¿Qué hay tras la ruda mirada del general Vial? Detalles del cara a cara con Boric, su visión del pinochetismo y lo que lo llevó al Senado: “La gente dice que vio en mí una figura de protección a la institucionalidad”
De general desconocido a tercera mayoría nacional. Cristián Vial explica qué hubo detrás de la mirada que lo enfrentó a Gabriel Boric en la Parada Militar de 2022, habla de la “amenaza” que veía en el primer proceso constitucional y analiza la reivindicación del gobierno militar y de Augusto Pinochet. Esta es la historia del exaviador del Ejército que los republicanos consideran “el opuesto perfecto de Boric”.
Por Sebastián Palma y Eduardo Monrroy 22 de Noviembre de 2025
Compartir
Cristián Vial no era un rostro conocido para la mayoría del país hasta la mañana de la Parada Militar del 19 de septiembre de 2022. Ese día —clave en su carrera y decisivo en su biografía— su vida dio un giro absoluto. Montado sobre la estilizada y negra yegua Candelaria, avanzó hacia la ubicación del Presidente Gabriel Boric y, con una mirada firme, penetrante, casi cinematográfica, le pidió autorización a la máxima autoridad del país para iniciar el desfile en honor a las Glorias del Ejército.
La imagen y, sobre todo, aquella mirada, se transformaron en tema nacional. Era un país crispado, aún resonando el terremoto político del plebiscito constitucional: la opción del Rechazo acababa de imponerse en las 16 regiones del territorio, con una participación histórica de más de 13 millones de personas. El Apruebo, emblema del oficialismo y bandera central del gobierno, había obtenido apenas un 38%.
Chile estaba partido en dos. Y en la explanada del Parque O’Higgins, esas dos mitades parecieron encarnarse en un único plano: el joven Presidente sin corbata, con tatuajes bajo el saco, y el general que se plantó frente a él montado en su yegua, enfundado en un uniforme azul cargado de condecoraciones, medallas y parches; charreteras doradas con flecos marcando los hombros; sable desenfundado; y un casco con punta, coronado por el escudo patrio labrado en bronce.
Cuando Candelaria se detuvo, la escena quedó suspendida en unos segundos de silencio. La postura del general era rígida y vertical, propia del ceremonial castrense. Su expresión revelaba otra tensión: seria, concentrada, como si en ese instante estuviera cargando algo más que un gesto protocolar. Era, para muchos, la fotografía de un contraste. Para él, el inicio de una historia.
Tras la Parada Militar, mucho se especuló sobre la mirada “desafiante” de Vial. El general se convirtió en tendencia en Twitter y su gesto motivó artículos extensos en diversos medios. La escena, reproducida una y otra vez, fue leída como un choque simbólico entre el Ejército y el Gobierno.

En La Moneda, sin embargo, estaban lejos de ver una amenaza o una insinuación de confrontación. Según diversas fuentes del entorno de la entonces ministra de Defensa, Maya Fernández (PS) —nieta del expresidente Salvador Allende, muerto durante el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973— aquel supuesto desencuentro no fue más que un mito alimentado por el clima político del momento.
“Siempre fue muy profesional, y la ministra nunca tuvo problemas con su rol cuando estuvo a cargo de la Guarnición de Santiago”, relatan quienes conocieron de cerca la relación entre Fernández y Vial.
De hecho, ambos hablaron previamente sobre la preparación de la ceremonia, en particular sobre Candelaria, la yegua negra que realizaba sus últimos desfiles oficiales y que falleció en 2024.
“No vi nada distinto al protocolo de la Parada”, transmitió Fernández a sus cercanos. Para ella, lo que muchos interpretaron como una tensión fue solo una lectura sobrecalentada por la coyuntura.
Una visión similar tiene el exministro de Defensa Alberto Espina (RN), quien trabajó directamente con Vial: fue él quien lo propuso como jefe de la Defensa en la región de Ñuble durante la emergencia del Covid-19, una designación aprobada por el entonces presidente Sebastián Piñera.
“Eso de que fue una mirada desafiante es absolutamente erróneo. Los militares llevan una gran carga emocional ese día: la Parada Militar es la actividad más importante del Ejército. Yo lo conozco, y te aseguro que no tuvo una segunda intención. Puede tener diferencias con el Gobierno, pero siempre fue muy respetuoso”, afirma Espina.
Pese a estas miradas desde el mundo civil y político, la interpretación más precisa sobre lo que ocurrió en ese instante solo la tiene el propio Vial. Acceder a ella no es sencillo. El domingo pasado, a casi dos años de su retiro del Ejército, se convirtió en la tercera mayoría nacional para el Senado, electo por la Región del Maule, con más de 136 mil votos.
Un resultado sorpresivo considerando que es su primera aventura electoral y que además su irrupción dejó fuera a apellidos históricos de la derecha, como el diputado Juan Antonio Coloma Álamos (UDI), que postulaba al Senado.
Su agenda está copada de actividades y, como ha sido común entre varios electos de republicanos, el silencio inicial —en plena campaña de segunda vuelta de José Antonio Kast— se ha mantenido.
Aún así, la necesidad de aclarar el episodio que marcó su biografía, de contar él mismo su historia antes de que otros la sigan escribiendo por él, termina abriéndole la puerta a una conversación.
—¿Qué es lo que hay realmente detrás de esa mirada al Presidente Boric?
—Lo que sucedió realmente ahí es un contraste. Un contraste en la forma y en el fondo. Hay un contraste en lo que representa una Parada Militar que es disciplina, rigurosidad, estilo; todo lo bien hecho: la República misma, el uniforme, estar arriba de una yegua como la Candelaria, eso genera un contraste con una autoridad como era el Presidente Boric, en ese minuto, por ejemplo, que estaba sin corbata.
—Eso es la forma…
—Hay un contraste muy grande, yo me acerco con mucha parsimonia a él y también con una voz muy de militar le pido la autorización. Eso es un contraste que la gente lo siente y lo percibe, pero también hay un fondo en esto.
—¿Cuál es?
—Recuerda el contexto que vivíamos, quince días después del plebiscito que rechazó el primer proyecto constitucional. Ese proyecto para muchos chilenos y para mí especialmente representaba una amenaza a la institucionalidad, sin duda. Es decir, el énfasis transformador que llevaba era muy dañino para la institucionalidad del país.
—¿En qué sentido?
—Recuerda que el primer artículo era que Chile se componía por varias naciones, se atomizaba también el sistema de justicia y eso significaba que la justicia no era igual para todas las personas. Se abolía el Senado, había independencia de los territorios. Imagínate en lo que estaría Chile ahora. Y eso a los viejos, que sabemos de eso, nos representaba una amenaza a la institucionalidad. Lejos de corregir lo que había que corregir, transformaba completamente la institucionalidad chilena.

La trayectoria de Cristián Vial
Revisar el archivo público de Cristián Vial —el menor de cinco hermanos— ofrece prácticamente una sola imagen: todo remite a su vida como uniformado. El Ejército atraviesa su biografía de principio a fin, en parte porque ingresó a sus filas a los 14 años, cuando aún era un adolescente. Quienes conocen su historia personal cuentan que esa entrada temprana respondió también a un contexto familiar complejo, con pocos recursos y escasas alternativas. Él mismo lo reconoce al volver sobre su infancia.
“Yo nací en Santiago, en una familia de clase media. Soy fruto de la educación pública. Estudié en varios colegios —todos con número— y entré al Ejército a los 14 años. En ese tiempo se podía ingresar con segundo medio rendido. Por eso entré tan joven: hice primero y segundo año en la Escuela, más los cuatro años siguientes de cursos militares”, recuerda.
La escena de ese primer día la conserva intacta: “A los 14 años fui solo en micro. Tomé una micro en La Florida, donde vivía, hasta la Escuela Militar. En la ventanilla compré un prospecto para postular, me costó mil pesos. Me preparé y quedé. Era un niño que soñaba con helicópteros, tanques, bandas… y quedé en el Ejército”.
Esa entrada precoz lo convirtió en el menor de toda su generación, condición que no le impidió —dice— asumir responsabilidades cada vez mayores durante casi cuatro décadas de carrera. “Yo soy formado y forjado en el Ejército. Es parte de mi vida”, remata.
Hoy, Vial está casado hace 25 años y es padre de tres hijos. Su trayectoria militar estuvo marcada por Rancagua, donde se formó como aviador en la base de aviación del Ejército. En esa rama, de hecho, llegó a convertirse en una figura de referencia internacional: fue el primer chileno en desempeñarse como profesor en el U.S. Army War Challenge, donde recibió la distinción de “Excelencia en Servicio” por su desempeño académico en 2018 y 2019.
“Los ejércitos sí cumplen una función integrada en la maniobra terrestre, y eso lo hacen con helicópteros. Por eso, en campañas como Irak o Afganistán, los helicópteros de Estados Unidos son decisivos: van integrados al combate. En cambio, las fuerzas aéreas —como la chilena— tienen helicópteros para transporte, no para un rol táctico. En los ejércitos sí. Por eso yo siempre digo que fui un soldado del aire”, comenta Vial sobre su carrera.
A fines de 2019 —un mes después del estallido social— llegó uno de los hitos más relevantes de su carrera: el presidente Sebastián Piñera lo ascendió a general de brigada. Ya en 2020, como general, asumió como comandante de Personal. Y, en ese rol, décadas después de haber ingresado al Ejército siendo solo un niño, encabezó el acuartelamiento de los jóvenes que iniciaban su servicio militar.
“Contribuirán en labores de apoyo a nuestros compatriotas, especialmente ante desastres naturales o emergencias”, les dijo entonces. En octubre del año 2020 recibió la condecoración “Presidente de la República” en el grado de “Gran Oficial” por el propio Sebastián Piñera en La Moneda. En el sitio oficial de la institución hay una fotografía del momento.

Ese año Vial no solo se desempeñó en las labores tradicionales de un militar. Debido a la emergencia sanitaria asumió la jefatura de la Defensa Nacional en el Ñuble, donde su mano dura se notó. La región fue la tercera con más detenciones por vulnerar la cuarentena. Por su estilo dio varias entrevistas a la prensa local y se enfrascó en discusiones públicas con el exalcalde de Chillán Sergio Zarzar, quien criticó algunas medidas en su gestión.
“El alcalde de Chillán tuvo palabras para mí, veo en esas palabras una falta de prudencia y buen juicio, lo que en otras palabras se llama sensatez”, le dijo Vial al alcalde.
Su paso por Ñuble dejó otros registros en la prensa local. En una columna publicada entonces, el exintendente Martín Arrau García —autoridad política de la región durante la emergencia sanitaria y actual jefe de campaña de la candidatura de Kast— destacó el rol que Vial tuvo como jefe de la Defensa Nacional en plena pandemia. Arrau describió que, durante esos meses, el general encabezó controles sanitarios, apoyó la continuidad de ferias y persas, y dispuso infraestructura militar para fortalecer las medidas de contención del Covid-19, incluyendo hospitales de campaña y aduanas sanitarias.
La columna también subrayaba un estilo operativo muy presente en el territorio: visitas a barrios, coordinación directa con dirigentes y participación en la distribución del plan “Alimentos para Chile”
El exministro de Defensa Alberto Espina compartió codo a codo con él. En la pandemia tenían comunicación periódica: “Cumplía muy bien su trabajo y se coordinaba muy bien con la autoridad civil; tengo una gran opinión de él. Y sobre si tiene pasta política, lo que pasa es que hay mucho desconocimiento respecto de las capacidades que tienen los militares. Mientras están en servicio no pueden participar en política, y en mi experiencia nunca vi a él —ni a mis generales— involucrarse en decisiones políticas”, expresa.

Las gestiones de los republicanos para convencer al “opuesto perfecto de Boric”
Fue en noviembre de 2023 cuando una nota de prensa comenzó a ser divulgada en los chats de WhatsApp del Partido Republicano. En ella, se relataba que el general Vial había pasado a retiro. “El mismo de la mirada desafiante a Boric”, se comentó internamente.
La noticia llamó la atención del círculo de hierro de José Antonio Kast. De inmediato, uno de sus cercanos le pidió al exdiputado autorización para conseguir su número telefónico e iniciar un acercamiento. Kast estuvo de acuerdo, aseguran en la colectividad.
Así, en enero de 2024 se produjo un primer acercamiento entre los republicanos y el excomandante Vial. El encuentro tuvo lugar en un café con una persona del equipo. Allí se le dio a conocer el proyecto del partido y se comprobó que existía sintonía con las ideas de Kast.
En la tienda aseguran que el proceso para convencerlo de ser candidato al Parlamento tomó un año y medio, y que fue el propio José Antonio Kast el que planteó la idea de que disputara un escaño en la Región del Maule, una zona en la que los republicanos han tenido un positivo rendimiento electoral.
Las mismas fuentes indican que desde un primer momento se consideró que la figura de Vial evocaba un simbolismo de peso para el relato de los republicanos. Si el partido había tomado la decisión de disputar la presidencial en el plano de la continuidad o cambio respecto del gobierno de Gabriel Boric, a Vial se le veía como el “opuesto perfecto” del mandatario.
Esa imagen se fraguó, indican, gracias al rol que jugó en dos paradas militares (también participó en la de 2023) en las que tuvo al frente al Presidente. En el partido indican que se hicieron estudios y que estos arrojaron que Vial no solo evocaba una cara ruda frente a la máxima autoridad del país, sino que además reflejaba disciplina y orden, pero también el rechazo al Gobierno.
“En un contexto donde el país venía recién saliendo de la vorágine del plebiscito, Vial se transformó en representación del agua y el aceite. Era el opuesto perfecto. Es un Boric que no ocupa corbata y que apoyaba ese texto constitucional, versus un general vestido impecable. Con eso uno dice: ahí está el Apruebo y el Rechazo”, relata un conocedor de los diálogos.
En la tienda, por lo demás, destacan que en paralelo se hicieron los estudios de su perfil en el Ejército, los que arrojaron un currículum que satisfizo todas las expectativas. “Cuántos oficiales chilenos le hacen clases a oficiales norteamericanos”, describe un republicano.
Así, el resultado del domingo pasado no hizo más que validar las expectativas que se tenían en Vial, que era una de las principales apuestas que provenían de fuera del partido, como también ocurrió con el exalcalde Rodolfo Carter o el excabo Sebastián Zamora. Ambos triunfaron en sus candidaturas al Senado y la Cámara, respectivamente.
En cuanto a su labor en el Congreso, algunos dicen que es un misterio la proyección que pueda tener a nivel político. De lo que no hay dudas es de que jugará un papel estelar.

Un militar en el senado
Más allá del verdadero “head hunter” que el Partido Republicano activó para sumar a Cristián Vial a sus filas —postuló como independiente con cupo del partido—, la campaña desplegó una estrategia que no se limitó al trabajo territorial en El Maule. También apostó por una presencia intensa en redes sociales, con múltiples piezas audiovisuales centradas en la seguridad.
La más ambiciosa fue el documental “Escudo Fronterizo”, que Vial protagonizó junto al excarabinero —y hoy diputado electo— Enrique Bassaletti. En la pieza, ambos, ya en clave política, recorren en camioneta distintos pasos fronterizos del norte de Chile, en los límites con Perú y Bolivia, y critican las medidas de contención migratoria adoptadas por este y los anteriores gobiernos. “La inmigración ilegal está destruyendo Chile y para nosotros enfrentarla con decisión es una urgencia social”, se afirma en el video.
El documental se presentó como una antesala del proyecto impulsado por el candidato presidencial José Antonio Kast bajo el nombre de Plan Escudo Fronterizo: una suerte de Operación Centinela del Norte que propone frenar la inmigración irregular y reforzar la soberanía mediante el despliegue coordinado de las Fuerzas Armadas y de Orden. Vial no solo figuró en pantalla, sino que fue su principal expositor en un punto de prensa, donde presentó el plan con diapositivas mientras Kast lo escuchaba en primera fila.
Más allá de las acciones de Vial orientadas en seguridad, su campaña también contó con una importante presencia local.
—¿Por qué eligió El Maule?
—Me gusta mucho la parte de identidad del Maule y del campo. Me gusta la gente del campo, esa gente que le cuesta es la gente con la que me conecto muy fácilmente. Y como siempre lo he dicho, los militares y sobre todo los viejos generales como yo, no pertenecemos a una u otra región. Yo pertenezco a Chile.
—¿Cómo fue su campaña?
—Fue muy territorial, muy de la calle. Caminé mucho, me abracé, me di la mano con miles de personas y escuché mucho en calles y plazas. Así censé mucho lo que la gente decía. “La gente dice que vio en mí una figura de protección a la institucionalidad”
—¿Cómo así?
—Es lo mismo que hablábamos eso de decir “si bien usted es el Presidente de la República, aquí hay alguien que siempre va a defender a la institucionalidad chilena”. Eso me lo dice mucho la gente.
—¿Qué significa eso para usted?
—Es bonito. Yo quise siempre ser respetuoso con la institucionalidad. Uno aquí no personifica las cosas, yo no veo a la persona que está al frente, no veo a Gabriel Boric, sino que al Presidente de la República. Yo le pido autorización al presidente, no a Gabriel Boric.
Cristián Vial: “Yo creo que hay una reivindicación del gobierno militar, hay una reivindicación incluso de la figura del general Pinochet”
El arribo de Cristián Vial y otros uniformados tanto a la Cámara como al Senado coincide con la llegada de Gustavo Gatica –actualmente en juicio por eventual represión policial en su contra, en el contexto del estallido social– sumado a los cuatro años que le quedan en ejercicio a la senadora Fabiola Campillai, quien perdió la vista luego de ser atacada por Carabineros en San Bernardo.
Las pugnas que se expresaron en la calle en 2019 se traspasan así a la arena política y el general en retiro es consciente de ello.
“No está bien lo que pasó en octubre del 2019, tratando de quemar nuestro país, tratando de desestabilizarlo y generar lo que generaron”, indica Vial sobre su visión respecto al estallido social.
—Es interesante lo que ocurre en el Parlamento donde está Fabiola Campillai y donde fue electo Gustavo Gatica, pero al mismo tiempo donde sale usted que es la representación de la fuerza militar y también el triunfo de un carabinero en retiro. ¿Siente que hay una bajada institucional a lo que ocurrió en la calle?
—Eso es evidente, yo lo vi mucho en la calle. La gente lo pide, pide que los carabineros, los militares los cuiden. “Por favor saquen la delincuencia”, dicen. Hay otros muchos más extremos, pero hay una demanda por las instituciones que nos protegen. Carabineros es una gran institución que se vio sobrepasada en octubre en sus procedimientos, pero que son chilenos que nos protegen y que están mandatados por el Estado para protegernos, ellos no se levantan queriendo hacer daño. Por eso hay que darles la certeza de que nosotros mismos, los chilenos, no les vamos a quitar el piso ni jugarles chueco.
—Igual existe una sensación en una parte de Chile de ese miedo al pasado uniformado en la política. ¿Cómo se hizo cargo de eso en la campaña?
—Por supuesto, eso es evidente y la población se ha dado cuenta que los servidores públicos que estuvimos en el Ejército estamos para querer al país, a nuestra gente. El tema de jurar a la bandera, yo juré a los 14 años es algo que se lleva muy profundo, entonces aquí no hay otro interés. Yo creo que hay que devolver la autoridad para que ellos se sientan respaldados.
—¿Siente que las esquirlas de la dictadura ya pasaron en el electorado?
—Yo creo que hay una reivindicación del gobierno militar, hay una reivindicación incluso de la figura del general Pinochet. Es sorprendente y si quieres te lo podría explicar en un procedimiento un poco más académico.
—Cómo usted prefiera…
—Hay una reivindicación primero por el contexto que se vive, es decir, hay una demanda por seguridad y segundo, la historia ha ido tendiendo a la objetividad y, también a la sensatez. Tú puedes tener cualquier idea política de lo que pasó en Chile en los tiempos de la Unidad Popular y posterior al pronunciamiento o golpe militar, pero hay algo que no se puede disfrazar.
—¿Qué cosa?
—Te lo resumo en 15 segundos. Sucede que ahí al presidente Allende y toda su gente se le mete en la cabeza que hay que hacer una revolución en Chile, él le llamó “con chicha, vino tinto y empanada”, pero tempranamente a él cómo tomador de decisiones el sistema le decía no lo haga, porque eso la idiosincrasia de Chile no está preparada. Eso la cultura chilena no lo va a resistir y él sabiendo eso fue contumaz, y voy a la definición de contumacia, es perseverar en el error sin mediar los riesgos. No solo destruyeron un país, tú ni siquiera te lo imaginas, porque no existías.
—No, no había nacido…
—Fue un país no solo destruido socialmente, porque estábamos todos enemistados, además políticamente y económicamente, no con la inflación que tenemos ahora. Era un 600% de inflación, con cuarenta mil personas armadas. El mismo presidente andaba en su auto con gente armada con fusiles AK, el mismo presidente tenía un fusil de asalto en su despacho con el cual se suicida, eso era lo que se vivía. Entonces cuando tú construyes una entelequia o una ficción de esto, eso ha tendido en el tiempo a ponerse en su lugar. Y bueno si hay gente que no quiere reivindicar la figura del general Pinochet, está bien, pero no se puede generar una ficción o construir una quimera. Tampoco se debiera reivindicar la figura del presidente Allende.
—¿Y usted encuentra justa esa reivindicación a su figura?
—Yo creo que es sensata, pero es un tema tan complejo y que puedes analizar desde muchos puntos de vista. A la larga decir si está bien o mal, imagínate que llevamos más de 50 años tratando de ponernos de acuerdo en esto y aún no encontramos una armonía y no la vamos a encontrar, pero sí te puedo decir que la sensatez histórica… que no puede ser que para un lado haya solamente impiedad y castigo y para los otros hayan plazas, calles y estatuas. Eso siento que se está poniendo en su lugar y es una conversación que tenemos pendiente y eso lo exterioriza la gente en la calle. Yo lo vivo: “Qué bueno general, que bien los militares, estábamos mejor y tranquilos para el gobierno militar, a nosotros no expropiaban”.
—Esta salida del closet respecto a la dictadura de mucha gente explica el resultado de republicanos, ¿no?
—Sin duda, ahora el desafío para mirar hacía adelante es asumir la responsabilidad que se nos viene, tener el máximo de consenso y estar dispuestos a hablar con todas las partes, cuando esté por medio el amor a Chile. Sin colores políticos, yo estoy con los republicanos, pero soy independiente porque yo pertenezco a Chile y en eso no me pierdo.
—Conversar con Fabiola Campillai va a pasar en el Senado.
—No tengo ningún problema con eso.
—Usted trabajó con Maya Fernández, la nieta de Salvador Allende y su entorno dice que tuvieron una buena relación.
—Por su puesto, yo le tengo el mayor de los respetos a la exministra. Tenemos que construir entre todos. Chile tiene un potencial enorme y el Maule tiene un potencial tremendo.



