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9 de Marzo de 2026El problema de no separar los espacios: Los efectos que puede tener en la salud mental vivir y trabajar en el mismo lugar
Ante la decisión del presidente electo de irse a vivir a La Moneda, la psicóloga de la Clínica Alemana, Solange Anuch, analiza el impacto que puede tener en la salud mental desarrollar la vida personal y laboral en el mismo lugar. Así como también, señala los efectos que se pueden generar en el bienestar por la falta de límites físicos.
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El presidente electo José Antonio Kast anunció que, a partir de la misma noche del cambio de mando del 11 de marzo dormirá en La Moneda, convirtiéndose en el décimo jefe de Estado en la historia de Chile en residir en el Palacio de Gobierno.
Los arreglos ya están acordados pero esta acción no solo trascendió en el ámbito político sino que también, abrió un debate sobre salud metal. Al dormir en la sede de Gobierno, el próximo mandatario viviría y trabajaría en el mismo espacio, situación que los expertos advierten como un factor de riesgo al no haber separación física entre la vida privada y el rol institucional.
Aunque desde la psicología consideran que una decisión así representa una señal de disponibilidad y vocación de servicio, también se hace una reflexión sobre la importancia del autocuidado ya que vivir en el centro de la actividad política contempla el desafío de resguardar espacios personales que permitan proteger la salud mental en un entorno de alta exigencia y exposición pública.
La psicóloga de la Clínica Alemana, Solange Anuch, explica que pese a la sorpresa que generó la noticia en parte de la ciudadanía este modelo tiene raíces históricas y culturales. “Durante siglos, la vida doméstica y el trabajo no estaban separados. Comerciantes, artesanos e incluso reyes y emperadores ejercían sus labores desde sus residencias. Recién con la Revolución Industrial el trabajo salió del hogar y se institucionalizó como un espacio distinto”, señala.
Vivir en “modo trabajo”, los riesgos que presenta este estilo de vida
Expertos advierten que tener lo personal y laboral en el mismo espacio propone un desafío emocional significativo, la psicóloga explica, “si no existen límites internos bien definidos, la persona y el cargo tienden a fusionarse, absorbiendo una alta presión simbólica”. Lo que podría provocar tensión sostenida y desgaste progresivo.
Compartir residencia y lugar de trabajo dificulta la desconexión, por ejemplo, la falta de señales claras de inicio y término de la jornada puede provocar que el cerebro se mantenga en estado de alerta continua, extendiendo las exigencias más allá de horarios razonables y reduciendo los tiempos de descanso.
Esta situación favorece la superposición de roles entre lo laboral y lo personal. “Sin una ordenada arquitectura interna, el trabajo termina invadiendo la identidad y todos los espacios de una persona”, sostiene la experta. Con el tiempo, esta dinámica puede incrementar agotamiento y derivar en estrés.
Las recomendaciones para proteger la salud mental al compartir espacios
De todas formas, se advierte que más que vivir en el mismo espacio, lo importante es la capacidad de delimitar cognitivamente los distintos roles. No es solo una separación espacial, sino de construir una organización mental que distancie entre ambos ámbitos.
Entre las recomendaciones de la experta se encuentran los rituales de transición para establecer rutinas claras de inicio y cierre de la jornada; establecer límites espaciales como definir un lugar específico para trabajar; contar con acuerdos familiares explícitos sean fijar horarios de comida, establecer reglas de interrupción y cuidar momentos de encuentro; al igual que cuidar higiene mental y física como vestirse para trabajar aunque no se salga de casa, realizar pausas regulares, limitar la revisión de correos fuera del horario laboral y mantener tiempos de comida y sueño intransables.
“La salud mental necesita una vida que no sea solo productividad”, enfatiza la psicóloga quien también recomienda agendar espacios de recreación, deporte, arte o literatura con la misma seriedad que una reunión laboral.
La especialista subraya que ignorar la necesidad de establecer límites claros entre trabajo y vida personal puede dañar la salud de mente y cuerpo. Entre las señales de alerta menciona la culpa constante por no estar trabajando, la revisión compulsiva de mensajes incluso en momentos familiares y la incapacidad de recordar el último día de descanso real. “Cuando la casa deja de sentirse como un refugio y se transforma únicamente en exigencias, es momento de consultar con un profesional”, concluye.


