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16 de Diciembre de 2025Alejandra Contreras, red de colegios María Auxiliadora: “El desafío no es el nivel de resultados PAES, porque hoy día la realidad de ingreso a la universidad es algo particular”
La asesora de procesos de convivencia escolar no solo aborda los desafíos que ha implicado para la comunidad de colegios enfrentar los problemas post-pandemia, sino que también las diferentes realidades a la que se enfrentan ahora los estudiantes al momento de buscar el ingreso a la educación superior.
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La red de colegios María Auxiliadora cuenta con 17 establecimientos a lo largo del país, entre ellos cuatro en Santiago. Atienden a más de 12 mil alumnos en el país, con lo que no es un desafío menor el resguardo de la buena convivencia entre los estudiantes, parte de las labores que realiza Alejandra Contreras.
A comienzos de este mes, miles de estudiantes rindieron la prueba PAES. Sin embargo, una de las realidades con la que se están enfrentando hoy en día quienes acceden a la universidad es que no necesariamente mejora su calidad de vida.
Para la red de colegios María Auxiliadora esta realidad no es ajena, y en esa línea es que Alejandra reflexiona que “hoy día, el tema de preparación para la PAES, en este caso, es un tema que está supervisado, que está orientado, que está controlado a nivel de resultados, que es un gran desafío porque los resultados de los colegios no son todavía lo que nosotros esperamos y esto tiene que ver con que también desde las familias, si tú me preguntas, el desafío primero no es el nivel de resultados PAES. No lo es. Porque hoy día la realidad de ingreso a la universidad también es algo particular”.
—¿Cómo?
—Hoy día los papás con mucha libertad manifiestan, por ejemplo, que el valor que tenía la universidad tradicional para nosotros no es el mismo que tiene para los papás hoy día. Por ejemplo, nosotros nos encontramos con la siguiente realidad. Nosotros no sabemos en detalle los resultados de los estudiantes en su rendimiento, porque el resultado llega a los colegios de manera general y solo lo transmiten las alumnas que así lo declaran en el proceso PAES.
“Lo segundo, es que antes había toda una información respecto a los alumnos que ingresaban a las universidades del Consejo de Rectores, pero hoy día las posibilidades son mucho más que esas. Entonces, la verdad es que es una pregunta difícil de contestar. Es importante para nosotros, sin duda. Nosotros creemos que todavía la universidad para el tipo de estudiantes que nosotros atendemos es una muy buena oportunidad, pero que se ha ampliado mucho hoy día para nuestros estudiantes postulan a las Fuerzas Armadas, muchas de nuestras estudiantes postulan a un instituto y después continúan en la universidad. Entonces, las variantes y las variedades que hoy existen nos ponen en un escenario totalmente distinto del que teníamos hasta entonces”.
—Pero me imagino que sigue siendo una preocupación importante para los alumnos el rendimiento de la PAES, ¿o ya no es tanto?
—En general sí, yo creo que en general les importa tanto así que la mayoría de nuestros estudiantes rinden PAES, que no es algo que ocurra en todos los colegios. Y todavía yo me atrevería a decir que nuestras alumnas con mejores resultados, su opción siguen siendo las universidades tradicionales y las carreras tradicionales.
“Lo que pasa es que hoy día además, con todo este tema del nuevo sistema de admisión, también tenemos otro punto ahí importante, porque antes del sistema SAE, ¿qué estudiantes nosotros recibíamos? Aquellos cuyos padres querían que estuvieran en nuestro colegio. Hoy día a nosotros nos toca recibir muchos estudiantes que a veces no quisieran estar en nuestro colegio, pero sus padres quieren que estén”.
—¿Y cómo es el desafío con los estudiantes TEA? ¿Han aumentado mucho?
—No mucho, muchísimo. Con los alumnos TEA ha pasado algo análogo a lo que ocurrió con los alumnos con déficit atencional. Que aparecieron unos poquitos y en tres años eran muchísimos alumnos diagnosticados.
—¿Y eso será por un sobrediagnóstico o no se sabe?
—Certeza creo que no tenemos absoluta, no me atrevería a decir. Creo que en el caso del déficit atencional lleva más tiempo, hay más estudios, y creo que hay algo de sobre diagnóstico allí pudiera ser que con los alumnos TEA ocurre lo mismo. En los dos casos fui muy escéptica al principio y al día de hoy te puedo decir con certeza absoluta que los alumnos TEA son alumnos con características muy muy particulares o sea existirán algunos que a lo mejor estarán más diagnosticados o sobre diagnosticados, pero son una realidad absoluta.
—Sus colegios son católico-salesianos, ¿Cómo se enfrenta el desafío de la crisis que ha sufrido la religión estas últimas décadas desde la educación?
—Hace 50 años las familias buscaban un colegio católico porque la familia era católica. Entonces lo que la familia buscaba era que el colegio reforzara los valores que partían desde la casa. Hoy día la realidad es que la mayoría, hay algunos que son iguales a los anteriores, pero la mayoría de los papás lo que buscan en un colegio católico es la formación valórica y religiosa que no tienen desde la casa de manera sistemática, regular, comprometida.
O sea, nuestros estudiantes, por ejemplo, vienen al colegio y en el colegio aprenden los ritos de la misa, la valoración de los sacramentos ¿y por qué se busca además? Por un tema de ambiente. Yo creo que los papás tienen la convicción de que nuestros ambientes en general son muy buenos en términos de trato, de convivencia, etc.
—¿No han visto un desinterés por este tipo de enseñanza?
—No, y por otro lado, porque todas las dificultades que la Iglesia ha enfrentado en el tema de abusos, que es el gran tema hoy en día, nosotros hemos tenido la bendición de que como línea de colegios de hijas de María Auxiliadora, no hemos tenido ninguna situación, al menos que yo conozca, que haya afectado a la congregación en Chile. Y porque las hermanas han puesto, y eso a nivel mundial, particular énfasis en el tema de cómo se gestionan las denuncias por maltrato en los colegios, de todo tipo.
—Pero más allá del tema abusos, ¿crees que las familias hoy en día tienen el mismo interés de lo que tenían antes por darle a sus hijos una enseñanza católica?
—No creo que sea igual, yo creo que no, creo que no es igual el tipo de interés, yo creo, como te decía anteriormente, que la familia más que lo católico en particular, busca lo valórico en general, a diferencia de hace 20 años que se buscaba lo católico.
Convivencia escolar: “Post-pandemia, inmediatamente nos dimos cuenta que esto nos comenzó a afectar”
Alejandra Contreras es precisamente la asesora de procesos de convivencia escolar en esta red de colegios. Lleva 26 años en la congregación, y relata los desafíos que ha implicado para los establecimientos la situación post-pandemia.
“Previo a la pandemia, nuestra red de colegios se caracterizaba por tener muy buenos ambientes de convivencia escolar y prácticamente cero problemas de asistencia a clases. Post-pandemia, inmediatamente nos dimos cuenta que esto nos comenzó a afectar”, cuenta Contreras.
—¿Qué esfuerzos han hecho como colegio para apoyar los procesos de buena convivencia entre estudiantes? Sobre todo con lo que ha sido el fenómeno post-pandemia.
—Y una de las cosas más importantes que a nosotros nos sirvió para poder enfrentar los desafíos fue el sistema educativo que tienen los colegios de la red que se basa en una propuesta de los colegios salesianos que tienen una tradición de muchos años y que es el sistema preventivo. Eso para nosotros ha existido desde siempre y consiste en estar muy presentes en la vida de los jóvenes, trabajar de manera conjunta con las familias, y eso nos ayudó mucho porque los colegios están muy focalizados, con muchos recursos de todo tipo, en el área de convivencia escolar y en el área de orientación.
—¿Han tenido muchos problemas de convivencia escolar?
—A mí me tocó vivir en terreno lo que significó la llegada de los alumnos de manera presencial después de la pandemia y la verdad es que fue ver otro colegio. Nuestra primera impresión fue que a los alumnos se les había olvidado convivir con otros niños. Entonces los problemas que se generaron a nivel de convivencia escolar, de agresividad, de introspección, de problemas para relacionarse entre ellos y con los adultos, fueron tremendos. Al principio pensamos que los alumnos después del encierro iban a llegar felices a los colegios y que lo único que iban a querer era estar con sus compañeros. Y no fue así.
—¿Y eso por qué cree que fue? ¿Hay algún análisis?
—Nosotros hemos reflexionado mucho en torno al tema y creemos que esto es una analogía a lo que ocurrió al interior de las familias. Al principio todos pensamos que estar encerrados por obligación iba a ser una oportunidad para que la familia pudiera compartir más y la verdad es que fue un caos, porque los papás tuvieron que seguir trabajando simultáneamente estando con los niños, y con los colegios yo creo que pasó exactamente lo mismo. Es decir, nosotros partimos de los colegios en general, partimos de la idea de esto maravilloso que iba a ser volver a encontrarse, y no contamos con todo el daño socioemocional que se había generado en el encierro. De hecho, nos dimos cuenta incluso que físicamente, los más pequeños, por ejemplo, los veíamos en el patio, en las clases de educación física, en los actos, muy erráticos para caminar. Y nos dimos cuenta que el encierro también había afectado la habilidad de los niños para ejercitar, para moverse, los más pequeños. Entonces la verdad es que fue muy violento.
—Y ahora, a tres años, al menos, de que terminó la pandemia, ¿Cuál es la principal dificultad que enfrentan los colegios?
—Al día de hoy yo me atrevería a decir que en el ámbito de la convivencia escolar la realidad es muy diversa porque como cada colegio, si bien es cierto existe una red, tiene autonomía de gestión, porque cada colegio tiene un director y una representante legal, tenemos realidades muy diversas.
“Hay colegios en los que tenemos muy buenos índices de asistencia y otros, que por supuesto coinciden con aquellos que son más vulnerables, tienen un desafío importantísimo a nivel de asistencia. Es decir, existe una correlación absoluta entre nivel socioeconómico y asistencia a clase de los estudiantes”.
—¿Y ahí el desafío entonces es con las familias?
—Hay un desafío tremendo porque me parece que la pandemia de una u otra forma generó la idea de que no era indispensable asistir a clase. Y eso nos ha hecho tener que tomar medidas en todos los colegios para motivar la asistencia a través de los planes de convivencia escolar, el tema de reconocimiento, premio, estímulo y alta motivación para que los padres entiendan que es indispensable y legalmente exigible que el estudiante tiene que estar en clase presencialmente. Porque el logro de aprendizaje y además todo el tema de sociabilización ocurre en el contacto con el otro, en el contacto con el profesor para temas de aprendizaje y con sus compañeros, por supuesto, y para qué decir la parte de la sociabilidad. En nuestros colegios son muy pocos los casos de estudiantes que no asisten a clases de manera regular. Pero sí la intermitencia en la asistencia a clases es un tema importante.
—¿Y la relación con los apoderados ha cambiado también?
—Sí, fundamentalmente en el tema de asistencia a reunión de apoderados. O sea, lo mismo que ocurrió con los estudiantes, ocurrió con los papás. Por esta misma idea de que si durante la pandemia la reunión podía hacerse en línea o la información se puede entregar a través de las plataformas, no es absolutamente indispensable asistir a la reunión.
“Eso a nosotros nos ha hecho tomar ciertas medidas, como por ejemplo, hemos pensado en solicitar al apoderado un justificativo cuando falte la reunión, porque por contrato es súper importante que esté presente”.