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Entrevistas

8 de Abril de 2025

Cristóbal Tapia de Veer, compositor chileno de The White Lotus: “Si supieran lo importante que fue la música para la serie, me habrían dejado hacer mi trabajo”

“Para mí, lo mejor de The White Lotus ya pasó. No estaba dispuesto a seguir en esas condiciones”, dice a The Clinic el músico chileno y autor de la banda sonora de la exitosa serie de HBO, cuya tercera temporada terminó el domingo. Desde su granja al norte de Canadá, donde se aisló del ruido para trabajar, profundiza en su quiebre con el director Mike White y por qué decidió bajarse, a pesar del éxito. También descarta que Chile haya sido considerado como nuevo escenario y revela cuál sí está en carpeta. Repasa, además, su infancia en dictadura, su salida del país a los 15 años y sus contados regresos: “Me he sentido un poco extraterrestre de paso por allá”, confiesa. Admirador del trabajo de cineastas locales como Sebastián Silva y Andrés Wood, entre sus futuros proyectos –que incluyen una serie y una película con Robert Pattinson– tiene pensado colaborar por primera vez en una producción chilena.

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Uno de los giros más inesperados hacia el final de la tercera temporada de The White Lotus tuvo lugar fuera de pantalla: días atrás, se supo de la renuncia de Cristóbal Tapia de Veer, el compositor chileno–canadiense de 50 años y autor de la banda sonora que volvió icónica a la multipremiada serie de HBO creada por Mike White.

El último episodio se estrenó la noche del domingo y, en pocas horas, plagó las redes sociales de memes y flashazos que dejó el cierre de la historia ambientada en el lujoso hotel de Tailandia, donde se desató una sanguinaria masacre.

Aunque suele estar activo permanentemente en sus redes sociales, el músico no era uno de esos. “La verdad es que no he visto el último capítulo. Renuncié antes, y luego decidí desconectarme un poco de lo que estaba pasando. Llegué solo hasta el tercer capítulo. Ni supe cómo termina”, dice Tapia de Veer por videollamada con The Clinic y en perfecto español desde su casa al norte de Montreal, Canadá, país donde se radicó hace casi cuatro décadas.

A lo largo de tres temporadas –y una cuarta ya confirmada por la plataforma de streaming–, The White Lotus ha cosechado diversos galardones, incluidos 15 premios Emmy. Tres de ellos llevan su firma: Mejor música original, Mejor tema principal y Mejor mezcla de sonido. Sin embargo, Tapia de Veer considera que su trabajo no fue del todo valorado y que el director de la serie restringía su libertad creativa.

Esa fue otra de las polémicas que sazonaron la tercera temporada fuera de la ficción: el cambio en el opening o tema central de la serie. Tras el debut del primer capítulo, los fanáticos se manifestaron ante la ausencia del ya característico ooh-loo-loo-loos, ese canto tribal y chirriante que marcó las dos temporadas anteriores y convirtió la música de The White Lotus en un fenómeno global.

“Yo quería algo más oscuro, más cinematográfico. Pero Mike (White) quería vibras de Ibiza”, declaró Tapia de Veer en otra entrevista. Ante el reclamo de los fans, el compositor le propuso al productor de la serie lanzar la versión extendida de la canción principal con los ooh-loo-loo-loos incluidos, convencido de que “iban a explotar en redes sociales” si descubrían cómo había sido concebida originalmente la pieza. El productor estuvo de acuerdo. White no.

Ese fue el principio del fin, según el músico: a partir de ese momento, las tensiones entre ambos crecieron hasta hacer insostenible su permanencia. “Ya habíamos tenido nuestra última pelea, creo. Y a esa altura, él simplemente decía que no a todo”, recuerda Tapia de Veer. Su respuesta fue contundente: dos semanas atrás, él mismo subió a su cuenta de YouTube el tema central sin cortes ni ediciones.

“Para mí, lo mejor de The White Lotus ya pasó. No estaba dispuesto a seguir en esas condiciones” dice. “Yo, por mi parte, no estoy seguro de hasta qué punto la gente con la que trabajo se da cuenta de cuán importante es la música en esto. Si supieran lo importante que fue la música para la serie, me habrían dejado hacer mi trabajo”.

Antes de llegar a trabajar en la exitosa serie de HBO, el músico egresado del Conservatorio Nacional de Québec ya era conocido por su trabajo en series británicas como Utopia, cuya banda sonora experimental le valió un premio BAFTA y lo posicionó como un creador único en la composición de música para televisión. También colaboró en ficciones como Humans, National Treasure y un episodio de Black Mirror: Black Museum, siempre con una apuesta sonora excéntrica y arriesgada.

Tapia de Veer cuenta que trabajó de forma obsesiva para The White Lotus durante cinco años, previo a su debut en 2021. Dejó de lado otras ofertas y evitó tomar demasiados compromisos: paralelo a la serie, compuso la música de filmes como Smile (2022), éxito instantáneo del terror dirigido por Parker Finn, y en la película Baby girl, con Nicole Kidman, estrenada en 2024.

“Yo paré de hacer series mientras hacía The White Lotus. Lo único que hice aparte de eso fueron unas pocas películas. Y la verdad es que prefiero hacer películas, porque es algo que empieza y se termina. Una serie es interminable, muy intenso y cuesta concentrarse en otras cosas”, comenta el compositor.

¿Qué pierde The White Lotus con su salida?

—Tengo la impresión de que la serie está cambiando. Según lo que he escuchado, la música realmente ayudó a instalar la serie en su primera temporada. Permitió que se volviera algo reconocible, con una identidad propia, y que pudiera continuar y tener una larga vida. Ahora, creo que puede seguir funcionando igual, porque ya existe, ya tiene un público fiel. Puede también que cualquier música que le pongan ahora sean solo detalles, música de ambiente.

Tengo un amigo compositor, Daniel Pemberton –autor de bandas sonoras de algunas películas de Spiderman–, que me dijo que cuando algo se vuelve popular, el jefe siempre agarra un ‘messiah complex. Es decir, en algún momento se le escapa de las manos y cree que puede tener control sobre todo, y ya es suficiente. Las tensiones a veces producen cosas buenas, pero ¿cuánto tiempo vas a soportar una situación así?. No quise más eso, por esa razón estoy cerrando esta etapa.

En los últimos días, una noticia improbable se echó a correr en algunos medios locales: HBO registró la marca The White Lotus en Chile, lo que muchos interpretaron como una pista sobre un eventual rodaje en el país. Tapia de Veer se enteró por terceros. Ahora se ríe, desmiente los rumores y revela cuál escenario sí fue considerado para la siguiente temporada de la serie.

“Sería realmente divertido que fueran para allá sin el chileno. O sea, el chileno se va y ahora ellos van para Chile”, ironiza el músico. “La producción quería venir a Canadá. Una de las posibilidades era Quebec y hacer algo en el invierno, con la nieve y todo eso, pero nunca escuché nada de Chile”.

La razón, sin embargo, era otra. HBO hizo el registro de marca para evitar eventuales conflictos legales por el uso de la música, que en Chile podría ser apropiada en campañas publicitarias o contenidos sin autorización. Tapia de Veer no estaba al tanto de esto último: “No es necesario hacer eso para tener derechos sobre la música, pues ya es de ellos. No me pertenece”, dice.

Y agrega: “Si alguien en cualquier parte del planeta usara esa música sin autorización, lo van a parar o a perseguir. Así que no entiendo por qué hicieron eso en Chile. Tendría que ver los detalles para entender legalmente qué significa”.

Más allá de The White Lotus: un extraterrestre de paso por Chile

Cristóbal Tapia de Veer nació en Santiago el 18 de octubre de 1973, un mes exacto después del Golpe de Estado. Ese hecho marcó su vida desde el primer día: su padre, de ascendencia holandesa y dedicado a la documentación y fotografía científica, se exilió poco después en París, donde aún reside. “Él se fue a Europa y nunca más volvió. Mis padres ya estaban separados”, cuenta el músico.

Su madre, en cambio, estaba “más involucrada y tenía problemas políticos”, e intentó resistir en el país. Tapia de Veer era todavía una guagua que gateaba cuando ella lo llevó a la capital francesa para reunirlo con su padre. Regresaron al poco tiempo a Chile, donde posteriormente vivió hasta los 15 años, primero en Providencia, en las calles cercanas al Hospital Salvador, y luego en Ñuñoa, donde su madre aún conserva una casa que permanece vacía.

Durante esos años, Tapia de Veer estudió en el Colegio Latinoamericano de Integración, conocido en los 80 por su orientación de izquierda y progresista en plena dictadura. “Ahí pasaron muchas cosas. Era peligroso, entre comillas, comparado con otros colegios”, recuerda.

Más de tres décadas después, en su último viaje a Chile, Tapia de Veer volvió al barrio de su infancia en Providencia y decidió pasar a ver su antiguo colegio. Caminó desde el metro Los Leones, siguiendo la ruta que recordaba, pero cuando llegó al lugar se encontró con el antiguo edificio convertido en una construcción moderna. Lo único que queda es una placa con los nombres de los profesores. Para el músico fue un golpe simbólico, dice ahora: “Encuentro terrible que los lugares cambien así no más, es como que te borran el pasado, como que nunca existió”.

En 1988, cuando el régimen de Pinochet tambaleaba de cara al plebiscito del 5 de octubre, Cristóbal Tapia de Veer partió al exilio junto a su madre. Se instalaron primero en Quebec y luego en Montreal, donde el músico echó raíces.

Desde entonces, ha vuelto a Chile en contadas ocasiones. Una de ellas fue en 2009, poco antes del terremoto del 27 de febrero de 2010, y la segunda a fines de 2024, invitado a la Feria Pulsar en Santiago y a un festival en Valdivia. Fue su primera vez en el sur del país y aprovechó de recorrerlo con nuevos ojos y la conciencia del paso de los años. Lo invadió una rara mezcla de familiaridad y extrañeza.

“Esa última vez tomamos el tren, que es antiquísimo. Fueron como 24 horas para llegar a Valdivia porque iba súper despacito”, recuerda entre risas. “Yo no había ido nunca al sur. Soy de Santiago y tenía familia en Arica, entonces para mí siempre fue de Santiago hacia el norte. Nunca fui muy lejos para el sur, así que ahora aproveché. Fue súper simpático”.

¿Qué le pasó al reencontrarse con Chile después de tanto tiempo?

—Fue extraño. Yo creo que los años de dictadura eran bastante distintos a lo que vino después. La arquitectura, la gente, todo cambió. No tengo el mismo contacto con quienes vivieron eso que con los que no lo vivieron. Es un país un poco diferente, una generación nueva que sabe que algo pasó, que ha escuchado a los padres, pero no estuvo ahí. No sé si extranjero es la palabra, pero me he sentido un poco extraterrestre de paso por allá. Es realmente muy extraño.

¿Tiene pensado visitar prontamente el país?

–No por ahora, no está realmente en mis planes. Yo me muevo poco de acá, cada vez menos. Mi vida está aquí en el campo. Pero me encantaría volver a Chile, lo hago cada tanto, y espero que se vuelva a dar pronto.

Desaparecer de la ciudad

Paradójicamente, aunque sus composiciones musicalizan escenarios excéntricos, cosmopolitas o derechamente fantásticos y terroríficos en cine y televisión, Cristóbal Tapia de Veer los crea en absoluto aislamiento. Desde hace años, vive en una granja al norte de Montreal, alejado de la ciudad, y rodeado de bosque y animales.

Allí tiene una luminosa casa, donde vive como una especie de ermitaño del siglo XXI, y no solo dedicado a la música: tiene también su propia huerta, que ha empezado a poblar de diversos almácigos y vegetales, y además confecciona muebles de manera autodidacta. Incluso cultiva un look afín, con un aire medio hipster y una barba pelirroja que resalta ahora en la pantalla. Mientras concede esta entrevista, a sus espaldas se ve un gato trepando los gruesos escalones de madera.

“Aquí no tengo vecinos, solo animales. Y mi estudio está al lado, es un buen lugar para trabajar”, dice el músico. “Además, es más saludable. Me encanta la naturaleza. Soy feliz así y de a poco estoy aprendiendo cómo funcionan las plantaciones y a cortar madera para hacer muebles y estantes para mis instrumentos en el estudio. Hago todo eso en mis ratos libres, cuando los tengo”​.

La decisión de dejar la ciudad la tomó hace una década, en plena época de trabajo para la serie Humans (2015), recuerda: “Tenía que trabajar como loco y estaba en Montreal, en un departamento donde se escuchaban muchas cosas, ruidos, y un amigo me ofreció su cabaña en medio del bosque. Me fui y estuve ahí dos meses sin ver a nadie. Al principio me dio miedo, porque igual soy de la ciudad, pero después me encantó”.

Pasó tanto tiempo allí que terminó buscando una propiedad para comprar en la zona. “Empecé a mirar casas alrededor, encontré esta y la compré. Cuando salgo, es solo para ir a algún festival o a trabajar, pero siempre vuelvo al campo. La ciudad ya no es para mí, se me ha ido desapareciendo. No tengo casi nada que ir a hacer en Montreal, pero debo estar constantemente entre esos dos mundos”.

La carrera de Cristóbal Tapia de Veer ha sido todo menos convencional: formado en la música clásica, estudió percusión y composición en el Conservatorio Nacional de Quebec, donde se graduó con honores. Sin embargo, su espíritu inquieto no encajaba en el molde académico.

“Yo no podía hacer solamente música clásica. Siempre estuve tocando en grupos”, recuerda. Al terminar sus estudios, se lanzó de lleno al pop y fundó una banda a comienzos de los 2000, el trío One Ton, con el que incluso tuvo un hit en radios canadienses. También se dedicó por varios años a producir canciones para otros artistas. Todo eso parecía alejarlo del mundo docto y acercarlo a una ruta más mainstream, pero el giro más extraño aún estaba por venir.

En 2010, un encuentro fortuito le cambió la vida, recuerda: “Se apareció el director británico Marc Munden, que estaba aquí en Canadá para un proyecto. Escuchó algo que hice y me llamó”, cuenta Tapia de Veer.

Munden –conocido por series aclamadas como Utopia– le preguntó si le interesaba componer bandas sonoras para imágenes. El músico aceptó, aunque hasta ese entonces nunca lo había considerado seriamente. El resultado de esa primera colaboración con la TV británica fue revelador: “Me di cuenta de que podía trabajar en Londres y hacer algo completamente distinto y muy estimulante”.

Munden se convirtió en una especie de mentor para el compositor chileno: en vez de encasillarlo en el típico sonido hollywoodense, el director lo animó a explorar su sello personal. Esa confianza fue un catalizador: pronto otros comenzaron a llamarlo de distintas producciones y Tapia de Veer empezó a encadenar proyecto tras proyecto, alternándose entre el cine y la televisión. “Fue como ganarse la lotería”, dice ahora.

Tras su salida de The White Lotus, el músico ha estado enfocando sus energías principalmente en proyectos cinematográficos. Aunque tiempo atrás aseguró que no volvería a trabajar en series, “apareció una con un equipo de gente que me encantaría trabajar”, confiesa. Se trata de una ficción de seis episodios, una historia de la que no puede revelar mayores detalles, pero que lo sedujo inmediatamente: “Estoy considerando hacer eso”, asegura.

En paralelo, Tapia de Veer tiene varios filmes agendados y en desarrollo para este año. Uno de los proyectos que más lo entusiasma –y en los que sí puede ahondar– es una nueva versión de Possession, la película de terror psicológico de 1981, dirigida originalmente por Andrzej Żuławski. El remake lo lidera el director Parker Finn (Smile) y será protagonizado por Robert Pattinson. La cinta comienza a filmarse a fines de año, pero el músico ya comenzó a trabajar. “La música para todos estos proyectos la empiezo ahora, siempre un poco antes, porque si no empieza después a chocar con otros proyectos, y sería una locura”, comenta.

Admirador del cine de Yorgos Lanthimos, Paolo Sorrentino y Ruben Östlund —tres directores con los que sueña trabajar algún día—, el músico chileno tiene también otro anhelo por cumplir: colaborar por primera vez en una producción local. Una sola vez ha estado a punto de hacerlo. El año pasado, Tapia de Veer fue contactado por la producción de la ambiciosa serie La casa de los espíritus, basada en la novela de Isabel Allende y codirigida por Francisca Alegría y Andrés Wood. A este último lo había conocido poco antes, cuando coincidieron en el Festival de Cine de Biarritz, en Francia. “Nos dijimos que alguna vez teníamos que hacer algo juntos”, recuerda.

Sin embargo, la invitación a sumarse a la ficción de Prime Video y producida por Fábula no se concretó. No era el momento, recuerda el compositor: ya estaba comprometido con la tercera temporada de The White Lotus y con la banda sonora de Smile. “Hubiera sido genial trabajar con esa dupla de directores y toda esa producción. Pero, bueno, a lo mejor para una próxima”, dice.

Tapia de Veer sigue de cerca lo que se está haciendo en el cine y el audiovisual en Chile. Tiene, además, a sus directores favoritos: “Me encanta Sebastián Silva. Todas sus películas, sobre todo La nana, y siempre espero algo nuevo de él”, comenta. También destaca a Francisca Alegría (La vaca que cantó una canción hacia el futuro), “una película de una rareza muy cautivante”, dice, y a Pablo Larraín (El conde), sobre quien bromea: “Es tan internacional que ni siquiera se me ocurre decir que es cine chileno”.

Y a Pedro Pascal, ¿lo conoce personalmente?

—Sí, lo conocí, pero no sé si él se acuerda de mí. Nos topamos en los Emmy. Estaba con otra gente, y él también. Nos saludamos. Me cae bien. Me encantaría trabajar con él también, por supuesto.

“Me encantaría hacer algo en Chile. Me gusta lo que se está haciendo allá. Sería interesante musicalizar algo con un enfoque distinto, desde acá, pero con esa mirada”, agrega.

Ya baraja una posible primera colaboración con una producción local independiente, adelanta el músico: recientemente, Tapia de Veer fue contactado por Valentina MacPherson –directora de un cortometraje llamado French fighter pilot (2018), protagonizado por Alejandro Goic y Paloma Salas–, quien actualmente trabaja en un documental sobre un crimen en Curacaví.

“Es la historia de una mujer que encontraron muerta. No me acuerdo después de cuánto tiempo, pero estuvo muerta durante semanas y su cuerpo se había empezado a descomponer”, cuenta Tapia de Veer.

“La historia tiene una atmósfera súper particular, medio metafísica y fantasmagórica, que me atrajo de inmediato. Me encantaría hacer la música para esa película”, dice. “Hablamos de eso hace poco y veremos si se da, pero yo ya le dije que sí quiero colaborar. Más allá del proyecto en sí, lo que me entusiasma es poder vincularme con Chile a través de lo que hago. Sería la primera vez. Para mí, sería algo completamente nuevo, y muy importante”, concluye.

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