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Reportajes

Una rutina de George Harris, la amenaza de francotiradores que bajó a Trump y la ambición de liderazgo regional: bitácora del viaje de Piñera a Cúcuta y su eco tras la caída de Maduro

Cúcuta volvió a instalarse como uno de los epicentros noticiosos del mundo tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas militares estadounidenses, pero para Chile ese punto fronterizo entre Colombia y Venezuela tiene una carga simbólica adicional: fue allí donde, hace casi siete años, el entonces presidente Sebastián Piñera protagonizó el Venezuela Aid Live, el megaconcierto impulsado por el empresario británico Richard Branson contra el régimen venezolano, un evento que terminó lejos de las expectativas que había generado y que con el tiempo se transformó en uno de los episodios más controvertidos de su segundo gobierno. Esta crónica reconstruye esa visita marcada por un show interrumpido del comediante George Harris, discursos políticos, promesas incumplidas y una ayuda que nunca llegó a Venezuela.

Por 11 de Enero de 2026
Piñera en Cúcuta
Piñera en Cúcuta
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La realidad era una sola: hasta tres días antes de la fecha programada, Sebastián Piñera no viajaría a Cúcuta para el Venezuela Aid Live, el megaconcierto convocado por el excéntrico empresario británico y fundador de Virgin Group, Richard Branson. El evento prometía reunir a 32 artistas de talla mundial, a líderes del continente —incluido el anfitrión, el presidente colombiano Iván Duque—, recaudar más de 100 millones de dólares y reabrir la frontera para el ingreso de ayuda humanitaria a Venezuela.

La participación chilena, en ese escenario, sería acotada y funcional. El encargado sería el entonces canciller Roberto Ampuero, quien viajaría a Cúcuta a bordo de un avión Hércules C-130 cargado con grandes cajas de alimentos y medicamentos destinados al pueblo venezolano.

El plan era simple: entregar esas provisiones personalmente a Juan Guaidó (quien se comprometió a ingresarlas a Venezuela) y salir rápidamente de escena. Una operación breve, sin exposición innecesaria. Pero Piñera era impredecible. A pocos días del viaje, se comunicó con el Ministerio de Relaciones Exteriores y exigió sumarse a la delegación, esta vez en el avión presidencial.

La exigencia fue un dolor de cabeza. No solo para Ampuero, sino para buena parte de la Cancillería. Durante semanas se le habían expuesto al mandatario distintas razones para no viajar a Colombia y, de hecho, existía un acuerdo previo entre el canciller y Piñera para mantenerse al margen del evento.

La principal razón era política. La información que manejaba la Cancillería chilena hasta ese momento indicaba que ningún presidente latinoamericano asistiría al concierto. Finalmente, se sumó el entonces presidente de Paraguay, Mario Abdo, pero el resto de los mandatarios se excusó alegando choques de agenda.

La baja convocatoria encendía alarmas en Santiago. ¿Quién quiere ir a una fiesta con pocos invitados? Pero había un factor aún más sensible.

El gobierno de Estados Unidos había informado directamente a La Moneda que el presidente Donald Trump no viajaría a Cúcuta y que la presencia norteamericana se limitaría al enviado especial Elliott Abrams. Washington —que junto a Colombia había sido uno de los primeros países en reconocer a Guaidó como presidente interino en 2019— optaba por mantenerse a distancia.

Según explicaron autoridades estadounidenses a sus pares chilenos, la decisión se debía a los bajos niveles de seguridad en la extensa y porosa frontera entre Venezuela y Colombia. Un territorio de miles de kilómetros, con zonas arboladas pero también amplias y despejadas, que —según la evaluación de seguridad— abría la posibilidad de ataques de francotiradores. Así lo relató a The Clinic una alta fuente del Ministerio de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Piñera.

El cuadro era incómodo. Pero Piñera ya había cambiado de opinión.

Según cercanos al exmandatario, su nueva obsesión era fácil de entender y tenía que ver con el lugar que Chile —y él mismo— ocupaban en ese momento en el escenario internacional.

FOTO: PRESIDENCIA VIA AGENCIAUNO

La ambición de Piñera, ser el líder de la región

A comienzos de 2019, meses antes del estallido social, en el gobierno se instalaba una certeza: Chile —y, por extensión, Piñera— se estaba posicionando como el país líder de la región. Una suerte de corona invisible, disputada y codiciada por cualquier presidente latinoamericano. El único mandatario que podía hacerle sombra era Iván Duque, quien por entonces gozaba de altos niveles de popularidad en Colombia.

Ambos tenían una buena relación, pero también una competencia tácita. Según los cercanos al mandatario en Chile, había una pulseada silenciosa por el protagonismo regional.

Para entender ese momento, es necesario retroceder en el tiempo. Idealmente, situarse antes del 18 de octubre. La imagen internacional de Chile era otra, diametralmente opuesta a la que meses después se condensaría en la idea de “un país en guerra”. A inicios de ese año, el país lideraba la creación de Prosur, presidía la Alianza del Pacífico, se preparaba para organizar la COP25 y la APEC. Piñera sería invitado al G7 y al G20, y Santiago había sido escogida como sede de la final de la Copa Libertadores.

Chile era sexy para el mundo.

En ese contexto, la decisión terminó de cuajar. Piñera debía asumir el protagonismo en Cúcuta.

Cancillería, Presidencia y la Fuerza Aérea tuvieron que moverse rápido. El avión Hércules quedaría destinado exclusivamente al traslado de carga. Incluso se organizó un punto de prensa en el que el entonces mandatario despidió a su tripulación. La delegación oficial, en cambio, viajaría en el avión presidencial, junto a un grupo de periodistas —tal como lo solicitó el propio Piñera—.

Un vuelo complicado del presidente Piñera

Un recorrido por Cúcuta permite reconstruir de cerca lo que fue el Venezuela Aid Live. En el archivo del diario La Opinión, el medio local que aún se imprime en la ciudad, se conservan los artículos de la antesala del concierto y del propio festival.

La prensa de la época destinó cientos de líneas tanto al show como a la promesa del líder opositor Juan Guaidó, quien aseguró que llegaría al concierto encabezando una caravana de venezolanos.

A esa altura, más de 50 países ya lo habían reconocido como presidente interino de Venezuela y la imagen de Juan Guaidó cruzando la frontera, acompañado por cientos de compatriotas, funcionaba como una prueba política de alcance internacional: la demostración visual de que podía disputarle el poder a Nicolás Maduro, quien entonces ya era calificado como dictador no solo por líderes de derecha, sino también por algunas figuras de la izquierda regional.

“Guaidó irá en su vehículo con diputados opositores en una caravana de autobuses, cuya partida está fijada desde un sector del este de Caracas”, informaba la prensa local, que durante días alimentó la expectativa de una irrupción masiva desde el lado venezolano.

Maduro respondió con dureza al evento. “Es un show barato. Donald Trump no sabe dónde queda Venezuela”, dijo el mandatario, quien siete años después sería capturado por fuerzas militares estadounidenses en territorio venezolano. Si no lo sabía, Trump terminó enterándose dónde quedaba Venezuela.

La postal de una llegada multitudinaria escoltando a Guaidó era lo que más le interesaba a Piñera. Pero, según explican a The Clinic fuentes del gobierno colombiano de la época, las verdaderas preocupaciones en Bogotá no tenían que ver con la presencia de las delegaciones venezolanas, sino con otra promesa mucho más delicada: que Guaidó pudiera ingresar la ayuda humanitaria sin sufrir daños y cruzar la frontera con vida.

De acuerdo a ese mismo relato, las gestiones para facilitar el cruce del líder opositor se extendieron por cerca de tres semanas, requieron de una gestión de inteligencia delicada; por lo mismo, desde el inicio, las autoridades colombianas sabían que no llegaría acompañado por una multitud, como se había instalado en el imaginario público. 

La expectativa de la caravana existía hacia afuera; puertas adentro, el escenario era bastante más acotado.

Mientras tanto, el evento también prometía espectáculo. Treinta y dos artistas —entre ellos Miguel Bosé, Alejandro Sanz, Carlos Vives, Juan Luis Guerra, Juanes y Maná— formaban parte del cartel, en una mezcla de música, política y épica humanitaria.

La llegada de Piñera a Cúcuta fue seguida de cerca por La Opinión, el diario local, que informó un día antes que el mandatario chileno arribaría a la ciudad fronteriza a la una de la tarde, horario en el que estaba previsto un saludo protocolar con Iván Duque.

El viaje de la delegación chilena, sin embargo, no estuvo exento de complicaciones. El avión presidencial sufrió un desperfecto en pleno trayecto —un episodio que requerirá confirmación técnica— y debió aterrizar de emergencia en Iquique.

La solución fue continuar el viaje en una aeronave más pequeña. Los periodistas que integraban la comitiva se quedaron en el norte de Chile, a la espera de la reparación del avión, y no alcanzaron a llegar al festival.

Pese al imprevisto, Piñera llegó a Cúcuta a tiempo.

La interrumpida participación de George Harris

El Venezuela Aid Live comenzó con un nombre que años más tarde se haría tristemente conocido en Chile. Uno de los primeros en subir al escenario fue el comediante George Harris, quien durante los minutos que estuvo frente al público se dedicó más a pronunciar un discurso político que a contar chistes.

Su intervención fue interrumpida en vivo. La producción del evento subió al escenario para pedirle que cerrara su presentación y diera paso al verdadero artífice de la cita.

“Ok, me acaban de informar que viene música. Así que no tardemos más, que pongan música acá en la tarima. Nos vemos. Te quiero, Colombia. Te amo, Venezuela”, improvisó Harris luego de que le cortaran el micrófono. Siguió hablando algunos segundos más, pero ya no se le escuchó en la transmisión oficial.

Luego vino Richard Branson. El organizador del evento dedicó unas breves palabras en inglés a los asistentes y a la comunidad venezolana, y dio paso a los artistas. El primero en presentarse fue el argentino Diego Torres, quien luego de unos desperfectos técnicos cantó “Sueños”, uno de sus mayores éxitos. 

La famosa invitación a Chile de Piñera que nunca ocurrió

Tras el show de Diego Torres, la transmisión oficial dio paso al discurso de Sebastián Piñera. No habló desde el escenario principal, sino desde una losa de aterrizaje cercana, donde se ubicó detrás de un atril, flanqueado por sus pares de Colombia y Paraguay. Vestido con saco —pese al calor—, Piñera abrió su intervención con un tono solemne:

“Nuestra presencia aquí es para solidarizar con la lucha del pueblo venezolano por recuperar su democracia de forma pacífica, dentro de la Constitución. Para eso, el mejor camino —el único camino— es tener elecciones libres y transparentes, lo antes posible. Elecciones convocadas por el presidente encargado Juan Guaidó”.

Luego endureció el mensaje y apuntó directamente al régimen venezolano:

“Quiero enviar un mensaje al gobierno de Maduro: no puede haber nada más cruel que un gobierno que le niega y le cierra los caminos a la ayuda humanitaria que su propio pueblo tanto necesita. No dejo de preguntarme cómo una persona puede tener tanta ambición como para estar dispuesta a causarle tanto dolor a su propio pueblo durante tanto tiempo, solo por aferrarse a un poder que no le pertenece. Ha llegado el momento de decirlo fuerte y claro: Maduro es parte del problema y no es parte de la solución. La democracia es la solución para Venezuela”.

Según una alta fuente del gobierno colombiano de la época, la decisión de que los mandatarios no hablaran desde el escenario principal no respondió a razones de seguridad, como se interpretó entonces, sino a una definición política: marcar una frontera clara entre el espectáculo —organizado por privados— y la entrega de ayuda humanitaria encabezada por los presidentes. 

Pese a la idea que con el tiempo se instaló —sobre todo en redes sociales— de que Sebastián Piñera habría invitado a los venezolanos a emigrar a Chile desde Cúcuta, eso no ocurrió durante su discurso. Tampoco en una segunda intervención que realizó entrada la noche, ya sin saco y con la camisa desabotonada, en medio del festival.

De hecho, el medio de verificación Fast Check CL analizó esa afirmación y la calificó como imprecisa. Según su revisión, Piñera sí pronunció la frase “vamos a seguir recibiendo venezolanos en Chile”, pero no fue en Cúcuta ni en el contexto del Venezuela Aid Live, sino en una entrevista concedida en Santiago, en 2018, al medio alemán Deutsche Welle, un año antes del evento en la frontera.

La frase, descontextualizada y desplazada en el tiempo, terminó por adherirse al episodio de Cúcuta como si fuese una certeza.

Al piñerismo aún se la sacan en cara.

El insulto de Miguel Bosé a su antigua amiga Michelle Bachelet

Tras el primer discurso de Sebastián Piñera, el festival volvió a su cauce musical. Pasaron por el escenario Silvestre Dangond, Maluma y Bacilos, en medio de un ambiente festivo que, una hora más tarde del discurso de Piñera, se quebró con uno de los momentos más tensos de la jornada: el mensaje de Miguel Bosé dirigido directamente a la ex presidenta Michelle Bachelet, quien por entonces se desempeñaba como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

“Venga de una puñetera vez a ver la cantidad de faltas y de rupturas de derechos humanos, porque está tardando 20 años (…) Mueva sus nalgas y haga valer la autoridad que tiene”, lanzó el cantante español, antiguo aliado de la exmandataria chilena, para quien incluso había cantado en un acto de campaña durante su primera carrera presidencial.

El clima estaba caldeado por los discursos, pero también por el calor. Ese día, la sensación térmica alcanzó los 36 grados. La convocatoria, al menos en términos de asistencia, era un éxito: los organizadores cifraban la concurrencia en 317 mil personas.

Piñera, en tanto, intentaba mostrarse entusiasmado con los artistas, en especial con Maná. Pero pese a la euforia del momento, el exmandatario estaba inquieto. A pesar de la multitud, no había rastros de Juan Guaidó ni de la caravana de venezolanos que supuestamente lo acompañaría.

Según un cercano a Piñera, en un punto de la jornada el presidente pidió a las autoridades locales monitorear la eventual llegada del líder opositor. Incluso solicitó levantar un dron para observar el horizonte, pero en Cúcuta las Fuerzas Armadas colombianas no disponían de uno.

La llegada de Guaidó ocurrió finalmente cuando faltaban apenas minutos para el cierre del concierto, justo cuando Alejandro Sanz terminaba su presentación y Juanes se subía al escenario. Fue una aparición sorpresiva. Llegó acompañado por un pequeño grupo de adherentes y dirigentes opositores; las cámaras del evento lo mostraron llegando y recibiendo abrazos —como si fuera un artista más—, pero de la anunciada caravana de compatriotas no había rastro alguno. Más tarde, diría que aliados dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas lo habían ayudado a cruzar la frontera de manera clandestina.

Según participantes de la cita, Piñera no ocultó su descontento. La postal prometida —la que debía recorrer el mundo— nunca llegó.

Piñera en Cúcuta
Piñera en Cúcuta

Esa noche cenó con el presidente Duque. En la mesa también estaba Elliott Abrams, el enviado especial de Donald Trump, quien conocía al canciller Roberto Ampuero desde los años ochenta, cuando este último fue corresponsal de prensa en Estados Unidos.

Tras la cena, el presidente y su delegación se alojaron en el hotel Villa Antigua: un recinto sencillo, de muros altos pintados de blanco y techos cubiertos con tejas y lagartijas verde fosforescentes caminando por las paredes. Una construcción típicamente colombiana, ubicada a pocos kilómetros de la frontera.

El análisis del infructuoso viaje

El Venezuela Aid Live terminó fracasando en los dos planos que importaban. Para Chile, no se concretó la imagen que se esperaba proyectar: la llegada masiva de venezolanos siguiendo a Juan Guaidó y confirmando, ante las cámaras del mundo, el quiebre definitivo del régimen de Maduro.

Para Colombia —y para el resto de los países involucrados— tampoco se cumplió el objetivo central: el ingreso efectivo de la ayuda humanitaria a territorio venezolano. Ambas promesas descansaban en una misma figura y en una misma apuesta, y ambas quedaron truncas. Guaidó no logró cumplir ninguno de los compromisos que había instalado en la antesala del evento.

Las toneladas de provisiones salieron desde Colombia rumbo a los pasos fronterizos en camiones que intentaron cruzar por los puentes internacionales. En uno de ellos, el Francisco de Paula Santander, dos tractomulas cargadas con alimentos, medicamentos y kits de aseo terminaron incendiadas en medio de enfrentamientos con fuerzas del régimen venezolano. Las autoridades colombianas reportaron cientos de heridos durante la jornada y, puertas adentro, tomaron una decisión poco visible pero clave: procurar que ninguno de los choferes fuera colombiano, para evitar que ciudadanos propios quedaran expuestos a represalias o conflictos en territorio venezolano si lograban cruzar la frontera.

El balance fue devastador para la épica que se había construido. La ayuda no entró. La caravana no llegó. Y la postal que debía sellar el liderazgo regional de Piñera y consolidar a Guaidó como alternativa.

Con todo, la relación entre Piñera y el presidente colombiano Iván Duque se mantuvo sólida hasta la muerte del exmandatario chileno. Ambos gobiernos se respaldaron durante la pandemia y, hasta hoy, los vínculos personales persisten: Magdalena Piñera, hija del expresidente, mantiene contacto con el exmandatario colombiano.

De regreso en Chile, Sebastián Piñera recibió duras críticas por su participación en Cúcuta, un episodio que quedó fijado como uno de los puntos más discutidos de su segundo gobierno y por el que se le responsabilizó por la masiva llegada de migrantes venezolanos a Chile.

Fiel a su estilo, quienes lo rodeaban recuerdan que asumió los errores sin detenerse demasiado en ellos, aferrado a su lógica de seguir adelante, a su famosa frase: “a otra cosa, mariposa”. Ese mismo año, el canciller Roberto Ampuero dejó el cargo; según la prensa de la época fue el primer canciller que salió del cargo tras una evaluación de su gestión. Meses después de la salida de Ampuero el estallido social terminó por desarmar cualquier aspiración de Piñera para alzarse en el liderazgo regional que lo movió a Cúcuta.

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