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El pisotón en el suelo al histórico Partido Radical: cómo el ingreso de un militante al equipo de Kast profundizó la crisis de una tienda que lucha con la extinción

Tras 162 años de historia, el radicalismo enfrenta su disolución legal al no alcanzar los votos necesarios para subsistir. Giros ideológicos, pragmatismo electoral y el abandono de su doctrina, son algunas de las razones que los propios militantes esgrimen ante la extinción. Entre deudas y liquidación de bienes, la colectividad de Pedro Aguirre Cerda intenta sobrevivir a una paradoja: su desaparición ocurre mientras uno de sus cuadros integra el gabinete del gobierno de José Antonio Kast.

Por 25 de Enero de 2026
El partido intentará volver a legalizarse lo ates posible tras su proceso de extinción. Ilustración: Sandro Baeza.
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El sábado 17 de enero, el presidente del Partido Radical, Leonardo Cubillos, tomó su celular para escribirle un WhatsApp a su compañero de militancia Jaime Campos quien se encontraba en España. Le pidió que se contactara de manera urgente con él. Había leído en la prensa algo que lo tenía inquieto: su nombre circulaba para asumir el Ministerio de Agricultura en el gobierno de José Antonio Kast, pese a que actualmente integran el gabinete del Presidente Gabriel Boric.

El mensaje llegó al dispositivo de Campos, pero este no respondió. Dos checks y el visto.

Producto del silencio, Cubillos tomó nuevamente su teléfono el lunes para contactarse con la secretaria general del Partido Republicano, Ruth Hurtado, y luego con el futuro ministro del Interior de Kast, Claudio Alvarado, para manifestar su oposición frente al eventual nombramiento: les dijo que el Partido Radical es un partido de oposición al gobierno de José Antonio Kast, dialogante, pero que, si se pretendía ocupar el nombre de la tienda como una señal de apoyo a la gestión entrante, aquello sería interpretado como una forma de agresión política.

El martes, pasadas las 21:00 horas, el temor del timonel radical se confirmó. Y poco se sintió el efecto de sus llamadas desesperadas. En la denominada “Moneda chica”, ubicada en la calle La Gloria 88, Kast presentó a las figuras que integrarán su gabinete a partir del 11 de marzo. El decimoctavo nombre que subió al escenario fue el de Jaime Campos para asumir el Ministerio de Agricultura.

Este fue uno de los nombramientos que más revuelo generó durante la jornada, pues se trata del único ministro que milita en un partido que forma parte de la alianza de gobierno del Presidente Gabriel Boric. Actualmente, la ministra de Minería, Aurora Williams, es la representante radical en el gabinete.

Además, Campos fue diputado por el Partido Radical y anteriormente se desempeñó como ministro de Agricultura en el gobierno de Ricardo Lagos y como ministro de Justicia y Derechos Humanos en el segundo gobierno de Michelle Bachelet.

Luego del anuncio del gabinete, la noche del martes, el equipo del presidente electo instruyó a sus ministros a no hablar con la prensa tras los nombramientos. Campos, a contracorriente, enfrentó a los medios y respondió la pregunta que circulaba durante la jornada. Solo agudizó la tensión.

¿Cómo se explica que un radical forme parte del gobierno más conservador desde el retorno a la democracia?“, le preguntaron.

“El gobierno del Presidente Boric es el más malo de todos los que ha habido desde que recuperamos la democracia”, dijo primero. Luego, ante la consulta de si este salto al gobierno de Kast implicaba una renuncia a su militancia, lo negó. “No, si yo soy radical de mucho antes que los actuales dirigentes del partido”, manifestó Campos, quien ingresó a las Juventudes Radicales a los 12 años.

Con ello, al ser consultado por las consecuencias que podría enfrentar ante la institucionalidad de su partido, aseguró: “Me tiene sin cuidado… tengo entendido que es un partido en extinción”.

Una afirmación que en el Partido Radical asumen con pesar.

La agonía radical y una deuda con su presidente de cerca de $50 millones

Lo que planteó Campos el martes dio cuenta de un hecho real.

Tras la elección parlamentaria del 16 de noviembre del año pasado, el Partido Radical fue una de las 13 tiendas que no alcanzó el umbral mínimo de votación para mantener su calidad de partido legal. De acuerdo con la norma, los candidatos de cada colectividad debían obtener el 5% de la votación nacional o conseguir al menos cuatro parlamentarios electos para conservar su personalidad jurídica.

El resultado no fue el esperado. De los 23 candidatos que presentó el partido, solo dos resultaron electos: Marcela Hernando y Consuelo Veloso. A nivel nacional, la colectividad alcanzó apenas un 1,99% de los votos y los tres parlamentarios que iban a la reelección, que supuestamente eran cartas seguras, no lograron mantener sus escaños.

Tras ese resultado, Leonardo Cubillos presentó su renuncia a la presidencia del partido, cargo que había asumido en julio de 2022. Sin embargo, los miembros de la Directiva Nacional, los presidentes regionales y los dirigentes de los frentes nacionales, publicaron un comunicado rechazando su dimisión.

“Reconociendo la experticia y el trabajo realizado por Leonardo Cubillos, hemos resuelto rechazar su renuncia”, señalaba el documento, advirtiendo además que todas las renuncias —incluidas las de los firmantes— se harían efectivas una vez concluido el proceso de extinción.

Esa negativa obligó al timonel radical a hacerse cargo de la administración del proceso de liquidación de la colectividad: el ajuste de deudas, los cierres administrativos, la liquidación de los bienes e incluso el embalaje y bodegaje de cuadros históricos y objetos casi patrimoniales que se encontraban en la sede del partido, ubicada en la esquina de las calles París con Londres.

Cercanos a Cubillos comentaron a The Clinic que el presidente del partido se encontraba exhausto tras el fallido proceso de reactivación de la colectividad. De hecho, cuando asumió la presidencia se determinó que tanto ese cargo como la secretaría general debían profesionalizarse y dedicarse de manera exclusiva al trabajo partidario.

Con ese objetivo, el partido fijó una remuneración mensual bruta de $3.000.000 para Cubillos. Sin embargo, la crisis financiera era profunda y la deuda acumulada impidió que recibiera su sueldo desde septiembre de 2024 hasta la fecha. Algo que terminó por desgastar al timonel. En total, la deuda del Partido Radical con su presidente es de cerca de $50 millones.

Leonardo Cubillos presidente del Partido Radical. Foto: Francisco Paredes/The Clinic.

El deterioro de 162 años de historia

Durante la administración del Presidente Boric, Cubillos solicitó una audiencia privada con el mandatario. En el despacho presidencial, el Jefe de Estado le comentó la admiración que sentía por el expresidente radical Pedro Aguirre Cerda, quien acuñó su legado bajo la frase “gobernar es educar”.

De hecho, en su primer discurso como Presidente, desde el balcón del Palacio hacia la Plaza de la Constitución, Boric mencionó al exmandatario radical y su lema: “Por aquí, en este lugar desde donde hoy les hablo, pasó Balmaceda y su dignidad chilena, Pedro Aguirre Cerda y su ‘gobernar es educar’, citando a Valentín Letelier”. Gesto que ha reiterado en distintas actividades públicas.

A pesar del peso histórico de la colectividad y la valoración general de dicho legado en el progresismo chileno, desde el interior del partido hablan que el deterioro del calibre político del partido se arrastra desde la década de los 60.

Durante el gobierno de Jorge Alessandri —apoyado por los partidos Conservador y Liberal—, el Partido Radical se situó inicialmente en la oposición. Sin embargo, tras una negociación, incorporó a tres ministros a su gabinete a cambio de respaldo parlamentario al oficialismo de ese entonces. Años más tarde, el viernes 4 de septiembre de 1970, respaldó la candidatura de la Unidad Popular encabezada por Salvador Allende.

Ese tipo de movimientos, comentan dirigentes históricos de la colectividad, marcaron el inicio de la dispersión interna. Tras el retorno a la democracia, explican, el partido logró repuntar mediante negociaciones exitosas con los gobiernos de la Concertación.

“Pero el partido se fue degradando continuamente, perdió su conexión con la ciudadanía y hoy el Partido Radical no tiene tejido social”, señala un militante, quien además advierte que la Democracia Cristiana podría seguir un camino similar.

Ese deterioro, agregan voces radicales, se materializó con claridad en 2021, cuando la tienda logró elegir cuatro diputados, de los cuales dos —aseguran— se explican “por casualidad”. Cosme Mellado y Alexis Sepúlveda resultaron electos como militantes del partido. Sin embargo, Andrés Jouannet, hoy presidente de Amarillos, obtuvo su escaño luego de que el PPD inscribiera erróneamente al diputado Ricardo Celis, dejando al radical como la única carta de centroizquierda en el distrito.

Por su parte, el diputado Tomas Lagomarsino era candidato del PRO y mostraba un buen rendimiento en las encuestas. No obstante, ese mismo año Marco Enríquez-Ominami decidió postular nuevamente a la presidencia y obligó a su partido a retirarse de la lista de unidad de la izquierda. Con ello, Lagomarsino dejó de ser una opción para el PRO y se inscribió como candidato independiente por cupo radical el día previo al cierre legal de inscripciones.

“Ahí ya sabíamos que el partido estaba terminado; lo que vino después fue un intento por revitalizarlo”, confiesa un miembro de la directiva.

La disolución del partido trae consigo la liquidación de bienes. Una vez se concrete la extinción de la tienda, el inmueble pertenecerá a la Gran Logia de Chile, organización ligada desde los inicios a la colectividad. Foto: Lukas Solis/Agencia Uno.

La resistencia

Ante el inminente cierre de la tienda tras el resultado electoral, el viernes 5 de diciembre un grupo de jóvenes ingresó con napoleón a la sede del partido, subió al nivel superior y, desde la terraza que da a la esquina del barrio París–Londres, desplegó un lienzo que decía: “La memoria no se vende”.

Eran miembros de un grupo de las Juventudes Radicales, que llegaron en señal de protesta contra la directiva del partido por la conducción que, acusaron, los llevó a la extinción.

La directiva del Partido Radical activó los protocolos de seguridad del municipio de Santiago. Sin embargo, los jóvenes se retiraron al poco tiempo, luego de enfrentar a Cubillos y entregarle un documento con un petitorio que fue leído y analizado por el Consejo Nacional.

Al salir, Javiera Olivares, vicepresidenta de las Juventudes, indicó a la prensa: “Sentimos que ha habido un proceso muy poco transparente, donde la Juventud ha sido considerada de manera casi nula, porque se invita solamente al presidente nacional. Es una representación mínima dado el colectivo que somos en general, y el fin del partido es la única propuesta con la cual se va a negociar mañana dentro del Consejo Nacional”.

Por eso —explicó Olivares— se decidió tomar el recinto, “teniendo en consideración que la sede en algún minuto estuvo entre los inmuebles que se querían vender y, por lo mismo, estamos colgando un lienzo que dice que la ‘memoria no se vende’”.

Apenas el presidente llegó a la sede les preguntó a los jóvenes: “¿Cómo no me avisaron?”

Le respondieron: “Pero Leo, si es una toma”.

En el petitorio, además, había una paradoja. El grupo pedía la dimisión de toda la directiva, pero no la de Cubillos, su presidente. ¿El motivo? No podían obstruir el proceso de disolución.

Olivares (24 años), administradora pública, hoy dice que se pudieron hacer mejor las cosas, pero que no se arrepiente.

La vicepresidenta cuenta que empezó a militar en 2023 y, que cuando llegó al partido, los jóvenes no estaban unidos. No existían las Juventudes Radicales. Estaban extintas. En 2025 la resucitaron -a contrapelo de la crisis del partido- y hoy son cerca de 70 personas quienes las componen y que se niegan a ver caer su partido.

“A varios les han ofrecido irse a otros partidos. El Partido Socialista, el Partido Liberal andan medios carroñeros. Pero nuestros ideales son radicales. Los que queremos salvar algo del espíritu radical, la fraternidad, esa que nos caracteriza históricamente, vamos a seguir acá”, asegura.

Y dispara contra el último de los acontecimientos desafortunados protagonizado por Campos:

“Ahí se ve la diferencia de los radicales reales”.

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