Chilenos endeudados y cómo el gasto hormiga se comió nuestro presupuesto: “Caché que me gasté 500 lucas en puras cosas chicas, como el típico café del desayuno”
Del café de la mañana al completo en la esquina, a compras impulsivas en maquillaje o carreras en Uber diarias, los pequeños gastos reiterados, que parecen no afectar pero minan finalmente el balance de fin de mes, se ha instalado en la vida diaria de los chilenos. Lo que parte como una gratificación instantánea termina, muchas veces, como una nueva cara del sobreendeudamiento en un país que vive con la línea de crédito a tope.
Por I. Plant, C. Bolognesi y R. Bortnick 30 de Agosto de 2025
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“Cada fin de mes es como: ¿dónde se fue mi plata? Cuando lo pienso, se me va la mayoría en comida. En comprarme almuerzos cuando estoy en la U, y sobre todo, en cafés. Los típicos cafés de la mañana”, dice Cecilia Orueta, rancagüina de 23 años, sobre su “gasto hormiga”.
Aída Santibáñez tiene 49 años, y cuenta que algunos meses no se da cuenta cuánto ha gastado en ropa que encuentra en oferta para su nieta. “Un diez por ciento de mi presupuesto para la semana lo gasto en cremas, maquillaje o comida. A, a veces, un veinte por ciento. Cuando tú tienes hijos o nietos, ahí sube, porque ves algo bonito y lo compras. Una semana compro 50 mil pesos en ropa para mi nieta, la otra semana compro 30, y así se va acumulando. Por internet uno se tienta. Después dices, ‘¡qué hice’ (se agarra la cabeza)”, dice. Aída cuenta que a veces le pasa que tiene que pagar cuentas más importantes, y se da cuenta que no le queda dinero. “Me ha pasado con el crédito de la caja de compensación o, no sé, el teléfono, que son cosas importantes, pero no siempre uno lo tiene tan considerado. Digo, ‘ay qué hago ahora’ y tengo que esperar que me paguen.
“El chocolate, la galleta, el café, son cosas como diarias. En la oficina bajo a comprar al Starbucks. Yo creo que en todo eso se acumula mucho dinero”, dice Carolina, de 50 años, quien vende seguros. “En la semana son $22.000 pesos, más o menos. Te complica, pero yo creo que vivimos en un mundo tan estresante que, al final, eso es más lo dulce”.
Juan Carlos Celedón, de 62 años, es conductor del Transantiago, y cuenta que gasta en ‘la chanchería’: “Los dulces, las galletas. El vicio también, el cigarro. Gasto, yo creo, que $120 a $130 mil pesos al mes”, calcula. Pero dice que está tratando de reducirlo, por salud y por el bolsillo, ya que hoy tiene el proyecto de ahorrar para comprar un terreno: “Mejorar en mi impulsividad, por así decirlo, porque a veces uno no la piensa. Entonces estoy tratando de recapacitar antes. Por ejemplo, yo me comía un helado todos los días, ya como uno o dos a la semana”.
“Gasto mucho en Uber y al lado de la oficina tengo un Spid, y ahí todos los días voy a comprar harto”, dice Pablo, de 28 años, Ingeniero Civil Industrial. “Al comienzo me movía más en transporte público, y después dije más cómodo que llegue el auto a mí en vez de estar caminando al paradero. El trayecto me cuesta entre dos mil, hasta tres mil pesos, no sé, unas tres o cuatro veces a la semana. Y en el Spid compro mucho café, dos o tres al día”. Cuando se le pregunta cuánto gasta mensualmente en esos café, contesta: “Ay, qué dolor. Deben ser como 300 lucas al mes. Hago una planilla para ver mis gastos, pero me dura uno o dos meses y después digo, ya, no, lo asumo nomás”.
Vania Burgues tiene 24 años, es de Buin, estudia y trabaja part time. Dice que gasta “desde en comprarme un completo, o una chela, a maquillaje”. Y cuenta: “Lo que me pasó el mes pasado, fue que de repente me di cuenta de que había gastado todo un cupo de mi tarjeta de crédito. Ya no me quedaba nada de plata. Caché que me había gastado 500 lucas en puras cosas chicas, el típico café de desayuno, la chela en el bar de al lado”.
El gasto hormiga es el que no estaba planificado, y que no corresponde a gastos fijos del mes. “Aunque estos gastos suelen parecer poco significativos, por tratarse de montos pequeños, su efecto acumulativo puede contribuir considerablemente al sobreendeudamiento”, explica Nancy Silva, directora general de Estudios de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF). Y agrega: “Si bien no contamos con estudios que vinculen de forma directa el gasto hormiga con el uso de estos instrumentos financieros, la falta de consciencia sobre su existencia, sumada a su escasa visibilidad en el presupuesto mensual, puede llevar a las personas a recurrir a tarjetas de crédito o créditos de consumo para obtener liquidez, lo que a su vez genera intereses y aumenta su endeudamiento”.
No existen mediciones oficiales de cuándo gastan los chilenos de manera hormiga, como no está considerado y va variando, es difícil cuantificarlo directamente. Pero hoy desde influencers a expertos, al balance de fin de mes de las cuentas de los chilenos, dan cuenta de cómo esta forma de gastar, de a poco, sostenidamente y casi sin pensar, se ha instalado gracias a las aplicaciones. Y que muchas veces tiene que ver con gratificaciones instantáneas, del estilo “yo me lo merezco”.
Influencer del gasto hormiga
Sofía Muñoz (30) es abogada y se llama Sofwihelm en TikTok, donde la siguen más de 21 mil personas. De manera muy divertida está constantemente contando en qué gasta su dinero; casi como un confesional, un apoyo terapéutico, ante el consumo.
“Partí haciendo videos con compras que eran gastos grandes, que había hecho hace tiempo. Y que ahora miraba hacia atrás y encontraba muy irresponsable y sin sentido”, cuenta a The Clinic (muy recomendado el video sobre su “inversión” en un secador de pelo Dyson que ni siquiera es compatible con los enchufes chilenos). Dice que fue mejorando sus patrones financieros, dejando compras de tanto valor, pero igualmente tenía muchos gastos. “Entonces se me ocurrió que quizás no eran los gastos grandes los que me hacían gastar mucha plata, sino que estas cosas chicas, que uno cree que no son nada y después suman”, dice Muñoz.
Comenzó su exitosa sección de videos destapando sus gastos hormiga. “Uno se da cuenta de patrones, lugares o montos que se repiten, algo que uno no se da cuenta hasta que hace esta revisión hasta atrás”, dice. Para ella, por ejemplo, siempre hay mucho gasto de goteo en los minimarket Spid. ¿Qué tanto compra ahí? “Principalmente Coca-Cola, y tengo una tienda muy cerca entonces si tengo el antojo de tomar bebida, voy para allá. Pero también como es mini supermercado, voy si me faltó crema, me faltó atún, bolsas de basura, lo que sea”.
El hacer esta especie de revelación financiera, ¿la ha ayudado a ordenarse? “No sé si necesariamente hace que gaste menos, porque lo que pasa justamente con este tipo de gastos, es que uno no tiene la noción de la cantidad final en la mente, uno solo ve el monto chico. Entonces es difícil decir no me voy a comprar esta bebida de dos lucas, porque cuesta tener en el pensamiento que esas dos lucas se van a sumar con las otras dos y las otras dos y las otras dos”, dice.
Parte del humor de los videos, son los comentarios: “Ayer le mostré tus videos a mi mamá y me dijo ‘hay más como tú en el mundo’” o “Mi gasto hormiga es el Uber, una adicción de la que poco se habla”; pero también hay quienes dan sus propios datos para evitar la hemorragia financiera: “Me abrí una cuenta corriente en Falabella exclusivamente para mis gastos hormiga, así que semanalmente me transfiero una cantidad X y si se me acaba antes, cagué no más, no se compra nada más. Eso me ayudó a ordenarme ene”, dice uno.
“Hay gente en los comentarios que se le ocurrió decir que este conteo era como terapia de shock. Incluso me han llegado mensajes como ‘gracias a este video me di cuenta la cantidad que estaba gastando’. Ha generado, un poco, que más personas se sumen a calcular”, cuenta Muñoz.
No gastes en tonteras
“Yo me endeudaba gastando en tonteras innecesarias, teniendo buena renta. Ahí me di cuenta que no importa lo que uno gane, la mala administración del capital al final es muy destructiva, independiente de lo que uno genere”, dice Francisco Ackermann, uno de los influencer de educación financiera más conocidos en Chile, y creador del libro y podcast Con peras y finanzas.
Dentro de sus contenidos, Ackermann tiene videos con una frase que ya se ha vuelto una de sus marcas registradas: “No gastes en huevadas”. De manera humorística, anima a pensar dos veces la compra de ese café de cinco mil pesos, u otros gastos hormiga.

Sobre por qué tiene ese foco, dice: “Hoy día prácticamente el 70% de las personas vive endeudada, pero a su vez somos el país que tiene más cafeterías Starbucks por metro cuadrado. Algunos te dicen que en Chile es imposible ahorrar, pero por otro lado, este es el país donde tenemos prácticamente todas las marcas de consumo masivo, acceso a pedir por Internet todo tipo de productos”.
Para Ackermann lo más importante de transmitir a las personas, cuando se trata de erradicar estos comportamientos, es tener incentivos de ahorro, y pasar de gastar en cosas que no importan a invertir en lo que sí vale la pena, mientras uno se mueva dentro de sus posibilidades financieras: “Yo también me compro café, pero el problema está si tú te compras diez cafés al día o 25 productos chinos con un presupuesto que no te alcanza después para vivir hasta fin de mes. O dices que no tienes plata para pagarte unas vacaciones, pero sí para gastar en esta tontera”.
“Las personas no van a cambiar su hábito de un día para otro, pero me escriben diariamente diciendo que cuando van a comprar una tontera, se les viene mi imagen a la cabeza”, dice Ackermann, y también agrega que la idea no es exagerar y no darse gustos: “Uno ahorra porque tiene objetivos, no ahorrar por ahorrar. Eso súper fome y no tiene sentido ahorrar hasta morir”.
La nueva era del endeudamiento gasto hormiga
Dentro de su área educativa, la CMF tiene una calculadora online de gasto hormiga. Permite seleccionar íconos que representan gastos recurrentes -desde taxis, a comida rápida y demases-, sumar cuánto se invierte en cada ítem, luego agregar sueldo u otros ingresos, para luego calcular el porcentaje del presupuesto mensual que se está yendo en estas compras. Según Nancy Silva, directora general de Estudios de la CMF, parte del problema de los gastos hormiga nace en el desconocimiento: “Entre las razones posibles se encuentra la falta de educación financiera en algunas personas, lo que impide el desarrollo de hábitos de planificación y el uso de herramientas para llevar un control diario de los gastos, los cuales muchas veces son percibidos como ‘irrelevantes’”.
Pero está, además, el tema de las tarjetas y las aplicaciones, que hacen tanto más sencillo gastar y gastar: “Se suma el uso generalizado de medios de pago digitales y tarjetas, que tienden a invisibilizar el gasto real. Además, existe un sesgo cognitivo común que lleva a preferir la gratificación inmediata —como comprar algo en el momento— por sobre una ganancia futura (ahorro)”, dice Silva.
Lorena Pérez Roa es académica del Departamento de Trabajo Social de la Universidad de Chile, donde lleva más de quince años investigando en qué y cómo gastamos los chilenos. “Creo que la deuda es de esas cosas que te permiten hablar de la vida misma, porque te metes a las formas en que se estructuran los hogares en Chile, pero también hablar un poco de cómo está Chile en términos más sociopolíticos”, dice.
En 2019, Pérez Roa revisó todo su material para un libro que trataba de entender el estallido social, y ahí identificó que en la última década, la deuda se transformó en una extensión del salario en el país. Se normalizó, por ejemplo, considerar la línea de crédito como parte del dinero que se dispone.
Y, así, la percepción sigue mutando. “Hoy día la deuda se reconoce en términos de morosidad, si tú pagas tu línea de crédito al día, si mantienes tu tarjeta de crédito bien, la percepción que tienen las personas es que no estarían endeudados”, dice Pérez Roa. Añade: “Pero es una percepción que cambia particularmente con el tema de las aplicaciones”.
Destaca que esta nueva transformación penetra sobre todo en los jóvenes, una generación que tiene una alta inclusión financiera, pero no por esto educación en el tema. Un arma de doble filo: tener acceso a crédito, pero no saber usarlo. “Entonces creo que ahí estamos entrando en un momento distinto, porque efectivamente las formas de compra se han sofisticado y también las maneras que tienes de controlar tus gastos también se hacen más difusas”.
Añade: “En general, las familias en Chile tienen cada vez menos claro cuánto ganan y mucho menos claro cuánto gastan”. La académica cuenta que en los chilenos hoy investiga, se ve a veces el gasto hormiga como “premio” ante la estrechez económica. “La sensación que tienen es de mucha angustia, porque dicen trabajo todo el tiempo y en realidad solo pago deudas y no disfruto. Entonces cada vez que el disfrute se hace posible, es una sensación de merecimiento, de ‘y por qué yo no’”.
Pérez Roa también destaca que los gastos hormiga se adecúan a los ingresos de las personas –“en los sectores populares, es ir a comprar completo en la esquina”, por ejemplo- y que hoy son “muy moralizados”, y no deberían serlo, necesariamente.
“Tú no puedes controlar cuánto te aumentan la electricidad, o el arriendo. Y cada vez son más caros, y tienen características de urgencia. Pero en el gasto hormiga, en general, la percepción de control es mayor. Dices, me ahorré 50 lucas en un mes. Claro, te pueden servir para un ahorro y tal vez te endeudes menos mañana, pero en términos significativos no cambian tu situación económica”, dice la experta.
¿Gastamos hormiga entonces, y no nos preocupamos más? Dice Pérez Roa: “Creo que el foco hay que ponerlo en esta sensación de control, cuando efectivamente tú estás entusiasmándote con estas aplicaciones, te perdiste, no sabes ni cuánto estás pagando, ni cuánto te cobran. Esa sensación propia del sistema financiero, que quiere que no sientas el gasto”.



