El legado de Horst Paulmann, el artífice detrás de Cencosud, y la trama de su millonaria sucesión en el año de su partida
La muerte de Horst Paulmann, fundador del holding Cencosud, no solo marcó el adiós a uno de los empresarios más influyentes de la historia reciente del país, sino también el término de una generación que entendió el crecimiento como un proceso de largo aliento, construido desde la operación, la toma de riesgos y el afán por expandirse. Su trayectoria —con luces, y sombras— sintetiza una forma de hacer empresa que moldeó el Chile de las últimas décadas. "Convirtió un emprendimiento familiar en una multinacional, eso habla de visión, ejecución y un interés permanente por mejorar, invertir y competir", destaca Susana Jiménez, presidenta de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC).
Por Ignacia Munita 28 de Diciembre de 2025
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Este año Chile empezó a despedir, casi sin pausa, a una generación completa de empresarios que durante décadas ayudaron a darle forma al tejido productivo del país. Dirigentes gremiales del comercio, industriales que empujaron la apertura exportadora, y líderes que representaron al gran empresariado en tiempos de reformas profundas y tensiones económicas marcaron una época que hoy comienza a acabarse.
Desde lugares distintos del mapa empresarial, Rafael Cumsille, Roberto Fantuzzi y Ricardo Ariztía fueron parte de una misma generación, atravesada por la idea de que el crecimiento no era inmediato, sino acumulativo.
Quizás el cierre más simbólico de ese ciclo tuvo lugar en marzo, con el fallecimiento de Horst Paulmann, fundador de holding Cencosud —dueño de Jumbo, Santa Isabel, Easy, Paris y los centros comerciales Costanera Center y Alto Las Condes— y uno de los empresarios más influyentes de la historia reciente.
Con su partida no solo se fue el creador de un imperio del retail presente en toda América Latina, sino también el último gran exponente de una generación de emprendedores que levantó sus negocios desde cero —en su caso, lavando platos en el sur de Chile— y transformó para siempre la forma de hacer empresa en nuestro país.
“Con profundo pesar y cariño, comunicamos el fallecimiento de don Horst Paulmann Kemna, fundador de Cencosud”, informó el 11 de marzo de este año la compañía a través de un comunicado interno. “Su visión y liderazgo deja una huella imborrable en el país y en miles de colaboradores (…), transformando la industria de supermercados, centros comerciales y retail en Latinoamérica”, indicaron en ese entonces.
De Alemania a Temuco: el origen de la vocación de Paulmann
Horst Paulmann nació el año 1935 en Kassel, Alemania. Llegó a Chile trece años después junto a sus padres, huyendo de los estragos de la posguerra y se instalaron en Temuco, donde abrieron primero un restaurante, al que llamaron Las Brisas, y luego un pequeño negocio de cecinas. Fue ahí, en el sur y lejos de cualquier indicio de sofisticación empresarial, donde comenzó a forjarse su vocación comercial.
“Él contaba que, cuando trabajaba con su padre en el Club de la Unión, una de sus tareas era retirar los urinarios de las habitaciones. Siempre decía: ‘Yo no le tengo miedo al trabajo’. Se esforzaba, se sacaba la mugre y, aún siendo un hombre muy rico, trabajaba incansablemente. No era alguien que soñara con andar en yate; para él, el trabajo lo era todo”, recordó Laurence Golborne en una entrevista con The Clinic.
El primer gran punto de inflexión llegó en 1976. Luego de separar operaciones con su hermano, Paulmann inauguró el primer hipermercado del país: el Jumbo de Avenida Kennedy, un proyecto disruptivo para la época que, posteriormente, daría paso al mall Alto Las Condes. Dos años después fundaría formalmente Cencosud.
Desde entonces, el crecimiento fue sostenido y ambicioso. El conglomerado se expandió por Chile y luego por la región, llegando a Colombia y Perú, e incluso a Estados Unidos, donde desembarcó con la cadena The Fresh Market.
Las luces y la gran sombra del Costanera Center
Años más tarde, ya consolidado como empresario y tras recibir en 2005 la nacionalidad chilena por gracia otorgada por el Congreso, Paulmann logró materializar uno de sus sueños más persistentes: levantar el Costanera Center, hasta hoy la torre más alta de Sudamérica.
El proyecto —un edificio de 300 metros junto a un enorme centro comercial— se transformó en uno de los mayores desafíos de su carrera. La firma debió paralizar las obras durante la crisis económica de 2008 y enfrentar una larga tramitación de permisos y exigencias de mitigación por su impacto vial. Para Paulmann, sin embargo, el proyecto nunca estuvo en duda.
Hay quienes han afirmado públicamente que la torre también respondió a un rasgo de vanidad del empresario. En los medios de la época se escribieron crónicas sobre una presunta rivalidad con Abraham Senerman y el grupo Bethia, responsables del edificio Titanium (la segunda torre más grande del país), habría influido en su afán de construir algo aún más imponente y más alto.
Bernardo Hopp, exjefe de proyectos de Cencosud, uno de los encargados del proyector lo vislumbró de otra manera: “Siempre quiso hacer las cosas grandes, generar trabajo y valor. Obviamente, hacer el edificio más alto de Chile era atractivo para él. Si tenía la opción de agregar un piso más o uno menos, la decisión siempre iba a ser sumar otro. Cualquiera en su lugar lo habría hecho”, dijo.
Sin embargo, el Costanera Center también quedó asociado a una dimensión más incómoda y persistente de la obra de Paulmann. Desde su apertura, la torre ha sido escenario de múltiples suicidios, una seguidilla de muertes que abrió cuestionamientos sobre las medidas de prevención, la responsabilidad del recinto y la forma en que el grupo enfrentó públicamente el problema.

Durante años, familiares de las víctimas y especialistas en salud mental apuntaron a la ausencia de barreras físicas suficientes, a la tardanza en implementar protocolos de prevención y a una respuesta comunicacional centrada más en el control del daño reputacional que en asumir el fenómeno como un problema estructural. Recién tras la acumulación de casos, el centro comercial incorporó cambios en sus sistemas de seguridad y contención, en medio de una discusión que trascendió a Paulmann y se instaló como un debate urbano y sanitario.
Así, la torre que simbolizó el éxito, la escala y la ambición del mayor proyecto de su vida terminó también convertida en un recordatorio de los costos humanos que acompañan a ciertos hitos del desarrollo. Un contraste incómodo, pero inevitable, en el balance final de una figura que entendió el crecimiento siempre hacia arriba, incluso cuando las consecuencias no estaban del todo a la vista.
Así, el Costanera Center —símbolo del crecimiento, la escala y la ambición que marcaron la trayectoria de Paulmann— terminó enfrentado a una realidad que su lógica original no alcanzó a procesar: la fragilidad de la vida. La torre pensada como emblema de eficiencia, circulación y consumo quedó atravesada por un problema que no admite métricas ni balances.
En ese cruce se expresó una de las principales dualidades de Horst Paulmann. Un capitalismo duro, obsesionado con crecer, construir y sumar pisos, que se vio interpelado por una dimensión humana que no responde a la misma racionalidad. El proyecto siguió en pie, pero el relato del éxito quedó incompleto, al menos hasta la instalación de las barreras anti suicidios en 2022. Una medida que para muchos llegó tarde.
La presión del empresario
Quienes trabajaron con él coinciden en que Horst Paulmann no era un empresario distante. Por el contrario, su presencia —y presión— era permanente. Llamadas a las tres o cuatro de la madrugada para revisar detalles de un proyecto o cuestionar una decisión eran parte de la rutina.
Thomas Keller, exgerente del negocio supermercadista de Cencosud, lo describe, en una entrevista que dio a The Clinic, como “un emprendedor de tomo y lomo, muy visionario, de una energía y una pasión fantástica, gran motivador, gran líder, y muy dispuesto a tomar riesgos”.
“Lo que lo llevó a construir lo que construyó fue la combinación de una visión, de una pasión por la excelencia, la disciplina, el estar dispuesto a correr riesgos”, agregó. “En Chile muchas veces confundimos lo que es un empresario con lo que es un ejecutivo. El ejecutivo está mandatado por el empresario, el empresario es el que corre el riesgo realmente. Y don Horst era un empresario de tomo y lomo. Hoy día Cencosud, y el Jumbo en particular, respiran la cultura de don Horst”, sostuvo.
Esa combinación entre obsesión operativa y mirada estratégica es la que, a juicio del mundo empresarial, explica la magnitud de su legado.
“La trayectoria Horst Paulmann deja una lección muy clara: crecer no es un acto de magia, es constancia“, plantea a este medio Susana Jiménez, presidenta de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC). “Convirtió un emprendimiento familiar en una multinacional, eso habla de visión, ejecución y un interés permanente por mejorar, invertir y competir. Fue un empresario visionario y un hombre de terreno, alguien que entendía el negocio desde la operación y, al mismo tiempo, desde una perspectiva estratégica”.
A su juicio, su historia “es fiel reflejo de que cuando el país entrega condiciones para que los proyectos crezcan, el impacto se multiplica. Por eso su legado se asocia a progreso y a crecimiento no como una declaración de intenciones, sino como resultado”.
Esa trayectoria, construida a lo largo de décadas de trabajo y expansión, se tradujo también en cifras. Según estimaciones de Forbes, la fortuna de Horst Paulmann llegó a bordear los US$4.900 millones, ubicándolo entre los empresarios más acaudalados del país.
La importancia de ese patrimonio abrió, al mismo tiempo, una nueva etapa para el holding: la de la sucesión. En los hechos, ese traspaso no comenzó con su deceso. Mucho antes, Paulmann había avanzado en la profesionalización del gobierno corporativo, fortaleciendo directorios y delimitando con mayor claridad la relación entre propiedad y gestión.
Sus hijos —presentes en distintos niveles del conglomerado— han ido asumiendo responsabilidades bajo un esquema que combina control familiar con administración ejecutiva. Más que un cambio abrupto, el proceso apunta a asegurar continuidad operativa y estratégica en un negocio de gran escala.
El fundador de Cencosud dejó también definida en un testamento la forma en que debía distribuirse su patrimonio. En lo sustantivo, Paulmann estableció que su cuarto hijo —actualmente menor de edad— recibiera el 62,5% de su herencia.
Ese porcentaje se explica porque al menor le asignó tanto la denominada “cuarta de libre disposición” (25%) como la “cuarta de mejoras” (25%), además de la parte que le corresponde de la “mitad legitimaria”, equivalente a un 12,5%, en igualdad de condiciones con sus tres hermanos mayores.
De ese modo, Manfred, Peter y Heike Paulmann Koepfer recibirán cada uno un 12,5% del total de las riquezas. Según el propio testamento, la decisión se fundamenta en que, a lo largo de su vida, Horst Paulmann realizó importantes transferencias y donaciones a sus hijos mayores, lo que lo llevó a destinar una proporción mayor de sus bienes a su hijo menor, completando así el 62,5% del total de la herencia.
Pero más allá de la discusión sobre el usufructo y la distribución de los activos, el verdadero legado de Horst Paulmann no reside solo en el tamaño de los activos que dejó, sino en haber instalado un modelo de hacer empresa desde cero, donde el crecimiento fue consecuencia de la constancia, la toma de riesgos personales y una visión de largo plazo que marcó a toda una generación empresarial.
En esa misma línea, el empresario y expresidente de la CPC, Juan Sutil, plantea que Paulmann encarna un tipo de empresario que marcó época. “Sin duda, don Horst representa a miles de empresarios a lo largo y ancho del mundo que de cero logra formar una gran organización, generar miles de empleos, dar trabajo, generar valor y riqueza. Él es un gran representante de lo que un hombre de empresa puede lograr liderando equipos y proyectos durante toda una vida, hasta su último momento. Es admirable su ejemplo de vida consagrado al trabajo“, menciona.
Consultada sobre la vigencia de ese modelo en el Chile actual, Susana Jiménez sostiene que el empresario fundador “existe y seguirá existiendo”, aunque hoy enfrenta un escenario más complejo. “Es el sueño de toda micropyme, pero hoy convive con una realidad más compleja: más competencia global, más exigencias, y también más incertidumbre. Lo importante son algunas características que no caducan: visión de largo plazo y capacidad de tomar decisiones oportunas”, dice.
“No creo que sea ‘una generación que se cierra’. Creo que hoy, la vara está más alta. Se requiere el mismo espíritu emprendedor, pero con más herramienta y con un entorno que entienda que si el crecimiento se vuelve una carrera de obstáculos, perdemos todos”, concluye la titular de la CPC.



