller no quiso recibirme. Va contra cualquier práctica diplomática de cualquier Cancillería”, menciona.
Además, Capdevila señala que “la barra para medir al embajador de Chile en España es completamente distinta a cómo se mide a un embajador de carrera”. A la vez que plantea una disyuntiva respecto a la perspectiva de género, en donde ve que las mujeres al integrar un gobierno feminista tienen menos posibilidades de que sus puntos sean rebatidos.
—¿Por qué cree que el Gobierno del Presidente Gabriel Boric tomó la decisión que tomó con usted?
—Creo que eso es el epílogo de un proceso que tiene que ver con persecución política. Y comienza en el momento mismo en el que me sacan de Francia y que se desarrolla a lo largo de un año hasta que el canciller me envía esta nota el 18 de julio de 2024, diciéndome que por orden del Presidente de la República, por temas de confianza, tenía que presentar la renuncia al cargo. Esa es la primera cosa.
La segunda es que es extraño que habiendo terminado un sumario con una sanción simbólica, y que después la subsecretaria Gloria de la Fuente me haya consultado la posibilidad de irme destinado como embajador a Guatemala y República Dominicana, lo cual decliné y mencioné que lo que quería era estar en Santiago y terminar el año y medio que me quedaba de jubilación, es curioso que una semana después de eso me llegué una carta del Canciller transmitiéndome lo que pedía el Presidente. Es a lo menos raro.
¿En qué momento se pierde la confianza? ¿Cómo una semana antes conversando con la subsecretaria en su despacho, ofreciéndome la posibilidad de las embajadas, se determina mi salida? ¿Qué pasó? ¿Cuál es la razón? Eso confirma la tesis de que esto es un proceso de persecución política. Ellos no me querían en la Cancillería. A mí me exoneran con 63 años en circunstancias cuando en la práctica expresa y tácitamente en la Cancillería es que los embajadores terminan jubilándose a los 65 años.
—Comenta en la carta que la génesis de todo tiene que ver con el sumario en su contra. ¿En qué consiste el sumario?
—Las dos denunciantes plantearon mediante una denuncia escrita una situación de presunto maltrato laboral. Eso fue antes del cambio de gabinete del 10 de marzo, el 7 u 8 de marzo de 2023. Cada una envió una carta y paralelamente emitieron licencias médicas. Entonces, mandaron la carta a Santiago, pidieron la denuncia, pidieron la licencia, y desde entonces no las vi más. Estuvieron tres meses, hasta que salí de la embajada, con licencia. En ese período en la embajada quedaron dos personas: el ministro consejero, mi número dos, que le hicieron la vida imposible y pidió traslado a Arequipa, y yo. Éramos cuatro y quedamos dos. Y nos tocó hacernos cargo durante los tres meses de marzo hasta junio en construir la agenda del Presidente en su visita a París, que se materializó el 19 y 20 de julio de 2023. Una situación completamente anómala. En la víspera, en los meses previos, ninguna Cancillería del mundo dejaría en absoluta orfandad a dos funcionarios a cargo de una visita presidencial.
—¿La denuncia tenía asidero?
—No me corresponde decir a mí si tenía asidero o no. Simplemente los hechos indican de que el sumario demostró tácitamente que las responsabilidades que se me atribuían en base a los cargos que se me habían planteado no tuvo la fuerza suficiente para que tuviera una sanción ejemplificadora. Se me da una sanción muy menor. Si los cargos hubieran sido tan sólidos, incluso, en este sumario extraño, teledirigido y construido, hubiese habido un resultado distinto, con sanciones mayores. Lo concreto es que no se pudo demostrar lo que la denuncia señalaba. Si se hubiese demostrado administrativamente la sanción hubiera sido absolutamente distinto.
—¿Qué señalaban las denunciantes?
—Cosas como que a mí no me gustaba trabajar con mujeres, lo que es absolutamente falso. Una decía que no la saludaba, la otra de que yo había ocupado parte de su expertise en los temas antárticos, que no le gustaba la forma en que como yo les criticaba los informes que hacían. Ese tipo de cargos. Básicamente apuntaban a construir la idea de que el trasfondo de todo esto había una cuestión de género, de misoginia hacia ellas. Es interesante que, salvo las denunciantes, nadie de la embajada de las personas que tomaron testimonio acreditó de que oyeron, sintieron, percibieron actitudes de maltrato laboral de mi parte hacia ellas. No hubo un sólo documento que pudo demostrar que eso fue así. Yo entregué una cantidad enorme de WhatsApps de intercambios con ellas durante el periodo en que se demuestra todo lo contrario, una relación absolutamente normal. Llama profundamente la atención de que tras todo eso yo no haya sido sobreseído en el sumario.
Capdevila: “Hubo una autoridad de Gobierno que estuvo en París, que según lo que entiendo, intervino en la Cancillería”
—¿Por qué lo perseguirían políticamente a usted?
—Porque esto fue una construcción de estas dos funcionarias y el marido de una de ellas, que trabajó conmigo en la embajada ante la UNESCO, básicamente porque la noción no caminaba bien. Había diferencia de caracteres. A ellas yo no les caía bien, y querían imponer su forma de ver las cosas. Y yo, como jefe de misión, tenía que imponer el orden natural. Y llegó un punto en que se dieron cuenta de que en el mundo que vivimos hoy, en el Chile que vivimos hoy, siendo amigas desde antes los tres, era muy fácil recurrir a su condición de mujeres para levantar cargos en un gobierno feminista, sabiendo que esos cargos del solo hecho que provienen de dos mujeres iba a ser difícil de poder rebatir. Apostaron a la segura y se lanzaron, pero no solas. Aquí hubo terceros intervinientes. Hubo una autoridad de Gobierno que estuvo en París, que según lo que entiendo, intervino en la Cancillería. Entonces era muy difícil que eso pudiera revertirse, en el sentido de que el sistema de la Cancillería hiciera un proceso imparcial, objetivo y transparente como sumario. Y se hubiera llegado a la verdad administrativa, que hubiese sido el sobreseimiento.

—¿Quién era esa autoridad que estuvo en París?
—Una ministra de Estado influyente.
—¿No dirá el nombre?
—Prefiero mantenerlo en reserva.
“No se está respetando carreras que son décadas de servicio a Chile”
—¿Qué opinión ha recogido de sus hasta ahora colegas por su situación?
—Una gran solidaridad, una enorme molestia y una preocupación, porque estas cosas no pueden ocurrir en la Cancillería. En ninguna parte de la gestión pública. Esto es un tema que hoy me tocó a mí, pero hay muchas personas, funcionarios de este Gobierno, que les han destruido la vida. Mujeres, hombres que no se les han respetado sus derechos laborales, en que las denuncias han sido tramitadas de manera exprés. Es muy complicado lo que está pasando en este país, que es utilizar una cuestión identitaria, como puede ser el feminismo, en que la victimización va a afectar a terceros. Y que la institución no vele porque esas denuncias legítimas sean transparentes, objetivas e imparciales en función de hacer justicia de verdad, sin sesgos.
Además, hay mucha preocupación en colegas que son embajadores de carrera porque saben que están expuestos a situaciones como la mía, en cualquier momento. Tú hoy, un sí o un no, más o menos fuerte, cualquier cosa que puedas decir o hacer, se puede interpretar por una subalterna mujer como una acción de hostigamiento o de acoso laboral. Ahí entramos con el tema de perspectiva de género y donde la igualdad ante la ley se ve en serios aprietos. Hay preocupación en muchos colegas embajadores en su relacionamiento con funcionarias mujeres en la embajada. Y lo mismo pasa con funcionarias mujeres en la embajada en Santiago, en la Cancillería. Porque cuando denunciar es gratuito y sabes que las posibilidades de que te vaya bien en la denuncia son grandes, eso subvierte al sistema y genera preocupación en los funcionarios que trabajan en la Cancillería.
—¿Los embajadores de carrera son más vulnerables que los embajadores políticos?
—Mira tú el caso de Javier Velasco, en España. O sea. Eso no necesita análisis. Es clarísimo. Los embajadores de carrera son más vulnerables que los embajadores políticos, y particularmente de aquellos que son amigos del Presidente. La barra para medir al embajador de Chile en España es completamente distinta a cómo se mide a un embajador de carrera, este caso puedo ser yo u otro. Esa es la realidad y es sin duda preocupante, porque al final no se están respetando carreras que son décadas de servicio a Chile.
Los embajadores políticos vienen, están 4 o 5 años, se van, pero los trabajadores de carrera han hecho una vida con esto. Que han servido a su país realmente, que a sus familias no les ha sido fácil vivir afuera. No siempre es Washington ni París ni Roma. Hay muchas destinaciones muy complicadas. Cuando tienes una persona que ha estado 40 o 30 años sirviendo a Chile. Y por cosas de este tipo se les trunca su carrera, se les violan sus derechos, es grave en el sentido institucional. Chile está pasando por un momento complicado en lo que es el debido proceso, frente a situaciones que puedan ser de género o de cualquier índole, pero no se están pasando las respuestas que se requerirían para tener un sistema más sano, un relacionamiento más sano entre hombres y mujeres. Eso no ayuda.
—¿El embajador Velasco debería haber salido de su cargo?
—Por supuesto.
“La política exterior de Chile bajo este Gobierno no ha sido una política particularmente elocuente en términos de resultados”
—Usted fue nombrado embajador bajo la administración de la entonces ministra Antonia Urrejola. Luego llega el canciller Alberto Van Klaveren y meses después se da su salida de la embajada en Francia. ¿Qué apreciación toma de él?
—El ministro Van Klaveren fue directamente responsable de mi salida de París. Él tomo la decisión y lo que me extraña es que un académico con tantos años de experiencia en la Cancillería, en el exterior, que conoce el sistema por dentro, haya decidido tan ligeramente tomar una decisión de ese tipo que no considera una cuestión elemental: toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Y segundo: que haya tomado esa decisión, y no recuerdo el caso de una Cancillería donde un embajador a un mes de la venida del Presidente de la República en una visita oficial, sea removido del cargo sin que haya una situación extrema. En este caso no lo hubo. Es doblemente llamativo lo que la actitud del ministro, frente al hecho de tomar una decisión sobre mi cometido en París. Esa decisión que tomó tenía algún margen de influencia producto de que había un mensaje de una ministra influyente que meses antes planteó la inconveniencia de que continuara sirviendo en el extranjero.

—¿La situación habría sido distinta si se mantenía a Urrejola como ministra?
—Probablemente sí.
—¿Por qué?
—Porque la conocí, trabajé con ella. A mí me correspondió organizar la dirección de América del Sur, la dirección más importante de Cancillería. Y a mí me correspondió la primera visita del Presidente Boric que realiza al extranjero, que fue a Argentina, el 9 de abril de 2022. Me correspondió organizar todos los contenidos políticos de esa visita. Era el debut internacional del Presidente. La ministra estuvo muy agradecida del trabajo que hice y me lo agradeció en varias ocasiones. Con ella trabajé durante marzo, abril y mayo y tuve una excelente relación. Me pareció una mujer sensata razonable, ponderada. Con ella hubiese sido distinto.
—¿Qué evaluación hace del ministro Van Klaveren y la política exterior de Chile?
—La política exterior de Chile bajo este Gobierno no ha sido una política particularmente elocuente en términos de resultados. Hay déficits evidentes. Faltaba una visión más estratégica en áreas importantes con Argentina, Perú, con Bolivia. Con Israel. Pero si miro retrospectivamente, el balance de esta gestión en política exterior creo que definitivamente no es el mejor.



