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Sergio Morales

Ciudad

16 de Diciembre de 2024

Crónica del colapso del Registro Civil por venezolanos en Chile: la precaria espera en la calle, durmiendo en cartones y con niños

Edrais Amador, junto a cientos de venezolanos, pasó una noche entre cartones y frazadas en las afueras del estadio Víctor Jara para obtener un RUN provisorio que le permita acceder a derechos básicos en Chile. La espera, marcada por la falta de organización, baños y resguardo, convirtió a los migrantes en números escritos con plumón en sus brazos para identificar su lugar en la fila.

Por Daniela Durán y Sebastián Palma
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Edrais Amador, ciudadano venezolano que trabaja en Chile como vendedor en Santiago, llegó a las siete de la tarde de ayer domingo al estadio Víctor Jara para completar el proceso de enrolamiento del registro civil en compañía de varios familiares, entre ellos sus tías, su esposa y su hijo de siete años.

Sabía, desde entonces, que la espera sería larga. Su intención era poder reservar un espacio preferente para a la mañana siguiente y así poder enrolarse a través del registro civil y concretar un anhelado trámite, obtener un rut provisorio para poder acceder a cotizaciones, como también a salud y educación.

Al llegar, sin embargo, entendió que su proyección de espera se quedó corta. Cortísima. A su alrededor vio a miles de sus compatriotas, la mayoría al igual que él con sus familiares. Los venezolanos se acomodaban en el suelo, algunos, los más precavidos, llevaron abrigo y asientos de plástico. A su alrededor no había baños y al haber presencia policial no había vendedores ambulantes.

Al ver la escena supo entonces que el proceso para obtener un número de atención sería un verdadero suplicio. Decidió actuar rápido antes de que llegara la noche, así que buscó un lugar cerca de la reja de ingreso, puso unos cartones en el suelo y unas frazadas que llevó para pasar el frío nocturno. Durante la noche le costó conciliar el sueño, algunos de sus compatriotas ni siquiera pudieron cerrar los ojos, ya que en el piso había cucarachas que no los dejaron dormir.

Se levantó temprano, antes de las seis de la mañana. La ventaja que se suponía podía haber alcanzado por pasar la noche allí se diluyó en segundos. Fuera del estadio se armaron dos inmensas filas, nadie sabía muy bien para qué servían, solo intentaban alcanzar el lugar más cercano a la reja de accesos posible. Edrais alcanzó el puesto 182, una persona que se identificó como funcionario se lo escribió con plumón en el antebrazo, por ese instante dejó de tener una identidad y pasó a ser eso, un número.

La dolorosa marca en el antebrazo de los ciudadanos venezolanos

María (quien pidió cambiar su identidad) no corrió con la misma suerte que Edrais. Ella también llegó la noche del domingo en compañía de su madre y durmió apoyada en cartones en el piso. Tras despertar no logró quedarse con los primeros puestos de la fila. Anotaron el número en su antebrazo, el que marcó el 570.

“Nos tratan como burros, se supone que Chile es el país más civilizado de Latinoamérica pero eso no es verdad”, señaló la mujer, quien recriminó a carabineros, por lo que consideró una espera inhumana.

Roberto llegó un poco más tarde, a eso de las 10 de la noche del domingo. Sus amigos le decían insistentemente por WhatsApp que el escenario ya era un caos. Roberto, a diferencia de María y Edrais no llevó mantas ni tampoco buscó cartones. Pese a su espera, la que fue más cruel que la de sus compatriotas, él no se mostró molesto, más bien parecía resignado a la espera. “Estoy dispuesto a quedarme una noche más si es necesario. Hay rumores de que abrirán otros centro en Valparaíso, incluso estoy pensando en viajar si se abre”.

“No hay sistema”

Uno de los mayores problemas que enfrentaron los venezolanos en las afueras del estadio Víctor Jara fue que en el momento en que se comenzaron a armar las filas, se informó que el sistema para el enrolamiento estaba caído. Desde el interior del estadio solo dejaron entrar a personas con movilidad reducida. El resto cambió el frío de la noche por el calor de 30° en el día.

Bajo el sol y sin sombra, los venezolanos que aguardaban su turno no tuvieron respuestas. Eso hasta pasada las dos de la tarde. El caos obligó al subsecretario del Interior Luis Cordero, a abordar la aglomeración de extranjeros que se generó en el barrio Meigs, a partir de un proceso de enrolamiento, y la confusión que algunos dijeron tener sobre un eventual trámite de empadronamiento.

La aglomeración en el registro civil ocurrió a cuatro días de que el Gobierno informara que llevará a cabo un proceso de regularización acotada para la población migrante que se sometió al proceso de empadronamiento biométrico.

Sobre la relación del tumulto con el anuncio de regularización del Gobierno, el subsecretario aseveró que “no tiene que ver una cosa con la otra”.

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