Opinión
18 de Octubre de 2025
Los gatillantes de atención: ¿Pueden los debates y la franja mover la aguja electoral?
Por Marco Moreno
"Los medios no dicen qué pensar, pero sí sobre qué pensar. Y los debates o la franja tienen precisamente ese poder: reencuadrar la campaña, actualizar los temas, reinstalar el interés", comenta Marco Moren en su columna semanas con The Clinic en la que repasa la importancia de factores como la franja electoral y los debates de cara a una elección.
Compartir
Suscríbete al newsletter
En tiempos de fatiga electoral, cuando todo parece dicho y las encuestas se mueven milimétricamente, hay momentos que rompen la inercia y devuelven vitalidad a la competencia. A esos momentos —en que la política vuelve a ser conversación pública, aunque sea por unos días— los llamo gatillantes de atención. Esto es cualquier hecho capaz de interrumpir el ruido cotidiano y concentrar la mirada colectiva de la ciudadanía: un debate televisivo, una franja emocional, un error no forzado o una frase que condensa el clima del país.
En contextos de desafección y saturación política, donde la mayoría de las personas vive desconectada de la política formal, estos eventos son los que devuelven intensidad simbólica a la democracia.
Chile vive hoy ese tipo de escenario. Llevamos años votando, discutiendo, decepcionándonos. La ciudadanía observa con distancia, como si la política se desarrollara en otro país. Las encuestas son el espejo de ese letargo: tres meses de estabilidad casi perfecta, con preferencias inmóviles. Pero, en medio de esa quietud, se aproxima una secuencia de hechos capaces de alterar —aunque sea momentáneamente— el curso de la atención pública: la franja electoral y los debates de Canal 13, ANATEL y ARCHI.
Estos hitos funcionan como gatillantes institucionalizados: rituales democráticos donde, por unos minutos, millones de personas vuelven a mirar la política al mismo tiempo. La teoría de la agenda setting (McCombs y Shaw) lo explica bien: los medios no dicen qué pensar, pero sí sobre qué pensar. Y los debates o la franja tienen precisamente ese poder: reencuadrar la campaña, actualizar los temas, reinstalar el interés.
La evidencia internacional es clara. En Brasil 2022, el primer debate entre Lula y Bolsonaro no cambió los números, pero sí el ánimo: fortaleció el discurso democrático frente al autoritarismo. En Argentina 2023, los encuentros entre Milei, Massa y Bullrich sirvieron más para fijar identidades que para mover votos. En España 2023, el cara a cara Sánchez-Feijóo no alteró la intención de voto, pero reactivó la participación y rompió la sensación de final cerrado. En todos los casos, los gatillantes de atención no cambiaron las preferencias, pero cambiaron la conversación.
En el escenario chileno, donde la fatiga y la incertidumbre dominan, los candidatos saben que estos momentos son su última oportunidad para conectar con un electorado exhausto. Jeannette Jara buscará instalarse como la voz de la defensa democrática frente al autoritarismo de Kast, aunque el desafío será diferenciarse del gobierno sin romper con él. Matthei apostará por la unidad emocional, por devolverle sentido de pertenencia a un país fracturado. Y Kast, con su relato de orden y su tono confrontacional, intentará mantener el protagonismo sin caer en los excesos discursivos que lo aislaron.
Pero no hay que sobredimensionar su alcance. La literatura muestra que cuando los debates incluyen demasiados candidatos —como ocurrió en Chile 2021, o en Colombia 2022— su efecto se diluye: la atención se fragmenta, los contrastes se pierden y el público apenas retiene nombres o frases sueltas. La política compite con la distracción, y solo los momentos emocionalmente potentes logran atravesarla.
Por eso, más que mover votos, los gatillantes de atención mueven el clima. Aunque los próximos 30 días estarán dominados por la televisión, la elección probablemente se decidirá más por emociones que por argumentos. No ganará quien exponga el mejor programa, sino quien logre encarnar autoridad, empatía o credibilidad en esos breves instantes de atención colectiva.
En una campaña larga y predecible, los gatillantes de atención son las últimas chispas capaces de devolverle vitalidad a la política. No siempre mueven la aguja, pero sí definen quién queda en el centro del encuadre cuando las luces se apagan y solo resta en la soledad de la urna emitir el voto.



