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La obsesión de Horst Paulmann: los archivos secretos de la construcción del Costanera Center

De recoger baldes con orina en el Club de la Unión a construir una de las mayores fortunas del país, Horst Paulmann dedicó décadas a moldear su propio mito como el empresario que llevó el retail chileno a su máxima expresión. Su mayor obsesión fue la construcción del Costanera Center, la torre más alta de Latinoamérica, un proyecto que marcó su legado. En este relato, el exjefe del proyecto, un exencargado de seguridad, ejecutivos y dos exministros, incluido Laurence Golborne —quien también fue una de las figuras clave en Cencosud—, analizan la relación de Paulmann con su obra más ambiciosa. Entre anécdotas de paracaidistas infiltrados, personas que se quitaron la vida y acuerdos millonarios sellados con cifras escritas en servilletas, surgen las historias que han convertido al Costanera Center en un ícono tan imponente como controversial, y que, pese a su magnitud, y ser el centro comercial con más ventas en Chile, nunca dejó completamente satisfecho a su recientemente fallecido creador.

Por 15 de Marzo de 2025
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El 18 de noviembre de 2010 fue el primer día de trabajo de Javier Paredes como jefe de seguridad del edificio Costanera Center. Exmilitar y con experiencia en el área, tenía clara su principal misión: supervisar la seguridad a través del Departamento de seguridad Industrial de Salfa, la empresa encargada de la construcción del megaproyecto.

Pero, apenas despertó, recibió una noticia inesperada: dos hombres habían burlado la vigilancia, logrando escalar hasta el piso 42 de la obra en construcción para lanzarse en paracaídas. Paredes no podía creerlo. “Me van a despedir en mi primer día”, pensó.

La noticia fue un escándalo. En cuestión de horas, el video de los dos paracaidistas lanzándose desde lo más alto de la construcción del Costanera Center estaba en YouTube. En las imágenes se veía a algunos obreros desconcertados, preguntándoles quién les había permitido llegar hasta allí, otros los alentaban a saltar.

La estrategia que los paracaidistas usaron para infiltrarse fue tan sencilla que bien pudo ruborizar a Paredes: en el primer piso, dijeron que venían a grabar una publicidad. Sin levantar sospechas, subieron por las escaleras hasta el piso 12, accedieron a un ascensor externo reservado solo para la obra y, finalmente, treparon por una grúa hasta alcanzar el piso 42, desde donde saltaron al vacío.

El video se viralizó rápidamente y los medios nacionales e internacionales hicieron eco de la situación. La construcción más ambiciosa de Chile no solo era noticia por su magnitud, sino ahora también por fallas en su seguridad. Paredes fue llamado a reuniones de emergencia. Todos esperaban una reacción inmediata de Horst Paulmann, el dueño de Cencosud e impulsor del edificio más alto del país. Pero Paulmann no estaba en Chile

Paredes imaginaba lo peor. La fama del empresario, como un hombre pragmático y severo, lo precedía. Sabía que el balance final vendría tarde o temprano y que su nombre probablemente estaría en la lista de responsabilidades. Sin embargo, cuando finalmente llegó la respuesta de Paulmann, lo tomó completamente por sorpresa.

No hubo despidos, ni reprimendas. En cambio, el magnate vio una oportunidad. “A diferencia de lo que pensamos, él prefirió que la noticia se viera en todas partes, que se expandiera, porque su edificio ícono lo estaban viendo en todo el mundo y sin quererlo”, recuerda Paredes. En lugar de ver un desastre, Paulmann vio publicidad gratuita para su proyecto más ambicioso. Su verdadera obsesión. Como buen empresario, vio una oportunidad en esa situación. 

Una maqueta que se transformó en el edificio más grande

El ingeniero argentino Bernardo Hopp jamás imaginó que su carrera lo llevaría a Chile ni que terminaría liderando la construcción del edificio más alto de Latinoamérica, en pleno corazón de Santiago. Su relación con Horst Paulmann comenzó en 1992, cuando fue el encargado de una ampliación en el Jumbo del Parque Brown, en Buenos Aires, la primera apuesta de Cencosud fuera de Chile. Ese supermercado, inaugurado en 1982, marcó el inicio de la internacionalización del holding.

Desde entonces, Hopp continuó trabajando en Argentina, país donde Paulmann proyectaba expandir su imperio. Sin embargo, la crisis del “corralito” en 2001 obligó al empresario a redirigir sus inversiones hacia Chile. Fue entonces cuando Paulmann lo llamó y, fiel a su estilo directo, le planteó un ultimátum medio en broma, medio en serio: “¿Quiere quedarse en Argentina trabajando como cajero del supermercado o se viene a Chile?”. Hopp no lo dudó.

Ese mismo año se mudó a Santiago y le asignaron una oficina contigua a la del dueño de Cencosud. Lo primero que le llamó la atención al llegar fue una gran maqueta. “Le pregunté a don Horst: ‘¿Qué es eso?’, y me dijo: ‘Ese es Costanera Center’. Era el año 2001, y aunque el diseño era distinto al final, la idea ya estaba ahí”, recuerda Hopp.

Su llegada al proyecto, sin embargo, fue gradual. Primero lideró otras obras clave de Cencosud, como la inauguración del mall Florida Center (2003), dirigido a la clase media, y el Portal La Dehesa (2003), enfocado en el segmento alto. También trabajó en la construcción de un Easy en Temuco. Su trayectoria le permitió consolidar su prestigio entre los ingenieros chilenos, aunque cuando comenzó la construcción del Costanera Center en 2006, él ya no trabajaba en la empresa de Paulmann, sino en la edificación del Hotel W.

Pero en 2008 Paulmann volvió a llamarlo, esta vez con carácter de urgencia. El primer jefe de obras del Costanera, Jaime Arias, había sido removido tras problemas en las negociaciones con el Ministerio de Obras Públicas por las vías de mitigación del proyecto. Hopp asumió el desafío en un ambiente de máxima presión. Arias, quien manejaba gran parte de la cartera inmobiliaria de Cencosud, describió la intensidad del trabajo con Paulmann en la biografía Los pasos del elefante: “Yo manejaba la mitad del dinero de su cartera inmobiliaria y estaba obligado a hablar todos los días con él. Incluso los sábados, cuando almorzábamos juntos y luego trabajábamos toda la jornada. Y no contento con eso, me llamaba en la noche”.

Mucho se habla de la presión que Horst Paulmann imponía a quienes trabajaban en sus proyectos. Llamadas a las tres o cuatro de la mañana eran parte de la rutina, sin importar si era sábado o domingo. Bernardo Hopp, exjefe de proyectos de Cencosud, lo vivió en carne propia en más de una ocasión.

Paulmann tenía los planos del Costanera Center grabados en la cabeza. Si algo no quedaba como lo imaginaba, lo hacía demoler y reconstruir sin dudar. Controlaba cada detalle y no permitía que trabajadores o gerentes tomaran decisiones sin consultarlo. “Siempre tenía una razón que en la obra no terminábamos de ver, pero él la tenía clarísima”, recuerda Hopp.

Pese a su carácter tajante, Hopp admite que una vez no siguió un plano. “Cometí un pecado que nunca le confesé. Construí un altillo que no estaba en los planos, porque tenía ventajas y no generaba costos adicionales. No se lo consulté”, cuenta. Pero el secreto no duró mucho.

“Un día recorríamos la obra, que tenía más de 600 mil metros cuadrados, y pasamos por el altillo. De inmediato cambió la cara y me dijo: ‘Yo este altillo no lo autoricé, ¿quién lo diseñó?’”. Hopp supo en ese momento que con Paulmann no había margen para improvisaciones. “Era exigente y tenía su carácter, pero creía en sus planos a ciegas, y por eso no le gustaba que se los cambiaran”, concluye.

Hopp agarró un fierro caliente. Tan solo seis meses después de su llegada la obra se tuvo que paralizar por la crisis del subprime que afectó a todo el mundo. “El peak de trabajadores en la construcción fue de 5.500 empleados y cuando paralizamos la obra estábamos básicamente en obra gruesa, de hormigón. Habían más de 3.000 empleados que hubo que despedir. La situación fue muy complicada. En ese minuto don Horst decía que no se podía comprar ni un escalímetro (regla) si no es con mi autorización. Eso lo dijo en serio, la cosa fue muy compleja. Yo tuve que reducir a lo mínimo”, recuerda Hopp.

Al teléfono y desde Colombia, el exministro y uno de los exejecutivos estrellas de Cencosud, Laurence Golborne, recuerda el momento: “Yo en el 2008 era el gerente general, recuerdo que hablamos mucho el tema de la paralización con don Horst y con el directorio de la época y las necesidades obligaron a que tuviésemos que paralizar. Don Horst era optimista y tiraba para adelante, pero entendió los argumentos. Cuando le mostramos la necesidad de caja entendió la decisión y estuvo de acuerdo. Él tomó la decisión en conjunto al directorio, como el cuerpo colegiado que le llamábamos”, rememora Golborne.

Quizás haber sido un cajero en el Jumbo de Parque Brown no hubiese sido tan mala idea para Hopp.

La relación de Horst Paulmann y la Concertación

La construcción del Costanera Center era una cuestión importante no solo para el sector privado en Chile, sino que también para el primer gobierno de Michelle Bachelet, quien por esos años superaba el 80% de aprobación. La paralización de las construcciones levantó las alarmas entre sus ministros, a quienes se les encomendó la reactivación económica. 

“De lo que recuerdo en ese momento es, que Paulmann fue el único que tuvo la disposición  de considerar el reinicio de obras, siempre que hubiera ciertas condiciones”, recuerda el exministro de Obras Públicas, Sergio Bitar. 

La preocupación en La Moneda por este ítem pasó a tener un status de prioritaria. Se formó un equipo de ministros en los que participó René Cortázar, Andrés Velasco y el propio Bitar. Las conversaciones fueron llanas y la reactivación del proyecto era inminente. El único desencuentro se dio respecto al financiamiento de las obras de mitigación, las que incluían accesos y puentes y que en un momento contemplaron un acceso al Metro (similar al que hoy tiene el MUT) e incluso un túnel por Andrés Bello. 

“Él nos pidió que esas obras las financiara el Estado. Yo le di una vuelta, pero vi que en una situación de crisis hacer una excepción nos alteraba completamente la política que tenía el Estado de pedir una colaboración a los privados y entre los dos refinanciar la mitigación. Eso nos trancó, pero llegamos a un acuerdo”, recuerda Sergio Bitar.

Un empleado del MOP que participó en dichas negociaciones recuerda que el monto entregado por Horst Paulmann se selló en un subterráneo del Costanera Center, donde habían oficinas de Cencosud y que el monto que entregaría lo escribió en una servilleta con un lápiz pasta. Finalmente, ese monto fue aceptado por el gobierno. 

“Yo tengo de él, ahora que falleció, una impresión positiva. Fue un hombre serio, audaz, buen negociador”, rememora Bitar, quien añade: “Paulmann tuvo una actitud que me sorprendió como me sorprendieron otras dos personas que son Luksic (Abaroa) y (Anacleto) Angelini, los dos padres que murieron. Allí tienes casos de empresarios que llegaron con poquita plata y que se formaron ellos. Que saben lo que es salir adelante y saben lo que es relacionarse con los gobiernos desde un punto de vista práctico y no ideológico. Paulmann era uno de esos y lamentablemente Chile no ha producido más empresarios de ese tipo”.

El vínculo entre Paulmann y la Concertación quedaría sellado en una visita de la expresidenta Michelle Bachelet a la obra, luego de su reactivación tras la paralización. La Mandataria acompañó a Paulmann hasta el piso 20 de la torre y saliéndose de protocolo, fue ella misma quien dio por radio la orden para que la primera grúa comenzara a funcionar.

“Hicimos el anuncio una semana antes de las elecciones, porque esta obra es tan importante no solamente para nosotros, sino que para todo el país. Le agradezco muchísimo a la presidenta por haber aceptado esta invitación”, dijo Paulmann en la ceremonia. 

Cuando llueve no todos se mojan

Si bien la reactivación del Costanera Center fue un alivio para Horst Paulmann, la crisis económica dejó su marca en el proyecto. Originalmente, el plan contemplaba cuatro torres: la principal, que se convirtió en la más alta de Sudamérica, una más pequeña que también se levantó, y dos intermedias de 41 pisos y 170 metros de altura, cuya construcción fue pospuesta indefinidamente debido a las proyecciones económicas. Así, el gran sueño arquitectónico de Paulmann quedó (y continúa estando) inconcluso, dejando un sabor amargo incluso después de haber logrado su obra más emblemática.

A pesar de esto, Paulmann se enfocó en apurar la apertura del mall, convirtiendo la recta final del proyecto en un motivo de orgullo personal. No solo celebró uno de sus cumpleaños en las alturas antes de que el edificio estuviera terminado, sino que llevó a sus nietos a recorrer la torre antes de que se instalaran las ventanas, desafiando cualquier recomendación de seguridad. “Cuando se terminó de construir el piso 66, quiso llevar a toda su familia a hacer un cóctel arriba. Yo le advertí que no era recomendable sin al menos 60 guardias, porque sus nietos eran pequeños y no había vías de escape. Me respondió: ‘Si tiene que ser con 80 guardias, traiga a los 80 guardias’, y así lo hizo”, recuerda Javier Paredes, exjefe de seguridad.

La urgencia de Paulmann por abrir el mall contrastó con las recomendaciones de su equipo, que insistían en esperar. Pero Paulmann era un hombre de decisiones firmes. El 12 de junio de 2012, en medio de una jornada lluviosa, el Costanera Center abrió sus puertas. “Él quería que lloviera. Decidió que la apertura fuera un día de lluvia para que no entrara tanta gente, porque el mall estaba listo, pero el edificio no. Le dijimos que no estábamos preparados, pero dijo: ‘Abramos’”, relata Paredes. 

Los sinsabores de la torre de Horst Paulmann

Cuando la construcción del Costanera Center llegó a su fin, Bernardo Hopp quiso tener una reunión privada con Horst Paulmann. Se encontraron en las oficinas del empresario en Alto Las Condes, en un encuentro cuyo contenido sigue siendo un misterio. Hopp prefiere mantenerlo en la memoria y en la confidencialidad de ambos, aunque deja entrever que la conversación osciló entre elogios y críticas.

“Siempre fue muy exigente, estricto y crítico, pero en esa exigencia te empujaba hacia la excelencia. Para él, la calidad y el servicio al cliente eran intransables”, recuerda Hopp.

Esa obsesión por la experiencia del cliente se hizo evidente el día de la inauguración del Costanera Center. Mientras trabajadores y gerentes estacionaban sus autos en el subterráneo del flamante mall, Paulmann estalló de inmediato. “No, no, no. Salgan de ahí. Los estacionamientos son para los clientes”, ordenó tajante. Para él, cada detalle debía estar orientado a quienes llegaban a comprar y recorrer su megaproyecto. “Esa era su visión, el cliente iba primero, siempre. Y si trabajabas con él, debías estar a la altura de esa exigencia”, concluye Hopp.

Lo de “el cliente primero” es un rasgo que se repite en quienes entregan su visión de Horst Paulmann, y que queda en evidencia en su propia biografía. En el invierno del 2016, por ejemplo, el primer piso del Costanera Center terminó totalmente colapsado tras una inundación que afectó a la avenida Andrés Bello.

La empresa convocó a un grupo de hombres para que trataran de mitigar el desastre levantando un dique improvisado. Entre esos hombres estaba Horst Paulmann quien, pese a su edad, y alertado por los daños que podría sufrir su mayor orgullo, no dudó en ponerse a la par con sus trabajadores para intentar salvarlo. “Por eso me ven acá vestido con botas de agua, porque a mi me gusta que nuestro locales estén tiquitaca”, dijo a los medios.

Su exjefe de seguridad recuerda otra anécdota de Paulmann resguardando sus negocios. “En 2019 yo no estaba trabajando en Cencosud hace rato y para el estallido social me llamaron diciéndome que me estaba buscando Horst Paulmann. Yo pensé, perdón la expresión, que me estaban agarrando para el hueveo, pero realmente era Horst Paulmann y me dice que estaba él frenando a la gente, que necesitaba apoyo. Y bueno, un amigo que era coronel en ese momento, mandó los dos camiones y salvó el Jumbo”, recuerda.

Javier Paredes no solo trabajó en seguridad durante la construcción de la torre, sino que también durante los primeros años de su funcionamiento. Al respecto, indica que fue uno de los puntos negros de Costanera Center y que, lamentablemente, el personal se terminó acostumbrando, fue a las muertes, por personas que se lanzaron desde el mall, situación que cambió en lo últimos años tras la instalación de mamparas de seguridad.

Sobre el rol de Paulmann en los suicidios del Costanera Center, Paredes expresa que “cuando empezaron los suicidios hay temas muy particulares que don Horst no quería publicar nunca. Don Horst se encargaba personalmente, a través de los empleados que éramos nosotros, de comprar la tumba del tipo, hacer todo lo que la familia necesitaba. Él exigía que esto fuera sin publicidad”, expresa.

¿Por qué hacer la torre más grande?

Horst Paulmann ha sido retratado como un empresario cercano, un líder que recorría sus supermercados sin previo aviso, compartía almuerzos con sus empleados en el casino y visitaba las obras en construcción para conversar con los obreros. Sin embargo, detrás de esa imagen austera, también estaba el hombre que soñó con levantar el edificio más alto de Sudamérica. ¿Cómo se explica esa aparente contradicción?

Para el exgerente general de Cencosud, Thomas Keller, la clave está en su visión comercial. “Él venía de un ambiente de restricciones y aplicó ese concepto en toda su vida. Los shopping centers son construcciones grandes porque responden a lo que el cliente demanda. Entonces, el tamaño del Costanera Center no fue un capricho, sino una respuesta a una necesidad objetiva del mercado. Él detectó eso y llevó adelante su proyecto”, sostiene. Y las cifras parecen darle la razón: en 2024, el Costanera Center —hoy Cenco Costanera— recibió más de 32 millones de visitas y generó ventas por $771.889 millones (US$775 millones), consolidándose como el mall más visitado del país.

Otros, en cambio, ven en su historia un reflejo de su ética de trabajo. “Él contaba que, cuando trabajaba con su padre en el Club de la Unión, una de sus tareas era retirar los urinarios de las habitaciones. Siempre decía: ‘Yo no le tengo miedo al trabajo’. Se esforzaba, se sacaba la mugre y, aún siendo un hombre muy rico, trabajaba incansablemente. No era alguien que soñara con andar en yate; para él, el trabajo lo era todo”, recuerda Laurence Golborne.

Sin embargo, hay quienes creen que la torre también respondió a un rasgo de vanidad. En los medios de la época se escribieron crónicas sobre que una presunta rivalidad con Abraham Senerman y el grupo Bethia, responsables del edificio Titanium, habría influido en su afán de construir algo aún más imponente y más alto.

Bernardo Hopp, exjefe de proyectos de Cencosud, lo ve de otra manera: “Siempre quiso hacer las cosas grandes, generar trabajo y valor. Obviamente, hacer el edificio más alto de Chile era atractivo para él. Si tenía la opción de agregar un piso más o uno menos, la decisión siempre iba a ser sumar otro. Cualquiera en su lugar lo habría hecho, ¿qué hubieses hecho tú?”, pregunta.

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