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Reportajes

De Marc Anthony a la apuesta de Carin León: cómo llegan los grupos y solistas al Festival de Viña del Mar 2025

Cada nueva versión en la Quinta Vergara trae artistas en alza, otros que tratan de escapar del olvido y algunos en su mejor momento o completamente vigentes. Analizamos cada uno de los números que estarán desde el domingo hasta el viernes próximo en el escenario musical más importante del continente -con supremacía de la música colombiana-, y apostamos por los que deberían consolidarse, enterrarse en la intrascendencia y, también, brindar shows históricos.

Sigue a The Clinic en Google News Por Felipe Rodríguez 22 de Febrero de 2025
Sandro Baeza / The Clinic
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MARC ANTHONY: A primera vista, Marc Anthony suena como un número repetido en la Quinta Vergara. Es su cuarta vez en el certamen. Pero pocos nombres como él son ideales para abrir los fuegos del Festival de Viña del Mar 2025. Como Chayanne, Ricky Martin o Luis Miguel, el puertorriqueño-estadounidense es un artista seguro de un repertorio amplio, que arranca desde la salsa y se desvía en distintos estilos, siempre bailable, apoyado por más de una decena de músicos muy competentes y rítmicos que en el escenario aumentan sus habilidades instrumentales. En septiembre pasado, llenó dos veces el Movistar Arena promocionando su nuevo álbum “Muevense” (2024). Fue un anticipo exitoso de un solista que agrupa multitudes e invita a la fiesta colectiva.

BACILOS: Invitados como parte del jurado del Festival de Viña, este dúo vive horas bajas. Si a comienzos de este siglo, su pop dulce y cándido se masificó gracias a singles como “Mi primer millón” y “Tabaco y Chanel”, el bloqueo creativo los puso más de diez años en el freezer. Su regreso a fines de la década pasada no tuvo ningún impacto. Quisieron replicar ese pop caribeño y cuadriculado de sus inicios, pero ya no tienen la capacidad para llenar estadios y sus nuevas canciones son apenas correctas. Solo están para actuar en casinos como un número nostálgico y para un público de más de 45 años. Es un relleno innecesario de una dupla que no tiene demasiado que ofrecer. Un show totalmente irrelevante.

MYRIAM HERNÁNDEZ: 23 años sin estar en el escenario de la Quinta Vergara es un exceso para la carrera de Myriam Hernández. En medio de una llamativa productividad laboral, la presencia de la baladista más importante de Chile asoma como uno de los momentos estelares de esta edición. Plena vigencia con recurrentes presentaciones en Latinoamérica y Estados Unidos, últimos discos sólidos -producidos por Jacobo Calderón, hijo del gran compositor Juan Carlos Calderón- y una cantidad de hits románticos y desgarradores confirman que su espectáculo es sinónimo de calidad, interpretación perfecta y dramatizados coros del público. Es uno de los shows más esperados de una artista que siempre crece jugando de local.

HA*ASH: La dupla de Hanna y Ashley Pérez tiene experiencia en el Festival de Viña: estuvieron como jurado en la versión 2018. En rigor, las hermanas son ese típico producto made in México que busca llegar a un público adolescente y femenino. En su música, nada suena al azar. Todo está fríamente calculado, con historias de amor y desamor (platónicos) en formato Disney, con voces frágiles y cierres con pianos tenues para imponer melancolía artificial, pero donde escasea la espontaneidad y la frescura. Su arrastre a nivel infantil es insoslayable, pero la llave a la posteridad artística -tienen más de veinte años de carrera- es prácticamente nula. 

MORAT: Hay casos de bandas que sorprenden por su nivel de popularidad. Así sucede con esta agrupación colombiana –algo parecido a unos Juanes con acné– que cruza su discografía de un romanticismo excesivamente azucarado, donde no existe espacio para otro tipo de mensaje que no sean las frustraciones y las lágrimas, pero siempre con una mirada fija en los pensamientos de la pubertad. 

Existe poca variedad en su propuesta musical. Es un pop correcto, pero sin pegada, que incluye algunos destellos de incrustaciones urbanas en su último álbum, “Si ayer fuera hoy” (2022), para congraciarse con los ritmos de moda, aunque en general sus melodías suenan como esas canciones que adornan, como ruido de fondo, los diálogos en las teleseries chilenas. Tan insípidas como intrascendentes. 

SEBASTIÁN YATRA: En un Festival de Viña que reafirma la preeminencia del pop colombiano en el mundo, la segunda participación de este solista ha estado en paréntesis debido a una enfermedad que lo tiene complicado desde hace un mes. La música de Yatra se balancea entre los ritmos urbanos, vallenatos y las baladas, siempre con el romanticismo como prioridad, pero también con una búsqueda sonora más contemporánea y asociada a un público que va desde los 20 a los 35 años. Su ductilidad artística se plasma en asociaciones con Karol G -la mejor de su generación- y Wisin y Nacho. Cuenta con buenos arreglos, sonidos modernos y ganas de experimentar estilísticamente, dentro de su vocación pop. Una carta de triunfo seguro.

CARLOS VIVES: Asociado a los poderes de la industria musical en Miami, Vives tiene varios méritos. Un cancionero que explotó a comienzos de los 90 y que fue punta de lanza para el actual predominio de la música colombiana en la región y, también, en el mundo. Aunque sus canciones tienen el ritmo caribeño y el carácter bailable que enorgullece y es identidad en los colombianos, desde hace unos años sus shows siempre quedan en un punto suspensivo por su escaso caudal vocal. Esa gran interrogante es la que pone un freno de mano en la actuación de un solista que puso el vallenato en primer plano y que, también, ha ayudado a impulsar las carreras de artistas jóvenes de su país. Debería ser un show celebrado y festivo, aunque su voz implica dudas. 

CARIN LEÓN: Es uno de los nombres más desconocidos para el gran público de la actual versión, pero asimismo, uno de los artistas contemporáneos fundamentales de la música en español. En su visita a Chile en agosto pasado, León expuso su música -bautizada como regional mexicano- con una alta adhesión. La versatilidad de León logra que sus canciones transiten desde la herencia más profundamente azteca de estrellas como Jorge Negrete y Pedro Infante a baladas lacrimógenas con preponderancia de bronces y cierto gusto por la salsa. Carin León crea canciones profundamente latinas, sin estructuras preconcebidas para el aplauso fácil y estará en la Quinta Vergara en el mejor momento de su carrera. Algo que pocas veces sucede en Viña. Será la gran sorpresa de este año.

INCUBUS: Con casi treinta años de trayectoria, esta banda de nu metal -próceres del estilo junto a Korn y Deftones, entre otros- fue la que cambió el rock con testosterona excesiva de sus colegas y le inyectó cierta dosis de sensibilidad a sus temas. En el día que el Festival de Viña apuesta por abrirse a otros géneros con menos protagonismo, los estadounidenses cuentan con un cancionero que pasa de la sensibilidad al frenesí rockero, como también a la contemplación y la suavidad instrumental.

Es una carta que, con toda seguridad, bajará algo el rating televisivo, pero le agrega una impronta más inclusiva a la programación viñamarina. Una medida siempre positiva. No es un nombre de primer nivel como pasó en ediciones anteriores con Morrissey, Elton John o Sting, entre otros, pero para los que a comienzos de siglo fueron jóvenes y seguían las radios de rock, es una banda que los ayudó a forjar su educación musical.

Incubus

THE CULT: Ian Astbury, el líder de The Cult, no es cualquier cantante. Fue reclutado, a comienzos de siglo, por los ex The Doors, Ray Manzarek y Robby Krieger, para reemplazar en giras a un irremplazable: Jim Morrison. Con más de 40 años de carrera, los ingleses cuentan con todos los clichés de las bandas de rock tradicionales. Un líder carismático, un guitarrista creativo y una música expresiva y fluida con influencias directas de Led Zeppelin, Jimi Hendrix, los propios The Doors y AC/DC. Sus conciertos son, pese a la edad de los integrantes -la mayoría con más de 60 años-, rabiosos, estimulantes y recrean el espíritu más clásico del rock. Tienen una discografía, además, con varios hits. Un show del recuerdo superior a la alicaída presentación de Men at Work en 2024.

DUKI: Junto a Carin León, el rapero argentino es la otra figura festivalera que actuará en el Festival de Viña en el mejor momento de su carrera. El año pasado, llenó el Santiago Bernabeu en Madrid y el Monumental en Santiago y destaca por su fluidez en el fraseo, espectacular por momentos en su precisión y su rítmica. A diferencia de sus colegas, Duki combina estilos. Puede pasar de la chacarera al reggaetón y del trap al pop en transiciones que están enlazadas con calidad y categoría. La gran virtud del trasandino es su habilidad para hacer que la música urbana tenga evolución, desarrollo y líricas que no se estacionan solamente en joyas, sexo y gestos exuberantes de campeón. Su mayor plus es haber refrescado la música urbana latina.

ELADIO CARRIÓN: Partió haciendo humor por Internet y, con los años, su compatriota Bad Bunny lo nombró como el representante más importante del trap. El puertorriqueño posee elasticidad estilística y es otro nombre estelar en la música urbana. Sus canciones pueden ser bailables y también más pausadas y sus obsesiones líricas son las mismas de la mayoría de sus colegas: la superación de un pasado precario, los diamantes, los autos último modelo y, por supuesto, el sexo. Los beats de sus canciones son típicamente traperos, aunque la diferencia de Carrión es que su música es más sobria e introspectiva. Otro nombre que asoma con éxito en la noche urbana.

KIDD VOODOO: En apenas tres años, el maipucino obtuvo un ascenso a la masividad absoluta con llenos en teatros y presentaciones en festivales. Su éxito en vivo radica en que, a diferencia de sus colegas, se inició en el rock independiente. Ese conocimiento de otros estilos hizo que la arquitectura de sus canciones, aunque cuentan con la base tradicional del reggaetón, tenga detalles que no se remiten a un sonido básico y simplón. Sus temas, además, tienen un beat rítmico, fresco y más pegadizo -hay algunas influencias de Daft Punk-, con similitudes a Gianluca, y que ha permitido que sus espectáculos sean bien recibidos. No será su primera vez en la Quinta. El año pasado participó en la Obertura y junto a Los Bunkers. Su presencia en Viña es su consolidación como uno de los artistas locales más creativos -y en alza- en la música urbana.

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