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“El poder de un grito”: Un capítulo del libro “Contra la Corriente. Perfil no autorizado de Evelyn Matthei”, de Rocío Montes

Sus intentos por encontrar espacios en una política dominada por el ambiente masculino, sus decisiones para encajar dentro de un partido dominado por los "coroneles" y sus gestiones para llevar "la cuestión feminista a la derecha". Esos son algunos de los pasajes que se pueden encontrar en el nuevo libro de la periodista Rocío Montes -de Ediciones B-, en el que desmenuza la trayectoria de la actual candidata presidencial de Chile Vamos, que lleva más de 37 años de activa vida pública y que se encuentra en una expectante posición para llegar a La Moneda. The Clinic presenta aquí un extracto del texto en el que se denota cómo la personalidad de Matthei la llevó a alcanzar espacios de poder dentro de la UDI, muchas veces siendo dura y usando el temor a su favor. También da detalles sobre una de sus decisiones más difíciles: la decisión de aceptar una candidatura presidencial en 2013 con todo en contra.

Por 5 de Julio de 2025
Evelyn Matthei
Evelyn Matthei
Evelyn Matthei durante el homenaje al Ex Presidente Sebastián Piñera a 15 años de su primer gobierno. (Francisco Paredes/The Clinic)
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“Si eres mujer y estás en puestos de poder, debes hacer que te teman“. Esa es una frase de la actual candidata presidencial de Chile Vamos que la periodista Rocío Montes pone en relieve dentro de su nuevo libro “Contra la Corriente. Perfil no autorizado de Evelyn Matthei”, en el que desmenuza la trayectoria política de una figura que lleva 37 años de activa vida pública y que las encuestas la ubican en los primeros lugares de la carrera a La Moneda.

The Clinic presenta aquí uno de los capítulos que contiene la obra, desarrollada por Ediciones B, la cual se encuentra en librerías desde el pasado lunes.

En específico, el extracto aborda los desconocidos intentos de Matthei para abrir espacio a las mujeres dentro de la política, especialmente en su partido, la UDI, desde inicios de los 90, cuando, como ella misma ha señalado, las decisiones parecían estar reservadas para los hombres.

A continuación, el capítulo completo, que lleva como título “El poder de un grito”:

Portada del libro “Contra la Corriente. Perfil no autorizado de Evelyn Matthei” (Ediciones B), de Rocío Montes. Foto: Gentileza Ediciones B.

***

No parece evidente que Matthei en sus 37 años de vida pública haya cumplido un papel en la apertura de espacio para las mujeres, en política, pero sobre todo en la política de la derecha. Ha sido una batalla silenciosa —¿por su propio espacio más que por uno colectivo?—, imperceptible para el gran público. Nadie la imaginaría con un pañuelo verde marchando en aquel mayo feminista de 2018, ni haciendo la performance de Lastesis, ni caminando por el centro de Santiago cada 8 de mayo por el Día Internacional de la Mujer con alguno de los ingeniosos carteles que escriben las chilenas. Ahí siempre se ven a otras: muchas históricas y nuevas dirigentas de la izquierda y centroizquierda, y algunas de derecha (bastante menos), pero con menos trayectoria pública que Matthei y no con su nivel de relevancia.

Cuando en la investigación de este perfil alguien por primera vez me habló de su papel —«lleva la cuestión feminista a la derecha y eso tiene importancia», me dijeron—, me extrañó. A lo largo de los meses, sin embargo, decenas de conversaciones me han llevado a confirmar aquella idea inicial que, debo reconocer, me pareció exagerada: «Ella cumple en la derecha el rol que Bachelet cumplió en la izquierda».

Quizás por los prejuicios: porque se supone que las mujeres de derecha, en su estereotipo al menos, son conservadoras —ya hemos visto que Matthei no lo es— o tal vez porque es hija de un uniformado, donde las mujeres tienen un papel bastante clásico y apegado a las tradiciones, aunque su padre era sui generis y de la FACh, la rama más nueva y pequeña, donde no existe la misma cultura militarizada que en el Ejército. No imaginé que hubiese dado duras batallas contra el establishment de los hombres, que en su sector político es fuerte, incluso más que en la izquierda. Si Bachelet golpeó la mesa y puso sus reglas ante ellos antes de convertirse en candidata en 2005, Matthei batalló por no dejarse pisotear y pelear por su espacio, con gritos incluidos. «Si no has pegado unos buenos gritos, te pasan por encima», ha dicho.

“Si me dejan fuera, no me escuchan, si no me dan pelota, no me vengan a pedir cosas después, porque voy a ser dura”

En esta percepción equivocada de Matthei —que no había cumplido algún papel en lograr mayor equidad con los hombres— contribuyeron sus propias declaraciones. Al comienzo de su vida pública, en 1991, decía que la mujer feminista era el tipo más insoportable de mujer. Pero resulta que, por debajo, fue una de las siete diputadas del primer Congreso democrático de 1990: había cuatro del oficialismo (Adriana Muñoz, María Maluenda, Eliana Caraball y Laura Rodríguez) y tres de RN (María Angélica Cristi, Marina Prochelle y la propia Matthei). Desde el comienzo dio una batalla fuerte contra los políticos de la derecha renovada —la patrulla juvenil, donde la trataban de «la mina»— para que no la dejaran fuera de los espacios de toma de decisiones y que no se repartieran el pastel del poder entre ellos. Está bien: su breve paso por RN terminó mal —con el Kiotazo, nada menos—, pero esta intensa guerrilla para no quedar excluida por los hombres, solo por el hecho de ser mujer, no se detuvo con los años. Cuando llegó a la UDI tras salir de RN se instaló a la par de los coroneles, aquella generación de políticos gremialistas que comandaron por muchos años los destinos del partido de Jaime Guzmán: Jovino Novoa, Pablo Longueira, Andrés Chadwick y Juan Antonio Coloma. No se trata de que se llevara personal y políticamente mal con ellos, al contrario, pero ejerció una constante presión para defender su espacio político, no dejarse pasar a llevar y que la consideraran a la hora de decidir. Una vez le dijo a un coronel de la UDI: «Conmigo cometen un error. Si me incorporaran, me hicieran participar, me escucharan, yo sería la mejor socia. Pero si me dejan fuera, no me escuchan, si no me dan pelota, no me vengan a pedir cosas después, porque voy a ser dura».

Todos los coroneles vieron alguna vez a Matthei enojada, tapando a garabatos a alguien o a ellos mismos. Lo saben bien las secretarias del Congreso. No era raro, cuentan, que ella estuviera distanciada con alguno durante una temporada luego de un desencuentro político, aunque con el tiempo lograran recomponer las relaciones. Era parte del paisaje entre Evelyn y la plana mayor de la UDI: «Tiene claro que como mujer siempre tiene que estar peleando por un lugar. Y muchas veces tiene razón». Hoy en día, la relación con la nueva generación del partido, bastante menor que ella, es mucho más fluida, reconocen en el gremialismo.

Su madre estuvo muy presente en la crianza y en el hogar, pero los Matthei Fornet no educaron a sus tres hijos de una forma diferente a las dos hijas, ha contado Evelyn. No tuvo menos oportunidades, al contrario: por su carácter, recibió un exceso de estimulación. Por edad, sus juegos infantiles fueron con sus hermanos varones y en el Colegio Alemán recibió una educación bastante igualitaria. Era mixto, de partida, algo no tan común en los años cincuenta y sesenta, donde eran más frecuentes los establecimientos de niñas y de niños tanto en el sector público como en el privado. En el Deutsche Schule tuvo un grupo de amigos, que conserva, compuesto tanto por mujeres como por hombres, se fue a Londres a una sociedad abierta y con mayor igualdad de género que la chilena, pero cuando regresó a la universidad comenzó a darse cuenta de los clásicos cortapisas.

Rocío Montes, autora del libro. Foto: Gentileza Ediciones B.

Cuando no concedía entrevistas si no era para hablar de economía, como una manera de rebelarse

En la carrera de ingeniería comercial, ha dicho Matthei, las tres mejores alumnas de su promoción eran mujeres: Manuelita Ureta, María Carkovic y ella misma. Eran amigas, además, nada de rivalidad. Acostumbrada a que le fuera bien en todo, sin embargo, chocó con el mundo real cuando se dio cuenta de que los hombres capaces rápidamente llegaban a gerentes, mientras que a las mujeres capaces las fichaban como ayudantes de gerente. Ella no solo no lo entendía, sino que le indignaba. Lo mismo que cuando, ya de profesional, y luego en la política, en las reuniones daba su opinión, pero un hombre alzaba la voz, la pasaba a llevar, decía lo mismo que ella había planteado y el resto lo aplaudía. Lo fue percibiendo cada vez más, sobre todo en el Congreso, cuando optó por no refugiarse ni en la comisión de Salud ni en la de Familia, sino integrar la de Hacienda, donde fue la única mujer. Siempre recuerda que hace treinta y cinco años la prensa buscaba la opinión sobre economía de parlamentarios que, a ojos de Matthei, no sabían ni donde estaban parados, pero eran tratados como grandes gurús. Fue cuando decidió que no concedería entrevistas que no tuvieran relación con su especialidad: la economía. Y rebelarse contra una práctica tan masculina como llegar con las decisiones tomadas: «Nunca sabías quién tomaba la decisión ni dónde lo hacían». Quizás en el fútbol, al lado de la parrilla o, directamente, frente al urinario.

Me han dicho que Matthei cumplió un papel en la derecha que no tomó ninguna otra dirigenta y abrió espacios para las mujeres en áreas que históricamente habían sido masculinas, como la propia economía. Quizás sin proponérselo. Una entrevistada se preguntaba en nuestra conversación si, al margen de sus evidentes capacidades personales, habría sido posible una Rosanna Costa en la presidencia del Banco Central de no ser por los espacios que abrió Matthei hace casi cuarenta años en debates de temas que parecían destinados solo a los hombres.

“Usa a su favor el temor”

No le gusta que la encasillen. Es la razón por la que, ha explicado, no ha levantado el cartel de la igualdad de género y el feminismo. Matthei, desde el comienzo de su vida pública, se propuso destacar en los temas que le interesan: economía, pobreza, buen uso del dinero fiscal, denuncias de corrupción y buenas políticas públicas. «Desde ahí puedo hablar. De lo contrario, pasas a ser la feminista y dejaste de ser la economista», ha dicho. Con el tiempo, sin embargo, ha variado su posición con respecto a determinadas políticas como la ley de cuotas, que empuja la participación de las mujeres en política. Al comienzo estaba en desacuerdo, pero luego pensó que podían tener un sentido para acelerar el cambio. Sobre el aborto, más allá de las tres causales hoy permitidas en la ley, en esta campaña ha dicho que no es una prioridad para las chilenas, más preocupadas —según ella— en la delincuencia y en poder llegar a fin de mes.

En 2014, Beatriz Sánchez (periodista, luego candidata presidencial del Frente Amplio y luego embajadora en México) publicó un libro titulado Poderosas: ocho entrevistas a mujeres de la primera línea política, para hablar de poder, de machismo y de los techos de cristal que enfrentan las dirigentes. Matthei realiza ahí una declaración de principios: «Si eres mujer y estás en puestos de poder, debes hacer que te teman». Un dirigente de la UDI lo confirma: ella entiende bien el manejo del poder en la política y, como dice El príncipe, usa a su favor el temor.

La presidencial de 2013 entregó varias pistas de la forma de ser y de actuar de Matthei.

Ella ha asegurado que cambió «como persona» la primera vez que llegó a la papeleta. Que, si hasta entonces era espontánea, sintió que había un grado de responsabilidad mayor y que no podía actuar como se le antojara. Lo había sentido en parte como ministra del Trabajo, dijo, pero que como candidata presidencial sintió el peso de la mochila.

Aquello fue parte de una cadena de hechos inesperados. El candidato de la UDI —el que estaba mejor posicionado, de acuerdo a las encuestas— era Laurence Golborne, que como ministro de Minería ganó popularidad por el histórico rescate de los treinta y tres mineros, que en 2010 permanecieron sesenta y nueve días bajo tierra. Pero se divulgó el fallo de la Corte Suprema que condenaba a la empresa Cencosud por las cláusulas abusivas fijadas en la tarjeta Jumbo Más en 2006, cuando Golborne era el gerente general del holding. El candidato de RN, Andrés Allamand, lo aprovechó a su favor con duras críticas a su competidor, y la UDI decidió bajarlo. La UDI barajó el nombre de Matthei, pero se impuso Longueira.

La primaria presidencial de la coalición oficialista de derecha, la Alianza por Chile, se realizó el domingo 30 de junio de 2013. Triunfó Longueira, que se impuso a Allamand por 51,3 por ciento contra un 48,6 por ciento. Pero bastante pronto, el 17 de julio, la familia del ganador anunció que el gremialista bajaba su candidatura por la depresión que sufría el candidato. En ese momento irrumpió el nombre de Matthei nuevamente, para salvar los muebles. Es sabido que, sin una candidatura presidencial medianamente sólida, el Parlamento se pierde, en una elección que se realiza de forma conjunta. Ella fue la tercera opción de la UDI y optó por salir de ministra del Trabajo del Gobierno de Piñera, una decisión
que el presidente compartió y apoyó (siendo mandatario, habría realizado aportes a la campaña presidencial de Matthei, según el periodista Daniel Matamala en su libro Poderoso caballero. El peso del dinero en la política chilena).

“Sabes que es caca lo que me ofreces”

En este punto, Matthei tiene una lectura propia: fue candidata a La Moneda básicamente «por la mala suerte de los candidatos, que se fueron cayendo uno tras otro». «Estoy segura de que si no, jamás me hubieran dado la pasada. Sencillamente ya no les quedaba otro», aseguró en el libro Poderosas sobre la decisión que tomó la UDI en un consejo general del partido.

—¿Estás disponible para ser candidata? —le preguntó Jovino Novoa a la ministra del Trabajo en su oficina en el Congreso, cuando ella llegó a Valparaíso a mediados de julio de 2013.

—Les quiero decir que acepto altiro —respondió Matthei, que puso sobre la mesa el difícil escenario que debía enfrentar con Bachelet como favorita, luego de la teleserie que la derecha había protagonizado frente a todo Chile en aquella campaña tan accidentada—. Sabes que es caca lo que me ofreces.

—Chocolate no es —concedió el factótum del partido.

Fue una campaña especialmente corta: entre el 24 de julio —cuando Matthei salió del Gobierno— hasta el 17 de noviembre, la fecha de la elección de primera vuelta. Era probable que Bachelet ganara en primera, pero Matthei logró pasar a un balotaje que se celebró el 15 de diciembre. Ella y todo el sector sabían desde un comienzo que iba a perder, lo que mostró coraje y… cálculo. «No hay político que no sueñe en convertir una derrota en una futura victoria», me recuerda un periodista político.

En uno de estos giros que se acostumbran a apreciar en su biografía —en que combina la audacia y el camino propio y decisiones sui géneris, como su padre—, Matthei dijo que luego de la elección tenía interés en dedicarse a la educación. Y dejó todo y lo hizo.

Se fue a Pedro Aguirre Cerda.

***

Ficha técnica del libro:

Páginas: 260

Fecha de publicación: 01-07-2025

Autora: Rocío Montes Rojas

Editorial: EDICIONES B

Referencia: ISBN 9789566355595

PVP: $18.000

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