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Fotos: Gentileza Sebastián Badilla

Entrevistas

21 de Diciembre de 2024

La reinvención de Sebastián Badilla en Argentina: “Nunca he sido parte de la industria cinematográfica chilena”

El director, guionista y actor detrás de películas como “El limpiapiscinas” y “El babysitter” lleva un año y medio viviendo en Buenos Aires, donde ha incursionado prolíficamente en la escritura e interpretación en teatro, que se ha convertido en su principal ocupación. En conversación con The Clinic habla sobre el fracaso de sus últimas películas, se refiere a los prejuicios en torno a su figura y recuerda los consejos que le dio Adam Sandler: “Concéntrate en que no se te vaya esa pasión de niño”.

Por Raimundo Flores S.
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A los 14 años, Sebastián Badilla viajó a Buenos Aires para ver por primera vez cómo proyectaban una creación suya en un cine. Su cortometraje debut, “Psicodelia fortuna”, que mezclaba comedia y terror, había sido seleccionado en el histórico festival Buenos Aires Rojo Sangre, el más antiguo en Latinoamérica en estar especializado en cine fantástico.

Badilla fue a Buenos Aires junto a su padre y aunque no se relacionó demasiado con el entorno de adultos que circulaba por el certamen, el viaje le bastó para enamorarse de la capital argentina. Casi 20 años más tarde, es la misma ciudad la que acoge una de las etapas más prolíficas de su carrera. Eso sí, aunque Sebastián Badilla acaba de estrenar en cines trasandinos la película “Como si fuéramos solo amigos”, la gran mayoría de su actividad gira en torno al teatro, una disciplina que empezó a explorar recién el año pasado, pero que ya le ha dado éxito.

“La verdad es que a las últimas películas que había hecho Chile les había ido bastante mal”, admite Badilla al referirse a su llegada al teatro. “No solo mis películas, sino que hace rato el cine chileno no tiene ningún éxito, salvo excepciones, pero está costando harto que en Chile la gente vaya al cine. Y la verdad es que yo no tengo ningún contrato como Fábula u otras productoras, que tienen llegada a las plataformas. Yo siempre he hecho mis películas de forma independiente”, agrega.

El último estreno de Sebastián Badilla en cines chilenos fue el año pasado, “Eternamente adolescente”, un filme con tintes autobiográficos donde interpretaba a un actor que había sido famoso en su adolescencia pero que estaba teniendo dificultades para sentar cabeza en su adultez. “En Chile no la vio casi nadie. Creo que fueron mis papás y un par de personas más a verla”, bromea el cineasta.

Por esos días, Badilla, que jamás había trabajado en teatro, le mostró a Rodrigo Bastidas el texto de “¿Por qué no se van?” una obra que había escrito. Fue él quien le dijo que la idea podía funcionar bien en salas capitalinas, lo que lo motivó a presentar el proyecto al Teatro San Ginés, que terminó produciendo el montaje a principios de este año.

Al mismo tiempo, Sebastián Badilla y su esposa, la argentina Mariana Bogado, habían sido padres por primera vez y, aunque vivían en Chile, estaban evaluando la posibilidad de radicarse en Argentina. Con la herida reciente del fracaso de su última película y la incipiente posibilidad que surgía escribiendo teatro, el viaje a Buenos Aires parecía una buena oportunidad.

“Mariana creía que yo tenía un buen espacio acá en Buenos Aires, por la cantidad de obras de teatro que se hacían de comedia. En Chile no se hace tanto teatro de comedia. Aunque hay algunas obras de comedia muy exitosas, la mayoría del teatro está más cargado al drama o a un teatro más experimental. Y acá tú vas a Avenida Corrientes y el 99% es comedia. Y no te hablo de stand up porque en el stand up nos vamos a otro porcentaje gigante de humor. Y también está el teatro off, que es mucho más dramático y todo, pero en el fondo hay espacio para todos y nadie mira en menos a ninguno de los géneros y eso fue lo que me gustó”, señala Sebastián Badilla.

Así, en agosto de 2023 la familia Badilla Bogado se instaló definitivamente en la capital argentina y en octubre el patriarca del clan ya había debutado como actor en teatro, protagonizando “La última gran escena”, un montaje chileno que se presentó en el Teatro Multiescena de la calle Corrientes, la avenida donde se concentra la mayoría de la oferta de obras comerciales de la ciudad.

Aquel rol le dio el impulso para meterse de lleno en la escena teatral trasandina y en febrero de este año volvió al mismo teatro con “La novia de mi mejor amigo”, una obra escrita y protagonizada por él, en que interpretó a un chileno conservador y con mal pasar económico, que se enamora de la misma mujer que su amigo argentino y exitoso. 

Luego, en marzo, escribió y dirigió un unipersonal de comedia para la influencer Leila Nahir y en junio escribió y protagonizó la obra “Fiebre adolescente”, donde volvió al Teatro Multiescena, aunque esta vez a la sala principal del recinto, con aforo para cerca de 250 personas y donde la obra tuvo una temporada de casi seis meses, con una función semanal. El montaje es una comedia de temática escolar, donde Badilla encarna a un hombre divorciado que viaja en el tiempo y se reencuentra con su amor del colegio.

“La obra es muy divertida y además tiene ciertos elementos cinematográficos por el tema de los diálogos, el vestuario y la manera que estaba todo dispuesto”, destaca la crítica de teatro argentina Olivia Regis, quien agrega: “Hay muchas personas que son de la idea de que todo tiene que dejar una enseñanza, todo tiene que ser lo que llaman ‘alta cultura’, super complejo y demás. Y yo soy más de la idea de que a veces, después de un día muy largo de trabajo, uno simplemente quiere ir, divertirse, distenderse y estar ahí”.

Sobre el teatro donde Badilla ha desarrollado su obra, Regis explica: “Tiene una muy buena ubicación. Es principalmente un teatro donde hay obras independientes pero dentro de lo que llamaría el ecosistema del teatro independiente es de los menos independientes. Es de lo más parecido a un teatro mainstream sin llegar a serlo”.

En paralelo a su desarrollo en Argentina, “¿Por qué no se van?”, la obra que Sebastián Badilla estrenó en enero en el Teatro San Ginés, estuvo ocho meses en cartelera, convirtiéndose en uno de los estrenos más taquilleros del año y que probablemente volverá a escena en 2025.

En su llegada a Argentina, uno de sus primeros apoyos fue Benjamín Vicuña, que lo recibió un día en su casa y lo aconsejó sobre cómo adentrarse en el mundo cultural trasandino. Además, ha buscado ver la mayor cantidad de obras posibles para entender el humor de al otro lado de la cordillera.

“El tono teatral chileno es más realista pero acá el argentino naturalmente es más exagerado, es más gritón, es más italiano. Entonces llevarlo a humor es aún más exagerado. Tú haces el mismo tipo de actuación en Chile y te dicen sobreactuado, que estás gritando”, define. “Entonces es completamente distinto lo que da risa acá con lo que da risa en Chile. Y acá les gustan mucho las comedias que hablen sobre las relaciones de pareja, sobre la familia, sobre el pariente que uno no quiere, hay mucha variedad ahí en el teatro y son menos graves también. De repente hay unas obras que son bastante más irónicas y tocan temas que uno diría, ‘que miedo hablar de ese tema’ y lo saben hacer tan bien que da risa y no queda ofensivo”, opina.

Su introducción a la cultura Argentina también lo ha hecho ser testigo de los cambios que experimenta el país y el mundo de las artes en la era Milei. De hecho, su última película se exhibirá en enero en el Gaumont, cine del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), institución que ha experimentado los recortes del mandatario. 

“He conocido muy de cerca a toda la gente que trabaja en Gaumont hace años. Es un cine precioso que programa en su mayoría películas argentinas. Y me cuentan los chicos del cine que antes habían 20 personas trabajando y ahora hay cinco. También que para este 2025, la cantidad de películas que se van a hacer es un porcentaje bastante menor al que se solían hacer antes gracias al auspicio del INCAA”, señala Sebastián Badilla.

Luego prosigue: “El INCAA era un fondo que era muy transversal en las películas que apoyaba. Podía apoyar una película de Campanella como una película de un cineasta que estaba partiendo. Y ahora eso ya no existe tanto. Creo que el fondo existe más para películas consagradas o películas más grandes, por así decirlo. Por ende, el cine independiente está sufriendo un montón, que es el cine al que yo pertenezco aquí en Argentina”, dice.

—¿Cómo es el clima político que se siente en el día a día?

—Es una ciudad que está pasando por un momento muy difícil. Hay mucha tensión. También hay esperanza, porque en el fondo también lo que se dice es que esto es necesario para llegar a un buen puerto. Por ahí hay gente que lo ve como el fin total, pero también hay algunos que se aferran a decir: ‘Ojalá que sea real, que después de este ajuste haya mejores resultados’. Pero por el momento están las calles y todo muy muy tenso.

—¿Y tú eres de los optimistas o de los pesimistas?

—Prefiero ser de los optimistas porque acabo de venirme a venir para acá. Entonces lo único que quiero es que a este país le vaya bien. Yo amo a este país. Mi hijo nació en Chile pero a los dos meses se vino para acá. Toda su familia es argentina. Yo de política no sé mucho y acá no me meto también por respeto.Yo no tengo idea de los gobiernos pasados, del gobierno actual, entonces me parece irrespetuoso venir de Chile y empezar a decir si yo creo que el presidente lo hizo mal o lo hizo bien.

Los consejos de Adam Sandler a Sebastián Badilla

“¿Dónde está el chileno?” preguntó Adam Sandler al entrar al backstage de un icónico club de comedia en Hermosa Beach, California. Corría el año 2015 y Sebastián Badilla cumplía un sueño que tenía desde niño, poder conocer a uno de los grandes referentes de su imaginario creativo. 

El encuentro se había concretado gracias a una serie de coincidencias poco probables, como si se tratara de una película escrita por el propio Badilla. Un año antes, estando en Los Angeles había logrado conocer a Allen Covert, socio de Sandler en la productora Happy Madison, a quien le había regalado DVD’s de sus películas. Aquella noche en Hermosa Beach, en la fila para entrar al club junto a su hermano Gonzalo y su prima, habían visto a Covert y Badilla se acercó a él dudando que lo reconocería

“¡El chileno!”, exclamó Covert apenas lo vio y los invitó a que se sentaran con él durante el show. A pesar de que habían ido a ver a otro comediante, cuando ya estaban ahí se anunció que habría una participación especial de un humorista que no hacía standup hace 20 años: Adam Sandler.

Al final de su rutina fue cuando se produjo el encuentro entre Sandler y Badilla, que le preguntó si se podían reunir en algún momento y él lo citó para el día siguiente. Ese día, estuvieron conversando largo rato y Sebastián Badilla quedó en conexión con su equipo, lo que repercutió en que, un año después, cuando el chileno estaba estudiando en Los Angeles, Sandler lo invitara a uno de sus rodajes.

“Fue de verdad una de las mejores anécdotas de mi vida, porque además me enseñaron algo que nunca voy a olvidar, que me lo dijo él y su socio en la reunión. Me dijo: ‘Nosotros en Happy Madison sabemos que nuestras películas mucha gente las ama y mucha gente las odia, pero las seguimos haciendo porque nos gusta hacerlas y porque preferimos pensar en el público que sí las ve, a pensar en los que no las ven o en los que las critican’”, relata. Entonces, agrega, “el consejo que me dio Adam Sandler es que nunca lea las críticas, ni buenas, ni malas, ni sobre ti, ni sobre las películas. Me dijo: ‘Tú concéntrate en que no se te vaya esa pasión de niño, que es lo que a mí me ha mantenido 40 años en el juego’”.

Aunque ese no fue el único tip que recibió Badilla de Sandler. También le explicó que él y su equipo de guionistas escriben todos los días, estén o no trabajando en una película concreta. “Desde ahí agarré ese hábito de escribir todos los días 20 páginas. La mayoría no llegan a puerto, pero el ejercicio de escribir es como un entrenamiento de un gimnasio, es como un músculo. Entonces, cuando te toca escribir algo que querías hacer, una obra de teatro, una película, o alguien te encarga algo, ya está activado todo y lo tienes súper mecanizado”, explica.

La estancia de Badilla en Los Angeles, que se extendió entre 2015 y 2018, comenzó con polémica. En el viaje de ida, se tomó una foto con su hermano levantando el dedo corazón, que subió a Instagram con el mensaje: “Chao Chile. Nos aburrimos de ti”, que fue rápidamente criticada en redes sociales. 

“Fue un mal chiste, que es propio de un mal chiste que cualquiera de veintitantos años puede hacer. La verdad, en esa época era muy mediáticamente conocido, cultivaba un perfil más presente en los medios masivos y por eso la foto se convirtió en una noticia de un par de portales de internet. Pero fue solo un chiste. Yo amo Chile, jamás fue en serio ni había un mensaje detrás de esa foto. Jamás me he sentido decepcionado de mi país, al contrario. Chile, desde que soy muy joven, ha sido muy generoso conmigo”, dice hoy al recordar el episodio.

Su etapa en Estado Unidos le sirvió para tomar talleres de actuación, producción de cine y guion. Además, también hizo estudios de standup comedy e incursionó en el circuito californiano, haciendo rutinas en inglés.

“La verdad es que me encantaba el formato y todo pero me di cuenta que me gustaba mucho más el tema de las historias y no tanto hablar de mí mismo. Yo soy un gran fanático del standup y voy a ver a muchos comediantes pero me sirvió para darme cuenta que yo no quería ser un comediante. Yo soy un actor cómico que escribe, que hace películas. Me veo mucho más en la sintonía de Santiago Segura, de Eugenio Derbez o acá en Argentina de Adrián Suar o Guillermo Francella”, señala. 

—Haber vivido en Chile, Estados Unidos y Argentina ha implicado tener que comenzar una carrera casi desde cero las tres veces.

—Siempre he sido así. Nunca me gusta estar en la zona de confort. Eso me ha traído a veces problemas en mi carrera, desaciertos, en otras ocasiones aciertos. Pero eso ya se ve en el momento en que un pendejo de 16 años, dice: ‘Quiero hacer una película en el verano’, en vez de, como todos mis compañeros de colegio en la época, irse al sur, irse a la playa, irse a carretear. ¿Por qué hacerme esos problemas gratuitamente si a mí ‘El Limpiapiscinas’ nadie me la pidió? Son como problemas que, sin que nadie me los pidiera, me los eché encima, por la pasión obviamente de hacer una película. Me encanta siempre estar estudiando y siempre estar aprendiendo.

“Se formó una caricatura de mis películas”

“Como si fuéramos solo amigos”, la décima película de Sebastián Badilla, se estrenó a comienzos de diciembre a nivel nacional en Argentina. Dirigido como es habitual por su hermano Gonzalo, el filme fue escrito, producido y protagonizado por Sebastián Badilla, y narra la inesperada reunión de dos amigos que se dejaron de ver por 10 años, luego de que en su último encuentro tuvieran relaciones. Él, interpretado por Badilla, es un actor porno frustrado, mientras que ella, encarnada por Manuela Viale (hermana de Juana Viale), tiene una vida aparentemente exitosa y estable.

El rodaje se hizo durante el verano en Buenos Aires, con el mismo equipo técnico que suele trabajar con los hermanos Badilla, además de la participación del actor Pablo Schwarz. “En Estados Unidos aprendí cómo hacer películas sin la necesidad de involucrar a la gente o buscar tantas marcas, sponsors y qué sé yo. Y ahora la manera que tenemos de hacer películas es súper low cost. En el fondo somos un equipo que nunca supera las 10 personas, siempre son elencos más chicos o escenas que no tienen tanta gente. Siempre trabajo o trato de trabajar con actores que son amigos”, explica Badilla sobre su método de producción.

Ahora, ya se alista para el rodaje de una nueva película con Viale, adaptación de su obra “Fiebre adolescente”, que también tendrá una versión teatral en Chile protagonizada por Carla Jara, Además, en enero estrena una nueva obra en el Teatro Multiescena de Corrientes, “Nadie se atreve a tocar a mi vieja”, una comedia de enredos que sigue a un grupo de tres amigos, escrita, dirigida y protagonizada por él.

Badilla cuenta que “Como si fuera solo amigos” tendrá también distribución nacional en Uruguay y Paraguay entre diciembre y enero. ¿Y el estreno en Chile? “Allá no ha surgido mucho interés todavía pero me interesaría llevarla aunque sea de forma simbólica porque también los números de las películas chilenas, o al menos de las mías, hace rato vienen bajando. Entonces, hoy en día yo vivo del teatro y no del cine”, dice.

—¿Dirías que tu cine ha evolucionado con el tiempo?

—Al principio eran guiones muy caros, eran películas que se estrenaban en 35 milímetros, o sea que para estrenarse se necesitaba una cantidad de dinero muy grande. Y la forma de lograr estrenar en los cines era poner marcas para poder financiar esto, porque mis películas nunca se ganaron ningún fondo. Ese tipo de cine hoy día yo no lo volvería a hacer porque depende mucho de la opinión de la marca, del distribuidor, de los cines. Ahora me interesa mucho más hacer algo desde la libertad creativa.

—Desde tus inicios han habido importantes cambios a nivel social que también han modificado la forma de hacer humor o lo políticamente correcto. ¿Esos cambios han llegado de alguna manera a ti? ¿Te has cuestionado ciertas cosas?

—La verdad es que no he cuestionado mis películas anteriores, que, como bien dice la palabra, son ficción. Obviamente cuando uno escribe hoy día, por todos los cambios sociales a nivel mundial, en todos los sentidos, uno obviamente tiene una conciencia al momento de escribir, pero no me gusta caer en el miedo a escribir o no escribir un chiste por miedo a que la gente se enoje. Eso me parece que es un error y que incluso ya hay mucha gente, y se ve en Estados Unidos y en Europa, que está súper cansada de eso. Yo creo que lo importante de eso es que el cambio sea real, digamos, no por evitar un enojo, un malestar, dejar de hacer un chiste que a alguien o a un grupo de personas les parece divertido. 

—¿Sientes que la crítica hacia tus primera películas hace que cierta parte del público tenga prejuicios con tus películas hasta hoy?

—Creo que cualquier persona que haga cualquier tipo de arte siempre va a tener que enfrentar prejuicios, más hoy día en la época de las redes sociales. Pero sí, claro que se formó una caricatura de mis películas, al ser yo el protagonista y actuar un poco de mí mismo. Pero es algo que también veo con bastante lejanía porque fue hace mucho tiempo. Yo, la verdad, desde “No quiero ser tu hermano”, que también empecé a cultivar un perfil más bajo, en términos de que me di cuenta que lo que yo amo es contar historias, sea en cine o en teatro, sea escribiendo o sea actuando.  Pero sí creo que hay mucha gente que antes no le gustaban mis películas y ahora las nuevas que he hecho sí han gustado a otro tipo de público.

—Y pensando en la industria cinematográfica chilena, ¿sientes que hay cierta hostilidad hacia tu figura?

—No. Lo que pasa es que yo nunca he sido parte de la industria cinematográfica chilena. Nunca tuve amigos ahí, nunca me mezclé con ellos. Al partir tan chico, siempre me vieron como el niño que hacía las películas, nunca me he afiliado a ningún tipo de sindicato o de grupo de directores, o de nada. He sido bien ajeno al mundo audiovisual. Por ende, si es que hay cierto prejuicio o alguna opinión de mí, la desconozco porque no conozco a nadie que sea parte de ese mundo. Ponte tú, a la gente de Fábula, nunca los conocí, no conozco a nadie que trabaje ahí, son bien pocas las películas que he visto de ellos.

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