Las secuelas invisibles de la pandemia: casas de estudio alertan alza de universitarios con ansiedad y problemas para relacionarse
Uno de cada dos estudiantes con ansiedad. Un tercio de la comunidad estudiantil con síntomas de estrés o depresión. La nueva realidad, acentuada por la pandemia, es esta. ¿Cómo lo han hecho las casas de estudios para contener esta oleada de casos y necesidad?
Por Isabel Plant y Manuel José Montes 23 de Marzo de 2025
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Fue hace dos años que Florencia (22) decidió cambiarse de Psicología a Biología, dentro de su misma universidad. Aunque sabía que su nueva carrera sería más demandante, nunca imaginó el nivel de estrés que sentiría, y mucho menos cómo iba a influir en su salud mental. La presión constante que le causaba saber que al terminar una evaluación ya estaba atrasada para preparar la siguiente, la angustiaba permanentemente. La situación se volvió abrumadora cuando completó su tercer semestre.
“No tengo ningún problema con la carrera, sino que no puedo cumplir con lo que me piden. Entonces por eso llegué al punto en decir: voy a congelar, mejor, porque si no me voy a echar todos los ramos”, recuerda la joven.
Recibió orientación de su casa de estudios, la Universidad Andrés Bello, donde le aconsejaron que se tomara el tiempo necesario para recuperarse y la ayudaron con el proceso para pausar sus clases. Luego buscó ayuda psicológica. Mirando hacia atrás, Florencia piensa que la pandemia fue un factor determinante, pues al haber tenido un primer año online, el retorno a la presencialidad fue un choque: “Era otro el ritmo. Era más ansiedad, porque es muy distinto tener clases online a tener clases presenciales, ver las caras a todos tus compañeros. Era otro factor angustiante”, recuerda.

El caso de Nikola (20) y su paso por Derecho fue similar. Había terminado la enseñanza media en pandemia y estaba acostumbrado a estudiar desde su hogar. Pero en 2022, cuando entró a la Universidad Central, jamás imaginó lo difícil que iba a ser mantener su ritmo de vida.
“Mis resultados en las primeras pruebas fueron penca… me estresaba porque trabajaba, pololeaba, y más encima me iba mal en la U”, recuerda Nikola. Se dio cuenta de que cada vez que tenía un episodio de estrés, aparecían pequeñas ronchas en su cuerpo, como un ataque alérgico.
“Me despertaba a las 5 de la mañana, me acostaba a la una de la mañana, intentando estudiar. Me diagnosticaron urticaria crónica espontánea, que siempre se relaciona con trastornos psicológicos, mucha ansiedad”, relata. Para su primera temporada de exámenes tuvo un episodio de estrés que hizo mucho más graves los síntomas de la urticaria, por lo que terminó hospitalizado y no pudo rendir las pruebas. Nikola abandonó la carrera en el primer semestre.
Las cifras sobre salud mental en jóvenes arrojan una crisis desde hace años: la última versión disponible de la Encuesta Nacional de Juventudes del INJUV, de 2022, indica que el 26,9% de los jóvenes presenta síndromes moderados a graves de depresión, lo que es el doble de la población adulta. Otras investigaciones en Chile muestran que un tercio de los estudiantes universitarios presentaría sintomatología conjunta de depresión, ansiedad y estrés. La generación ansiosa, la que vivió la pandemia y que se relaciona a través de pantallas, ha movilizado a las instituciones de educación superior, las que han debido transformarse para contener la ola de casos que colman sus pasillos, todos los días.
La edad más compleja en salud mental
“El periodo universitario es un momento crítico para la aparición de problema de salud mental. Hay crisis identitarias, hay estudiantes que viven cambios de ciudades, hay un cambio en la forma de aprender de la educación media a la universidad; uno se expone a cambios diversos que demandan. Y eso origina crisis”, explica María Paz Jana, directora de Salud y Bienestar estudiantil de la Universidad Católica. “Antes de la pandemia no veíamos la ansiedad que estamos viendo hoy. En 2022 hicimos encuestas a la comunidad estudiantil y había aumentado el indicador de ansiedad. La estaban sintiendo de manera más elevada a severa. Y ahí empezamos a verlo en aula con crisis de pánico, crisis de ansiedad, hasta ideación suicida”.
“El deterioro de la salud mental en la población universitaria es una tendencia que se venía observando desde antes de la pandemia. Esta crisis sanitaria actuó como un punto de inflexión, intensificando estas problemáticas y evidenciando la necesidad de fortalecer las estrategias de acompañamiento y apoyo psicológico”, explica Vicente Cáceres, director general de Desarrollo Estudiantil de la Universidad Andrés Bello (UNAB). “Hoy, la evidencia señala que uno de cada dos estudiantes universitarios presenta síntomas de ansiedad o depresión, lo que refleja las necesidades y el desafío creciente para las instituciones de educación superior”.

En el caso de la UNAB, es cosa de visitar algunos de sus pasillos para ver cómo se ha estado trabajando el mejorar el relacionamiento entre estudiantes que, quizás, perdieron ciertas capacidades de interacción entre pandemia y celulares: en uno de los edificios de República, el colorido espacio de la Dirección de General de Desarrollo Estudiantil ha sido acondicionado con mesas, pizarras, espacios de trabajo conjunto, una especie de co-work juvenil, para invitar a los estudiantes a compartir. “Esto les permite fortalecer sus relaciones interpersonales, apoyándose mutuamente y desarrollando habilidades y competencias personales que complementan su formación académica”, explica Cáceres.
La amenaza de la ideación suicida
En la misma Universiad Andrés Bello, lo que comenzó en 2018 como una campaña anti acoso, desde 2023 se ha transformado en una enfocada en la prevención del suicidio: “Eres importante, tu vida cuenta”, que se enmarca dentro del programa ya existente sobre el mismo tema. Tiene actividades de educación, formación y redes, enfocado en la prevención, según explica Cáceres: “Su propósito principal es asegurar que nuestros estudiantes sepan que no están solos, proporcionándoles información sobre los recursos de apoyo disponibles, tanto dentro de la universidad como en redes externas especializadas”.
Y es que la posibilidad de atentar contra la propia vida es una realidad constante en todas las universidades y, por supuesto, la que se trata de evitar con mayor urgencia; un estudio de 2020 de la Universidad de Talca y la Universidad Los Andes cifraba el riesgo suicida en un 20% del estudiantado.
Desde la Universidad de Chile coinciden con el diagnóstico actual sobre la salud mental en universitarios: “Hemos visto dos fenómenos que se han ido agudizando desde hace tres años hacia ahora. Por un lado, la cantidad de estudiantes que solicitan atención o ayuda en el ámbito de la salud mental; se duplicó la solicitud de atenciones. Ha ido aumentando progresivamente post pandemia. Además, también ha aumentado la gravedad de los estudiantes que consultan. Tenemos problemas de salud mental más graves, con patología más graves que viene no tratada desde antes, y que se agudizan entrar al estrés universitario. Casos mucho más complejos que requieren un trabajo interdisciplinario, de apoyo de equipo”, dice Yael Weinstein, Coordinadora del equipo de Salud Mental de la Dirección de Salud Estudiantil.

Post pandemia, explica la Directora de Salud Estudiantil de la Universidad de Chile, Ivonne Ahlers, han fortalecido la cantidad de horas disponibles de atención en salud mental, así como sumado a más profesionales del área. “Todos los campus tienen su dispositivo de salud, que atienden los casos más leves y a nosotros acá como Dirección de Salud nos llegan los más complejos”, explica. “Nuestra universidad tiene una clínica psiquiátrica y ahí nosotros hospitalizamos a los estudiantes que lo necesitan. Y la Dirección de Salud Estudiantil tiene un sistema de franquicias para poder cubrir esa hospitalización”.
Ante la consulta de si son muchos los estudiantes que llegan a hospitalización, Yael Weinstein responde: “Es un número relevante. No estamos exentos de lo que le pasa a las otras universidades en ese sentido. Más relevante que hablar de números, para cada caso que esté con una ideación suicida o que tenga un riesgo de morir, nos ocupamos personalmente de apoyar a ese estudiante y la familia. Ya tener casos muy graves es una preocupación de primera necesidad”.
De reacción a prevención
El llegar no sólo a tiempo, sino que antes, es un giro que han dado las universidades ante la crisis de salud mental de sus alumnos. En el caso de la Universidad Católica, desde 2018 que comenzaron a modificar en cómo abordan el trabajo con los alumnos desde la Dirección de Salud y Bienestar, como explica María Paz Jana. Si ya desde el 2000 empezaron a ofrecer atenciones psicológicas en el Campus San Joaquín, y siguieron lanzando nuevos programas en los años siguientes, el problema eran las listas de espera y llegar oportunamente a los casos. “Estábamos enfocados en atención clínica y no en prevención y bienestar. Post pandemia tenemos un modelo más educativo que asistencialista; teníamos mucha lista de espera, todo saturado, porque se centraba en atención y nos dimos cuenta que tenemos otro rol”.
Así llegaron al modelo escalonado: el objetivo es entregar a cada alumno un nivel y tipo de intervención específica a sus necesidades. Si se atiende sólo a los casos urgentes y graves, y estos más encima no encontraban hora de atención en el momento, no se trabaja de raíz la crisis generalizada de salud mental. “Tenemos ocho programas de promoción y prevención, y el modelo escalonado que ofrece distintos servicios: el de orientación inmediata, por ejemplo. El estudiante que necesita ser visto por un profesional de la salud mental el mismo día, no de urgencia, pueda ir a verlo y tener atención. Un profesional te ayuda a pensar, o a derivarte, o se trabaja algo en particular. Eso nos ha ayudado mucho a pesquisar y a trabajar con la comunidad estudiantil”, dice Jana.
Este modelo parte en lo más básico, desde guías de autoayuda en folletos o la web, hasta grupos de apoyo o intervenciones en patios, para luego ofrecer servicios de atención clínica.

En la Universidad de Chile también han estado trabajando en educar, prevenir, llegar antes. Lanzaron la plataforma online Conciencia Saludable, que apenas se despliega en la pantalla cuenta con un anuncio: “¿Necesitas ayuda con tu salud mental de manera urgente? Te ofrecemos una lista de recursos y redes de apoyo que pueden brindarte el respaldo que necesitas en este momento. ¡Recuerda que no estás solo/a!”, y que lleva directamente a teléfonos, direcciones y canales de emergencia. La página además tiene temas de interés y educativos de salud mental, y va apoyado de trabajo en redes sociales, ferias presenciales en los campus universitarios y más.
“Hoy día la mirada es integral. Tenemos un modelo relacionado al bienestar de los estudiantes y tenemos nuevas iniciativas desde este último año debido a la necesidad. Eso significa que implementamos un modelo escalonado de atención que incluye consejería, psicoterapia grupal, psicoterapia individual, medicina de salud mental y psiquiatría, además de todo el trabajo comunitario preventivo y promocional que se hace, trabajamos hasta la atención según lo que tú necesites, no por orden de llegada”, explica Yael Weinstein.
La era de la ansiedad, ¿ha venido para quedarse? Para María Paz Jana, por el momento, sí: “Bajo mi opinión, esto tiene múltiples variables y lo que estamos viendo se va a mantener por un par de años, hasta que nos demos cuenta que tenemos que hacer cambios desde una temprana edad. Por ahora veremos el aumento de sintomatología, crisis o sensación de mayor soledad y falta de pertenencia”. Pero, añade, quizás no es para siempre: “Vamos a llegar a un punto que las redes sociales y la tecnología harán crisis en nosotros, y volveremos a buscar vínculos presenciales y comunidad. Por ahora esto es así, pero según yo lo veo, es cíclico”.


