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Mon Laferte
Agencia Uno

Tiempo Libre

26 de Febrero de 2026

Solo dependerá del apoyo del Monstruo a Mon Laferte: Viña apronta entrega de Gaviota de Platino para su Femme Fatale y organización se cuadra en que cumple requisitos

Hoy Mon Laferte se presentará en la Quinta Vergara. Según conocedores de la organización, la eventual entrega de la Gaviota de Platino se discutió hasta último minuto entre el municipio, Mega y la productora Bizarro, en medio del debate sobre si cumplía con los años de trayectoria exigidos. La postura que terminó imponiéndose fue considerar sus inicios musicales previos a “Rojo”, reforzando la idea de que su relación con la ciudad y su carrera superan largamente las tres décadas.

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Ayer fue un día añorante para Mon Laferte. La artista chilena más destacada en el extranjero, nacida en Viña del Mar, no solo subió al escenario de la Quinta Vergara para cantar Fotografías junto a su amigo Juanes; también se sentó durante media hora frente a los micrófonos en el Hotel Sheraton, con el mar ahí mismo, golpeando los roqueríos y haciendo danzar a los huiros detrás de los ventanales.

Había algo en su manera de hablar —una cadencia más lenta, una sonrisa que parecía venir de lejos— que a ratos no remitía a la estrella internacional que llena teatros en México o Estados Unidos, sino a una mujer que habla con la emoción que transmiten las personas cuando vuelven a casa.

Habló de la relación con su ciudad, de lo que significa volver y ver el Pacífico. Sus palabras tenían un halo de nostalgia. Ese tono se volvió más evidente cuando un reportero de La Estrella de Valparaíso, el diario más popular de la Quinta Región Costa, tomó la palabra. Antes de responder, Mon hizo una pausa mínima y comenzó a hablar de sus recuerdos.

La primera vez que salí en el diario fue en La Estrella de Valparaíso porque gané un festival en la zona cuando estaba muy chica. Salí en el diario y me creía mucho porque había salido en La Estrella”, dijo. Y en esa frase —dicha casi con pudor— cabía una escena entera: una niña sosteniendo el diario entre las manos, creyendo por un instante que el mundo comenzaba allí, en esas páginas impresas.

Quién diría lo que vendría después…

El recuerdo infantil de cuando Mon era Monserrat no es menor. En los pasillos del Festival ha sonado con fuerza la posibilidad de que la artista reciba la Gaviota de Platino, el galardón más importante de Viña, reservado para artistas con un vínculo con la ciudad y trayectorias que superan las tres décadas. Mon tiene 42 años. Ese inicio prematuro en la música —cuando aún era una niña que celebraba aparecer en el diario local— hoy juega a su favor: le permite cumplir con un requisito que no se construye de la noche a la mañana.

En ese sentido, la escena adquiere otra dimensión. La niña que “se creía mucho” por una foto en La Estrella es la misma artista que podría alzar el reconocimiento máximo del Festival. Entre una y otra hay un mar de distancia: El paso por Rojo, un viaje a México, un cambio de nombre, la composición de himnos músicales, giras internacionales, premios Grammys, retiros voluntarios y regresos.

La discusión por la entrega del premio a Mon Laferte

Conocedores de la organización de Viña 2026, la cual en muchas ocasiones debe tomar decisiones de manera tripartita: entre la productora Bizarro, Mega y el municipio de Viña del Mar, cuentan que la decisión para entregarle al premio a Mon Laferte se extendió hasta practicamente el día de su presentación. 

Cuentan desde la organización que el municipio fue el primero en empujar la idea. De hecho la jefa comunal, Macarena Ripamonti declarará hija ilustre a Mon Laferte en una actividad el día viernes. Según las mismas voces en Mega había opiniones divididas y la productora Bizarro fue la última en detallar su parecer. 

Francisco Paredes / The Clinic

La discusión se centraba en sí cumplía o no los requisitos de los años de trayectoria. Para algunos era demasiado subjetivo, finalmente la tesis que se impuso fue contar los primeros pasos de Mon Laferte y no desde el año de lanzamiento de La chica de Rojo (2003). 

¿Quién podría negar que la niña impresa en la Estrella de Valparaíso –la misma que aseguró subirse cantar a las micros– era ya una artista viñamarina?

La última vez que la Gaviota de Platino se entregó en la Quinta fue en medio de un momento que osciló entre lo solemne y lo paródico: un ritual alcaldicio casi impostado, con decreto en mano, que terminó convirtiéndose en sketch y comentario obligado. Hubo humor, hubo guiño, pero también hubo algo que —según destacan en el entorno del Festival— fue inédito: la explicitación del proceso, la idea de que el galardón no era un arrebato emocional sino una decisión formalizada, con respaldo administrativo, aunque se jugara en clave irónica.

Esa transparencia, incluso en formato extraño, marcó un precedente. Porque la Gaviota de Platino no depende solo del clamor espontáneo, sino de una señal institucional que debe tramitarse, firmarse y anunciarse en vivo. Dependerá, por cierto, del público. De ese termómetro impredecible que es la Quinta Vergara. Pero también de una voluntad que se construye fuera del escenario y que ya pareció consolidarse: 

Mon Laferte merece el mayor reconocimiento que entrega el Festival de su ciudad natal.

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#Mon Laferte#viña 2026

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