Historias no contadas de la caótica primera vez de Bad Bunny en Chile: $140 mil dólares por ocho conciertos, la exigencia de un jet y su primer encuentro con Pablo Chill-E
Tras consultar a un software sobre posibilidades de artistas para traer a Chile, un empresario apostó en 2017 por un puertorriqueño que tenía fama internacional, pero aún no sacaba un disco propio: Bad Bunny. Fue el puntapié de la primera gira del cantante por Chile, que incluyó escenarios como la Medialuna de Rancagua, el Teatro Caupolicán, un centro de eventos en Ritoque y un fatídico concierto en Espacio Broadway, que terminó con dos jóvenes fallecidos tras la evacuación del recinto debido a balazos al interior del local. En medio de su paso actual por Chile, convertido en superestrella, aquí un detallado repaso por una de los tours más particulares que ha pasado por nuestro país, sus exigencias y el desafío de presentarse en seis ciudades en seis días, una proeza del único artista que se ha presentado en la Medialuna de Rancagua y que ha sido anunciado como show del medio tiempo del Super Bowl.
Por Felipe Betancour 10 de Enero de 2026
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Corría 2017 cuando un empresario chileno con más de 20 años de experiencia en la producción de eventos y giras de artistas —que prefiere mantener su nombre en reserva para este reportaje— estaba en su oficina buscando nuevos talentos para traer al país. Con ese objetivo, desarrolló un software destinado a predecir qué artistas internacionales con proyección podían triunfar en una gira por Chile. La plataforma arrojó un nombre: Bad Bunny.
El empresario, que admite no haber conocido previamente la trayectoria del artista, se contactó con su agencia de promoción en Puerto Rico. Las negociaciones fueron directas y simples. En un comienzo no hubo mayores exigencias, algo que cambió a mitad de la gira, y el monto quedó zanjado rápidamente: por la primera vez de Bad Bunny en Chile, el productor desembolsó 140 mil dólares. A modo de comparación, según Billboard, una sola noche de la gira Debí Tirar Más Fotos -que lo tuvo anoche y lo espera hoy y mañana en el Estadio Nacional- generó más de 7 millones de dólares únicamente en venta de entradas en Ciudad de México.
“Realmente estoy consciente de mi posición, de que soy uno de los grandes de este movimiento del trap en español, pero los títulos yo dejo que el público los ponga, que sea el público quien decida quién es líder o quién no es líder”, dijo Bad Bunny, meses después, con voz calma, vestido con un hoodie naranja, un jockey negro y los anteojos de sol redondos que eran su sello en ese momento, cuando tenía 23 años.
El artista, instalado en el salón de un hotel del sector oriente de la capital, hacía su primera aparición en Chile. Era el puntapié inicial de una frenética gira de seis días y ocho conciertos. La conferencia de prensa de Bad Bunny no era solo promocional: también fue la movida perfecta para poner fin a los rumores que circulaban en redes sociales y que apuntaban a que el puertorriqueño no vendría a Chile e, incluso, a versiones que aseguraban que sería un doble quien recorrería durante una semana distintas ciudades del país.
La presentación también marcó el inicio de la relación del artista con Chile, que incluye pasos por la Quinta Vergara, colaboración con Pablo Chill-E, debut en el Estadio Nacional en 2022 y ahora un triplete en el mismo recinto en el marco de su gira más ambiciosa.
El modelo de negocio fue el siguiente: el empresario solo se quedó con la producción del show de Bad Bunny en el Teatro Caupolicán y el resto se repartió entre otras productoras locales, como Red Eyes, Squad, Infinity Club, Punto 40 y Barracas, esta última que estuvo a cargo de Temuco, La Serena y Concepción. Más allá de lo que predijo el software del empresario local, el éxito no estaba asegurado.
El inicio de Benito
Para 2017, el cantante aún no tenía ningún álbum publicado, pero sí acumulaba millones de reproducciones, especialmente con la colaboración de “Ahora me llama”, junto a Karol G. En julio de ese año, también colaboró con Becky G en “Mayores”. Otro de los hits fue “Tú no metes Cabra”. Las canciones entraban al ranking de Billboard como antesala de lo que sería un rápido ascenso en la industria de la musica.
En Chile, una de sus canciones más populares, “Me acostumbré”, tuvo un inesperado aliado futbolístico: Arturo Vidal. En uno de sus primeros éxitos globales, Bad Bunny canta “ya me acostumbré a siempre ganar como el 23”, en referencia al número de la camiseta de Michael Jordan. Como Vidal utilizaba el mismo dorsal, hizo de la canción su lema personal durante sus años de gloria en el fútbol europeo, lo que ayudó a amplificar su impacto local.
Durante la conferencia de prensa previa al primer show, Bad Bunny se refirió a su relación con el futbolista. “Con Arturo he podido conversar a través de redes sociales, hemos hablado, pero no nos hemos podido conocer en persona. Pronto nos estaremos viendo”, comentó el trapero, quien además agradeció que su canción se hubiera convertido en una especie de himno deportivo en el país.
A pesar de los millones de reproducciones, el negocio no fue redondo. El show con mayor asistencia se realizó en el Teatro Caupolicán, donde más de seis mil personas llegaron a un espectáculo presentado en formato 360°, lo que permitió ampliar la capacidad habitual del recinto.
En regiones, en cambio, la venta fue lenta: los conciertos no se llenaron y los coletazos de los incidentes en Espacio Broadway incluso amenazaron con la suspensión de algunas fechas. Además, las tensiones entre el equipo que trajo Bad Bunny y el empresario, empujado por las extravagantes exigencias, amenazaron incluso con dar término anticipado a la primera y única gira nacional de Bad Bunny.
Temuco, primera parada
“Están pagando por ir a ver al doble”, “Bad Bunny no ha puesto nada en su perfil, así que esto es falso”. Años después, esos comentarios de Facebook aún sobreviven en las publicaciones que promocionaban la llegada de Bad Bunny a Temuco. El concierto estaba programado para el 30 de agosto en el Gimnasio UFRO, un recinto emblemático de la capital de la Región de La Araucanía. Con capacidad para unas 4.000 personas, ese espacio quedaría registrado en la historia como el primer escenario donde se presentó Bad Bunny en Chile.
El gimnasio ya había recibido a artistas nacionales e internacionales. Por allí habían pasado Los Ilegales, Deep Purple en octubre de 2011, Manu Chao en 2013 y bandas chilenas como Francisca Valenzuela, Lucybell y Chancho en Piedra, entre otros. Sin embargo, la idea de que una estrella juvenil, que ya sonaba con fuerza en radios y acumulaba millones de reproducciones, llegara hasta Temuco parecía, para muchos, simplemente irreal.
Carlos Sepúlveda, uno de los productores a cargo del show en Temuco, recuerda esa jornada con cariño y nostalgia. El productor cuenta que Bad Bunny llegó apenas unos minutos antes de salir al escenario. Se sacó algunas fotos con el equipo y con un jefe de seguridad, y luego subió a cantar.
Las peticiones fueron mínimas: solo agua. De esa noche quedó la imagen de un joven Bad Bunny con polerón mostaza, jeans azules y zapatillas blancas. El camarín estaba lejos de cualquier lujo: baldosas blancas, luz dura y un piso opaco. Quienes estuvieron allí coinciden en que no tenía actitud de millonario —aunque ya lo era— y que se mostraba más bien introvertido. Eso sí, todos recuerdan su presencia. “Tenía como una luz encima”, dice Sepúlveda.

Pese a las dudas que intentaron instalar algunos incrédulos en redes sociales, las entradas se agotaron. El primer sold out de Bad Bunny en Chile fue en Temuco. Durante el show, el artista subió al escenario a un joven en silla de ruedas y, una vez finalizada la presentación, se retiró directamente para tomar el jet privado que debieron arrendar para cumplir con las siguientes fechas de la gira. La próxima parada era La Serena, a 1.147 kilómetros de distancia.
El jet privado de Bad Bunny fue uno de los puntos más sensibles de la gira. “Terminamos pagando una locura”, dice el empresario. “Son cosas que no estaban definidas desde el inicio”, agrega. En un principio, el empresario se negó a pagar por el avión. “Si no pones el avión se cancela todo”, replicó el equipo del puertorriqueño. “Bueno, cancelamos”, subió la apuesta el empresario. Pero pudieron llegar a un acuerdo y el equipo de Bad Bunny consiguió el avión.
Ese no fue el único problema que enfrentaron. “Estoy seguro de que Bad Bunny no se enteraba de todo lo que hacía su equipo. Creo que él no supo de todas las cosas que se pidieron, muchas de ellas excesivas, sobre todo en cuanto al alcohol. No hubo nada particularmente extravagante; más bien parecía que querían cosas para carretear, básicamente”, señala el empresario.
“Un artista que cobra veinte mil dólares por fecha generalmente se adapta a las condiciones locales”, agrega. En este caso, sin embargo, no ocurrió así: se exigieron autos blindados, una solicitud considerada totalmente desfasada para la realidad chilena, especialmente tratándose de traslados privados entre ciudades dentro del país.
Una campaña para vender entradas
Las dudas sobre la veracidad del tour se repitieron en la Región de Coquimbo. Javiera (se omite el apellido para resguardar identidad), quien trabajó en la difusión del concierto en La Serena, lo recuerda con claridad. “Acá pasaba que antes hubo estafas con artistas que decían que venían y después no aparecían, así que la gente era media reacia a creer que Bad Bunny iba a cantar acá”, explica.
La venta de entradas comenzó lenta, por lo que los promotores decidieron ir hasta el Mall de La Serena, donde se reunían los “pokemones”. Los reclutaron como staff del evento y, por cierta cantidad de entradas vendidas, les regalaban una. A eso se sumaron pasacalles, difusión en radios locales y el patrocinio del propio municipio. Finalmente, el Coliseo de La Serena logró llenarse para la segunda fecha de Bad Bunny en Chile.
En YouTube aún existen registros del 31 de agosto: videos de baja calidad que son algunos vestigios que quedaron de esa gira. Al igual que el primero, el segundo concierto fue pacífico, con padres acompañando a sus hijos. A diferencia de Temuco, quienes estuvieron allí aseguran que no hubo fotos tras bambalinas.
Estos conciertos marcaron una etapa inicial sin incidentes, algo que cambiaría a medida que el cantante se acercara a la Región Metropolitana. En Ritoque, durante la cuarta fecha del calendario, comenzaron los problemas. En ese show, una improvisada tarima VIP para unas 200 personas cedió por el peso, lo que derivó en una guerra de botellazos entre el público. Los proyectiles llegaron hasta el escenario y obligaron al artista a acortar su presentación, según reportaron los medios que cubrieron el evento.
Pero lo peor vendría la jornada siguiente. El 2 de septiembre había dos fechas programadas: la primera en la Media Luna de Rancagua y la segunda en Espacio Broadway.
En el primer recinto, la entrada más cara costaba $50 mil pesos —Cancha VIP—, mientras que las ubicaciones generales iban desde los $15 mil, una tónica que se mantuvo durante toda la gira: precios bajos que contrastan con los valores actuales de sus conciertos, donde incluso se puede llegar a pagar cerca de 2 millones de pesos por un paquete VIP.
A pesar de los valores, la Media Luna de Rancagua, no se llenó. Llegaron cerca de dos mil personas, un público familiar con niños y padres.
La tragedia de Espacio Broadway
Ese mismo día estaba agendado un segundo concierto en Espacio Broadway. A diferencia del público familiar que había marcado otras fechas, este show —programado en formato discoteca— estaba dirigido exclusivamente a mayores de edad. Se vendía alcohol y la programación apuntaba a un público más juvenil. Lo que debía ser una fiesta terminó convirtiéndose en una tragedia.
El lunes posterior al concierto, los matinales se volcaron a la noticia. Un altercado al interior de la discoteca obligó a evacuar el recinto y a suspender el show antes de tiempo. Los canales de televisión difundieron un video en el que se observa a una persona con una pistola en mano, apuntando hacia el techo. Testigos aseguraron que se escucharon disparos en medio de una canción, lo que obligó a dar por finalizada la sexta presentación del cantante en Chile.
Sin embargo, los balazos al interior del recinto no fueron lo peor de la noche. En las afueras de Espacio Broadway, mientras el público abandonaba el lugar y tomaba la carretera, Bastián Ignacio Carrera, quien en ese momento tenía 22 años, atropelló y dio muerte a dos personas. La investigación estableció que, cerca de las 5:00 de la madrugada, Carrera conducía un Chevrolet Sail en estado de ebriedad y, a la altura del kilómetro 13 de la Ruta 68, provocó una tragedia.
Según el relato de los hechos, el vehículo ingresó a la berma de la caletera de la Ruta 68 y atropelló a Jaime Ignacio Illanes Garrido, Romina Francisca Salazar González y Peter Octavio Espinoza Cubate. Producto del impacto, Illanes Garrido y Salazar González fallecieron en el lugar a causa de politraumatismos, de acuerdo con las autopsias realizadas por el Servicio Médico Legal, mientras que Espinoza resultó con lesiones.
La alcoholemia practicada al conductor arrojó 1,59 gramos de alcohol por litro de sangre, superando ampliamente el umbral legal. El tribunal acreditó que el acusado salió de la calzada, ingresó a la berma en una curva con contracurva, atropelló a las víctimas y continuó conduciendo por más de 500 metros antes de detenerse, lo que fue clave para descartar la tesis de un accidente inevitable.
En su declaración, Carrera señaló que llegó a Espacio Broadway cerca de las 00:30 horas. En el interior del local compraron dos botellas de whisky Jack Daniel’s y aseguró haber consumido entre tres y cuatro vasos de whisky. Ante el fiscal, el propio conductor reconoció que no estaba en condiciones de manejar al momento de salir del recinto.
En 2023 se dictó sentencia por el fatal atropello. En un fallo unánime, el tribunal condenó a Bastián Ignacio Carrera González a la pena única de siete años de presidio, en calidad de autor de tres delitos consumados de conducción en estado de ebriedad, dos de ellos con resultado de muerte y uno con resultado de lesiones menos graves.
La sentencia, dictada el 3 de enero de 2023, quedó firme y ejecutoriada luego de que la defensa abandonara el recurso de apelación, una vez transcurridos todos los plazos legales.
El Caupolicán
El fatal accidente y los incidentes al interior de la discoteca amenazaron con suspender lo que quedaba de la gira. Si hasta entonces la prensa no le había prestado mayor atención, ahora el foco estaba puesto en la seguridad de los eventos.
Camileazy, artista urbano chileno, fue el encargado de abrir la jornada en el Teatro Caupolicán. De ese 3 de agosto de 2017 recuerda que existieron dudas respecto de si el concierto se realizaría o no. “En la televisión empezó a aparecer Bad Bunny, pero ligado a lo delictual. El ambiente estaba enrarecido, había incertidumbre, no se sabía si iba a tocar o no, pero todo se acabó en el momento en que salió al escenario”.
El chileno también tuvo la oportunidad de conocer y fotografiarse con Bad Bunny. El encuentro fue breve y ocurrió en el backstage: cuando llegó, nadie podía acercarse al artista, pero al final del concierto se dio un espacio para sacarse fotos con algunas personas. La producción le permitió tomarse una fotografía junto a él y con DJ Luian, quien lo acompañó durante gran parte de la gira.
Camileazy recuerda un show enérgico, en el que Bad Bunny mostró un profesionalismo absoluto, el mismo rasgo que destacan quienes lo vieron actuar en regiones. Daba lo mismo si era la medialuna o el Caupolicán: el artista se entregaba al máximo por su público.
Para el archivo quedará que Camileazy invitó a un joven Pablo Chill-E a subirse al escenario. En ese entonces, el artista aún era menor de edad y cantó dos canciones, una de ellas en solitario, “Pablo”. “Tuvimos que hacerle un permiso especial para que pudiera cantar”, recuerda. Cinco años más tarde, Pablo Chill-E terminaría sobre el escenario del Estadio Nacional, invitado por Bad Bunny a interpretar “Hablamos Mañana”, colaboración que ambos realizaron junto al argentino Duki.
En el show también estuvo Karol G, con quien interpetó “Ahora me llama”, un despliegue junto a la colombiana que luego también terminaría reinando en el pop latino.

La parada final de la gira fue el Gimnasio Municipal de Concepción. Bad Bunny llegó en jet privado durante la tarde, se presentó esa misma noche en el recinto y luego se retiró. El show estuvo a punto de suspenderse debido a los graves incidentes ocurridos el fin de semana anterior y hubo un amplio despliegue policial. De ese modo se ponía fin a seis días de Bad Bunny en Chile. Quien más celebró el término de la gira fue el empresario. “Fue muy, muy desgastante, un problema de principio a fin. La informalidad fue constante. Prefiero trabajar con estadounidenses o ingleses, donde se cumplen los contratos, los requerimientos y los riders; está todo claro. Con los puertorriqueños es una moneda al aire: te piden una cosa en el contrato y al final exigen otra”, dice.
Por el otro lado, el equipo de Bad Bunny tampoco quedó conforme con ese empresario local y optó por cambiar de productora. La misma que hoy lo tiene en el Estadio Nacional a solo un mes de que haga su debut en el show de mediotiempo del Super Bowl.



