Entrevistas
16 de Agosto de 2025Julio Milostich: “No le voy a restar jamás la entrega a un personaje por el miedo de volverme loco”
El actor estrena el 21 de agosto la adaptación de “Un interrogatorio” en el Teatro Zoco, un thriller psicológico británico que enfrenta a una joven detective con un exitoso ejecutivo que podría estar vinculado a dos crímenes. Fuera de la televisión, divide su tiempo entre las tablas y su emprendimiento “Empanadas La Querencia”, con el cual espera abrir un local en Ñuñoa antes de Fiestas Patrias. A pesar del nombre, asegura que ese no fue su mejor personaje en una teleserie y que siempre está abierto a volver a la pantalla chica, aunque reconoce que su conducta en proyectos pasados podría estar pasándole factura en la actualidad.
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Las puertas y los ascensores del edificio del Teatro Zoco en La Dehesa parecen un laberinto, pero Julio Milostich ya se sabe el camino de memoria. El actor se encuentra en las últimas semanas de ensayo previo al estreno de su nueva obra, Un interrogatorio, una adaptación del texto británico dirigida por Manuel Morgado, y que en el elenco cuenta con Jaime Omeñaca y Fernanda Finsterbusch.
La obra, basada en un hecho real que involucra a un excoronel de la Real Fuerza Aérea Canadiense, es el segundo montaje de Milostich en lo que va del año y también la segunda adaptación de teatro británico que realiza, luego de Esta obra es un desastre, dirigida por Pato Pimienta.
“Estuve todo el año pasado con ganas de hacer una comedia inglesa, y cuando terminé de grabar Juego de Ilusiones, me llama Pato Pimienta. Fui muy feliz con ese llamado; en ambas obras han tenido un trabajo minucioso y meticuloso”, dice Milostich, sentado en la terraza del teatro con una polera negra de la película El profesional.
Pero la meticulosidad no ha sido fácil para el actor. Los derechos de algunas adaptaciones imponen como condición seguir los diálogos al pie de la letra, sin espacio para improvisaciones. “Soy más desordenado, súper desordenado. La pobre Fernanda sufre conmigo, pero me estoy aplicando. Acá todo es muy estructural: los testimonios, las preguntas son exactas. Hay poco espacio para desviarse de tu personaje en particular”, comenta Milostich.
Tal como ha sido la tónica en los últimos años de su carrera, en esta obra también interpreta un rol psicótico y antagónico, similar al recordado papel de José Luis Echenique en El Señor de la Querencia. Lejos de desvincularse del personaje, hoy aprovecha ese éxito de audiencia a su favor a través de su emprendimiento “Empanadas La Querencia”, que nació ante la desesperación de no tener trabajo durante la pandemia. Actualmente, dice que está cerca de abrir su primer local en Ñuñoa.
A sus 59 años, el actor dice que aún tiene una meta por cumplir: internacionalizar su carrera. Sueña con poder realizar una producción en una plataforma que pueda resonar en el extranjero.
—¿Cómo es su vida como actor cien por ciento enfocado en el teatro?
—Hacía mucho tiempo que no hacía teatro; estuve haciendo televisión y, entre medio, estuve con mi emprendimiento de empanadas. A propósito, inauguro pronto un local, espero que antes del 18. También pasé mucho tiempo sin hacer televisión —entre 2019 y 2023—, ya no había muchas posibilidades; de los tres o cuatro canales que había, quedó solo uno. Me llamaron de Mega y hasta el año pasado estuve de lleno haciendo Juego de Ilusiones. Ahí dejé de lado el emprendimiento de las empanadas, hasta ahora que lo estoy retomando, y también el teatro. Me pone feliz poder estar haciendo esto.
De empanadas y reinvenciones
—¿Qué sentimiento le provocó esa necesidad de reinventarse como actor reconocido en pantalla y, de repente, tener que buscar otra fuente de ingreso?
—Mira, al principio era la desesperación. Muchos ahorros no tenía; tenía alguna tranquilidad de haber invertido en cosas que necesitaba y que tuve la suerte de poder obtener, pero eso también te va pidiendo que tengas tu mes a mes. Bueno, fue la necesidad, y también el gusto, porque si iba a ser algo para sobrevivir, ojalá que fuera algo que me gustara. Y me encanta la cocina. No soy un chef, ni hago comida internacional ni platos rebuscados, me gusta la comida chilena. Empecé vendiendo cazuelas a la gente de mi edificio.
—¿Y le fue bien?
—Me quedaban muy ricas y la gente me compraba muchas cazuelas y sopaipillas. Me jodí los brazos hasta el día de hoy, todavía estoy haciendo las masas. Fue súper bien recibido, tanto así que, cuando pasó la pandemia, se nos ocurrió la idea en familia de empezar este emprendimiento. El primer año vendí, no sé, unas 1.800 empanadas para Fiestas Patrias, y el último hice 3.500.
—¿Le resulta incómodo ocupar su imagen para vender empanadas?
—Podrían decir “ah, claro, el actor te hace empanadas”. Pero me quedan ricas. Porque si tú vas a comprar una empanada a un lugar y no te gusta, no vuelves más a ese lugar. Entonces la gente que empezó a comprarme repitió, se repitió y se repitió. Esa es una súper buena señal. Llegué a tener, sin hacer mucho esfuerzo, 30.000, 40.000 seguidores en poco tiempo. Ahora voy a retomar con todo. Sé que tengo las redes abandonadas completamente.
—Podrías sacarle partido a esas redes sociales…
—He sido muy leso —por no decir huevón—. Los más jóvenes viven de eso, se hacen unos dinerales, se visten de pies a cabeza, tienen auto, comen… la verdad es que soy un diamante bruto, nunca me exploté en redes y la gente todavía me recuerda. Ahora voy a volver con todo, pero me falta un manager; nunca he tenido uno y eso es muy malo.
—¿Por qué nunca tuvo manager?
—A lo mejor será mi actitud, pero siento que me quedé en el paradero y pasaron cinco micros, y yo me quedé ahí. Igual lo voy a intentar hacer solo, como cuando tuve la idea de las empanadas.
—¿Cree que en algún momento volverá a las teleseries de Mega?
—Mega hace contratos largos a diez actores y el resto gira alrededor, y es el único canal que hace teleseries, no hay más. Ahora, lo bueno es que también han salido series, y ahí uno se mantiene vivo un poco. También estoy en buenos proyectos de series y cine, pese a que ninguno está aprobado todavía. Esperamos que consigan la plata para hacerse. Pero siempre estoy atento.
Un papel inolvidable
A pesar de estar en una de las teleseries más exitosas de Mega del último tiempo, Milostich dice que volver puede parecer un poco más lejano. La razón, comienza diciendo, es que no siempre es bueno decir que sí a todo: “Uno debería decir que no a veces, pero la necesidad tiene cara de hereje. Debo reconocer que he hecho trabajos que no me han gustado, y cuando uno hace eso, se refleja después en el trabajo, en tu actitud también, cosa que puede ser poco profesional”, reflexiona el actor. Milostich dice que le pasó no hace mucho, pero prefiere no especificar en qué trabajo en particular.

—Es mucho mejor la vida cuando te levantas y tienes un elenco de personas no tan grande; se convive mejor y se estudia mejor. Pero si ya dices que sí, deberías comportarte como corresponde.
—¿El problema era usted?
—Es mío absolutamente. A veces, como esto no lo ve solamente uno, lo ve otra persona, a veces los encargados de llamarte…
—¿Y crees que eso le puede estar pasando ahora?
—Yo creo que puede estar pasando, pero… no sé. Ojalá hubiera más trabajos, que hubiera más oferta. No estoy hablando en contra de Mega, porque han hecho muy buenas teleseries, pero ojalá haya más oferta de trabajo.
A sus casi 59 años, Milostich reconoce que su papel en El Señor de la Querencia es el más grande en cuanto a audiencia, pero no así su papel favorito en la televisión. Ese lugar lo reserva para Secretos en el Jardín, teleserie de Canal 13 emitida durante 2013 y 2014, inspirada en el caso policial de los psicópatas de Viña del Mar ocurrido en la primera mitad de los 80. En el elenco también participaron Francisco Pérez-Bannen, Blanca Lewin, Mario Horton y Daniela Ramírez.
—Esa es una teleserie que uno haría mil veces, y la veo siempre que puedo. Es el trabajo que guardo como el recuerdo profesional más importante de mi vida, tanto como personaje como documento histórico. Me gustaba, me encantaba mi personaje, mis compañeros, mi mundo y el mundo de los otros también. Entonces, funcionaba todo demasiado bien.
Pero la teleserie le dejó un sabor amargo por los cambios de horario que sufrió durante su emisión. “Empezamos a las 10 de la noche y a las semanas estábamos a la 1 de la mañana. Mi teoría es que salieron trapitos al sol de gente que todavía estaba viva y que salía nombrada. Ahora yo no sé por qué un canal invierte tanta plata para luego hacer eso”, dice.
—¿Qué le queda aún por cumplir?
—Tener la vitrina internacional. Ojalá llegue ese momento. No sé si aspiro a protagonistas, pero sí a tener la oportunidad de tener la vitrina para que Hollywood se dé cuenta de que ha perdido mucho tiempo sin mí (se ríe). No, no sé… pero la vitrina para salir. Me he perdido también pegas por estar, de repente, en otras.
—Cada cierto tiempo le consultan por su papel en El Señor de la Querencia. ¿Fue tan terrible como se suele decir en medios de comunicación?
—La prensa exageró. Dijeron que terminé en un psiquiátrico. No es así. La prensa decía que yo había quedado mal porque tuve un altercado en un bar. Eran los últimos capítulos de la teleserie en aire. Entonces decían: “¡Se volvió loco!”. Eran las 4 de la mañana, quizá estaba un poco pasado, y el otro también. Cometí un error garrafal. Fue una pelea de hombre a hombre, de dos hombres que medían lo mismo, con la misma edad. O sea, él la cagó, yo respondí. Pero para la prensa, yo me volví loco.

—¿Qué hace ahora para evitar caer en ese estrés de interpretar a un personaje de ese calibre?
—No, yo no evito nada. Estaba saliendo en la tele, era un tipo famoso y estaba en el top de la ola, y me tocó esa. No le voy a restar jamás la entrega a un personaje por el miedo de volverme loco.
Más allá de la cocina y la actuación, Julio Milostich también tiene un lado político. En 2010 fue parte de la franja presidencial de Jorge Arrate y luego de la de Eduardo Frei. El actor se define como una persona de izquierda, pero no militante.
—No me gusta que me manden a votar ni que me digan “tenemos que hacer esto y lo otro”. Detesto cuando la parte a la que pertenece uno se corrompe o cuando roba, y lo juzgo de la misma manera que juzgo cuando lo hacen los otros, y eso no significa que sea de centro —dice Milostich.
—En 2010 calificó el triunfo de Sebastián Piñera como un balde de agua fría. ¿Qué le parece la derecha de José Antonio Kast, que en ese tiempo aún no existía?
—A ver, ¿cómo definir esto? Señora, señor, por favor, no nos podemos equivocar de esa manera. Si sale Kast, hasta probablemente pensaría en mandarme… no creo. No me imagino un país con presidente como ese.
—¿Qué es Piñera al lado de Kast?
—Al lado aparece la Virgen del Socorro, esa es la extrema derecha. Y ojo que viene una fuerza internacional que está diciendo el mismo texto, se están juntando en las mismas reuniones… atentos.
*Un interrogatorio: del 21 de agosto al 5 de octubre en Teatro Zoco.


