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Felipe Figueroa - The Clinic

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17 de Noviembre de 2025

Gaby Pérez, autora de “Tu Huella en mi Vida” por Ley Duque y duelo de mascotas: “Es un avance, pero todavía no es el lugar en el que queremos estar”

La Ley Duque, iniciativa que actualmente está en el Congreso, busca otorgar un día libre por el fallecimiento de una mascota. Este beneficio se entregará siempre y cuando el animal esté inscrito en el Registro Nacional de Mascotas.

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La tanatóloga mexicana, Gaby Pérez, viajó a Chile para presentar su último libro titulado “Tu Huella en mi Vida” en donde repasa lo difícil que es pasar por el duelo de una mascota. También entrega tips sobre cómo salir adelante con el dolor y cómo enfrentar una pérdida.

Pérez también tuvo palabras para le Ley Duque que se discute en el Congreso. Dicha iniciativa legal busca otorgar una día libre remunerado por el fallecimiento de una mascota, siempre y cuando ésta esté inscrita en el Registro Nacional de Mascotas.

En conversación con The Clinic, Pérez explicó que a su juicio no se había abordado lo que significa atravesar por el duelo de una mascota “porque parecía que era como un duelo ilegítimo, de segunda categoría, que no podíamos hablar de ese duelo y compararlo con ningún otro tipo de pérdida“.

“Conforme han pasado los años, a partir de la pandemia para acá, se ha incrementado este vínculo tan estrecho con los animales. La convivencia, la intimidad que tenemos en casa. Son nuestra familia escogida, pero seguíamos sin darle legitimidad al duelo por perderlos. Es decir, la sociedad aprueba la convivencia, está de acuerdo con que los ames, pero cuando los duelas, pareciera que te dicen ‘Ay, por favor, es un perro. Ay, por Dios, adopta otro gato’. Quieren hacer muy chiquito tu dolor“, asegura.

En ese sentido, afirma que su libro “lo que busca es justamente que el dolor sea visto. Que puedas compartir tu historia, que sea reconocida, que haya una contención social y que aprendamos a hacerle más llevadero la pena a alguien”.

El duelo de una mascota y la Ley Duque

—Actualmente en Chile se está discutiendo la denominada “Ley Duque” que busca dar a los trabajadores días libres ante la pérdida de su mascota ¿Este tipo de iniciativas legales son un avance para la sociedad en este tema?

—Sin duda es un avance, pero no es todavía el lugar en el que queremos estar. Porque concederle un día a la persona, al doliente, sí sirve para ese primer impacto, para esa desorganización que es enterarte de la pérdida y poder hacer los trámites, la cremación, el entierro, pero no es un reconocimiento al duelo. Es un día administrativo para los trámites que hay que llevar a cabo, claro, es un día que te ayuda para estar en familia, para poder reorganizarnos, pero sabemos que el duelo apenas comienza.

Lo que a mí me gustaría que acompañara a esta iniciativa, que es muy buena, pues que a lo mejor las empresas tuvieran sus ejemplares de “Tu Huella en Mi Vida” y fuera una biblioteca circulante, que pudieran pasarla al compañero que lo necesita, que se le recomendara escuchar un podcast como “Después de la Pérdida”. Esto, para que tengan más herramientas. Sabemos que va a tomar tiempo este duelo y no puedes poner en pausa tus actividades ni tu vida, no puedes frenar la vida.

Tienes que ir viviendo y sanando, que son gerundios, al mismo tiempo. Pero sí al menos nos damos cuenta que ya se empieza a legitimar el que puedas estar triste y que si el amor es real, el dolor es real.

 —¿Pero sientes que se está avanzando? ¿Qué sería lo ideal entonces?

Lo ideal sería que las personas nos sintiéramos más cómodas hablando de este duelo, que no viéramos la reacción en las personas como de ‘ay, por favor’. Quien no entiende del amor por los animales, quien no ha vivido este tipo de pérdidas, las pelucea, decimos en México, ¿no? Las hace a un lado como no es tan importante. Pero realmente los seres humanos tenemos que prepararnos más para aprender a estar con el dolor del otro. No tienes que haber vivido ese dolor, ni siquiera tienes que estar de acuerdo. Tienes que ser humano y empático.

Entonces, me gustaría que se pidiera un poco más de respeto para este tipo de procesos, más acompañamiento y, bueno, la opción, la oportunidad de poder hablar de esto con alguien sin que sientas que se van a burlar de ti.

“Puedes tocar esa ausencia”

—En tu experiencia como tanatóloga, ¿por qué crees que la pérdida de una mascota puede ser tan dolorosa y qué errores cometemos nosotros como tutores al enfrentar este duelo?

—Sí, creo que es muy dolorosa. Primero, porque sucede en la intimidad de tu casa. O sea, piensa que no es que quieras más a uno que a otro, pero a lo mejor a tu abuelita la vas a visitar dos veces al año, pero con tu mascotas vives diario. La casa se queda en un profundo silencio cuando ya no está la mascota. Altera toda tu rutina, es un tipo de pérdida que cambia todo, porque no puedes hacer como que no pasó.  Puedes tocar esa ausencia.

Son nuestra responsabilidad, porque a diferencia de otro tipo de pérdidas, ellos dependen de nosotros. Entonces, se agudiza mucho la culpa, el hubiera, el debí de, cuando ellos mueren. Entonces, por eso nos afecta tanto.

El peor error que podemos cometer nosotros es hacer invisible nuestro duelo. Decir ‘ay, no es para tanto. Me siento mal por sentirme mal’. Como juzgarnos por lo que estamos viviendo. Otro error es aislarnos, no decírselo a nadie, no compartir. Eso es un error. Otro error es tratar de sustituir. Decía un dicho que un clavo saca otro clavo, pero no es cierto en función del duelo. Yo no puedo ir y adoptar otra mascota cuando tengo el corazón roto porque no tengo nada para darle. Y ese no es el motivo correcto.

—¿Cómo los padres puedes ayudar a sus hijos, ya sean niños o adolescentes, a atravesar la pérdida de su mascota?

—Primero, diciéndole lo siento. Lo siento que estés pasando por este dolor. Está fácil decir eso en lugar de, ‘ay bueno, es un animal, los animales viven menos que los humanos’. Es tan fácil decir lo siento, el doliente te va a decir gracias y ya. Darle un abrazo. No nos podemos poner en el plan de desde yo aquí arriba te voy a decir por qué sí se llora y por qué no se llora.

¿Quién somos para decirle al otro? Hay que recordar que si el amor es real, el dolor es real. Y hay mucho amor con una mascota. Entonces escucharlo, proponerle a lo mejor un cierre, una dinámica, desde luego acompañarlo si va a haber un entierro, una ceremonia, para que no esté solo. No podemos quitarle las lágrimas a alguien. A veces para dolores tan grandes no hay palabras de consuelo, pero hay presencias de consuelo.

“Espero lograr en las páginas este llamado a la empatía”

—¿Cómo alguien que no entiende este tipo de pérdidas puede empezar a ser más empático, a comprender el dolor del otro?

—El libro no solo está escrito para las personas que aman a los animales, esa conversación ya la tenemos ganada. También va para estas personas que no pueden entender, pero quieren estar ahí, quieren no tener este conflicto con los hijos, con los nietos, con amigos. Entonces, creo que este libro es una llamada a la empatía. Te explico muchas cosas, explico ahí los beneficios del vínculo entre humanos y animales.

Espero lograr en las páginas este llamado a la empatía, a entender, a saber qué decir y acompañar con respeto. No te pido que lo entiendas, el sentimiento es de aquí del corazón, el entender es del cerebro. A veces con un pensamiento no entendemos un sentimiento, pero podemos empatarnos en sentimiento.

Si yo te quiero a ti y tienes un dolor, respeto tu dolor aunque yo no lo entienda, aunque yo no lo comparto, pero por respeto a ti estoy aquí. Estoy aquí para escucharte, estoy aquí para acercarte un pañuelo, para darte un vaso con agua. Esos pequeños detalles son muestras de humanidad que el doliente agradece muchísimo.

—¿Tienes alguna historia con alguna mascota que te haya marcado hasta el día de hoy?

—Tenía un perro que se llamaba Álava. Muy bonita, gris, de pelo corto, ojos azules preciosos. Se llevaba bien con todos en casa, pero no se llevaba bien con mi hermana, no la quería y era muy curioso porque yo tampoco me llevaba bien con mi hermana.

No es que le dijera ‘ataca’, no es que la pusiera una en contra de la otra, pero era tan curioso como estaba tan compenetrada conmigo que a la única que le hacía maldades era a mi hermana. Recuerdo un día que mi hermana había regresado de un viaje y se había comprado una lencería muy fina que ella lavó y tendió en el patio con mucho cuidado y la perra se la comió.

La perra la bajó y se la comió. Mi hermana la mataba y por ende a mí también. Y estaba tan furiosa que yo entré a defender a mi perra y tuvimos que irnos a caminar un rato para que mi hermana se tranquilizara, pero en el fondo yo estaba disfrutando mucho la travesura de ella, de lo que había hecho. Lo recuerdo hasta la fecha con mucha complicidad. Creo que esos animales que a veces hacen cosas que tú no harías, por supuesto, pero que en el fondo aplaudes.

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