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La historia del caudillo de Avenida Manuel Montt: cómo un administrador nacido en Pedro Aguirre Cerda creó el fenómeno de Porfirio y Expendio, los bares hermanos que arrasan en Providencia

Tras años trabajando en clubes emblemáticos de Santiago y con una creciente conexión con la cultura mexicana, Mauricio Rojas decidió emprender su propia aventura gastronómica en el barrio Manuel Montt. Compró una antigua sandwichería en una casa de la década del 30 y levantó Porfirio, y luego Expendio en el local donde funcionaba el histórico Son Cuba, dando vida a dos bares hermanos que hoy dominan la vida nocturna del sector con mezcal, tacos y una identidad propia imposible de replicar.

Por 14 de Diciembre de 2025
Porfirio Bar de Providencia
Porfirio Bar de Providencia
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Oaxaca, uno de los 32 estados de México, y el Bar Porfirio están separados por miles de kilómetros; sin embargo, los une la tradición del mezcal. En los Valles Centrales, una de sus actividades primarias es la producción de esta bebida destilada del agave. En el local de Providencia, el mezcal es uno de los protagonistas de una carta de cócteles que se acompaña con tostadas de atún y jaiba, leche de jaguar o un corte de carne.

El bar fue inaugurado dos días antes del estallido social, aunque su historia venía gestándose muchos años antes. Detrás del proyecto está Mauricio Rojas, nacido en la comuna de Pedro Aguirre Cerda y con una larga trayectoria ligada a la noche santiaguina. Tras estudiar administración de empresas, comenzó a trabajar como roadie de artistas de la movida noventera, experiencia que lo acercó al mundo del espectáculo y la dinámica nocturna.

Luego pasó largos años en el Club Subterráneo, donde administraba y organizaba fiestas durante la primera parte de los 2000. Allí conoció a uno de los socios de su siguiente proyecto, el Bar Taringa, que comenzó en Vitacura y luego se expandió por el sector oriente, e incluso a Puertecillo. Estuvo diez años en ese negocio, hasta que decidió dar un paso al costado y abrir su propio restaurante.

Durante esos últimos años en el Taringa, Rojas empezó a viajar a México: primero a resorts del Yucatán, pero pronto decidió explorar más. Visitó Puebla, San Miguel de Allende, Guanajuato, Querétaro y, finalmente, Oaxaca, “la meca del mezcal”. En su primera visita ya había probado la bebida, pero fue en Oaxaca donde realmente alucinó. “Me la tengo que llevar a Chile”, pensó. Conoció a un chef, quien lo conectó con la dueña de un palenque —equivalente a una viña del agave— y comenzó a aprender sobre la producción, que puede implicar variedades de agave que tardan hasta 25 años en crecer.

Ese chef lo llevó luego a una oficina en el centro de Oaxaca, donde conoció a una sueca que había vivido en Chile, justo a la vuelta del Taringa, y que conocía su trayectoria. Gracias a ella obtuvo su primera representación de mezcal: fue el primero en traer mezcal al país, dice. Al principio lo vendía a sus amigos con bares y también al Taringa, pero con el tiempo comenzó a cuestionarse qué estaba haciendo. Con el dinero que recibió al salir del local de Vitacura, compró el derecho a llave del local que hoy es Porfirio, en Manuel Montt.

Una mezcalería en Providencia

El nombre de su local propio tampoco fue casual: Rojas quería algo reconocible para los mexicanos. Así nació Porfirio, inspirado en Porfirio Díaz, presidente/dictador que gobernó México por más de treinta años. El bar abrió el 16 de octubre, y uno de los primeros en acercarse fue Víctor, un mexicano de Veracruz que vivía justo enfrente. Por entonces no eran amigos. Desde el inicio, Rojas quería un local discreto, casi oculto: sin letreros y funcionando por recomendación. Reacio a las redes, tuvo que abrirlas por necesidad.

Un día, Víctor pasó, vio el nombre y entró. Rojas le explicó que no era un bar mexicano tradicional, sino que un “cocktail bar” con mezcal como protagonista. Víctor reaccionó al instante: “¡No manches!”. Desde entonces comenzó a recomendar el lugar a otros mexicanos, quienes llegaban intrigados por el concepto. Aunque no era un bar mexicano típico, tenía algo de su cultura. Así, Porfirio empezó a hacerse conocido.

Hoy recibe hasta 160 personas, y entre sus cócteles destacados están el Gavilán —con mezcal espadín, tequila blanco, Cointreau, limón, syrup de agave y sal de gusano con chapulín— y el Jaguar, preparado con mezcal y tequila infusionados con anís, canela y clavo de olor, licor Apry, café cold brew, jarabe de dátiles y bitter de chocolate. El local incluso ha atraído a artistas internacionales: esta semana el grupo Limp Bizkit llegó hasta la barra; antes también había pasado Cypress Hill por la animada terraza del segundo piso, donde hoy es casi imposible conseguir mesa sin reserva.

En Porfirio también han apostado por nuevas experiencias. El Club del Mal Amor es el nombre de un encuentro que se realiza en el bar y que nació como una extensión de su espíritu festivo y emocional. Con ese mismo ADN, la propuesta creció hasta convertirse en una fiesta propia, pensada para transformar el desamor en celebración colectiva. Es un espacio libre de poses, donde personas de todas las identidades se reúnen a cantar, reírse de sus penas y compartir un ritual en torno a las canciones latinoamericanas que retratan las heridas del corazón. Con una estética definida y un ambiente catártico, el club se ha convertido en un punto de encuentro para quienes buscan convertir sus historias sentimentales en una experiencia comunitaria e intensa.

El miércoles 7, el primero de 2026, la fiesta estará dedicada al reggaetón. El Club del Mal Amor cambia cada mes: el primer encuentro fue con música mexicana; el segundo, en septiembre, con música chilena de todas las épocas; el tercero, en noviembre, con cumbia; y el cuarto, en diciembre, con música anglo. Cada edición tiene un tono distinto, pero mantiene la misma energía catártica.

Agrandando la familia: Expendio

Con Porfirio ya consolidado, Rojas empezó a pensar en el futuro. La esquina de Manuel Montt con Valenzuela Castillo se había vuelto un punto caliente. A la vuelta estaba el histórico Son Cuba, pero intuía que en cualquier momento podría instalarse allí una franquicia que le compitiera directamente. En un impulso, decidió endeudarse y comprar el local. Así nació Expendio, con un concepto distinto: comida callejera, taquería y cervezas.

Según Rojas, su taquería está entre las primeras del país; en ese camino reconoce a Tijuana Tacos como pionera. Al inicio no sabía qué hacer exactamente con el espacio: pensó en un restaurante simple, luego en una panadería. Todo con tal de evitar competencia fuerte.

Mientras Porfirio ya tenía una identidad centrada en el mezcal y una mezcla de cocina peruana, chilena y mexicana, Expendio necesitaba otro espíritu: directo, callejero. Así nació Expendio, una taquería, que abrió el 9 de julio de 2021.

Desde el comienzo Rojas quiso dejar claro que ambos locales eran hermanos. Integró parte de la oferta de Expendio dentro de Porfirio para que la conexión fuera evidente. Muchos clientes preguntaban por más opciones —“¿solo tacos y sándwiches?”— y el equipo respondía que sí, pero que también estaba la carta del bar hermano a la vuelta.

Hoy, Expendio está en plena expansión con una nueva terraza que permitirá recibir la alta demanda de las tardes de verano. En total, más de 300 personas llenan ambos restaurantes.

¿Qué comer?

Los tacos más pedidos del menú destacan por su mezcla de tradición mexicana y sabores intensos. Entre los favoritos está la Cochinita, un clásico con cerdo agridulce al horno, cilantro, cebolla morada y piña asada; y el El Pastor, uno de los infaltables, preparado con cerdo marinado y el equilibrio perfecto entre dulzor y picor. Para quienes prefieren opciones sin carne, el El Pastor Vegan ofrece la misma sazón pero con soya cocinada con axiote, piña y naranja. Estos sabores pueden disfrutarse en formatos de tres tacos por $9.800 o cinco tacos por $13.700, siempre a elección.

Otra de las variedades que encabezan las preferencias es el De Birria, reconocido por su caldo “levanta muertos” y su carne de res deshebrada con cilantro y limón. También destaca el Tinga de Pollo, con pechuga mechada en salsa roja picosita y un toque de crema ácida. Quienes buscan algo más contundente suelen elegir el Choriqueso, que combina longaniza artesanal con mozzarella gratinada y crema de palta. Todas estas opciones mantienen el espíritu casero y sabroso del lugar, consolidándose como algunas de las preparaciones más solicitadas del menú.

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