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Carlos Rodríguez - The Clinic

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24 de Octubre de 2025

Carla Guelfenbein a una década de su premiado libro “Contigo en la distancia”: “Antes la literatura femenina era considerada una literatura inferior”

La escritora chilena Carla Guelfenbein reflexiona sobre el impacto del Premio Alfaguara en su carrera, diez años después de recibirlo. Reconoce que el galardón impulsó la difusión de su obra en el mundo hispano, especialmente en México, y reivindica el valor de la literatura escrita por mujeres.

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Una mañana, que parecía como cualquier otra, Vera Sigall cae por las escaleras y sus lesiones son tan graves que queda en coma. Todo el mundo piensa que es una caída, pero Daniel sospecha que no se trata de un mero accidente. Emilia y Daniel se encuentran en medio de la búsqueda de la verdad, mientras que Horacio va describiendo quién es esta escritora. Esta intrincada historia se titula “Contigo a la distancia” de Carla Guelfenbein y este 2025 cumple diez años.

Gracias a esta novela, Carla Guelfenbein recibió -por unanimidad- el Premio Alfaguara. Si bien dice que el galardón no cambió sustancialmente su estilo de vida, sí sirvió como un impulso para que sus novelas comenzaran a leerse en México, lugar que visitará próximamente. La escritora recibió a The Clinic en su acogedor departamento en Providencia para hablar del aniversario de su libro, el cómo ayudar a fomentar la lectura y, por supuesto, de “Contigo en la distancia”.

—Tu novela “Contigo en la distancia” se publicó el 2015 y con él ganaste el Premio Alfaguara ¿Cómo se siente ver a este libro hace diez años de su éxito?

—Me resulta muy extraño que hayan pasado ya 10 años. Hay ciertos hitos que van marcando el tiempo y le van dando a uno la noción de la rapidez del tiempo. Me resulta tan cercano toda la experiencia del premio, cada minuto. Desde que me anunciaron del premio hasta que estuve un año viajando por España, por Latinoamérica. Me pareciera que fuera algo súper reciente. Entonces me sorprende que ya hayan pasado 10 años.

—¿Cómo cambió tu vida con este premio?

—Yo ya llevaba un buen rato publicando y publicando en España. Cuando gané el premio ya tenía un lugar, pero evidentemente con el premio cambiaron ciertas cosas. No cambió mi vida, porque mi vida es la misma, no se rige, digamos, por asuntos como un premio o no. Pero, evidentemente que como escritora, en el sentido de la difusión, que me hice conocida en todo el habla hispana. 

Tuve más traducciones… Evidentemente que me puso en un lugar diferente. Ahora de hecho voy a Guadalajara a presentar la novela que publiqué el año pasado. Estoy en un circuito de alguna manera. Por ejemplo, en México mis novelas se leen mucho y eso es gracias al Premio Alfaguara porque antes me publicaban en México, pero no era muy conocida. Hoy día sí, porque ellos le dan mucha importancia al Premio Alfaguara.

—Me imagino que amas a todos tus libros por igual, pero debe haber uno que sea tu favorito

—Sí, tengo uno que es mi favorito que es el “El resto es silencio”. Es mi libro que tiene más traducciones, tiene 15. Pero además, hay en esa novela un personaje que es Tommy, que es un niño de 10 años, que es un personaje para mí entrañable, que me acompaña, que está, que aparece constantemente en mi vida. Tiene que ver con mis hijos, conmigo cuando fui niña, hay un lugar que él ocupa él en mi corazón y por eso es ese libro es el que más quiero.

Vera Sigall, la creación de Carla Guelfenbein

Vera Sigall es una escritora, un tanto misteriosa, entrada en edad. Es encontrada por su vecino Daniel en el piso de su departamento tras una -aparente- caída, un accidente como puede tener alguien mayor, pero ¿Quién es realmente Sigall?

—¿Cómo te inspiraste para crear la historia de Vera, de Emilia, de Horacio?

—En esta nueva edición del libro es súper importante el prólogo. Como que de alguna manera yo lo entendí después… Creo que aquí hay un personaje principal que es Vera, esta escritora que se cae por las escaleras y queda en coma. Entonces la historia de ella la empiezan a contar entre ella y Horacio.

Vera Sigall es el origen de todo, es el origen de esta novela. En la historia de ella de ella hay muchos guiños a la historia de la escritora Clarice Lispector que su familia, de origen ucraniano, llegó a Brasil cuando ella era una bebé huyendo de la persecución a los judíos. Mi familia proviene exactamente del mismo lugar de donde proviene la familia de Clarice Lispector y también huyeron, más o menos en los mismos años, pero en vez de llegar a Brasil, llegaron a Chile. Entonces, me acuerdo que cuando leí la biografía de Clarice fue como… que me empezó a rondar la idea de construir un personaje que tuviera de ella, que tuviera de mis abuelas y que fuera como un poco la historia de mi familia y la de ella, un poco.

Después toda la historia va surgiendo en el camino. Es bastante intrincada la historia, tiene muchos elementos, va al pasado, va y vuelve. Eso se va haciendo cuando se escribe, siempre la semilla es algo muy chiquitito, la plantas y ahí empiezas para que se transforme en algo. Uno nunca sabe exactamente cuál es el origen. 

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“Hay grandes nuevas escritoras que realmente están arrasando”

—¿El escenario literario chileno hace diez años era muy distinto a lo que hay ahora? 

—Yo creo que sí, creo que es diferente. La gran diferencia que ha pasado en estos diez años es que las mujeres escritoras han irrumpido en el mercado editorial de una manera que antes no. Y no solamente en el mercado, porque siempre las mujeres de alguna manera han estado y han publicado. Las cifras lo dicen, quienes más leen son las mujeres y las mujeres tienden a leer mujeres. Sino más bien en un lugar en el cual las mujeres están ganándose los premios. Era muy raro que una mujer ganara un premio en mi época, era muy raro que una mujer fuera jurado de un premio en mi época. Si tú te fijas, los presidentes de los jurados siempre son hombres y ahora cada vez menos.

También, en términos de importancia, hoy día las mujeres narradoras, tanto en Chile como en toda la habla hispana, yo diría que la llevamos. Hay grandes nuevas escritoras que realmente están arrasando en términos de crítica, de ventas, de difusión. Entonces, eso hace diez años estaba recién emergiendo.

—A tu juicio ¿se miraba en menos a las escritoras por ser mujeres?

—Por supuesto. Pero fíjate que puedo hablar en pasado de cierta manera, aunque por supuesto que aún hay rezagos de esto súper evidentes y que todavía inciden en el trabajo de las mujeres. Pero antes, la literatura femenina era considerada una literatura inferior. ¿Por qué?  Porque era una literatura que se leía, que se lee. La literatura de mujeres se lee. Por lo tanto, se la catalogaba simplemente por el hecho de que aunaba a los lectores, atraía a los lectores, era comercial. Por ejemplo, está la premio Nobel bastante denostada en este minuto, que es Alice Munro. Era una mujer que vendía muchísimo, vendía muchísimo, muchísimo, muchísimo. Porque eran cuentos cortos y, bueno, un premio Nobel y así muchas.

Annie Ernaux es otro ejemplo, ella vende muchísimos libros. Pero esas mujeres que vendían muchos libros antes nunca se hubieran ganado un premio Nobel. Porque el hecho de que simplemente fueran populares entre la gente, que se vendiera, que la gente las leyera, significaba que era baja literatura.

Después estaba el asunto del sentimentalismo. Es decir, las mujeres, es cierto, escribimos una literatura que es intimista. La última premio Nobel, por ejemplo, Han Kang, es una literatura muy intimista, que entra dentro de los intersticios del alma humana muy profundamente. Y ese es un poco el lugar que hemos ocupado las escritoras a lo largo de la historia: Un lugar íntimo. Desde Jane Austen que observaba el mundo a través de ese pequeño espacio íntimo, a través de su ventana, a través de sus sentidos, a través de su imaginación, pero era un mundo muy íntimo el que describe de ella. El de las emociones, el de las relaciones entre la familia, del amor y todos esos temas eran considerados menores porque no eran grandilocuentes, no estaban hablando de la historia del mundo.

Éramos catalogadas de sentimentales, comerciales, y eso nos sacaba un poco del canon. Es decir, el canon literario, el canon de qué es lo que vale y qué es lo que no vale, que por lo demás esa distinción la han hecho siempre los hombres.

Carlos Rodríguez – The Clinic

—Se dice que la mujer es la que lee novelas, pero no los hombres porque ellos no leen sobre sentimientos o introspección ¿Cómo se cambia este paradigma?

—Creo que los hombres han escrito sobre estos temas, pero cuando estos temas atañen a los hombres, son universales y cuando atañen a las mujeres, es un asunto de mujeres. Entonces también está eso. Cuando tú estás leyendo, a Coetzee, su novela “Desgracia”, donde a un hombre lo acusan de meterse con una alumna y entra a un mundo de oscuridad. Todo lo que él cuenta tiene que ver con el alma de ese hombre, con el corazón de ese hombre, con cómo esta situación va atañendo a sus más profundas emociones, y cómo lo vulnera y cómo sale. Bueno, esa misma historia contaba por una mujer, es asunto de mujeres no es universal.

Ese paradigma, ese dogma de que cualquier cosa que le pasa al hombre es universal, yo creo que está cambiando. Yo creo que está ocurriendo, y está ocurriendo. Creo que es porque hay muchas más mujeres que están siendo publicadas, hay una cantidad de talento, que siempre hubo, no es que hubiera faltado, pero hoy día es más evidente. Se hace más evidente el inmenso talento de escritoras entre 30 y 50 años que de verdad creo que están cambiando el paradigma.

—Según las últimas encuestas, se evidenció que los chilenos leen poco ¿Cómo fomentamos la lectura como país?

—Es una guerra difícil, y es una guerra difícil no solamente aquí sino que también en otras partes del mundo. Están todas las redes sociales…. justamente leía que la ciudad de Nueva York levantó una demanda contra TikTok porque está creando niños que no tienen ninguna capacidad de atención, que están ensimismados en este pequeño aparato y ya no se relacionan con el mundo. Entonces, estamos generando una generación que cada vez va a estar más lejos de la lectura de alguna manera.

No basta con seguir escribiendo bien, con compromiso, con alma cómo intentamos hacerlo las escritoras y los escritores. No soy una experta en políticas de lectura, pero sí creo en los pequeños gestos. Creo mucho, por ejemplo, en los clubes de lectura. Creo que los clubes de lectura son una gran instancia y que está cada vez proliferando más en Chile. Yo creo que la actividad comunitaria en torno al libro es un muy buen incentivo. Justamente para salir de ese espacio tan encerrado que es tú y tu tablet.

Me acuerdo de algo que hace mucho tiempo no me han pedido y que yo hacía. Era ir a colegios, por ejemplo, de bajos recursos, hablar sobre la lectura, hablar sobre las ventajas que tenía para estos niños leer. Les hablaba de Cyrano que enamoró a una mujer, con su narizaza, simplemente por la palabra.

La palabra tiene el poder de enamorarle, les decía yo. La palabra tiene el poder, además, por ejemplo, cuando eran más grandes, ya si estaban en cuarto medio, les decía, bueno, van a salir de aquí al colegio, no tienen que salir a buscar trabajo. Cuando salgan a buscar trabajo y vayan a la entrevista de trabajo, su capacidad de verbalizar por qué quieren ese trabajo, por qué les interesa expresar su entusiasmo, aportar ideas, está en el lenguaje ¿Y de dónde obtienen ese lenguaje? Es la lectura. Funcionaba bastante bien porque salían los chicos bien entusiasmados. Entonces yo creo en los pequeños gestos.

Nosotros no podemos estar esperando que un poder ni sobrenatural, ni político, ni de gobierno, resuelva. Por supuesto que las políticas de lectura son fundamentales dentro de este puzle que estamos armando, pero también la responsabilidad está en cada uno de nosotros. 

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