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Benjamín Salas
Fotos: Pablo Sanhueza/The Clinic

Entrevistas

28 de Diciembre de 2024

Benjamín Salas, exasesor de Piñera: “No tengo dudas de que el presidente desplegó todos sus esfuerzos para el respeto de los DD.HH. durante el estallido”

Uno de los más estrechos colaboradores durante el segundo gobierno del exmandatario recuerda algunas de las decisiones clave en materia internacional y local. El joven abogado, hoy consejero en La Haya, defiende la decisión en su minuto de embarcarse rumbo a Cúcuta, en 2019, y descarta un "efecto llamada" para la inmigración venezolana. También destaca la buena relación bilateral que ese gobierno llevó con Donald Trump y asegura que el tiempo mostró en perspectiva que Piñera tomó todas las acciones para promover y resguardar los derechos humanos durante el estallido.

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Benjamín Salas fue uno de los asesores más cercanos al expresidente Sebastián Piñera durante su segunda administración, pese a su corta edad. Con solo 27 años, el abogado de la UC fue alcanzando protagonismo entre los colaboradores del mandatario, al punto de ser nominado por él como Senior Officials Meeting de Chile en la Apec de 2019, un cargo que consistía en coordinar actividades de comités y grupos de trabajo en la cumbre.

La designación, entonces, ya generaba incomodidad entre funcionarios diplomáticos y a nivel de partidos. Pero Sebastián Piñera lo respaldó y Benjamín Salas -hijo de la exministra Paulina Kantor- mantuvo influencia en las decisiones en materia internacional.

En política exterior, por ejemplo, se le atribuye un papel en la promoción del viaje de a Cúcuta del mandaatrio en 2019. O la humorada junto al expresidente con Donald Trump, cuando Piñera exhibió la bandera chilena dentro de la norteamericana.

Pero también a Benjamín Salas se le apunta como un hombre con un papel clave en decisiones emblemáticas de ese gobierno a nivel local, como la promoción del matrimonio igualitario, o el estar a cargo de monitorear las posibles demandas por DD.HH. contra Piñera.

Todas materias en las que uno de los colaboradores favoritos del ex jefe de Estado profundiza en esta entrevista con The Clinic, la cual da durante una breve estadía en Chile, antes de regresar a continuar con su rol en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Hoy Benjamín Salas es consejero jurídico de uno de los jueces de la Corte, el japonés Yuji Iwasawa. Su trabajo consiste en prestar asesorías en sus labores judiciales y en la resolución de disputas que se llevan ante La Haya. Ahí le ha tocado lidiar con dos casos entre Rusia y Urcania, uno de ellos vinculado a la guerra actual. Y otros tres ligados al conflicto de Palestina de Israel. En paralelo, realiza clases en la Universidad de Columbia como profesor adjunto.

Benjamín Salas, precisamente, cuenta que se encontraba en La Haya el 6 de febrero de 2024, cuando a través de grupos de WhatsApp que integraban excolaboradores de Piñera comenzó a circular información sobre un accidente aéreo en el Lago Ranco.

“La primera reacción es que no quería ni preguntar mucho, porque no quería saber si era verdad. Era tan terrible la verdad que de cierta forma daba miedo preguntar por la respuesta que pudiera haber del otro lado”, dice Benjamín Salas.

Confirmada la noticia de la muerte del exmandatario, Salas buscó pasajes aéreos a Chile. Encontró uno para el día siguiente, lo que le permitió estar en el funeral de Estado y al Parque del Recuerdo. “Quería sí o sí venir, sentía que él había sido una persona muy importante en mi vida como para no despedirme de él y cerrar el ciclo, cuenta. De inmediato, Benjamín Salas debió volver a Europa a continuar con sus labores en La Haya.

—¿Mantenía contacto con el expresidente finalizado el segundo gobierno?

—Sí. Y fue una relación que cada vez se volvió más personal en la medida de que no existía el vínculo laboral. Me llamaba para preguntarme cómo me iba en el trabajo, era una conversación más bien de afecto personal, y eso fue muy lindo y fue la parte final de mi historia con él. Estaba muy interesado en cómo se desarrollaban los casos, cuál era mi opinión en ciertos temas.

—¿A qué cree que se debió la confianza que depositó en usted para el cargo de asesor por entonces?

—La respuesta es imposible que yo la sepa, solo la sabe él. Pero de lo que siempre me preocupé mucho fue de identificar qué cosas para él eran importantes en la forma de trabajo y poder cumplir con eso, como el rigor intelectual, la eficiencia y eficacia, el trabajo en equipo, el jugársela por Chile y la disponibilidad 24/7. 

—¿Qué representa para usted el expresidente Piñera?

—Un mentor, definitivamente. Creo que fue el gran mentor que he tenido a nivel profesional. Era una figura que te inspiraba en lo político, pero que también te formaba en el trabajo del día a día. Esa no es una combinación fácil de encontrar. A veces uno encuentra mentores que te ayudan mucho en la forma de trabajar, mientras que otros te pueden inspirar muchos en principios, valores y grandes ideas. El presidente tenía ambas.

“El tiempo fue importante para ver con perspectiva las acciones que se tomaron para proteger los DD.HH. en el estallido”

—¿Cuál cree que fue su principal hito internacional?

—La defensa de la democracia y los derechos humanos en la región fue uno de los principales legados que dejó de su segundo gobierno. Y creo también que la defensa del medioambiente fue un legado importante, aunque no se realizó la COP25, hubo un trabajo importantísimo a nivel ambiental. También fue importante mantenerse firme en la defensa del libre comercio, en un momento donde la relación con China y EE.UU. estaba muy tensionada y donde el presidente siempre mantuvo una voz firme en todas las cumbres donde fue invitado y en todas las reuniones bilaterales que tuvo con los distintos mandatarios. Respecto de su primer gobierno, la Alianza del Pacífico es un gran legado del presidente Piñera y que sigue vivo hasta el día de hoy, que ha sobrevivido a los distintos signos políticos. Era un presidente que se la jugó mucho por la integración regional, estaba interesado en abrir nuevos mercados, que la relación con China era prioritaria, además el vecindario le interesaba mucho y puso mucho énfasis en tener un vecindario que funcionara bien y que fuera lo más colaborativo posible.

—Los DD.HH. fueron un flanco de su gobierno por lo ocurrido durante el estallido. ¿Cómo cree que quedó su figura en esa materia?

—Creo que el tiempo fue importante para ver con perspectiva lo que le pasó durante el estallido social y poder evaluar con los hechos sobre la mesa cuáles fueron las acciones que se tomaron para la protección de los derechos humanos. Fueron momentos complejos durante el estallido, pero en la época posterior se pudo con calma analizar lo que había ocurrido en Chile. Y yo no tengo ninguna ninguna duda, porque me tocó vivirlo en primera persona, que el presidente desplegó todos sus esfuerzos para el respeto, la protección y la promoción de los derechos humanos durante el estallido social.

En el contexto de un estallido, el Estado tiene que ver cómo los distintos derechos se respetan, protegen y promueven a través de la interacción que ocurre de ellos en un contexto tan complejo. Eso fue lo que el gobierno siempre estuvo interesado hacer y cada vez que el Estado se dio cuenta que había que cambiar mecanismos para fortalecer esa protección, se hizo. Existe un ejemplo con el uso de los perdigones que se compraron en el gobierno de la expresidenta Bachelet: cuando se hizo descubre que había ciertos residuos que no eran 100% de goma, la instrucción que se dio fue sacarlos de circulación y volver a comprarlos. Cada vez que había información que permitía tomar decisiones para fortalecer la protección de los DD.HH., esas decisiones siempre se tomaron.

—¿Es un error hablar de violaciones sistemáticas en ese período?

—Es un error absoluto hablar de violaciones sistemáticas o generalizadas a los derechos humanos, porque todo lo que hizo el gobierno en ese momento fue tomar acciones para resguardar los derechos humanos. Ahora, hay que tener claro que ningún Estado en el mundo cumple con todas sus obligaciones de derechos humanos, el mejor ejemplo en Chile es el caso del Sename con la expresidenta Bachelet. Ese es solo un ejemplo. 

—¿Quedó muy golpeado el expresidente por las críticas que recibió en ese momento? Se dijo que se le perseguiría en los tribunales internacionales.

—Para nadie puede ser fácil que a uno se le cuestione injustificadamente por vulneraciones a los derechos humanos. Pero en este caso existía total convicción de que se había actuado de forma correcta. 

—En retrospectiva, ¿fue injusta la oposición de entonces, en la cual estaba el actual presidente Boric, en las críticas a Piñera por la defensa de los derechos humanos?

—Fueron críticas tremendamente injustas, pero personalmente estoy convencido de que en la política uno tiene que mirar hacia adelante. Quedarse pegado en críticas del pasado, no conduce mucho a un clima en el que se pueda avanzar políticamente en beneficio de las personas.  

Benjamín Salas

“Con los antecedentes que teníamos, fue la decisión correcta (el viajar a Cúcuta)”

El viaje del expresidente Piñera a Cúcuta, en la frontera colombiana con Venezuela, en febrero de 2019, se transformó en una pesadilla para el mandatario, en medio de su aspiración por alcanzar un liderazgo en la región.

Invitado por el entonces presidente colombano, Iván Duque, Piñera se embarcó en un viaje que tenía como objetivo entregar ayuda humanitaria, ante la expectativa de que el régimen de Nicolás Maduro caería. Pero la operación fracasó y en la retina quedó la imagen de camiones incendiados con la ayuda humanitaria.

Benjamín Salas que la decisión en ese momento fue la correcta con los antecedentes que habían y descarta que esto repercutiera en la crisis migratoria actual.

—¿No fue un error del expresidente el participar en ese viaje?

—Creo que hay que hacer una distinción esencial. Lo primero es aclarar que el viaje a Cúcuta no tuvo ningún efecto relevante sobre el fenómeno migratorio en Chile. No existe ni un solo dato que avale que el viaje a Cúcuta causó un efecto respecto de la llegada de migrantes desde Venezuela. Creo que las personas que siguen defendiendo eso, lo hacen a sabiendas de mala fe. Eso hay que descartar por completo. 

Otra cosa diferente es si el viaje a Cúcuta fue una decisión acertada como política exterior, que no tiene que ver con la migración sino con si el jefe de Estado debería haber asistido o no a Cúcuta como parte de la conducción de la política exterior. Eso es discutible, obviamente. Ahora, hay que recordar que el viaje a Cúcuta tenía un objetivo humanitario y buscaba mostrar el compromiso con la defensa de la democracia y los derechos humanos en la región. Además, era una iniciativa respaldada por la OEA y con presencia de distintos gobiernos.

—Era una apuesta arriesgada y que no terminó bien. Hubo otros presidentes que finalmente no se sumaron. ¿No cree que lo mejor era no haber tomado la decisión de sumarse?

—(Se toma unos segundos) Con los antecedentes que teníamos en ese momento cuando se tomó la decisión, fue la decisión correcta. Quizás si hubiésemos tenido más antecedentes, hubiésemos tomado una decisión distinta.

—¿En ese momento usted aconsejó a Piñera que se sumara?

—Sí… debido a los antecedentes con los que contábamos en ese minuto. 

—Se le atribuía esa decisión, de hecho…

—El Presidente tomaba sus decisiones considerando la opinión de sus ministros, subsecretarios y distintos asesores. Por lo tanto, no creo en la atribución de decisiones a individuos determinados. El presidente tomaba las decisiones después de escuchar a un conjunto de personas y estudiar los antecedentes. 

Benjamín Salas defiende la decisión de viajar a Cúcuta en 2019.

Benjamín Salas: “Cúcuta no tuvo un efecto llamada para la inmigración venezolana”

—Por estos días la oposición ha cuestionado la propuesta del Gobierno de regularizar a 180 mil migrantes irregulares al advertir de un posible “efecto llamada”. ¿No cree que ese mismo efecto pudo generar el viaje a Cúcuta, más allá de que señale que no hay datos para afirmarlo?

—Cúcuta no tuvo un efecto llamada porque las declaraciones del presidente en Cúcuta no estuvieron relacionadas con la invitación a migrantes venezolanos a venir a Chile. Sus declaraciones estuvieron vinculadas a la entrega de ayuda humanitaria y la importancia de la unidad venezolana para retomar el camino democrático en ese país. Una cosa distinta es la evaluación que uno puede hacer de la política migratoria durante el segundo gobierno de Piñera, pero eso no está vinculado con Cúcuta.

—A veces las señales que se dan van más allá de las declaraciones…

—Es cierto, pero yo me quedo con las declaraciones, porque eso fue lo que el presidente dijo. 

—A propósito, el 10 de enero Maduro asumiría un nuevo período presidencial en Venezuela. ¿Existe algo más en materia internacional que Chile pueda impulsar si considera que las elecciones fueron fraudulentas?

—El Gobierno actual ha sido consistente en la defensa de los principios democráticos y el resguardo de los derechos humanos en Venezuela, y ha tenido una postura consistente desde el día uno. El problema es que esa postura no ha estado acompañada de acciones, y esa es la crítica que le hago al gobierno actual. Cuando uno piensa en cómo las dictaduras sobreviven, por un lado está el oxígeno que le entregan los aliados para que esas dictaduras sigan sobreviviendo. El segundo aspecto es el apoyo que reciba la oposición democrática que está en esos países. Lo que uno esperaría del gobierno es que este esté enfocado en no dar más oxígeno a los aliados que permiten que la dictadura venezolana y Maduro permanezcan, y por otro lado dar todo el apoyo que puedan a la oposición democrática venezolana, sobre todo porque esa oposición ganó una elección democráticamente. 

Con respecto a los aliados, el gobierno actual siempre ha evitado hacer cualquier crítica a Cuba, un país que pareciera ser intocable para el gobierno actual siendo uno de los principales aliados de Maduro. 

—¿Se debería reconocer como presidente a Edmundo González?

—Debería reconocer al presidente electo, porque es quien resultó de una elección popular. Cuenta con un mandato democrático del pueblo venezolano, y eso lo hace muy diferente a la situación de Juan Guaidó. Yo comprendo que el gobierno mire lo que ocurrió con Guaidó hace un par de años y quiera tomar una actitud cauta. Pero en este caso, la situación es diferente, porque hubo una elección y hubo un candidato que resultó ganador. 

Recordado “meme” de Piñera con Donald Trump: “Hay que tomarlo con humor, no tuvo ningún efecto en nuestra relación bilateral”

—¿Tuvo que ver o no en la decisión del expresidente de llevar una bandera chilena dentro de la norteamericana con Donald Trump?

—(Ríe) Hay que tomárselo con humor. Pasó hace mucho tiempo. Es algo que no tuvo ningún efecto en nuestra relación bilateral con Estados Unidos, que fue excelente durante los cuatro años de gobierno. Obviamente, creo que no fue lo más adecuado en términos de las formas diplomáticas, pero no hay que dramatizarlo, ya pasó hace mucho tiempo. 

La imagen del expresidente Piñera en una bilateral con Donald Trump. Benjamín Salas lo recuerda como una humorada y destaca que las relaciones con el mandatario electo de EE.UU. fueron positivas.

—¿Debiera estar Chile preocupado por el retorno de Trump a la Casa Blanca? Sebastián Piñera gobernó al tiempo que Trump tenía su primer mandato.

—Chile no debería estar preocupado. La relación bilateral con EE.UU. funcionó bien durante los cuatro años del gobierno anterior, en gran parte porque la relación se llevó a través del departamento de Estado, que es donde corresponde. Además, independiente de cualquier diferencia que pudiera existir entre los mandatarios, lo importante era pensar en cuáles eran las prioridades para los dos países de empujar la agenda bilateral. Lo importante acá es sentarse, pensar cuáles son las prioridades con la agenda bilateral de EE.UU. y ver cuáles se tienen que materializar o fortalecer durante el próximo año. Se debe dejar esta lógica de que lo bueno y lo malo de las relaciones dependen de las diferencias o coincidencias con los gobiernos de turno. 

—Con un país cercano como Argentina, las relaciones no andan bien. ¿Cómo hay que interpretar las señales que ha dado? No asistieron a la ceremonia por los 40 años del tratado de paz, la instalación de placas solares en suelo chileno y los desaires diplomáticos…

—Estamos pasando por un momento complejo, que tampoco hay que dramatizarlo como el más complejo. La tensión lamentablemente se ha dado producto de las diferencias políticas de dos presidentes y creo que la responsabilidad está en los dos presidentes de poder desescalar cualquier tipo de conflicto que exista entre ellos. Ahora, creo que la cancillería chilena ha hecho un muy buen trabajo, han manifestado rechazo a declaraciones que no corresponden del otro lado de la cordillera, pero al mismo tiempo han tratando de desescalar cualquier tensión que exista para permitir que la relación bilateral siga fortaleciéndose.

“Piñera tenía muy claro que había que privilegiar la relación de estados por sobre la relación personal entre los gobiernos”

—¿En qué cree que se diferencia la política internacional de Sebastián Piñera con la de Gabriel Boric?

—Piñera tenía muy claro que la política exterior consistía en siempre tener claro cuáles eran los intereses de Chile en el concierto internacional. Tenía muy claro que había que privilegiar siempre la relación de estados por sobre la relación personal entre los gobiernos. De hecho, al presidente Piñera le tocó tener buenas relaciones con mandatarios de signos políticos muy diferentes, como pasó con Bolivia y Argentina. Para él era muy importante ayudar a una mayor coordinación regional.

—¿Y el presidente Boric?

—El Presidente Boric, por otro lado, ha generado buenas relaciones con aquellos líderes con los cuales tiene una sintonía natural, como el primer ministro de Canadá, pero no he visto el mismo esfuerzo con aquellos líderes que tienen otros signos políticos que son también importantes para Chile. Ahí ha faltado esfuerzos por tender puentes hacia gobiernos que pueden ser de otro lado. Ahora, esa no es mi mayor crítica. Mi mayor crítica es la pérdida del rol y el liderazgo en la región que Chile había tenido durante el último tiempo. Chile ha quedado marginado de las decisiones de asuntos regionales. Y creo que ha faltado conducción y liderazgo del propio presidente. 

—Piñera impulsó Prosur en su momento, pero fue algo que finalmente no se mantuvo en el tiempo…

—El destino de Prosur fue lamentable, porque era una buena idea en el sentido de que Sudamérica no tenía un mecanismo funcional, porque Unasur ya no funcionada, para generar instancias de colaboración subregional. Eso es lo que buscaba Prosur. Obviamente como los presidentes en ese momento eran de derecha, se percibió como un grupo de presidentes de derecha. Pero ese no era el objetivo de Prosur, aunque las percepciones son importantes en diplomacia. Y quizás, si uno tuviera que hacer una autocrítica, el proceso debería haber sido más lento y haber tratado de crear algo en reemplazo de lo que había sido el Unasur requería de más tiempo. 

Benjamín Salas y el matrimonio Igualitario: “El Presidente tenía la convicción de que era un paso que Chile tenía que dar”

—Se le atribuye un papel en la decisión del expresidente de impulsar el matrimonio igualitario. ¿Cuán complejo recuerda que fue para el sector dar ese paso?

—El presidente tenía la convicción absoluta de que esto era un paso que Chile tenía que dar. Y si bien la decisión se tomó el último año de gobierno, fue un tema que estuvo los cuatro años sobre la mesa, porque era algo que para el presidente era importante. Es importante que el matrimonio igualitario haya ocurrido durante el gobierno del presidente Piñera porque fortaleció al presidente como el representante de una derecha liberal, una derecha que cree y pone la libertad de las personas en el centro. Además que el matrimonio igualitario busca proteger la igualdad ante la ley y la protección de la familia, que son dos ideas de derecha. Entonces no se me ocurre por qué alguien de derecha podría estar contra esto, salvo vestigios religiosos.

—¿Y para él fue una decisión difícil de tomar?

—Fue un momento complejo para la coalición porque había diferencias de opinión. Pero si miras la votación en la Cámara, no fue con pocos votos de la derecha, fue con la mayoría de los votos de la derecha, incluyendo votos UDI. Entonces, era un paso que darlo inevitablemente iba a generar tensión, pero la votación te demuestra que esto era algo que la mayoría de Chile Vamos apoyaba.

—Esa derecha liberal que menciona, ¿no se ha desdibujado tras la partida del expresidente?

—Para nada. Creo que hoy Chile Vamos tiene un gran liderazgo, que representa Evelyn Mattei y que en mi opinión también representa una derecha liberal. Ella ha logrado generar unión en el sector, sobre los mismos valores y principios que siempre han guiado la acción de Chile Vamos. Obviamente la figura del presidente se extraña por sus consejos, por la guía que podía ofrecer, pero era un presidente que iba a tomar un rol secundario y de apoyo después de su presidencia. Y hoy Chile Vamos tiene un gran liderazgo.

—¿Cree que Matthei copó el vacío que dejó Piñera?

—Son liderazgos distintos y hoy Chile Vamos tiene un gran liderazgo con Evelyn Matthei, porque además es un liderazgo que tiene vocación de mayoría. En una democracia para generar cambios, se necesitan mayorías, y para eso se necesita acuerdos y pragmatismo. Matthei tiene esa vocación y la importancia de los acuerdos y el pragmatismo.

—¿Habla con ella?

—No tengo una relación personal con ella, pero sigo su trabajo y le tengo muchísimo respeto.

—¿Era de los que pensaba que Piñera iba a buscar un tercer mandato presidencial?

—No. El siempre dijo claro que quería ayudar a apoyar a nuevos liderazgos dentro del sector, y creo que ese fue su compromiso desde el día que salió de la presidencia. 

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