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Opinión

26 de Octubre de 2025
Kike Mujica
Kike Mujica
Ilustración: Sandro Baeza

El tercer tiempo del caso SQM

"¿Quién ganó con esto? Adivinen. Están los que creen que los delitos sí existieron, pero que los fiscales, por impericia, no pudieron probarlos. Están los que creen que los delitos sí existieron, que las pruebas eran suficientes, pero -una vez más- operaron los poderosos, para -una vez más- quedar impunes. Y están los que creen que los delitos nunca existieron -no es que no las pudieron probar: no existieron- y que esto fue una persecución política", escribe Kike Mujica en su columna (con entrevista a Carlos Gajardo incluida) de esta semana, en la cual aborda el fallo de SQM, en el que los tribunales absolvieron a los ocho acusados.

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¿Quién dijo que el caso SQM -tras el fallo- no dejará nada de nada en el país? Dudoso. Por lo pronto, la sentencia sacó al pizarrón la impericia del Ministerio Público, las obsesiones mediáticas y pirotécnicas de ciertos fiscales y el debate sobre la impunidad atávica de los poderosos. Tres temas enarbolados por distintas banderas. No es poco. Bonus track: ¿quién gano con esto? Adivinen.

Están los que creen que los delitos sí existieron, pero que los fiscales, por impericia, no pudieron probarlos.

Están los que creen que los delitos sí existieron, que las pruebas eran suficientes, pero -una vez más- operaron los poderosos, para -una vez más- quedar impunes.

Están los que creen que los delitos nunca existieron -no es que no las pudieron probar: NO existieron- y que esto fue una persecución política.

El Chile post fallo SQM

Buena parte de la opinión pública sostiene que nada quedó después de un caso que partió en 2014 y que remeció durante años a la política criolla.

Es un juicio algo apresurado porque se abrió una discusión sobre el sistema penal, sobre la política y sus redes de poder, sobre el trabajo de los fiscales y sobre la desconfianza enfermizade un país que no cree si sí y tampoco cree si no.

No es poco.

Fiscales on fire

¿Qué tienen en común Carlos Peña y Tom Wolfe?

Luego del fallo absolutorio, Carlos Peña escribió “Las lecciones de SQM” en El Mercurio. La pregunta que se hizo es “cómo una indagación y un juicio posterior mantuvieran en suspenso la vida y el prestigio de varias personas durante más de una década”.

Una de las razones es la pulsión de ciertos fiscales.

“Se trata de una cierta manera de concebir su quehacer por parte de muchos fiscales —y este rasgo fue especialmente aguzado en el caso SQM, al extremo de que su estela llega hasta hoy—, quienes suelen confundir su quehacer, consistente en la persecución penal, con una función de aleccionar moralmente a la ciudadanía y enseñar la forma éticamente correcta en que deben funcionar las instituciones… Ese rasgo que asomó una y otra vez en este caso se observa en la conducta, las declaraciones y la actitud de muchos fiscales que usan su cargo para, como digo, aleccionar moralmente a la ciudadanía y de paso configurar una cierta personalidad pública (como se observó desde temprano en el caso del financiamiento ilegal, donde a la calificación legal seguía la metáfora moral)”.

Peña representa el fastidio de líderes de opinión por el rol de algunos persecutores. Por su excesiva presencia mediática (pública y privada -a través de las filtraciones; por privilegiar lo que quiere el público -el rating- sobre el peso de las pruebas; y de no desdecirse cuando las investigaciones no tienen destino porque su personaje está en juego si las cosas fracasan).

Tom Wolfe escribió en 1987 uno de sus mejores libros: “La Hoguera de las Vanidades” (Brian de Palma la convirtió en película).

La trama, grosso modo, consiste en un yuppie millonario y exitoso de Manhattan que por un infortunio del tránsito termina perdido, junto a su amante, en un sector muy peligroso del Bronx. El tipo atropella a un afroamericano; aterrado decide huir del sitio y olvidarse del suceso.

Pero no: un reverendo lo enarbola como bandera de lucha, la prensa amarilla engancha y, entonces, aparece Abe Weiss, fiscal del Bronx, un ser insaciable de poder y popularidad. Cuando se entera de que el victimario es un millonario-blanco-de Manhattan ve maná caído del cielo.

A través del personaje, Wolfe levantó una descarnada crítica a los fiscales que utilizan la justicia para pavimentar sus propios caminos políticos. Manipulan a los medios, suman a la investigación más juicios morales -a favor de lo políticamente correcto- que pruebas y hacen del fiscal un justiciero y de la justicia un espectáculo.

Eso mismo parece encarnar la crítica hacia algunos fiscales en Chile. De lado y lado político. Muchas veces esto se intensifica cuando la investigación es en contra de alguien de mi tribu.

Dentro de la derecha es sabido qué miran con desconfianza ideológica, en general, tanto a fiscales como a jueces.

No piensa tan distinto la izquierda dura: basta ver al PC desatado acusando “persecución política” contra Daniel Jadue.

SQM: Aquí no hubo justicia

Carlos Gajardo es un pararrayos de amores y odios cuando hablamos de fiscales que han pasado por el Ministerio Público.

Puede ser la encarnación del fiscal mediático y justiciero –“en el caso Penta más que un persecutor fue una especie de Catón”, me dice un abogado – o el ejemplo del fiscal probo y valiente –“los buenos fiscales se notan cuando el poder los mira con recelo”, me dice otro-.

Le pregunto su opinión sobre el fallo de SQM:

“Mas allá de que la Fiscalía pudo haber hecho un mejor trabajo, la prueba presentada era suficiente para condenar y fue desestimada con argumentos aberrantes como, por ejemplo, que Longueira había utilizado un correo Hotmail y no su correo del Senado y por lo tanto en esa conducta no actuó como Senador sino como político. Ese raciocinio es aberrante y da cuenta de que las juezas del voto de mayoría no tienen la capacidad jurídica suficiente para juzgar este caso. Adicionalmente, se desestima el delito tributario para Patricio Contesse a pesar de que la propia empresa rectificó esas declaraciones de impuestos porque no contaba con los antecedentes que justificaran los pagos efectuados y de que hubo más de 50 “boleteros” que ante el tribunal reconocieron la falsedad de las boletas que emitieron.

“Esa absolución no tiene una explicación desde el punto de vista del derecho”, sentencia.

–La decisión de absolver a los acusados ¿es una señal, como piensan algunos, de que el Poder Judicial no toca a los poderes?

–Es una señal de que en Chile hay dos justicias. Una para el que tiene poder y otra para el que no lo tiene. Esta percepción, dicen las encuestas, es la que tiene más del 80% de los chilenos

–¿Qué hizo la fiscalía que usted como fiscal no hubiera hecho?

–Nunca debió desarmar el equipo inicial del caso. Ese fue el primer error que cometieron. Luego el fiscal Abbott realizó declaraciones públicas bajándole la importancia al caso. Y finalmente se tomaron, tanto por el SII como por la fiscalía, decisiones distintas ante imputados en idéntica situación. Por ejemplo: ¿por qué se acusó a MEO , por una situación idéntica se suspendió la causa contra Moreira? Eso no tiene hasta hoy una explicación.

–Ha habido una crítica sobre el protagonismo medial de ciertos fiscales que los obliga a perseverar en investigaciones que no tienen destino ¿Cuál es opinión?

–¿Alguien puede sostener que estas investigaciones no tenían destino? Los casos Penta y Corpesca terminaron con condenas y el fisco recuperó miles de millones de pesos evadidos. Adicionalmente, en los años siguientes la evasión por boletas falsas bajó dos puntos, significando, por la mayor recaudación, millones de dólares para el Estado. Además, se modificaron las leyes sobre financiamiento político y corrupción. ¿Alguien seriamente cree que esta investigación no debió hacerse?

Juzgar a la justicia

La encuesta del Centro de Estudios Público (CEP) de marzo del 2025 preguntó sobre la confianza que tienen las personas respecto de 20 instituciones.

El Ministerio público (los fiscales) quedaron en la parte baja: en el lugar 14 con sólo un 15% de confianza, en el mismo barrio que las redes sociales y el sistema de pensiones.

Los tribunales de justicia están en 14% de confianza.

El debate público, a partir del caso SQM, se ha circunscrito a la lentitud de la investigación -lo largo del proceso-, a los errores del Fiscalía y a la tesis del “perdonazo” a los poderosos.

Ninguna de las tres hipótesis esbozadas por la elite ayuda a la legitimidad y credibilidad del sistema penal.

Para los sectores más vulnerados, el gran problema no es que el sistema judicial tarde: es que no llega.

Final

Ha pasado inadvertido, como le gusta, pero hay que mencionarlo: punto para Julio Ponce Lerou.

Una vez más.

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