Tiempo Libre
15 de Abril de 2025“Sí, era elitista”: Cristián Heyne y la generación del pop chileno que ayudó a forjar con producciones a Gepe, Dënver, Alex Anwandter y Javiera Mena
Han pasado 15 años desde la última vez que Cristián Heyne, productor musical y artista, publicó bajo el alero de "Shogun", su proyecto más experimental y personal. En enero lanzó el primer single, “Todos los animales”, y en abril, “Oye”, que forman parte del álbum que será publicado durante el segundo semestre de este año. En entrevista con The Clinic, el destacado productor aborda su rol como el arquitecto del pop chileno y su relación con la música urbana, fenómeno que dice "no logro explicar del todo".
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La extensa carrera de Cristián Heyne está marcada por la versatilidad dentro de la industria musical chilena: desde sus éxitos con Christianes, su trabajo en bandas sonoras de películas como Los debutantes, Se arrienda y La buena vida, hasta su importante rol produciendo a artistas de los 2000, como Supernova, Stereo 3 o Gufi.
En entrevista con The Clinic, dice que la carga laboral es mucho menor hoy en día y que, en realidad, nunca le gustó producir, pero le tomó el gusto al oficio. En los últimos meses ha lanzado nueva música con Shogun, su proyecto más personal, pero afirma que no le interesa repercutir en nada, ni en nadie.
Este proyecto, con el que el año pasado lanzó el compilado de obras inconclusas “XXXXXXXX, canciones y cosas sin terminar 2005-2015”, corre en paralelo a su carrera como productor. Heyne es considerado el arquitecto del pop chileno por su trabajo con artistas clave del sonido de comienzos del siglo XXI en Chile, como Gepe, Dënver, Alex Anwandter, Javiera Mena, entre otros.
Hoy dice que le es imposible trabajar al ritmo que tenía en esa época, pero que de todas maneras está involucrado en algunos proyectos sobre los cuales no puede dar más detalles por temas contractuales.
Sobre los álbumes del nuevo pop chileno que marcaron a una generación, sostiene que eran elitistas, y que está disponible para trabajar con músicos de la escena urbana. Sin embargo, advierte que los tiempos que maneja la nueva camada de artistas —que arman canciones en pocos días— no le acomodan.
—¿Por qué decidiste volver a publicar con tu proyecto Shogun?
—Lo hice ahora porque lo terminé y porque logré sentirme tranquilo para publicar música nueva con el nombre de Shogun. De hecho, empecé a hacerlo con mi nombre, y me arrepentí. Creo que es una nueva etapa, definitivamente. Después de tantos años sin sacar música, después de hacer todo lo que hice entre medio, volver a sacar música… no sé qué va a pasar en el futuro, pero probablemente voy a seguir sacando discos. Puede que haya más continuidad entre ellos, más relación. Mi música siempre ha estado conectada con mi necesidad de hacer música, más que con llevar una carrera. Yo no tengo una carrera, no compito con nadie.
—¿Es importante para ti que la gente te escuche?
—Yo creo que no existe un artista al que no le importe. Una vez que uno publica una canción, obviamente espera que la escuchen. Pero tampoco creo que sea algo fundamental, al menos en mi caso. No sabría qué hacer con un éxito viral. De hecho, no supe muy bien qué hacer con las dos o tres canciones de mi trayectoria que tuvieron cierto tipo de exposición. Esas canciones como que se escapan, absolutamente. No tengo una relación muy desarrollada con eso, no es algo personal para mí. Tengo amigos que tienen veinte hits y se relacionan con ellos de una forma muy distinta. Yo no tengo esa formación, esa experiencia.

—¿Vas a presentarte en vivo con la publicación de este nuevo material?
—No, no pienso presentarme en vivo. No me gusta tocar en vivo. Para mí, tocar en vivo es una obligación. Y no me interesa asumir esa obligación. Tanto la publicación como todo el rito que conlleva —la gira, los conciertos, la exposición— no lo necesito. No necesito tocar en vivo. ¿Para qué? No soy un performer. Y tampoco valoro mucho los shows en vivo. Ni siquiera voy a conciertos.
Cristián Heyne explica que con su nueva música no busca que haya una reacción, porque está tranquilo sin dar entrevistas ni realizar divulgación pública de su trabajo. “Es una época muy expuesta y no sé de qué sirve tanta exposición. ¿De qué sirve? Hay cosas muy buenas, obvio. En términos políticos, no sé. Más allá de que esté la escoba, creo que está bien que esté la escoba. Porque lo que pasó con Internet fue una gran revolución. La más grande de todas”, dice el productor.
Su relación con la música urbana
En una entrevista en 2016, Heyne dijo que en Chile se estaba produciendo mucha música, pero que no había un mercado. “Yo siempre le he cuestionado que haya una industria acá. Insisto en que no la hay. Porque es todo muy precario. O sea, la cosa se derrumba en una semana, un mes, y todo se va al carajo. La industria de la música mueve 50 billones de dólares. Nosotros representamos una fracción mínima. Latinoamérica entera tiene apenas el 4% del market share global. Y dentro de eso están México y Brasil. No sé si eso pasa por el volumen”. Sin embargo, hoy tiene una mirada más optimista y afirma que eso ha cambiado para la música urbana.
—¿Y escuchas música urbana chilena?
Sí, es inevitable. He escuchado muchas cosas. Porque suenan en muchas partes. Mucha gente habla de eso. Yo viví una vida vinculada a la música, así que he escuchado. No mucho, pero he escuchado. De lo que me han quedado canciones, más que artistas. La primera que escuché a Pablo Chill-E, por ejemplo, me llamó mucho la atención. Eso fue como en 2017. Creo que han ido perfeccionando lo que hacen.
—¿Crees que eso tiene que ver con que ahora hay más plata?
Sí, sin duda. Tienen más recursos y eso les permite dedicarse completamente a hacer música. Hablando con productores, hemos comparado cómo le va a los artistas chilenos del 2000, y no se compara con cómo le va a los artistas hoy. Hay artistas que cobran hasta 100 mil dólares por show, eso no pasaba antes. Hay artistas que ya crecieron y que pueden cobrar eso porque no tocan acá y pueden tocar en otros mercados.
—¿Y qué pasó con la generación anterior? La de los 2000 en la que trabajó, que no logró ese impacto masivo.
—Era elitista.
—¿La música?
—Sí, la música. Muy elitista.
—¿Y tú sentías eso en lo que estabas haciendo?
—Sí, totalmente. Y no me parece nada malo. Pero, sí, era elitista.
—¿Pero tú crees que tiene que ver con el origen del artista?
—No, para nada. No creo que tenga que ver con el origen. Tiene que ver con varias cosas. El caso de la música urbana en concreto es un fenómeno que no logro explicar del todo porque efectivamente no pasó solo acá. Ha pasado en varios otros países. Y lo que pasa también hubo una pospandemia, hubo una vuelta a consumir productos locales. Eso pasó acá, en Argentina, en Turquía, en casi todos los países.

—¿Te gustaría trabajar con algún artista urbano?
—Es que no me gustaría producir. Nunca me ha gustado producir. Lo he hecho… Pero no sé si me gustaría producir a nadie.
—¿Pero cuando lo hiciste no te gustaba?
—Sí, aprendí a encontrarle un sentido. Aprendí el oficio. Pasé cientos de horas, miles de horas, o decenas de miles de horas en discos que me encanta haber hecho, me encanta haber conocido a la gente que conocí. Y probablemente voy a seguir produciendo, pero no es algo que… en lo que yo pueda estar ahora. En su momento estuvo bien.
—¿Y qué sucede ahora?
—Lo que pasa es que en un momento yo estaba produciendo 15 proyectos en paralelo. En el año 2010, yo estaba haciendo 15 proyectos en paralelo. Entonces, comparar eso con lo que hago ahora es realmente una carga mucho menor. Hablando con otros productores más jovenes me cuentan que los procesos donde ellos generan hits y todo eso son procesos cortos. No hay procesos, prácticamente. Se juntan, hacen una canción, la hacen y la graban. Y no son canciones que tengan grandes procesos.
Cristián Heyne repite que lo que le entretiene son los procesos. “No tendría sentido para ti producir algo así. O sea, si algún día a alguno de estos artistas se le ocurre decir, “oye, yo he pasado un año haciendo un disco, ¿quieres acompañarme en el proceso?”, yo lo pensaría. El arte da para todo”.
Ahora, dice que conviven dos tipos de éxitos unos más de elite, que siempre han tenido tribuna y otro que puede convocar 100.000 personas en una plaza en Maipú. “Los medios deberían darle paso a eso? No lo sé. La pregunta es, más bien, ¿por qué no lo hacen?”, cierra el productor y artista.



