Tendencias
31 de Enero de 2025¿Peor que nacer en Navidad?: Cómo es celebrar tu cumpleaños en febrero, con todos tus amigos de vacaciones
La experiencia cambia de persona a persona, demostrando que febrero es un mes muy particular para cumplir años.
Compartir
El debate aquí no está zanjado, porque es difícil discutirle a alguien que nacer entre Navidad y Año Nuevo puede volver particularmente difícil celebrar de forma satisfactoria, especialmente porque uno se pierde toda una oportunidad para recibir regalos. Pero quienes reciben su cumpleaños en febrero enfrentan otro problema: están todos de vacaciones.
Así, puede resultar difícil reunir a los amigos o familiares, saboteando la celebración.
Es la experiencia, por ejemplo, de Mauricio Espina, quien si bien pasó sus primeros años de vida en una cuadra de Concepción con toda su familia, vio su cumpleaños más complicado cuando se debió mudar a sus 4 años a Punta Arenas, “donde las cosas fueron muy distintas”.
“Como es una ciudad aislada, fría y ventosa, cada verano las familias huían hacia el norte, buscando un cambio de aire. En febrero, para mi cumpleaños, me quedaba bastante solo cuando no viajábamos a Concepción”, recuerda el hombre nacido el 11 de febrero. “Eran días algo melancólicos, de frustración, porque yo no podía tener una celebración como quería, y tenía que conformarme con algo más fome y apagado”.
A sus 12 años, relata, regresó a Concepción y el problema persistió pero de otra forma: “Comencé a salir de vacaciones sin mis padres, y a veces me encontraba en situaciones en que mi cumpleaños era irrelevante, y sin amigos cercanos. Hasta entrados los 20 vi esto como una desventaja y fuente de lamento, de melancolía y de tristeza. Incluso lo asociaba a mis depresiones”.
“Ya más maduro entendí que haber nacido a plena mitad de las vacaciones había influido en el desarrollo de mi personalidad curiosa y reflexiva, porque, cuando todos estaban en la playa, yo estaba explorando en un astillero en Punta Arenas”, expresó.
Javier Godoy, un chileno radicado en Nueva York, ha vivido su cumpleaños desde ambos hemisferios del planeta, no donde es verano y otro donde es invierno cuando celebra en febrero, y la ha pasado bastante mejor.
“Mi experiencia como sietefebrerista (nacido el día 7) era playa, playa, playa, porque vivía en Antofagasta, y lo rico de la vivir ahí es que en donde sea que estés la playa no está a más de 15 minutos, incluso caminando”, rememora sobre su vida antes de dejar la ciudad nortina a sus 23 años para partir a Santiago, luego a Seattle, y finalmente a Nueva York.
En la “ciudad que nunca duerme”, la situación es distinta y más gélida. El año pasado, por ejemplo, tras una especialmente larga jornada de trabajo por la cual debió postergar su celebración, “fui a un bar acá en Queens, me tomé dos chelas, luego cerró ese bar porque era miércoles y me fui a Manhattan a un bar que se llama Pianos, que siempre en verano está llenísimo”.
“Pero como era febrero, y a las 2 de la mañana, las calles estaban vacías. No había nadie, y hacía un frío… pero yo estaba en mi hábitat. Para mí caminar por las calles solas de Manhattan cuando está vacío es lo más rico del mundo”, manifestó.
A salvo de las “camoteras”
Cuando se cumplen años más hacia el final del mes, son otras las situaciones que se presentan. Por ejemplo, al haber nacido el 26 de febrero Manuel Cabrera recibía cada nuevo año de vida iniciando su año escolar. Así que pese a haber prácticamente ya regresado todos de vacaciones, no le causaba mucha gracia.
“Lo primero que se me viene a la mente es que muchos años estaba de cumpleaños mi primer día de clases”, recuerda el penquista. Por ello, “personalmente, me pasó que durante mucho tiempo relacioné mi cumpleaños con el retorno a clases y con ello, generé una especie de ‘rechazo’ a cumplir años”.
Y, bueno, recuerda una anécdota más atribuible a la fecha misma que al mes en que nació: “A ello súmale que estaba celebrando cuando fue el terremoto” del 2010, comenta. “Por el susto se me pasó de una cualquier tipo de efecto del alcohol en mi cuerpo”.
Luis Labbé, por otro lado, recibía su cumpleaños sólo un día antes, el 25 de febrero, y nunca habiendo ya entrado a clases, lo que en sus palabras “nunca fue algo tan terrible. Al ser de una personalidad más hermética y más de familia o casa, se me hacía bastante sencillo”.
“Recuerdo varios cumpleaños celebrados a mis pares en el colegio, y como toda jugarreta infantil, se asomaban los ‘malteos’, ‘camotera’, ‘callejon oscuro’ o simplemente un canto de cumpleaños a todo pulmón por parte del curso, lo cual en mi caso sentía que era exponerse demasiado”, dice entre risas.
Pero ahora, de adulto, “ahora de adulto, valoro bastante tener la posibilidad de tener cumpleaños durante vacaciones, Santiago se encuentra con poca gente, por lo que gran parte de febrero es para celebrarme yendo a lugares que normalmente habrían largas filas”.
“Por ejemplo, poder ir al cine a ver una película durante la tarde y que la sala esté casi vacía, poder entrar a un local de comida y darte un momento para ti, poder caminar o ir a un parque y ver los espacios con poca gente… creo que es una muy buena experiencia tener un cumpleaños en vacaciones”, comenta.
En cualquier caso, no todos tienen experiencias tan accidentadas. Tiago Costas, por ejemplo, contó que para él la experiencia ha sido “buena”.
“Todos los meses tienen su encanto, y la verdad es que siempre he estado rodeado de muchos amigos en mi cumpleaños. Depende mucho de la persona, en verdad, de cómo lo vive mas que el mes en que se celebra”, sostiene.



