Opinión
23 de Marzo de 2025
¿Hay o no plan W?
Por Kike Mujica
El plan A era Tomás Vodanovic. El plan B, Michelle Bachelet. ¿Será Gonzalo Winter el plan W? Más allá de que el diputado se embarque o no en la carrera presidencial, su nombre surgió como la opción de reemplazo de Boric. ¿Quién es él?
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El estigma de cuico carga sobre Gonzalo Rodolfo Winter Etcheberry (38 años). Tanto en derechas como en izquierdas. También el de zurdo caviar. En una sociedad propensa al estereotipo -y al clasismo en todas sus versiones- no calza que el exalumno de uno de los colegios más tradicionales de la elite -Verbo Divino- haya cruzado el charco hacia ese mundo que critica a empresarios, a la derecha, a la iglesia y al conservadurismo.
Winter es hijo de Jaime y Elena, quienes se separaron cuando el actual diputado era niño. En un perfil de 2024 -que escribió la periodista Paula Valenzuela, en el DF– el hermano del parlamentario, Jaime, también frenteamplista, comentó sus biografías:
“Mi mamá viene de una familia DC, mi papá de una de derecha. Giampiero Fava, nuestro padrastro, de izquierda, sin duda es una figura que influyó mucho en nosotros políticamente”.
El diputado vivió desde los 9 años con su padrastro.
¿Cómo influyó tu familia en la política?, le preguntó la periodista.
Gonzalo Winter le respondió cantando -literalmente- unos versos de Serrat dedicados a Antonio Machado: “Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, pero mi verso brota de manantial sereno y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”.
“Desde chico que fue de izquierda. Me acuerdo que para la segunda vuelta Lagos-Lavín estábamos en Pucón y él era el único que recogía volantes de Lagos”, recuerda un excompañero de enseñanza media del Verbo. “Tuvo la personalidad suficiente para nunca esconder sus ideas en un ambiente donde claramente la mayoría era de derecha”, agrega.
Fanático de Charly García, de Sui Generis y de Los Prisioneros y gran lector, fue delegado de cultura del centro de alumnos. “Se presentó a la presidencia del centro de alumnos. Obvio que no ganó”, dice un ex compañero.
Por lo que me dicen sus conocidos, su personalidad no ha mutado: “Era un gran orador, con mucha personalidad, muy simpático y gracioso. Eso sí: se ‘calentaba’ mucho cuando teníamos discusiones políticas”.
El íntimo de Gabriel
Winter es uno de los referentes del Frente Amplio. Un símil de lo que fueron en su momento los barones del PS o los coroneles en la UDI: milita en el bando de los que mandan.
Su primera “militancia” fue en el colectivo Arrebol que fundaron, principalmente, estudiantes de Derecho de la U. de Chile. En una entrevista en 2017, en la revista Qué Pasa, Winter lo definía:
“Había colectivos de ultraizquierda, grupos maoístas, de todo. Todos los grupos venían de algún tronco. El colectivo Arrebol fue el primer grupo bastardo: no tenía papá. Existían los estudiantes autónomos, en paralelo, que eran producto del quiebre de ‘La Surda’”.
Al FA unificado llego proveniente del árbol de Convergencia Social, cuyo tronco es Gabriel Boric y el movimiento autonomista. Ingresó a derecho en 2006 a la Universidad de Chile y se tituló como abogado en 2020.
Es íntimo del mandatario, y como íntimo deambula por esas tierras con una discreción que, tal como el silencio, otorga.
“Creo que el Presidente tiene esa virtud que no tienen todos los presidentes del mundo o de la historia de Chile, de poder marcar una orientación moral hacia la población, una orientación, un liderazgo espiritual”, dijo una vez, una frase que le sacan a colación hasta hoy por devota.
“Es muy parecido al presidente. Piensan muy parecido. Los dos son muy lectores. Y al igual que el mandatario, siempre le encontrarás un tuit que lo enreda”, dice un cercano al FA.
Sus vidas han confluido en coyunturas espinosas: la mítica toma del edificio de calle Pio Nono -que hizo caer al entonces decano Roberto Nahum- y la carrera a diputado de Gabriel Boric.
Winter trabajó por él, con encomio, en su primera campaña por la diputación de Punta Arenas. De hecho, arrendó una pieza y partió a vivir por tres meses a esa ciudad.
Electo Boric, fue su asesor. Luego se presentó a diputado. La primera vez, 2018, se hizo conocido por el motejo de “el candidato del uno por ciento”. Obtuvo 5.237 votos (1.20%) y fue “arrastrado” por Giorgio Jackson.
La dio vuelta en 2021 cuando fue a la reelección: obtuvo 66.794 sufragios (14.62%).
“Su debilidad por la cuña quizá ensucia su trabajo parlamentario, que es positivo”, me dice un parlamentario. Otro lo critica: “Es demasiado pintamonos”.
La diputada Pamela Jiles lo alaba: “Es un hombre inteligente (pese a todos los memes), no es arribista encubierto ni falso feminista como todo el FA, tiene capacidad política y sensibilidad social verdadera. Y no lo mueve la plata como al grupo dirigente del FA”.
Y agrega: “Hace dos años dije que sería el candidato presidencial del FA porque lo conozco como la palma de mi mano. Ha vivido sus últimos 15 años a la sombra de Boric… y se ha tragado más sapos que nadie. Le hará muy bien la autonomía. Va a florecer”.
Soldado de la batalla cultural
En el FA valoran que Winter vea en la política no sólo un juego de poder presente sino que un proyecto a largo plazo.
En 2017, en la revista Qué Pasa, Winter describía las lecturas de su colectivo Arrebol: “No teníamos doctrina ni libros sagrados, pero existía un dinamismo en los libros que nos prestábamos: Miguel Enríquez, Toni Negri, Paulo Freire, el subcomandante Marco, García Linera eran los referentes que compartíamos”.
“Winter es de los que leen en el FA”, me dice un militante. “Trata de instalar temas”, agrega.
Ejemplo de ello es cuando a principios del 2024 instaló en el debate la “batalla cultural”.
En una entrevista en modo autocrítica, Winter argumentó que “el gobierno ha cometido un error en estos dos años… En la búsqueda de acuerdos, ha parecido que lo que empuja este gobierno no es la justicia social, sino el acuerdo mismo…”.
Y luego agregó: “En Argentina acaba de salir Presidente alguien que llegó a ser Presidente no por un programa de gobierno, sino estrictamente por una disputa ideológica, que él (Milei) le llama ‘batalla cultural’. Estamos en ese momento y el gobierno yo creo que no está asumiendo esa tarea”.
Pablo Ortuzar le respondió en una columna: “Lo que señala Winter no lo inventó él y tampoco es una estupidez. Es una tesis radical que resume el razonamiento político del Frente Amplio antes de convertirse en gobierno, a la que Winter recurre de cara al nuevo periodo electoral. Es una versión tamaño estampilla de la mezcla de Antonio Gramsci y Carl Schmitt que destilaron Laclau y Mouffe, y que siempre ha inspirado a la nueva izquierda chilena, al igual que a la española, ambas nacidas de los campus universitarios. Basta leer Hegemonía y estrategia socialista para encontrarse con la extensión de lo mismo”.
Winter estrechó lazos con diversas figuras del español Podemos, el referente -o ex a estas alturas- del FA, hoy caídos en desgracia como Juan Carlos Monedero o Iñigo Errejón.
Ellos fueron los primeros de la nueva izquierda que hablaron de la “hegemonía”, de la “batalla cultural”, “de la construcción del relato”, de la “democracia radical” y de los “medios hegemónicos”. Y también de una palabra -casta- que, paradójicamente, se las robó Javier Milei para definir al establishment.
El FA recogió esa doctrina
De la nueva izquierda también aprendieron la necesidad de generar medios de comunicación. Winter en 2018 -ya era diputado- transmitía por YouTube “Buenos Días a TODES”, un matinal que emitía todos los viernes en la mañana, junto a, por ejemplo, la actual presidenta del FA, Constanza Martínez; el polémico embajador en España, Javier Velasco; y el hoy jefe de gabinete del presidente, Carlos Durán.
El programa es el manifiesto del neolítico del frenteamplismo: el “wallmapu”; el fin de las fronteras en Latinoamérica; la muerte del neoliberalismo; “no al TPP 11” (sentencia del diputado Boric cuando estuvo invitado en el matinal); “No mas AFP”; “el internacionalismo de izquierda”; “el socialismo del siglo XXI” y todas las pancartas de esos tiempos aquellos.
Un dato no frivolón para un movimiento que recalca la “construcción de relato”: el FA debatió su candidato entre un ex alumno del Cumbres y un ex alumno del Verbo Divino. Ni la derecha se atrevió a tanto.



